RECUERDOS DE MI AMANTE. Carta de San Valentin.

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Deslizaba las manos con nerviosismo y placer, te besaba, acariciaba tu espalda y a veces no podía evitar llevar las manos demasiado deprisa hacia tus nalgas y luego a tus labios vaginales donde extendía con las yemas de los dedos los flujos que salían de allí

Hola Cariño:

Ya hace algún tiempo que no sé de ti y necesitaba escribirte, ponerme en contacto contigo y que al menos seas tú quien tengas noticias mías.

En estas pocas semanas he pensado mucho en ti, he recordado muchos momentos juntos, pero sobre todo esos últimos días antes de tu partida. Por las noches me cuesta conciliar el sueño y cuando por fin lo hago te veo aún con más claridad. En mis sueños apareces todavía más clara que en mi memoria, cada centímetro de tu piel, cada peca, cada lunar de tu espalda me viene a la memoria más claro de lo que nunca hubiera podido soñar antes de aquel día en que nos despedimos y los distintos olores de tu cuerpo se me descubren con tanta intensidad que me veo capaz de distinguirlos de los que provengan del cuerpo de cualquier otra mujer. Simplemente evocando uno de tus aromas me parece estar tocando la parte de tu cuerpo que lo emana, pues con el tiempo aprendí a distinguir cada uno de los olores que desprendes, desde ese suave y dulce de tu pelo al otro más penetrante, salado y excitante que proviene del interior de los labios que esconden ese pequeño manantial que tantos ratos he pasado bebiendo mientras me sumergía en ti.

¿Recuerdas el día que nos presentaron? No sabíamos nada el uno del otro, apenas hablamos, pero viendo nuestras miradas ya se podía adivinar lo que iba a pasar esa noche entre nosotros. No sé como se me ocurrió pedirte el número de teléfono y mandarte ese mensaje esa misma noche, pero recuerdo el momento en que apareciste en aquel bar donde habíamos quedado, recuerdo tu mirada cada vez que nos callábamos un segundo y ese primer beso lleno de ansia, como si lo hubiéramos esperado toda la vida. Recuerdo que me lancé yo, que tus labios húmedos envolvieron los míos, que chupé tu labio inferior y que pasé la lengua bajo él antes de que me mordieras con suavidad. Recuerdo que esa noche mis padres no estaban, que mi casa estaba vacía y que acabamos en mi cama después de comprar una caja de preservativos en una farmacia de guardia pasando la mayor vergüenza de mi vida. Recuerdo verte desnuda por primera vez, tus labios alrededor de mi pene y tu mano ayudando a darme placer, recorriendo la longitud de mi falo y cogiéndome los testículos. Recuerdo besarte después y acostarme a tu lado repasando todo tu cuerpo con mi lengua y mis manos, cubriéndote de besos y col Siempre mereció la pena, fueron unos meses difíciles, pero los superamos y todo mejoró cuando al fin encontré trabajo y nos pudimos permitir esas noches de hotel sin privarnos de nada por ello. Las pocas que tuvimos antes de la despedida.

Siempre recordaré aquellas noches. Los dos desnudándonos ante la cama del hotel de tres estrellas donde nos solíamos acostar, las miradas, la música del radiocasete que llevábamos las primeras veces pensando que así el ambiente sería más sensual cuando en realidad sólo nos necesitábamos a nosotros& y nuestros cuerpos. El tuyo me encantaba (y aún me encanta), me quedaba embobado mirándote mientras te desnudabas de pie ante mí y cuando allí, desnudos, nos abrazábamos deslizaba mis manos, más para descubrir cada parte de tu cuerpo que quedaba fuera de mi vista que para darte placer. Para eso ya habría tiempo. Deslizaba las manos con nerviosismo y placer, te besaba, acariciaba tu espalda y a veces no podía evitar llevar las manos demasiado deprisa hacia tus nalgas y luego a tus labios vaginales donde extendía con las yemas de los dedos los flujos que salían de allí con una rapidez asombrosa mojándote las ingles. ¿Recuerdas la vez que me pediste que llevara un dedo a tu boca sólo para descubrir el mismo sabor que yo ya había probado tantas veces?

Solíamos estar cinco minutos de pie frente a la cama, besándonos y descubriendo nuestro cuerpo, aprovechando que teníamos toda una noche para nosotros, hasta que por fin nos dejábamos caer en la cama sin deshacer, arrancábamos las sábanas con impaciencia y nos revolcábamos sudando a pesar de no haber hecho más que empezar. Me echaba sobre ti y me

apoyaba sobre los codos para acomodarme sobre ti sin cargar mi peso y te besaba. Te besaba impaciente, como si aún tuviéramos que escondernos de las miradas, te besaba en la boca y en el cuello y seguía besándote los hombros, rozando inconscientemente mi pelvis contra tu pubis y mis caderas contra tus muslos ligeramente separados con cada movimiento que hacía mi cuerpo.

Recuerdo tu cuerpo desnudo, tus pechos algo pequeños, pero erectos con esos pezones oscuros que se endurecían al contacto de mis labios. Recuerdo que a veces decías que te parecían demasiado pequeños, pero a mí me gustan así y más cuando me encontraba sobre ti lamiéndolos antes de rodar y colocarte sobre mí en esa cama de hotel. Entonces, sólo entonces, con mi pene erecto y el vello de tu vulva empapado por la excitación, nos movíamos hasta que nuestros sexos se encontraban, a veces con un sonido que nos hacía sonreír. Las primeras veces no sabía muy bien lo que hacía y te penetraba demasiado deprisa, metía mi sexo en el tuyo sin pensármelo y a veces dejabas escapar un gemido de dolor, aunque siempre me decías que no pasaba nada. Pero pronto que aprender contigo. Normalmente no empezabas a moverte inmediatamente, sino que te quedabas así mirándome a la cara mientras yo me esforzaba por resistirme a tomar la iniciativa. Lo hacíamos así porque aún te dolía cada vez que íbamos demasiado deprisa. No nos solíamos besar hasta que los movimientos habían empezado y aún entonces todo ocurría con lentitud durante un rato hasta que uno de los dos decidía que ya nos habíamos controlado demasiado y entonces me incorporaba para estrecharte más contra mí y mi pene entraba y salía, penetrándote una y otra vez, llenándose de tus fluidos que empapaban mis testículos y la sábana.

Recuerdo como deslizaba una mano entre tus glúteos colocándola en la vulva para acom púbico y te estrechaba contra mi erección y tú, al sentirla entre tus nalga, donde la había posado por casualidad me pediste que te penetrara así como estábamos, querías sentirla dentro de tu ano por primera vez y querías que fuera conmigo. Yo no sabía muy bien lo que hacer, pero se me ocurrió deslizar la mano entre tus piernas donde empezaba a salir algo de tu flujo y agachado tras de ti lamí tu vulva y la raja entre tus nalgas a la vez que empapaba con tu líquido el agujero que iba a penetrar. Luego me puse en pie, volví a abrazarte y a estrecharte contra mí, te besé el cuello, acaricié tus pechos, cogí tu clítoris entre dos dedos y empujé despacio. Gritaste… gemí… dejaste caer una lágrima… me detuve… suspiraste… te besé y jadeando me pediste que no me parara. Lo hicimos así unos minutos antes de irnos a la cama. Allí te tumbaste boca abajo y yo me eché sobre ti intentando no cargar mi peso. Coloqué con cuidado mi pene ante la entrada de tu ano, y empujé. Diste un breve grito de placer y dolor y me quedé en esa posición, quieto durante unos minutos, con el pecho contra tu espalda, la mano bajo tu pelvis, y la mía presionándote las nalgas. Luego hubo gemidos, algún pequeño grito contenido y más gemidos que siguieron aumentando hasta que la penetración, mi dedo corazón en tu vagina y el roce de la palma en tu clítoris te hicieron llegar al orgasmo.

Han pasado tres semanas desde que nos despedimos y aquí estoy, preguntándome por qué te escribo esto si dentro de una semana volverás de tu viaje y todo volverá a ser como siempre, sé que desde allí no puedes llamarme y por eso no lo haces, pero por alguna razón necesito darte un nuevo motivo para no olvidarme antes de que vuelvas. Llámalo inseguridad si quieres, tal vez sea verdad, pero a mí me gusta llamarlo amor.

Te quiere, Tu Edu

Autor: Edu edu_siquier ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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