Recuerdos de la U

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Estaba en las nubes, pero no quería terminar tan pronto, me dirigí hacia su pene besando su pecho musculado, le bajé su tanga y ante mi apareció un hermoso pene, de su mismo color de piel, sin nada de vello, ligeramente doblado hacia un lado, de un tamaño normal, unos 17 cm, lo besé, comenzando por su cabeza, si que sabía rico, jugué con su orificio, y él mientras me decía que continuara.

Hace mucho tiempo quería escribir alguna vivencia de mi vida, pero nunca me animé a hacerlo, realmente me parecía que perdería el tiempo. Pero bueno, hoy me decidí, vamos a ver como me va.

Mientras estudiaba en la universidad, utilizaba parte de mi tiempo libre trabajando como auxiliar administrativo en una de las oficinas de la misma (es un estímulo que la U les ofrece a sus estudiantes por su buen rendimiento). Todo comenzó muy bien, recibía algo de dinero para mis pasajes, una beca, no tenía problemas económicos graves.

Mi trabajo consistía en llevar papeles de una a otra oficina, sacar fotocopias, etc. En una de esas actividades fue que conocí a Juan, un macho atlético, moreno, alto, con unas pompas que desviarían los ojos de hasta el más serio. El cual trabajaba en una de las papelerías de la institución en donde se llevaban todos los documentos a fotocopiar.

El caso es que él debía visitar cada una de las oficinas recogiendo el material o entregando trabajos, y yo notaba que lo hacía en repetidas ocasiones en la que yo me encontraba (que era la del decano). A él se le notaba algo, pues su forma de vestir era muy “sugestiva” (ropa estrecha), lo que me indicaba que ahí podía haber algo, el macho me gustaba desde el principio pero no me atrevía a decirle nada, (ya sabes: un macho con músculos, da miedo)

Perdón, no me describí, 1.70, 66 kg, velludo, 27 años, profesional, bisexual, pero con mayor inclinación por los machos, ah! muy varonil.

Un día, después de haber recibido varias miradas durante algunos meses, lo que me indicaba que al tipo le iban los machos, salí a almorzar con él, y allí le tiré el aventón: le pregunté que si él era gay y me dijo que si y que se moría por darme un beso, no saben lo que sentí, imagínense, el tipo de tus sueños: rapadito, alto, como 1.85 m, con un súper cuerpo, una voz súper sensual, que te diga que es gay y que además se muere por besarte!

Todo cambió totalmente, salíamos mucho, almorzábamos juntos, en fin, tejimos una muy buena relación de amigos, pues las circunstancias no daban para más.

Al cabo de un mes me encontraba algo deprimido, y lo llamé invitándolo para mi casa, no demoró en llegar, y…

– Hola, Sebas, ¿Cómo estás?- lo saludé con gran alegría, a pesar de mi ánimo… – Hola Juli, ¿cómo sigues?, Me tienes preocupado- lo hizo dándome su mano, la cual me apretaba siempre que me la tocaba, eso me enloquecía.

Lo invité a pasar y conversamos por largo rato…

– Julián, realmente no te entiendo, cada vez que hablamos me dices que quieres cambiar, que quieres dejar tus miedos, pero nada, ¿qué es lo que quieres de tu vida? – A ver, Sebas, para mí es muy difícil enfrentar a la sociedad, enfrentar a mi familia, eso es lo que realmente me pasa, no sé que voy a hacer, quiero estar tranquilo siguiendo mis impulsos, pero mis principios me lo impiden…

La conversación se estaba volviendo a tornar aburridora, una vez más me encontraba junto al hombre que estaba amando con todo mi corazón, y del cual era completamente correspondido, y como siempre, no lo iba a poder ni siquiera tocar, y no era por que él no me lo permitiera, era porque yo no me atrevía, o mejor, no quería. Entonces en un momento él tomó las riendas de la conversación y comenzó a acariciarme una mano.

– ¿Te acuerdas que una vez me dijiste que te encantaba mi torso?- me dijo sin dejar de acariciar mi mano. – Si, ¿por qué?- le pregunté mirando a esos ojos brillantes, de los cuales me había enamorado, y que siempre me gritaban: ¡Te quiero! – Por que te estoy exigiendo que me lo toques- y sin esperar respuesta llevó mi mano hacia él. – ¿Qué pasa?

Me quedé mudo por un instante, no porque nunca hubiese estado en esta situación, si no por que era algo que había deseado por mucho tiempo y mi “malparidez” me lo impedía.

– Juli, te amo, lo sabes, no tengo que repetirlo, y quiero estar siempre con vos. – Sabes Sebas…, también te quiero mucho, sos alguien verdaderamente importante en mi vida, pero me da miedo… – Qué importa Julián, yo se que quieres estar con migo, pero esa estupidez no te deja, de una vez por todas deja atrás lo que te impide ser feliz.- lo dijo en un tono alto, como si estuviese muy enojado.

Y realmente lo estaba, es que encontrarse en una situación en donde la persona que sabes que te quiere, no quiere reconocerlo, es como estresante.

– Te quiero Sebas…- diciendo esto, comencé a hacerle caso.

Quité la tensión de mi cuerpo y me dejé llevar. Lo primero que hizo fue abrazarme, en señal de dicha, agradecimiento, como si eso realmente lo estuviera esperando por mucho tiempo. Y no era para menos, la espera fue algo larga.

Se acercó y me besó, fue tierno, jugó con mis labios, sin intentar introducir la lengua, los mordió suavemente provocándome cosquilleos, que los sentía en partes que jamás imaginaba. Estaba siendo besado por un hombre, por el hombre del que me había enamorado. Siguió con su juego, siguió mordiéndome, y yo le correspondía, nos besamos por mucho rato, compartimos nuestras lenguas, lo que nos autorizaba a ir mucho más allá.

Me acarició, me acarició mucho, pues ya era consciente de que no se lo iba a impedir. Le correspondí con muchos besos, con palabra hermosas (que para muchos pueden ser cursis), le correspondí devolviéndole aquel inmenso placer que me estaba brindando, fue un momento muy erótico, pues estábamos los dos acariciándonos y besándonos, buscando en el otro aquellas partes que nunca habían sido tocadas por nosotros. ¡Ese momento es inolvidable!

– ¿Quieres hacerme el amor?- me preguntó en un momento en que yo no podía decirle no, es más no podía ni hablar, yo creo que todo ese tiempo deseando estar con él estaba cobrando deudas.

Le respondí llevando su mano a mi jean, le autoricé con este gesto a que me desnudara, ¡que hiciera lo que quisiera conmigo!

Comenzó por desabrocharme el pantalón, lo bajó suavemente, y vio con cierta cara de felicidad la carpa que se me formaba en los bóxer, que entre otras me encantan anchos (no hay como la libertad), acarició mi pene por encima del interior, y lo besó. Siguió bajando, besándome mis piernas, acabó de sacarme el pantalón y me besó en cada uno de mis dedos de los pies, eso me encantó; lo hacía suavemente, no con brusquedad ni como lo hacen los actores porno, eso me hubiera hecho sentir mal, no sé por qué.

Yo, mientras tanto, le acariciaba sus piernas, que todavía estaban ocultas en su pantalón, ¡Cómo me acuerdo de ese pantalón, suave, color beige, el que le permitía mostrar parte de sus atributos. Se incorporó para darme un beso y quitarme la camisa, yo hice lo mismo ya ante mi apareció un monumental torso: completamente trabajado, sin un vello, no es que me disgusten los velludos, solo que me encantan sin vellos.

Me besaba y lo besaba, le desabroché el pantalón y me quedé hipnotizado al ver su ropa interior: negra, de lycra, de esos pequeñitos que no dejan mucho para la imaginación. Lo terminé de desnudar, dejándolo solo en su tanga, y comencé a besarle todo su cuerpo.

Siempre miraba su cara, para ver sus gestos, para cerciorarme si le gustaban o no. Lo acariciaba por encima de su ropa interior, luego le pedí que se acostara boca abajo, y allí me di cuenta que su tanga era tipo hilo, se veían tan bien esas nalgas, esas nalgas de macho, esas nalgas muy bien trabajadas, y las besé, las besé por mucho tiempo, mordiendo de vez en cuando.

Me acosté encima de él para besarle el cuello, y de un momento a otro se volteó y comenzó a besarme de nuevo, ahora si con una pasión impresionante, me bajó mi bóxer, yo hice lo mismo y nuestros sexos se encontraron por primera vez, se unieron. Él me acostó boca arriba y me siguió besando, besó mi pecho, mis tetillas, mi abdomen y mi pene.

Era la primera vez que me besaba el pene sin ropa, me hizo el mejor sexo oral que hasta el momento me habían hecho (realmente solo me lo había hecho una persona), me acariciaba el glande con la lengua, bajaba con ella por el tronco hasta mis testículos, los succionaba, y volvía a lamer mi pene, lo introducía todo en su boca y lo masajeaba con su lengua.

Estaba en las nubes, pero no quería terminar tan pronto, entonces lo cogí de las orejas y lo subí hasta mi boca, lo besé por mucho rato y luego le pagué todos sus favores, me dirigí hacia su pene besando su pecho musculado, le bajé su tanga y ante mi apareció un hermoso pene, de su mismo color de piel, sin nada de vello, ligeramente doblado hacia un lado, de un tamaño normal, unos 17 cm, lo besé, comenzando por su cabeza, si que sabía rico, jugué con su orificio, y él mientras me decía que continuara.

Me introduje todo su tronco, olvidándome de las arcadas que me producían, y succioné ese líquido que emanaba, sabía delicioso, nunca lo había hecho, pero me sentía muy bien, jugué con sus testículos mientras le hacía el sexo oral, succioné cada una de sus bolitas, lo que ocasionó en él espasmos, avisándome que si seguía iba a terminar. Lo dejé, sin embargo, con su voz sensual, me dijo:

– ¡Quiero que me penetres! – Uf, que rico, pero con una condición, que seas tú el que lleve las riendas.- se lo dije por que una de mis fantasías es que se sienten en mi pene y que disfruten de él cabalgando encima mío. – Ok

Y sin dar más espera me puso un condón, y comenzó a sentarse en mi pene, tragándose despacio todo mi sexo, esperó un momento, y luego empezó a cabalgar sobre mi, gemía, lo hacía fuerte, pues sabía que eso me enloquecía, aumentamos el ritmo, yo quería terminar, él también, llevábamos mucho tiempo en esas, le pedí que nos diéramos una ducha y terminar en el baño, me cargó y cuando llegamos al baño me masturbó, haciendo yo lo mismo. Acabé abundantemente y salpiqué su pecho, el acabó y nos besamos, nos bañamos y nos volvimos a abrazar.

Estaba feliz, había hecho a un lado mis temores y disfruté del momento que me estaba negando.

De eso hace ya varios años, 4 creo, no he vuelto a saber de él. No volvimos a hacerlo, no por que no quisiéramos sino porque no teníamos tiempo. Nos veíamos mucho pero no llegamos a nada en serio, no fue solo una relación pasajera, pero el tiempo y las circunstancias se encargaron de separarnos.

Te extraño Sebas…

Autor: Julián

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Muy linda historia, la verdad que eso es hacer el amor…….Espeor hayas aprendido y sobrepasado esos temores….

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