RELATO A DOS VOCES

[Relato de Paula]

Yo estaba desesperada, hambrienta, en celo. Deambulaba por las calles bajo ese mediodía tan irritante en la ciudad de Buenos Aires. El vestidito que llevaba, un solero corto y escotado apenas dejaba entrar alguna que otra bocanada de aire viciado, ni siquiera fresco. Sentía como el sudor resbalaba tímidamente por mis pechos inflamados y se evaporaba sin dejar rastro. La tela se me pegaba por todas partes y no me sentía lo suficientemente desnuda, aunque imaginaba como la tanguita y el minúsculo corpiño que deseaba quitarme en ese momento se transparentaba junto con la ropa húmeda, mojada, inaguantable.

Quería ponerme en bolas y ser poseída ahí mismo, en alguna fuente de la ciudad. Contra la pared caliente, que los ladrillos de la ciudad dejaran la marca en mi espalda mientras una bestial máquina humana me perforaba sin piedad, haciéndome gozar este maldito mediodía porteño.

Salí de shopping, y había olvidado la tarjeta de crédito, y mi calentura iba en aumento. Todo ese viaje al centro de cemento sobre cemento, con más de 37 grados a la sombra era ya un infierno. Y yo estaba infernal, de mal humor, maldiciendo por mi olvido y echando pestes por los hombres que me miraban y no hacían nada, como si tuviese una maldición en la frente que les prohibiera tocarme. Y yo quería que me toquen, que me penetren, que me hagan gozar como una perra, y gritar salvaje, arañar espaldas, cagarme de risa frente a todos en esta ciudad de hipócritas.

Miraba a todos los tipos que se me cruzaban, y les clavaba la vista poniendo mi mejor cara de celo. ¡No se salvaba nadie! Ni el yuppie que salía de la oficina para almorzar, ni el viejito que hacía la cola para cobrar la jubilación.

Miraba también las braguetas, esas hermosas vergas ocultas bajo la tela, tan hinchadas por el calor del mediodía, dilatadas, bien calentitas… que sabroso sabor a carne tendrían, como me saciaría de tan solo olerlas y chupar ese glande rojo y caliente, aunque sea para empaparme con líquido preseminal la punta de mi lengua, de mis labios, de mis deseos…

Miraba esos paquetes, esas deliciosas salchichas que deambulaban sobre dos piernas por la ciudad, como zombies, esperando que mi boca las encuentre, que mi ano les de cobija, que mi concha las exprima hasta dejarlas flácidas, achicharradas, felices…

Necesitaba un MACHO, con todas las letras, con las bolas bien puestas. Lo necesitaba y lo quería YA, no podía esperar más un segundo, o iba a enloquecer y gritar pidiendo verga, ¡verga! ¡¡VERGA!!

[Relato de Juan]

Salí de la obra cerca del mediodía. Si arriba el calor era insoportable, abajo estaba terrible. Por suerte pude sacarme el overol, y quedé con un pantalón corto, tipo bermuda, y una camisa abierta. El casco amarillo siempre queda en la cabeza, aunque en ese momento tan solo cruzaba la calle para ir hasta el almacén, por algo de pan, fiambre y vinito, infaltable, claro. Ahí la vi por primera vez a Paula. Y sucedió.

[Continúa Paula]

Estaba loca como una cabra, enceguecida y furiosa, cuando me sorprendió esa protuberancia en el pantalón del único MACHO que había en la ciudad. ¡Que suerte la mía! ¡Era un dios, un ángel, un demonio!

Lo estaba viendo en cámara lenta, avanzando hacia mi… despreocupado, clavándome la vista, con su camisa abierta al viento caliente y su pecho de fuego, lleno de vellos frescos por el sudor y el olor a obrero. Tenía un pantalón de tela corto, que mostraba además de sus piernas peludas y atléticas ese sagrado bulto que pujaba por terminar en mi boca a toda costa… quería ese tubo de desagüe dentro de mí. Me lo imaginé por un segundo bombeando desenfrenadamente, con su aliento de HOMBRE en mi cara, haciéndome gozar contra una pared, levantándome y metiéndome su lanza hasta las bolas, a ritmo constante, mientras mi argolla se derretía como una manteca frente a un cuchillo caliente.

Quería poseer a esa bestia, seducirlo, romperle el minúsculo pantalón y quedarme con su slip en mis dientes. Quería que me

viole, que me rompiera el culo, que me llenara de semen, que me mordiera las tetas, todo sin piedad, al mismo tiempo… le clavé la mirada en sus ojos enormes, marrones, seductores… mordí mis labios mostrándole celo a menos de un metro, vi como su mirada se perdía más allá de mí y no sé que pasó… sus potentes brazos me sostuvieron en el aire y no me arrepentí nunca de lo que le susurré a mi dios violador.

[Sigue relatando Juan, el obrero]

Esa belleza de solero escotado y provocativo, bajo el calcinante sol de la ciudad, avanzaba hacia mi. Sus ojos celestes, su melena negra y corta sobre los hombros, esa piel blanca y salpicada de sudor, esos pechos que resbalaban bajo el escote… una hembra, toda una hembra que se cruzaba en mi camino. Me clavó sus ojos celestes y yo no pude sostener la mirada… era un demonio andante, una visión, un deseo prohibido.

Casi al cruzarnos, vi sus labios mordidos por sus propios dientes y sus ojos de gata en celo, provocándome. Yo no sabía que hacer, en medio de la calle, con esa perra que tendría a mal traer a todos los hombres de la ciudad y mordiéndose sus labios carnosos adrede, para después reirse de mi con sus amigas en algún bar perdido de la ciudad.

En pocos segundos me había calentado más que el sol del mediodía y yo mismo estaba irradiando más calentura por mis poros que todas las paredes de la ciudad juntas. Me sentí poderoso, un macho devorador de mujeres, un taladro humano dispuesto a complacer a esta HEMBRA que cruzaba la calle directo hacia mí, como imantada por mi aura viril.

Pero cuando estaba cerca, dudé. Dudé por un instante y llevé mi mirada más allá, aunque con el rabillo del ojo vi sus ojos celestes como el cielo gritarme en silencio por una buena cogida, una follada de película porno, salvaje, caliente, punzante… y en ese instante que dudé, vi la sombra de su cuerpo desplomarse sobre mí, absolutamente inerte, mientras mis bíceps se tensaban para sostener ese cuerpo frágil, femenino y a la vez, fatal.

Los ojos cerrados, la boca entreabierta, la cabeza hacia atrás… y ese cuerpo hermoso, esos pechos deslumbrantes y húmedos bajo la tenue tela del vestidito hacia adelante… ofreciéndome su carne, un espectáculo excitante y casi pornográfico, en mis manos, al alcance de mi cuerpo y deseos corruptos, mientras mis manos sostenían firmemente su espalda y mi pija bajo el pantalón se levantaba como un cricket para sostener a esa gatita caliente.

Un segundo después, y antes que la desesperación empezara a ganarme, sus ojos estaban entreabiertos y sus labios húmedos balbuceaban unas palabras con voz bien de puta.

-Llevame…

-¿A donde? -A tu casa.

[Continúa Paula]

Mis labios estaban hinchados por el licor del deseo. En saliva unos, en fluidos los otros. Estaba en éxtasis, había descargado esas palabras prohibidas y fueron borbotones frescos, desenfrenados y relajantes en medio de ese maldito mediodía. Juan era todo un macho experto, me sostenía con firmeza y me alzó contra sí mismo, mientras empezábamos a alejarnos de la gente que como moscas empezaba a acercarse para ver que pasaba. Comencé a imaginar las miradas morbosas del chusmerío, lo que pensarían al ver a esta frágil hembrita en los brazos del musculoso obrero. Pensé en los pensamientos oscuros que despertarían mis pechos casi al descubierto y el muchachote que rodeaba mi cintura, llevándome lejos del gentío, hacia la intimidad de su casa, o donde fuera que me llevase. Era suya. Era mío. Lo miré con mis ojos llorosos y me miró con sus ojos pervertidos.

-¿A mi casa? -preguntó.

-A donde quieras.

Caminamos quizás una cuadra, yo lo abrazaba fuerte, pues aún sentía las piernas débiles. No sé si tropecé, si me desmayé por el calor, si fue inconsciente mi caída, o una traición de mis deseos de sexo descontrolado.

Yo lo abrazaba, él me abrazaba, yo no dejaba de mirarlo, él me miró y miró hacia el frente, invitándome a continuar su mirada.

"ALBERGUE TRANSITORIO" -rezaba el cartel.

Y yo sonreí y apreté con mi mano su espalda, alentándolo a seguir.

[Sigue hablando Juan]

En las sombras del motel para parejas, yo no sentía la frescura del aire acondicionado. Más bien, se acentúo el calor del cuerpo de Paula. Su transpiración, su hedor de celo, su cuerpo liviano y tenso, su f

emineidad me puso a mil, descontrolado.

No recuerdo que habitación pedí, cuanto pagué, como llegué hasta la habitación. No recuerdo como pude cerrar la puerta ni cuanto tiempo la contemplé a los ojos, pero no creo que haya sido mucho.

Paula me tomó por los bordes de la camisa abierta y se puso en puntas de pie, apoyando su cuerpo sobre el mío, buscando mi cara, mi boca, mis labios, mi lengua… que se fundieron en los suyos, desesperados.

Y empezó la batalla de dos amantes de fuego.

[Sigue Paula, excitadísima]

Tu lengua, Juan, es la lengua de un potro salvaje. Sos un cavernícola, un macho superdotado. Me estás recorriendo con toda tu boca, me lameteas toda la cara, te volvés a meter en mi boca. Tu lengua es interminable, trato de atraparla con mis labios, pero quiero que me llegue hasta la campanilla. Y cuando se libera, tu boca ya me está mordiendo el cuello, me está escupiendo con su aliento, ensalivando mi piel caliente, mi alma en llamas, mis deseos sin extinción posible.

Mi cuello está todo mojado, y siento tus dientes clavarse apasionadamente. ¡Que mierda me importan las marcas, si yo quiero llevar tu marca para siempre!

El calor es insoportable, por suerte tus manos me arrancaron este maldito vestidito.

¡Si, así, estrujame el culo, amasámelo, clavame tus manos sucias y callosas, de obrero mal pago, hambriento, calentón, pero tan fornido y duro, tan macho, tan arrogante…! ¡Aaaah, que placer tus manos en mi espalda y en la raya de mi culo, metiéndome la tanguita que ya es insoportable y haciéndola desaparecer entre los cachetes de mi monumental culo!

¡SSSSIIIII! Ya lograste desprenderme el corpiño minúsculo, y mis tetas gigantes quedaron liberadas a tu boca, a tus dientes, a tu lengua con saliva lubricante.

¡Mirá mis pezones! Mirá como están tiesos, como dos tetinas dispuestas a dar toda su leche, a saciarte mi amor, esperando que roces… siiii, asiii…. con tu lengua las aureolas gigantes y oscuras que le sirven de base.

¡Si! ¡dale! Mordeme las tetas, papito, comete mis globos y tratá de hacer lo imposible, de metértelos en la boca de un solo mordiscón, ¡¡es imposible!! Pero te deseo tanto, con tu cara perdida entre mis montes del holocausto, desesperado, con ese frenesí, con tu respirar agitado, de perro excitado, feliz, como un juguete nuevo…

¡¡chupame las tetas!! Y dejame amor que tu propia saliva las envuelva en brillo y saque lustre a tu cara, porque las refriego sobre tu rostro, entre ellas aparecés y desaparecés, presa del deseo, ¡¡¡pero no te olvides de mis pezones!!! Siento un placer irresistible, estoy al borde de un orgasmo interminable… pero necesito más… siiii…. sii, asi…. ¡¡¡arrancame la tanguita!!! y buscá con tus labios el camino que une a mis indomables tetas con mi conchita depilada, más caliente que la superficie de Venus, más mojada que el océano Pacífico, más profunda que un agujero negro, insaciable, interminable, ¡ya siento tu lengua! y la estoy succionando con la vagina, ¿te gusta amor el sabor de mis fluidos?

[Agrega Juan]

¡Sos una verdadera puta! ¡Que rica tu conchita!

[Sigue Paula]

¡NOOO! No puedo estar privándome del placer máximo que hay bajo tu bragueta. Te arranco el botón, abro el cierre y bajo las telas del infierno hasta donde puedo… no sé si estoy sacando tu aparato o si sale solo pero… ¡¡por favor!! ¡¡apenas puedo encerrar tu grosor con mi mano!!

No sé si podré soportar tu monstruoso caño dentro de mí, pero voy a devorártelo con la boca… está deliciosamente transpirado, caliente, venoso, hinchado, el glande a punto de estallar… lo atrapo con mis labios y te lo chupo todo ¡¡que rico sabor a hombre!! Siento el escozor del semen a punto de salir en mis labios, y empiezo a chupar como loca…. ¡¡no entra en mi boca, amor, lo siento!! Sos muy hombre, muy pijudo para mi, y tu pantalón no está tan abajo pero puedo agarrar tus bolas suavemente, y mimarlas… ¡¡¡estás a mil!!!

[Delira Juan]

¡¡Estoy a mil!! Tu boca está recorriendo mi pene delicioso, haciendo maravillas… ¡¡¡No te ahogues, Paulita!! Quiero que te tragues toda mi leche, quiero que hasta tus orejas escupan semen blanco, quiero que tosas y que lo saborees todo, hasta la última gota… ¡¡chupame más, chupa, chupa, chupa…. dale negrita… dale mi putita!!!

¡¡Hagamos un sesenta y nueve!!

[Paula…?]

Mmmpphhllrrrmmm…. slurp… mmmm…. slupslupslupslup…. mmmmpphhh….

[Juan…?] Dlpt, dlpt, dlpt, dlpt… ahhhh… dlpt, dlpt…. mmmmhhh… dl

pt, dlpt, dlpt…

[Paula recobra el aliento y la palabra]

Me estoy dando vuelta para sacarte la camisa y bajarte el pantalón y el slip. Ya estamos iguales. ¡Que musculoso sos, mi querido desconocido! Te beso el pecho, entre tantos pelos hay un lugar calentito para depositar mis labios… y sé que te gusta, pero es la excusa para que recobres fuerzas y me pongas de espaldas contra la cama… ya estoy abajo ¡y que enorme te ves! El espejo del techo me muestra tu espalda musculosa, tu cintura fina y firme, tu piel bronceada por el trabajo insalubre… ¡soy tu recompensa! ¡No te hagas esperar!

-¿Como te llamás? -Paula… ¿y vos? -Juan.

-Cogeme Juan… con el alma.

Un segundo, tan solo un segundo. Tus veintitrés centímetros se están hundiendo como un espolón sin piedad, hasta hacer tope con las bolas. ¡¡hasta las bolas!! ¡Hijo de puta, tené un poco de piedad! ¡Que dolor! Mi concha es elástica y te recibe como un montón de manteca, pero no puedo dejar de sentir la aspereza y el grosor de tu descomunal miembro. ¡¡Que rico, que calentito, que grueso papi! ¡haceme gozar, puto de mierda! ¡me estoy retorciendo de placer! Y salto como loca, por el dolor, por el placer, por tener todo tu peso amortiguado sobre mis tetas, mientras comienza el mete y saca…

La sacás toda y me la clavás toda… siento el golpeteo de tus huevos sobre mi pubis… la sacás, la ponés, la sacás, la ponés, como una verdadera máquina, un terminator, un robot despiadado dispuesto a matarme de placer… siento cada centímetro de ese verdadero pistón de carne caliente, tiesa y húmeda, y mi concha es tan estrechita y excitante para vos… mi toro… estás bufando, y el movimiento se acelera y yo me contorsiono toda como una víbora ¡siiii mi amo! ¡dame con todo! ¡asiii, asiii, aaahhhh!

Seguís bombeando sin parar, no hay forma de pararte, de suplicarte piedad… te hago un candado con mis piernas ¡no quiero que me la saques nunca más! ¡papiiiii!

Y explotaste en mi interior, siento como me llenás de leche, cada chorro que sale, tres potentes chorros calientes que me inundan la cuevita, y tu cuerpo pegado al mio, revolviendo el pistolón dentro de mi vagina, para que sienta más placer…. Aaaahhhhh… que delicia… me siento bien mujer, bien puta, pero quiero más….

-no pares… no pares…. por favoooorrr….

Me sacás ese pene medio tieso y embebido en leche blanca, y me lo llevo a mi boca para limpiarlo y disfrutar de ese sabor a marisco, a sentir el licor de la victoria hasta mi garganta… ¿estoy desesperada? ¿o también sos un insaciable? ¡tu pene está grueso como un mástil otra vez! ¡¡¿¿pero que estás haciendo?? Tus potentes brazos me agarran por la cintura y me dan vuelta… me ponen en cuatro sobre la cama… ¿Por ahí… ese caño grueso…? ¡noooo! ¡piedad! ¡metémela hasta la garganta! ¡reventame el culo, negrito! ¿me va a doler? ¡estoy caliente! ¡noooo! nnnn…. ssss… siiii…. sssssiiiiiiiiii papiiiii !

[Relato de Pepe, el conserje voyeur del hotel]

Tío, si hay algo bueno de ser conserje es que puedes manejar a tu voluntad las cámaras ocultas tras los espejos de este hotel alojamiento. Y no me equivoqué cuando vi entrar a esta pareja en pleno mediodía… él tan morro y ella tan caramelo… nunca había visto semejante calentura, que me estoy corriendo de solo verlo… una chorrera, joder ! ¡Las paredes tiemblan con los gritos de esos cerdos! ¡El lugar esta vacío y ellos dándose con todo…!

La tía le está ofreciendo su culito alzado. Es tan frágil, tiene una cintura a punto de quebrarse… es pura costillas… si no fuera por esas tetas enormes que le cuelgan adelante, ¡que tetas,…! Me gustaría mamar de esas tetas de madre, grandes como sandías, que cuelgan de ese cuerpito diminuto… y ese culo, tan redondo, ese tío lo va a partir cuando se la meta…. y se la está metiendo!!! No puedo evitar tocarme. ¡Joder hombre! El tío tiene un caño con todas las letras, es una bestia, tiene un aparato que da miedo, es una chimenea industrial… y se la saca y se la mete por el culo sin piedad, como un pistón, la está bombeando como una máquina.

Siento el ruido de sus bolas chocando contra las nalgas de la mujercita, chac-chac-chac-chac, embistiendo sin piedad: la tía está gritando desesperada por el dolor, arqueándose y retorciéndose de placer, mostrando esos dientes blancos, gozando como una zorra bien servida, como si estuviera pariendo un pene grueso como un puño… y bien que se lo mete por el ano ¡que dilatado debe estar! ¡e

spero que no me manche con sangre las sábanas, o tendré que limpiarlo, coño!

[Recuerdos de Paula]

Papi…. tu pitote me está partiendo el culo. ¡no voy a poder sentarme nunca más! y siiiiiiii, aaaahhh, mmmm, ¡bestia peluda! ¡quiero tu leche, dame tu leche!

[Sigue contando Pepe, el conserje]

La mujer está recibiendo un lechazo sobre esa espalda arqueada y huesuda… es un baño de crema, y el tío se recuesta sobre ella, está exhausto… pero no… le está revolviendo la superpija en el ano… ella no llegó al orgasmo y el le está dando más… ahora siii… ahora…. la mujer se está retorciendo… el la tiene clavada como una mariposa sobre el corcho… y ella abre sus patas y brazos como si quisiera escapar… pero se revuelca de placer… ¡¡como grita la perra!!

[Diálogo de orgasmos]

-aahhh!, mmm, aagghh, aay siii, mmmppff, siiiii aaahhhh mi amoor mmaassss…. ajhhhhh, aaahhh, ¡aaaaaahhhhh! -¿te gustó, perra? -mmppff, siiii… más, dame maaaaasss…. papiii….. más…. mmmmpph… aaahhh…

-Guachita insaciable… vení conmigo.

[Maldición de Pepe]

-¡Se la lleva al baño, coño! ¡Y no tengo retorno de la cámara en ese lugar! ¡Puta madre!

[Relato de Paula]

Juan me arrastró con sus potentes brazos hacia el toilette, ni siquiera recuerdo haber tocado el piso. Era mi terminator, me estaba exterminando, me iba a sacar todos los deseos de tener sexo de nuevo durante el resto de mi vida…. Era más insaciable que yo, y potente como jamás había conocido.

Su pija era enorme, su leche era caliente, ácida, espesa y bien blanca, imaginé los millones de espermatozoides reptando por mi vagina y dándome placer, sanando las heridas que me dejó en el culo, invadiendo cada célula de mi lengua, esófago, ¡si hasta olía a su rica leche con tanto que tragué! Me hizo escupirla por la nariz, y encima me llevó al baño.

Me puso contra la pared de azulejos, bajo la ducha, me levantó y me hizo sentar sobre su bestial telescopio, dejando que me hundiera nuevamente en ese geiser de placer desmesurado, en su generosa y gruesa masa de carne que me perforaba buscando el petróleo de mis orgasmos encadenados, locos, inmensurables. Estaba exhausta, pero sus deliciosos garfios amasaron otra vez mi culito y empezó con el sube y baja… sentí esa verga enorme otra vez en mi vagina, mientras sus manos y músculos gobernaban mis movimientos… yo solo pude abrazarlo con manos y pies sobre su espalda.

Mis tetas eran airbags que recibían el impacto de su peludo pecho, mi cuello recibía su aliento masculino, yo estaba con mi cabeza echada atrás, recibiendo el agua de la ducha y el muy bestia que me embestía sin piedad… era una máquina, un pedazo de carne sabroso que se fundía dentro de mis entrañas, veintitrés centímetros de placer extremo que ningún hombre me había dado y yo tuve la suerte de encontrarmelo en medio de la calle, un puto día de calor donde yo estaba más caliente.

El obrero me llenó nuevamente con su leche y me dejó en el suelo. Sabía bien que tenía que hacer, y le mamé hasta la última gota, aunque mucho se fue con el agua de la ducha. Juan me acariciaba la cabeza, sonriendo. Su pene seguía enorme a pesar de estar flácido, parecía un panqueque… y yo que miraba ese trozo caído de carne y lo podía (¡por fin!) envolver con mi mano, era realmente descomunal, yo había salido con novios que llegaban a ese tamaño solamente cuando estaban en pleno auge… y pensé que era lo más grande que había visto…

Me seguía mirando con malicia, yo estaba ahí abajo, viendo a mi imponente hombre como una estatua. Su malicia era infernal, sonreía despiadado, sentí su voz diciéndome:

-Tragate esto.

Abrí la boca inconscientemente, pensando que iba a recibir nuevamente su rica lechita. El me acomodó el capullo sobre los labios y empezó a mearme. ¡Puaj! Nunca había recibido la lluvia amarilla, pero empecé a tragar litros de pis tan calentito, era un regalo inesperado, mis labios chorreaban por ese líquido y mi cuerpo agradecía absorbiendo cada gota de esa monumental fuente de placer.

Cuando terminó, se lo comencé a mamar de nuevo… pero Juan me paró y allí sentí como las piernas se me iban para todos lados. Me dolía muchísimo el culo, la concha, me había perforado y me sentía como si hubi

ese perdido la virginidad nuevamente y por los dos lados al mismo tiempo.

Tomó un jabón y empezó a bañarme dulcemente… ¡que diferencia con la máquina bestial que recién me había dado el placer más fuerte de mi vida! Yo también lo enjaboné y no hubo palabras, solo pequeñas risas y besos muy suaves y tiernos.

Me secó y luego, envuelta en un toallón, me llevó con sus brazos hasta la cama, donde me depositó como una pieza de seda, con mucha delicadeza.

-Tengo que volver a trabajar. Quedate descansando. Yo pago los gastos.

Luego de vestirse, me dio un beso muy suave sobre mis carnosos labios y se fue.

Pasó un buen rato antes que me pudiese incorporar de nuevo. Imagino que dormí una siesta, porque cuando salí del hotel ya el sol estaba casi en el horizonte. Me dolían todos los músculos del cuerpo, y apenas podía caminar. Al día siguiente fui al médico, me derivaron a una ginecóloga, a un traumatólogo… estuve un mes sin poder tener sexo nuevamente.

Y no dejaba de pensar en Juan. Quería a esa máquina bestial de nuevo conmigo… así que una mañana, me puse de nuevo mi vestidito sexy y salí a buscarlo.

Pero no lo encontré. Ya no trabajaba más allí. Lo habían despedido por ausentarse sin aviso, aquel maravilloso día.

Y nunca más supe de él.

Autor: Ano Batalla

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Escrito por Marqueze

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