Salir a gatear

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Toma su miembro y comienza a pasarlo de arriba hacia abajo. Se siente enloquecer al sentir aquella virginal vagina. Muy despacio, abre los labios vaginales e introduce la punta de su miembro. El líquido que antecede a su semen, ayuda a que éste ingrese sin dificultad. Cada vez, va ingresando un poquito más.

Estaba inquieto, realmente estaba inquieto, y no sabía la razón. Allí, acostado con su mujer que dormía plácidamente, dando su espalda hacia él. El día había resultado cansador, después de ese viaje. Cuatro horas viajando, a través del país, era cansador para cualquier persona normal. Y más encima todo el bullicio, que traían sus hijas con su prima, era para peor.

Miró hacia su mujer, y veía su espalda y magnífico trasero. Ella era joven, tenía 32 años, lo separaban sólo 5 años de ella. Coloca su mano sobre sus glúteos y la acaricia. Quiere llegar al lugar en que se separaban y dejaban ver los labios de su sexo divino, con una mata de vellos, que no molestaban para nada cuando él la penetraba. Es más, era un deleite para él. ¡Por favor… estoy cansada! Murmura entre sueños su mujer. Y él, obedientemente saca su mano, y la lleva a su miembro, que se encuentra erecto, y lo acaricia. Quizás es la única solución que le queda… darse una buena sacudida solitaria. Pero piensa, que eso sería una estupidez.

Al recapacitar, piensa que lo único que le queda es ir al baño y mojarse un poco para que esa calentura pase pronto y le permita dormir. Se levanta y se dirige al baño. Silencio total, todos duermen, menos él. Después de mojarse, y beber un vaso de agua, sale del baño y pasa por el cuarto de sus hijas. Duermen tranquilamente. Cierra la puerta para que así no las moleste el ruido. Pasa al dormitorio en donde duerme su sobrina y también duerme plácidamente. Sólo que hay algo que le llama la atención. Se encuentra destapada, y de espaldas a él, puede ver su lindo trasero, nada más cubierto por sus blancas braguitas. Dormía sin sostén. Ella había recién cumplido 18 años. Y a modo de regalo de cumpleaños, le habían ofrecido ese viaje a la capital, para que la conociera, y así sus primas le mostrarían lo bonito que era todo aquello.

Cerró la puerta, y se dirigió a su dormitorio. Se recostó nuevamente al lado de su mujer, que aún tenía su trasero descubierto. Era hermoso en realidad. Cuántas veces no había gozado, poseyéndola a lo perrito. Cuántas veces, no había besado y lamido aquella gruta de placer. En realidad era feliz con ella. Su único problema era que ella, nunca le había aceptado hacer una fellatio. Tantas veces que él, se había preparado para ello, perfumándose, arreglándose de la manera más agradable, y todo para nada. Sólo él, sabía lo que era sentir el aroma y sabor de su sexo, pero ella nada quería saber de ello. Apaga la luz de la mesa, al lado de la cama y trata de dormir. Pasan los minutos y nada. Se sentía inquieto. Algo lo tenía excitado y quería descargarse. Sentía que su sexo le llamaba… sentía que su miembro era más poderoso que sus pensamientos.

– ¿Estás dormida? Pregunta a su mujer. – ¡Zzzzzzzz!… Era toda la respuesta.

Le tomó de los hombros. Nada. No había ninguna respuesta. A lo lejos se siente en el silencio de la noche, el maullar de unos gatos. Era el único sonido, fuera del sonido de su mujer al dormir, el que él podía sentir. Se levanta de su cama nuevamente para ir al baño. Su miembro esta rígido. Necesita desahogarse. Y cuando va camino al baño, se cruza su pensamiento morboso. Sus hijas duermen, y son tan o más duras de sueño que su madre. ¿Y su sobrina?, piensa. Se dirige a la puerta del dormitorio en que descansa ella. La abre, y con suave luz que entra por la ventana, la mira en la oscuridad. Ahora está de espaldas en la cama. Sus senos están dirigidos hacia el techo de la pieza y se ven hermosos, suaves, deliciosos. Se acerca más aún a la cama, y siente la respiración de su sobrina. Se arrodilla a su lado, y acerca su oído a la boca de ella. Siente que su pene quiere estallar.

– ¡Hola! Dice calladamente. Pero aparentemente su sobrina es de sueño bastante pesado.

Acerca una de sus manos, a sus senos y suavemente lo acaricia. ¡Qué cosa más rica! Piensa. Mientras con su otra mano acaricia su pene. Cada vez más rápido. Necesita desahogarse. Acerca sus labios, y besa la punta de uno de esos senitos que lo están llamando a gozar. Qué suave es su piel, tan delicada. Su lengua de deleita en la punta de esos delicados pezones, que están duritos. Su mano, comienza despacio a bajar hacia su entrepierna, la mete bajo la braguita blanca y la acerca a ese sexo virginal. Comienza a acariciarlo suavemente. Mientras con dos de sus dedos abre los labios de esa delicada vagina, con su dedo medio, frota su clítoris. A cada toque, más aumenta su avance. Siente que su sobrina cada vez respira más aceleradamente, y sabe que él quiere avanzar cada vez más y más.

De pronto siente en su dedo que penetra, cierta humedad. Le es familiar. Su querida sobrina se está excitando dormida. Ello le da más valentía para avanzar con su dedo. A cada momento su sobrina, respira más aceleradamente. Incluso ahora, mueve sus piernas como abriéndolas para él. Sus caderas se agitan. Introduciendo su dedo llega a tocar la delicada membrana de su himen. Sabe que de allí no podrá pasar. La mano dedicada a su miembro, cada vez lo sacude con más excitación. Y el dedo dedicado a su sobrina, cada vez es más atrevido. Cada vez, entra y sale más rápido de aquella deliciosa gruta. En realidad ya no puede más. Le gustaría reemplazar su dedo por su pene, para descargar en su sobrina. La siente excitada. Incluso algunos ligeros gemidos de placer escapan de su boca.

– ¡Mmmm! ¡Mmmmm! La oye gemir.

Ya no pudiendo aguantar más, sube despacio sobre la cama, y suavemente, con sus manos comienza a sacar las bragas de su sobrina. Sólo su trasero, se lo impide, pero con paciencia y suavidad logra su objetivo y se las saca. Allí, a la suave luz que ilumina el dormitorio, ve esa deliciosa gruta que le llama, que le dice: ¡Ven mi amor te espero! ¡Quiero ser tuya… anda ven a mí! Dejando caer delicadamente su cuerpo y sin que llegue a tocar a su sobrina, que se encuentra con las piernas abiertas, se agacha y la punta de su miembro, toca aquel monte de Venus, por la superficie. Sus suaves y delicados vellos, hacen cosquillas en aquel pene.

Apoyando una mano en la cama, al lado de la cabeza de su sobrina, con la otra toma su miembro y comienza a pasarlo de arriba hacia abajo. Se siente enloquecer al sentir aquella virginal vagina. Muy despacio, abre los labios vaginales e introduce la punta de su miembro. El líquido que antecede a su semen, ayuda a que éste ingrese sin dificultad. Cada vez, va ingresando un poquito más. Sus caderas toman el ritmo de entrar y salir con su miembro. Siente que lo quiere empujar a fondo, pero eso sería fatal, dada las circunstancias. Debe retenerse y avanzar muy lentamente. Ya armándose de valor, acerca sus labios a la boca de su sobrina y la besa muy tenuemente. Sólo escucha el ritmo de su respiración agitada. Sus ojos están totalmente cerrados. Sigue el avance de su miembro, hasta que llega a tocar el delicado himen de su sobrina.

– ¿Qué hago? Se pregunta para sí.

Ya no puede resistir más, su miembro esta por estallar, necesita hundirlo en esa pequeña gruta. Necesita sentir que quedará tranquilo después de ello. Las piernas de su sobrina están por el costado a lo largo de su cuerpo. Como quisiera levantarlas y subirlas a sus hombros para poder llegar más a fondo. Y como si su sobrina le leyera sus pensamientos entre su sueño, las encoge, quedando entre sus rodillas, y la planta de sus pies a la altura de sus caderas. Sólo falta que tenga un poco más de valor y empujar sin más remedio. Acerca nuevamente sus labios a los de su sobrina. La besa ya de manera directa, y empuja muy suavemente.

– ¡Cielos! Siente que avanza, y sin problemas.

Entonces, al traspasar la barrera que le impedía llegar más a fondo, se da a entrar y salir de su adorable sobrina. El roce era enloquecedor. Metía y sacaba su miembro nada más hasta la mitad de aquella grutita… ¡Era tan deliciosa! Cada vez un pequeño avance más, y otro, y otro hasta que en un momento sus testículos tocaban las nalgas de su sobrina. Sus gemidos eran callados, pero de gozo total al sentirse dentro de su sobrina.

– ¡Qué cosita más riiiica! ¡Ahhhhggg! ¡Tan apretadiiiiita! ¡Aaaaaahhhhhggg!

Y su ritmo cada vez era más acelerado… quería llegar al orgasmo, con su pene total dentro de su delicada sobrina, que a cada momento aumentaba su respiración, cada vez más agitada. Ya no pudiendo aguantar más, empuja hasta el fondo, llegando su pene a tocar el útero de su adorable sobrina, y no soportando más el maldito cosquilleo, siente que sus deseos, quieren liberarse, necesita descargar todo su semen en esa gruta deliciosa, el roce de esas apretadas paredes en su miembro, hacen que ya no pueda soportar más. Entonces…

– ¡Aaaaaaaaahhhhhhggggg… mmmmmmhhhh… tómala toda… toda para ti… mi amor… te voy a dejar llenita… mmmmmmhhhh… aaaaaahhhhhhhggggg!…

Y descargó todo el contenido de sus testículos en la deliciosa caverna, llenándola de su tibio semen. Y al fin pudo descansar de su inquietud. Luego de ello, se levanta, y delicadamente cubre el cuerpo de su sobrina, con las sábanas. Se dirigió a su dormitorio. Su mujer seguía durmiendo. Se acostó a su lado, y durmió plácidamente, hasta el día siguiente. A la mañana siguiente, se levantó y se dirigió al comedor, para juntarse con la familia a tomar su desayuno. Allí estaban su mujer, sus hijas y su deliciosa sobrina que lucía radiante, con jeans y su blusita blanca. Todos se sentaron a la mesa. Y su sobrina inicia la conversación.

– ¡Anoche tuve un sueño extraño… soñé que alguien estaba acostado conmigo… fue algo tan real! ¡Sentía sus caricias… me besaba… pero no puedo decir lo demás, porque me da vergüenza!

Deben ser los fantasmas, bromeó mi mujer. Siguiéndole el amén, le respondí que tal vez sería eso. Ya más tarde, conversé con mi sobrina y le pregunté qué era lo que había sentido. Que me dijera todo sin vergüenza. Un tanto cohibida, me narró todo. Que la habían besado, sentía que le acariciaban su sexo, para luego introducirle algo en su vagina.

– Y tú, ¿Eres virgen?… le pregunté.

Me respondió que no, pues hacía unos dos años atrás, mientras andaba en bicicleta, se había caído y allí, se había roto su himen. Esto lo supo, cuando mi cuñada la llevó al ginecólogo para que la examinara y allí este le explicó, lo ocurrido en su interior.

– ¿Y no tienes novio? Volví a preguntarle.- ¡No!… me respondió de manera asustada. -Pero si eso no es nada malo, le dije. Además una niña hermosa como tú, debiera tenerlo.

Y entonces se suelta y me cuenta que, sí había tenido un novio, pero que lo único que quería era subirle los vestidos para acariciarle su sexo. O bien le abría su blusita, para tomar sus senos para besarlos. Le dije que eso era lo más normal entre jóvenes. Y que no tuviera miedo de consultarme lo que quisiera mientras estuviera en la casa. Luego, se levantó y se dirigió hacia donde se encontraban mis hijas. Y allí quedé pensando, en lo deliciosa que había sido tenerla para mí la noche anterior, de gozarla como nunca. Creo que tendría que ir nuevamente, a visitarla esta noche. Mi miembro ya está reclamando por otra entrada, en esa delicada y deliciosa vagina.

Autora: Ximena

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Escrito por Marqueze

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