Reparación garantizada

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El momento de la penetración había llegado y en prevención por si gritaba, procuré cerrar bien las cortinas, persianas, visillos y puertas y puse la radio un poco alta. Abrí bien sus piernas, las puse encima de mis hombros, coloque dos buenos cojines bajo su culo de manera que me ofreciera su coño en todo su esplendor y empecé a pasar mi miembro por la entrada de su cueva.

El presente relato ocurrió durante la Semana Santa de hace años y es totalmente real y verídico, con sus correspondientes nombres y situaciones. Yo tenía entonces 35 años y estaba encargado de toda la conservación eléctrica en un colegio de una determinada congregación religiosa de la zona del barrio de Salamanca de Madrid; además, en las cercanías del colegio era propietario de un pequeño taller de reparaciones eléctricas, en el que tenía empleados a un encargado y un aprendiz.

Llevaba trabajando 13 años en el referido colegio y me conocía a todos los curas, personal y muchos de los alumnos del referido colegio y había adquirido un determinado prestigio y consideración. Un día el Padre José Goenaga -(Don José) para todos -, me entregó un aparato de radio portátil para que se lo reparara en mi taller; la reparación fue muy simple y barata ya que lo que tenía eran las pilas gastadas y un cable del altavoz roto, se arregló y un día fui al despacho de Don José a entregárselo. Cuando se lo di, me dio una tarjeta con un nombre de una tal Carmina y una dirección y me dijo que lo llevara a esa dirección y que allí me lo pagarían. Me sentó muy mal, porque la dirección era por la colonia del Poblado dirigido de Caño Roto y a mí me pillaba muy lejos y con muy mala combinación para ir, pero Don José era un hombre tan extraordinario al que no se le podía decir negar nada, así que por lo tanto decidí dejarlo para la semana siguiente que era la de Semana Santa y había poco trabajo en el colegio.

A la semana siguiente, el lunes Santo por la mañana temprano, y muy a pesar mío, fui a entregar el aparato a la referida dirección. El aparato era un AGA sueco, era un buen aparato y aunque portátil, era un poco grande y algo pesado y debido a lo lejos que aquello estaba decidí coger un taxi y ya lo cargaría en la cuenta del cliente.

Me abrió la puerta una mujer rubia, alta, de cuerpo bien formado, más acentuada por detrás que por delante, de pecho discreto y de tentador trasero y que según luego supe tenía 25 años. Le pregunté si era Carmina y al responderme afirmativamente, la dije que venía de parte de Don José a traer el aparato arreglado; entré en la casa, coloqué el aparato sobre una mesa que había en el comedor y lo puse en marcha para que viese como sonaba, me dijo que sonaba muy bien y que me lo agradecía, comentamos algunas cosas sobre Don José, – pero de pagar no me decía nada -; entonces viendo que ella no se daba por enterada, le dije que Don José me había dicho que ella me lo abonaría.

– Bueno es que ahora en este momento no tengo dinero para pagárselo, me dijo ella. – No hay problema ninguno, le dije; le diré a Don José lo que hay y cuando usted pueda le da el dinero a él y como él ya sabe para quién es, ya me lo dará y así no tengo que venir otra vez hasta aquí que está bastante lejos. – Es que verá, me dice; hace poco que le he pedido dinero prestado a Don José y si el ve que me lo he gastado y que ya no lo tengo, se va a enfadar muchísimo conmigo y me va a echar un sermón de padre y muy señor mío.

Yo estaba empezando a ponerme de mal humor y como todavía no la había dicho el precio de la reparación, en mi interior iba subiendo el precio de ésta y encareciéndose el precio de la compostura.

– Bueno, dígame usted cuando puedo venir a cobrar y aunque esto está tan lejos, me sacrificaré y vendré por hacerla un favor, porque es usted amiga de Don José y el hombre se lo merece. -Es que yo me voy el miércoles de la semana que viene a Alemania a reunirme con mi marido y no volveré seguramente hasta la Navidad, me dijo ella.

La tía con esto último que me dijo, no hizo sino aumentar mi indignación y como ya estaba bastante cabreado, me puse la gabardina, cogí el aparato de radio y acercándome a la puerta hice ademán de irme y le dije:

-Yo lo siento, pero tengo que pagar a mis empleados y no puedo trabajar gratis; así que si no me paga, me veo obligado a llevarme el aparato de radio.

Me suplicaba casi llorando que por favor que no me lo llevase, que el aparato era un regalo muy especial de su marido cuando hicieron el aniversario de casados y que le tenía mucho cariño y además que no podía regresar a Alemania sin el. Conforme se ponía la situación y viendo que la tía no tenía intenciones de pagarme y como yo no estaba dispuesto a trabajar gratis; pensé que a lo que sí estaba dispuesto era a follármela gratis y como la mujer estaba hermosa y apetecible, entré a fondo y le dije:

-Bueno te voy a hablar claramente -(dije tuteándola)-, una mujer siempre tiene con que pagar y más tú que estás muy bien y eres hermosa. En tu dormitorio tienes una cama y tú un magnífico cuerpo, yo pongo el mío y ya verás lo bien que lo pasamos en la cama amándonos un rato y así pagas tu deuda. -¿Por quién me ha tomado usted?. ¡Yo soy una mujer decente! Esto se lo pienso decir a Don José cuando le vea y él ya le pondrá a usted los puntos sobre las íes.

-Mira muñeca, lo primero que voy a hacer al llegar al colegio es entregarle el aparato a Don José y decirle: Mire Don José; no me mande más estos encarguitos, porque la tal Carmina con la excusa de que no tiene dinero para pagarme, no sólo no me ha pagado, sino que abriéndose la bata que llevaba puesta y mostrándose desnuda, me dijo que si quería cobrar que me cobrase con su cuerpo. -Pero eso es mentira, es una calumnia y le diré a Don José que no se lo crea.

-Mira, yo tengo una fama, un prestigio, una categoría y una consideración adquiridos en ese colegio a lo largo de los 15 años que llevo trabajando en el; esto es tu palabra contra la mía. A Don José le has pedido dinero y te lo has gastado y tú misma me has dicho que te echaría una buena regañina, así que; ¿A quién creerían? Creo que lo mejor que puedes hacer es entregarte y gozar porque creo que hace tiempo que no pruebas una buena polla, a no ser que le hallas puesto los cuernos a tu marido.

Echándose a llorar, me dijo que le había dicho cosas terribles y palabras muy fuertes, que ella nunca le había engañado a su marido y que esta sería la primera vez, (daba por hecho que me la iba a joder), que no sabía que hacer y que tenía mucho miedo a hacer esas cosas porque eran un pecado muy grande y a que podía quedarse embarazada. Vi que era muy débil, traté de consolarla y le hablé con mimo, ella se puso a llorar sobre mi hombro, le dije que no tuviera miedo ninguno, que las cosas no eran así y que me perdonara si la había ofendido y dicho palabras fuertes, empecé a hablarla, consolarla y a preguntarla cosas y me contó parte de su vida. Que estaba sirviendo en un convento de monjas y que de allí salió a los 22 años para casarse, que llevaba 3 años de casada y su marido llevaba más de 1 año en Alemania y que ahora iba a reunirse con él. Cuándo me contó estas cosas y otras más, comprendí que la chica era muy niña y que desconocía muchas cosas en lo referente al sexo… ¡Era presa fácil!… ¡Dentro de poco íbamos a estar revolcándonos por la cama y su coño ocupado por mi hermoso miembro inundándolo de semen!…

Empecé a hablarle del embarazo, diciendo que eso no era tan fácil, que primero teníamos que querer ella y yo, que lo segundo que lo hiciéramos de manera de que se quedase embarazada, y que lo tercero que tenía que estar en una altura tal del mes, que se pudiese quedar embarazada. Tú y yo no queremos, lo vamos a hacer de manera que no te deje embarazada; al hablarle de la regla no tenía ni puta idea de la altura en que se podía quedar embarazada, sólo me dijo que había dejado de manchar hacía una semana. No lo pensé más; se tragaría cualquier cosa que le dijera y como ella dentro de una semana iba a estar con su marido, si yo me la dejaba embarazada, (cosa muy posible por la fecha en que había tenido la regla), su marido cargaría con las consecuencias y creería que era de él.

Desde luego la mujer era muy inocentona y se había confiado en lo que yo le decía; se la veía sin ninguna experiencia de la vida, joven, 10 años menos que yo, prácticamente no ha gozado del sexo y está muy poco usada puesto que hace más de un año que no lo prueba, su coño debía de ser pequeño como el de una que fuese virgen, casi seguro que no ha mamado una polla ni se han corrido en su boca y además su culo lo debe de tener virgen.

¡Su suerte estaba echada!… ¡ba a ser carne de cañón!… ¡Cómo iba a disfrutar con ella que estaba en lo mejor de la regla para ser follada y preñada! ¡Qué mamadas de polla me iba a hacer! ¡Con qué placer le iba a desvirgar el culo! ¡Su boca, su coño y su culo iban a quedar como bebederos de patos! ¡Su marido cargaría con las consecuencias! Así que había que empezar a meterla mano con delicadeza, cariño y mimo, pero sin pausa; había que comenzar con la operación previa de calentamiento, para pasar a la del abuso sexual. Eran las diez de la mañana y tenía mucho tiempo por delante para por lo menos follarla bien follada un par de veces.

Cuando dejó de llorar recostada en mi hombro, comencé a secarle los ojos con mi pañuelo y poco a poco a fui dándole besitos en los ojos, la frente, las orejas, la nuca, el cuello, etc; cuando la noté que empezaba a estremecerse, la besé en la boca acariciándole el pelo, el cuello y los hombros y la espalda por encima del vestido que llevaba. Hasta ahora estábamos de pie y como ya había dejado de llorar sobre mi hombro le propuse que nos sentáramos en el sofá; allí los besos fueron en aumento, subieron de tono y empecé a meterle la lengua en su boca; ella empezó a responder y yo comencé a pasar la mano con suavidad por la parte delantera y cuando se la pasaba por encima de los pezones gemía y los pezones se le ponían duros.

Tenía un vestido bastante cerrado el cual me estorbaba muchísimo para meterla mano y por lo tanto le sugerí que se levantara y se quitara el vestido; se levantó y la ayudé a quitarse el vestido y estando de pie y ya en combinación, empecé a pasarle la mano por todo su cuerpo palpándole los pechos, el trasero e incluso la entrepierna y a todo esto mi boca cerraba la suya con besos de los llamados de tornillo. Empecé a meterle mano por debajo de la combinación, le acaricié los senos por encima del sujetador y luego fui bajando y llegué hasta su coño que acaricié por encima de las bragas, metí la mano por dentro de las bragas y le acariciaba su monte de Venus, cuando empecé a introducir mi dedo tratando de abrir sus labios vaginales, ella me dijo:

-¿Qué me quiere usted hacer? ¿Sea bueno conmigo? ¿No me haga nada malo, que eso no está bien y es un pecado? -Cariño, tu no tengas miedo que nada malo te voy a hacer, sino todo lo contrario; simplemente nos vamos a ir a la cama a amarnos, tú confía en mí y acuérdate del Evangelio. ¡Amaos los unos a los otros! como buenos hermanos y cristianos.

Ya confiada fuimos a la cama matrimonial, nos echamos en ella y continué besándola cada vez más apasionadamente sin dejar de sobarla por todos lados, iba bajándole las hombreras de su sostén y cuando aparecieron sus turgentes senos se los mamé y ella gemía, cuando le metí mano al coño noté que ya estaba algo húmeda y que los pechos se le ponían más tiesos y duros. Me costó muy poco trabajo dejarla totalmente desnuda y sin dejar de sobarla me fui desnudando; cuando estuve en pelotas, me puse al lado de ella arrimándole mi paquete, daba gusto lamerla y chuparle los pezones, tocarle su vulva y pasarle la mano por el coño y meterle el dedo tocando su clítoris, de vez en cuando gemía, se retorcía y suspiraba.

Vi que era hermosa e inocente, su rajita era pequeña y casi sin pelo. Empecé a besarla y lamerla empezando por su boca, fui bajando por su cuerpo y al llegar a su coño le abrí bien las piernas y le metí la lengua separándola con ella los labios y tratando de meterle la lengua lo más a fondo posible, era delicioso; -(No me gustaba comerme los coños, pero este parecía el de una mujer virgen)-, gemía y suspiraba sin cesar y movía la cabeza de un lado para otro; yo me estaba poniendo de una manera que mi polla iba a reventar.

El momento de la penetración había llegado y en prevención por si gritaba, procuré cerrar bien las cortinas, persianas, visillos y puertas y puse la radio un poco alta. Abrí bien sus piernas, las puse encima de mis hombros, coloque dos buenos cojines bajo su culo de manera que me ofreciera su coño en todo su esplendor y empecé a pasar mi miembro por la entrada de su cueva. Cuando vi los 20 cm. de largo y 40 mm de grueso que le iban a perforar aquella cosita tan pequeña, tuve miedo de hacerle mucho daño y desgarrarla, pero también es verdad que el coño de las mujeres está preparado para parir y para hacerle cosas mucho peores, además un coño así de rico y tentador no se puede respetar nunca.

Procuré lubricar bien mi gran falo con los jugos de su coño y bien untado además con mi saliva, empecé la penetración; al principio despacio, sacando y metiendo lentamente mi miembro durante bastante tiempo, luego acelerando cada vez más el movimiento y penetrándola más; cuando ya tenía dentro unos 4 cm de mi polla, empezó a gemir más fuerte, movía la cabeza de un lado para otro y empezaba a sudar y decir que tenía mucho calor. No esperé más porque yo también estaba que reventaba, le abrí las piernas todo lo que pude, me agarré bien fuerte a sus caderas, me eché hacia delante y me dejé caer encima de ella con todo el peso de mi cuerpo penetrándola de un solo golpe hasta que mis cojones hicieron tope en su coño.

-Aaggghhhh, lanzó un alarido enorme y prolongado que gracias a que yo había cerrado las puertas y puesto la radio alta, no creo que nadie oyera.

Qué rico estaba el coño que acababa de penetrar, era muy estrecho como yo me suponía, estaba ardiendo y quemaba mi polla; me quedé dentro de ella unos cinco minutos apretándola todo lo más que podía tratando de meterle mi polla al máximo y estando así empecé a moverme en redondo para hacer hueco a mi miembro y que lo sintiera en toda su grandeza. Ella rugía, bramaba, se retorcía, decía que le quemaba, que le sacara lo que tenía dentro, bufaba y empezó a sudar, mi polla me dolía y era hora de follarla; le sujeté fuertemente las piernas, se las abrí todo lo que pude y empecé a hacerle un mete saca que iba por momentos aumentando de ritmo e intensidad, la verga se la sacaba totalmente fuera y se la volvía a meter con furia y con rabia sintiendo como golpeaba en el interior de su coño contra las paredes de su útero. Sudábamos los dos, yo también comencé a rugir, mis embates eran cada vez más bestiales, gritábamos, chillábamos y rugíamos cada uno por su lado como verdaderos animales, ella con gran alarido comenzó a correrse y mi polla al sentirlo explotó y le inundó todo el coño con mi semen entre grandes gritos y exclamaciones de placer.

Quedé tumbado sobre ella, medio abrazados con nuestras caras juntas y la polla metida en su coño, hasta que se fue saliendo poco a poco a medida que se reblandecía; así estuvimos un rato hasta que me quité de encima de ella y me puse a su lado, estábamos totalmente exhaustos y así nos quedamos medio adormilados durante un buen rato. Cuando nos recuperamos de la orgía eran casi las doce de la mañana, lo primero que hizo ella fue tratar de taparse y al ver que estábamos los dos totalmente desnudos se puso muy colorada, la abracé y la besé y le dije que no tapara su cuerpo que era muy hermoso y me gustaba contemplarlo.

Nos levantamos de la cama, ella estaba avergonzada y cohibida, su jugo y mi semen le escurrían por la entrepierna, su cuerpo estaba todo mojado y lleno de sudor, mi polla todavía rezumaba leche, le llevé su mano a mi polla para que se pringara de semen, yo le pasé la mano por su coño y la saqué toda llena de los jugos producto de nuestro amor, nos fuimos desnudos al baño a ducharnos y limpiarnos.

Tenía la idea, -(y así lo había expuesto anteriormente, de por lo menos haberla follado dos veces)-, pero es que el follamiento que le había hecho, había sido de una posesión tan brutal de su cuerpo y de tal intensidad, que me había quedado totalmente vacío de reservas y mi polla colgaba cual pinganillo de niño pequeño. Por lo tanto desistí de follarla por segunda vez ¡por hoy!. Ya vestidos y decentes le dije:

-¿Te ha gustado lo que hemos hecho? ¿Es como te lo hacía tu marido? ¿Qué es lo que has sentido? ¿Te he hecho daño o te ha dolido? ¿Te gustaría repetirlo otra vez?

¡Ella no sabía por dónde empezar a contestarme! ¡Que nunca su marido le había hecho una cosa así! ¡Que desde luego habían sido maravillosas las sensaciones que había sentido! ¡Al principio notó un dolor fuerte, pero que luego enseguida sintió su cuerpo lleno de calor, mucho calor que la quemaba! ¡Que habíamos cometido un gran pecado y que se lo tenía que confesar a un sacerdote que no la conociera! ¡Y que estaba confundida y no sabía que hacer!

Hablamos de muchas otras cosas, ella tenía sus prejuicios, desconfianzas y reservas, pero también comprendí que otro día vendría y me la tiraría, además tenía que preparar el camino para venir con mi amigo Luis, ya que nos faltaba darle por el culo, meterle la polla en la boca y el abuso sexual final antes de que se fuera a Alemania con su marido.

Como ya era la una de la tarde, le di un buen beso de despedida e inicié la acción de irme; ella entonces me preguntó por el juego de auriculares que traía el aparato de radio y que no los había visto, me dirigí a la cartera para cogerlos y dárselos, pero entonces reaccioné y le dije que se me habían olvidado en el taller, pero que no se preocupara que como ella se iba el miércoles de la semana siguiente -(la semana de Pascua)-, vendría a finales de esta semana y se los traería.

Volví el miércoles con los auriculares y se los di, había venido preparado y cargado de reservas para follármela otra vez, así que sin previo aviso empecé a besarla, magrearla y a desnudarla, ella se resistía al principio, pero al final nos quedamos los dos tal y como nos habían parido; cuando vio mi verga toda erecta se quedó muda de asombro y me dijo:

-Si todo aquello era lo que le había metido el otro día. -Claro está. Y además hoy te la voy a meter otra vez y tú lo vas a ir viendo como te entra toda ella en tú coño.

Hice que se sentara en el sofá, me acerqué a ella, le pasé la polla por la cara y poniéndosela en la entrada de la boca le dije:

-Mírala bien, abre bien abierta la boca, métetela y chúpamela.-¿Y no saldrá nada por este agujerito? -Confía en mí, que por este agujerito no te va a salir nada de pis ni de semen, otro día ya veremos.

La daba asco pero fue sólo al principio, porque luego la mamaba que era una maravilla. Seguimos avanzando, nos fuimos a la cama, me puse encima y me la follé a la manera tradicional por segundo día, me la puse encima, la follé desde detrás, -(no le di por el culo porque eso estaba previsto para otro día con mi amigo, cogiéndola entre los dos al mismo tiempo)-, le dije que me la chupara cuando se la sacaba del coño toda llena de semen, le gustaba y se estaba enviciando y aquél día le eché un segundo polvo.

En una de las ocasiones, le dije que lo mejor para hacer el amor a una mujer es cuando está con dos hombres al mismo tiempo. Le propuse que como el encargado que hay en el taller es quien en realidad le había arreglado el aparato de radio, el próximo día podía venir y estar con nosotros; no le pareció bien, pero no dijo que no y cuando me despedí le dije que no sabría si vendría con él o no.

Después de este segundo día de habérmela follado, hablé con mi socio Luis, -(que era con quien quería hacer el trío)-, le relaté toda la aventura que había tenido con la chavala y le expliqué lo que había planeado para el trío; le pareció una idea estupenda, pero que él me proponía otra cosa mejor: Si era posible que con cualquier disculpa la pudiese llevar a casa de él, -(tenía un chalet de lujo por una zona periférica de Madrid, acondicionado para juergas en donde no se oía nada por gritos que hubiera y que yo ya había frecuentado)-, una vez en la casa la chica no tendría escapatoria, allí haríamos el trío y luego un buen desmadre sexual con nuestros amigos de siempre.

Lo bueno sería llevarla el viernes Santo por la tarde, nos pasábamos con ella jodiéndola y dándole por el culo toda la tarde y noche del viernes y todo el sábado por la mañana; el sábado por la tarde podríamos ofrecérsela a nuestros amigos de orgía que podían estar con ella hasta el lunes por la mañana en plena orgía, abuso y desmadre sexual.

Tal y como lo planeamos, así se realizó, pero este relato es otra historia del mismo autor.

Nota al margen del relato:

Esta es mi primera colaboración en Internet. No sé si el relato es corto, extenso o prudente; si tiene poco o mucho sexo, mucho o poco morbo; mucha dureza, etc, etc. Lo que sí es cierto es que son historias reales vividas por el narrador y que se pueden relatar dentro de la realidad, con el detalle, sexo, morbo o dureza que se quieran.

Agradecería su comentario.

Autor: Doctor Homobono

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. SU RELATO PARA MI ESTUBO EXCELENTE. LE FELICITO, ESPERO EL DESMADRE DE ESA HERMOSA CRIATURA EN LA ORGÍA QUE LE PREPARARON.

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