Seis años tras Sandra

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Pero mereció la pena esperar

Bueno empezare contando mi historia con la que gracias a los sucesos ocurridos en los últimos meses, creo que será la protagonista mayoritaria de mis relatos.

Antes de empezar creo que debo presentarme. Mi nombre es Dani (no es cierto jeje, pero por motivos de privacidad cambiare todos los nombres, no así los sucesos) y tengo 21 años. He estado toda mi vida haciendo deporte, y aunque soy de complexión delgada, creo que estoy bastante bien formado, y en un estado óptimo de forma. Mido 1´89, peso 80 kilos, ojos marrones, pelo castaño claro que en otra época fue rubio, y aun en verano cuando se aclara podría pasar por rubio.

Soy un chico bastante tranquilo, y difícil de alterar, no suelo enfadarme con nadie y procuro hacer lo propio con los que tengo por amigos. Rehuyo de todo conflicto que no sea necesario, y procuro no meterme con nadie aun cayéndome mal; a la gente que no trago simplemente la ignoro.

Dicho esto creo que puedo empezar a explicar mi historia.

Estando aun en el instituto, con 16 años yo salía con un grupo de amigos de clase, y además también coincidía en contadas ocasiones con amigos y amigas de los que ahora forman mi grupo, y con los que siempre había tenido contacto a pesar de no salir con ellos, puesto que vivimos todos en la misma plaza.

Pues bien, una chica que iba a mi clase, y que salía habitualmente con uno de mis actuales amigos, me invito a su cumpleaños, y yo a pesar de no salir habitualmente con ese grupo, acepte encantado.

Estábamos en verano, y por aquel entonces, no podía volver muy tarde a casa, así que quede con mis amigos habituales para dar una vuelta más bien prontito, y después me escapé para hacer acto de presencia en el cumpleaños de esta chica. Lo celebraba en un parque muy grande que hay en el barrio, y habían comprado bebida y cosas para picar en abundancia. Cuando llegue me dirigí a mis amigos (a pesar de no salir con ellos, la gente de mi plaza siempre ha sido amiga), y tras saludar y ver como estaba el ambiente, me fui hacia la chica del cumpleaños, y tras darla el consecuente tirón de orejas y un par de besos, charlamos un rato, me comento cuáles habían sido sus regalos, y tras un rato se dio cuenta de que unas amigas estaban esperándola para proseguir con la conversación que debían estar teniendo cuando yo llegué. Me pregunto que si las conocía, la verdad es que a algunas las conocía de vista del instituto, pero jamás me había parado a hablar con ellas, y a otras ni siquiera eso, por lo que la pedí que me las presentara.

Comenzó a presentarme gente, de la que a los 30 segundos no recordaría el nombre, luego procedió igualmente con gente de su barrio, y así cumplió con todos los invitados, que todo sea dicho eran bastantes. Entonces ocurrió, justo cuando creía que había terminado de dar besos y estrechar manos, me puse a hablar con una chica que me sonaba del instituto, y mientras hablábamos, una chica que sin duda no me habían presentado se metió entre medias, entre gritos de euforia de sus amigas y besos y abrazos y le dio dos besos a la chica con la que mantenía mi conversación. Era tremenda, una chica más bien delgada, pero con curvas bien pronunciadas, de melena rubia y unos ojazos azules que me dejaron ausente durante unos segundos, fue entonces cuando vi que se giraba hacia mi inducida por mi interlocutora, dispuesta a presentarse; supongo que la sonrisa que me dedico debió ser mitad por educación o cortesía, y la otra mitad por ver la cara de bobo que se me había quedado cuando había aparecido.

Se llamaba Sandra, llevaba el pelo suelto, una camiseta blanca que definía bastante bien sus pechos, bien formados para su edad, y un pantalón ceñido que hacía resaltar lo mejor de su cuerpo, tenía un culo que además de a mi, a más de uno debió dejar boquiabierto.

No se entretuvo a comenzar un diálogo conmigo, y siguió adelante repartiendo besos y abrazos entre los presentes, ya que, al igual que yo, había llegado tarde, y tenía que cumplir con todos los presentes.

Me quede mirándola, y supongo que debí ser muy exagerado, ya que la chica con la que hablaba antes, y que me había brindado tal presentación, comenzó a reír, y tras mirar a su amiga, me dijo:

– ¿Es guapa? La miré, y asentí, y volví a mirarla de nuevo, seguía repartiend

o besos, y sentí envidia de todos aquellos amigos a los que además de los dos protocolarios besos regalaba abrazos y carantoñas, entonces respondí:

-Sí, no esta mal tu amiga, me parece a mí que voy a tener que empezar a salir con vosotros más a menudo.

Sonia que así se llamaba la chica con la que me pase toda la noche hablando, comenzó a reír, y me dijo que siempre que yo quisiera, sería acogido con los brazos abiertos.

Mi comentario había sido en broma, pero lo cierto es que sin quererlo y poco a poco, fui cumpliéndolo, y comencé a salir más a menudo con este nuevo grupo, también a consecuencia de algunos problemas que había en mi anterior grupo de amigos, que habían tensado algunas relaciones, hasta el punto de haber hecho varios grupitos de gente que no se hablaban entre sí.

Poco a poco fui ganando confianza con Sandra y con Sonia principalmente, hasta que conseguí que me consideraran como uno de sus mejores amigos dentro del grupo. Unos meses después, y tras salir ya casi exclusivamente con este grupo, decidí contarle lo mucho que me gustaba Sandra a Sonia, que por lo que yo sabia era su mejor amiga, y Sonia procuro ayudarme dentro de lo posible. Aun recuerdo que el día que le dije a Sandra todo lo que sentía hacia ella, nos fuimos de un botellón que estábamos celebrando todos en un parque, y tras dar un paseo, nos sentamos en un banco cercano a su casa. La respuesta fue… No!!! a todo lo que yo le sugerí, y os preguntareis, porque llevo media hora escribiendo si no hay sexo jeje, bien, como explique al principio del relato, los sucesos que convertirían a Sandra como protagonista de mis fantasías sexuales, y por consiguiente de mis relatos también, han ocurrido tan solo desde hace unos meses, y lo que os he contado sucedió hace más de 5 años.

El caso es que, me dio calabazas, si queréis decirlo así, y sin embargo parece que eso ayudo todavía más a que nos uniéramos más (como amigos) y el hecho de saber que yo estaba profundamente enamorado de ella la moldeo a tratarme con mucho más cariño, y a contar conmigo para asuntos que de otra manera jamás me hubiera contado. Puedo decir que me convertí en uno de sus mejores amigos, si no el mejor.

Pues volviendo al presente, y tras haber estado los dos con diferentes parejas, ella menos duraderas, yo más, y de haber seguido trabajando sobre esa gran amistad que nos une, empiezo ahora sí, a contar lo que sucedió hace tres meses aproximadamente y que cambiaría mi vida.

A mi me iba bastante mal con mi novia con la que llevaba ya año y medio, y Sandra llevaba bastante tiempo sin pareja estable, y estaba bastante jodida por unos problemillas familiares que no vienen al caso. Lo que si viene al caso es que sus padres viven ahora en Salamanca, y ella se ha quedado aquí en Madrid sola en casa. Esta currando, y digamos que en cierto modo se ha medio-independizado. Gracias a esto, y sobre todo cuando yo estaba jodido, nos hemos juntado los tres (Sandra, Sonia y yo) en casa de Sandra, y hemos pasado bastantes noches hablando y viendo pelis.

Se hizo casi una norma que Sonia se fuera prontito a casa, por lo que muchas noches nos quedábamos Sandra y yo solos hasta las tantas de la mañana viendo la tele y contándonos nuestras batallitas. Se hicieron también muy frecuentes los masajes, ya que Sandra al estar currando solía llegar a casa con los hombros muy cargados, y Sonia por su parte da unos fantásticos masajes, cosa que aprovechábamos Sandra y yo.

Un día tras ir a buscar a Sandra al trabajo, fuimos a comprar algo de cena para irnos los dos a su casa a cenar, y me sorprendió que me llevase a la zona de cremas para mujeres, y aún más que me preguntase cual de las cremas que barajaba me convencía más, le dije que siendo para ella, mi opinión debía valer poco, pero insistió, así que elegí una y ahí quedo la cosa.

Después de cenar y de ver la tele por un buen rato, se estaba haciendo ya muy tarde, debían ser las 2:15 de la mañana aproximadamente, y le dije que me marchaba a casa, pero se negó, y me dijo que no me dejaba irme sin darla un masaje. No me costó mucho aceptar la oferta, y me prepare para empezar, pero ella se levanto y desapareció del salón. Volvió enseguida, pero… ¡¿se había cambiado?! Me dijo que mejor con una camiseta de tirantes, pues anteriormente aun llevaba el uniforme del trabajo, una camiseta negra ajustada de manga por la mitad del brazo y un pantalón de licra negro que me estaba pon

iendo a mil. Conservó el pantalón, pero cambió la parte superior por una camiseta de tirantes lila que destacaba aún más si cabe sus firmes pechos.

En la mano traía el bote de crema que habíamos comprado unas horas antes, lo que hizo que se me escapara una carcajada.

– O sea, que para esto querías mi opinión sobre la crema ¿no? – le dije.

– Claro, yo la disfruto, pero tú la utilizaras jajaja. Y si te portas bien, hasta te dejo que la disfrutes tú también, pero eso depende de cómo te portes con el masaje, y más vale que te esmeres, porque hoy vengo hecha polvo del curro, y hasta que no me relajes la zona no te dejo que te vayas a casa. – Y dejó escapar una sonrisa picara que provocó que todos mis intentos anteriores por no empalmarme se fueran al traste.

Me levante del sofá para que pudiera tumbarse, procurando que mi erección no fuese demasiado exagerada, y tras tumbarse, me senté sobre ese culo con el que tantas noches había soñado.

– ¿Te hago daño? ¿Peso mucho? – me interesé.

– No, tranquilo, puedes empezar.- y recogiéndose el pelo hacia un lado del cuello, acomodo la cara sobre un cojín y cerro los ojos.

Antes de empezar con la crema, le baje los tirantes de la camiseta y el sujetador por los brazos, con el fin de dejar despejada la zona de los hombros y no manchar su ropa con la crema.

Cual fue mi sorpresa cuando se subió los tirantes a su posición inicial y me dijo:

– Espera, hagamos las cosas bien. – me indico que me levantase, y lo hice. Se volvió a perder por el pasillo hacia el interior de la casa.

Volvió con una toalla en la mano, y al llegar al sofá me dijo:

– ¿Te importa darte la vuelta un segundo?

– Claro. – y obedecí, esperando a ver que sucedía, algo bueno iba a pasar, seguro.

– ¡Ya! Al darme la vuelta, me quede parado sin reaccionar durante unos segundos, se había quitado totalmente la camiseta, se había quitado también el sujetador, y estaba tumbada sobre la toalla sin nada encima.

Si estaba cachondo, esta fue la gota que colmó el vaso.

Me volví a sentar sobre ella, y comencé, después de que ella retirara su preciosa melena rubia a un lado del cuello.

Comencé a extenderla la crema que había vertido sobre su espalda, y empecé a masajear sus hombros con cuidado de no hacerla daño, seguí con el cuello, lo que parecía gustarla, pues cambiaba su postura con el fin de facilitarme la tarea.

Después pase a la zona mas baja de la espalda y tras un buen rato de masaje, volví a echarle crema, pues su piel había absorbido ya toda la que le había echado anteriormente.

Me estaba poniendo muy caliente, y más de una vez se me escapaba la vista hacia esos pechos desnudos que apoyados contra la toalla estaban poniéndome a mil.

Tenté a la suerte y empecé a masajear los laterales de la espalda, y poco a poco fui subiendo hacia sus axilas, dejando escapar las manos a veces, un poco más de la cuenta, y dejando rozar las yemas de los dedos con sus pechos. Ella, impasible, no dijo nada, por lo que continué con mi tarea, y alguna vez, creo que me pase bastante de la raya, pero no dijo nada, y tras un rato de dudas, pensando si lanzarme a por ella y follarla en ese mismo momento (yo estaba ya muy, pero que muy caliente), abrió la boca:

– Yo creo que has cumplido, primo. – traíamos un juego desde hacía mucho tiempo, por el que yo era su primo y ella mi prima.

– Pero si quieres continuar, no voy a decirte que no – continuó – Eso si, podrías seguir por las piernas que las tengo mu cansadas.

– Ok. – me había jodido todas las ilusiones que me estaba haciendo.

– Lávate las manos en el baño, porque como comprenderás, los pantalones no me los voy a quitar – dijo sonriéndome.

– Por mi no te cortes, a mi no me molesta – le dije respondiendo a su sonrisa.

– Vamos, que no eres listo ni na jaja, lávate las manos y terminas, anda.

Obedecí, y fui al baño a lavarme las manos. Cuando volví, me la encontré en la misma postura en que la había dejado al irme, así que me senté sobre el brazo del sofá y comencé a masajear los gemelos. Esto se me daba mejor, ya que he estado casi toda mi vida jugando al fútbol, y los masajes en las piernas, los tenía controlados.

Acabé rápido con los gemelos, y subí a los bíceps femorales (la parte de atrás del muslo) que era lo que realmente me interesaba en esos momentos.

Tenía su cul

o delante de mi cara, jamás me había fijado con tanto detalle en lo perfecto que era, y esa imagen quedaría grabada para siempre en mi memoria, y aún consigue que me empalme con solo recordarlo.

El caso es que fui subiendo hasta que hice tope, por decirlo de algún modo, con el culo, cuando llegaba a esa zona, subía los glúteos con la parte superior de mi mano, y volvía a empezar desde la parte posterior de la rodilla hasta arriba.

Estaba poniéndome a mil, esta noche estaba siendo la mejor de mi vida… y yo quería haberme ido a casa! Alguna vez, sin pasarme demasiado, presione sobre la parte inferior de los glúteos con mis dedos. La miré a la cara, para comprobar su reacción, y no solo no dijo nada, sino que mi intuición me dijo que ella también se estaba poniendo cachonda, pues le temblaban los parpados, como cuando te intentas hacer el dormido, y no puedes, y sus orejas se habían puesto muy rojas. Imagine, que se estaba poniendo al igual que yo, y eso me hizo tomar más confianza, y presionar su culo con más decisión y más constantemente.

Yo llevaba un pantalón corto de deporte, y creí que se me iba a salir el pene por arriba.

Volví a mirar sus pechos, y pensé que era el momento idóneo. Ahora o nunca.

Busque de nuevo el bote de crema, y me levante del brazo del sofá, extendiendo el brazo para cogerlo, ya que no alcanzaba la mesita desde mi posición.

Al verme Sandra, me dijo:

– ¿Ya has terminado?

– No! Solo voy a alternar con la espalda otra vez.

– Jajajaja, déjalo ya anda, que son las 3:45 y mañana madrugo.

Me había vuelto a joder todo el calentón. Me levante de mala gana, intentando mantener una sonrisa en la cara, pero debió ser muy falsa.

– Muchísimas gracias primo – y viéndome la cara debió deducir que no me había molado ese parón, así q se levantó tapándose con la toalla, se acerco a mí, y me dio un beso en la boca que me rompió todos los esquemas. No quería continuar, pero me besaba. No entendía absolutamente nada.

Mientras yo seguía petrificado de pie en el salón, ella había vuelto a desaparecer en el pasillo, y a su vuelta, con la parte de arriba del pijama puesta, que no ocultaba del todo sus pezones duros como rocas, me dijo:

– Anda que como te has puesto hoy eh? Jaja. Te has puesto morado. Muchas gracias primo, prometo pagarte todo lo que has hecho hoy, pero otro día, de verdad, que hoy estoy muy cansada y mañana madrugo.

Así que, ahí estaba yo, con una cara de pánfilo increíble y una erección imposible ya de ocultar, y volviendo para casa igual que había salido de ella.

El único consuelo que me quedaba era recordar una y otra vez que me lo pagaría otro día. Eso y el beso, no había sido un beso como tal, era un simple pico, pero viniendo de quien venia, para mi era el cielo.

Esa noche como es lógico, me faltó tiempo al llegar a casa para masturbarme. Era mucha la tensión que tenía acumulada, y no hizo falta mucho, para volver a empalmarme, tan solo con pensar en sus pechos desnudos, o ese culo perfecto delante de mi cara, o el beso, o la recompensa prometida para otro día, no tardé mucho en correrme, y después a dormir.

No me fue fácil dormir con todas esas imágenes en la cabeza, y las fantasías que con ellas se montaba mi imaginación, así que tras más de media hora dando vueltas en la cama, tuve que volver a incorporarme y volverme a hacer otra paja.

Procure olvidar todo por esa noche, y dormir. Tras la segunda, parece que funcionó, y me dormí tras haberle dedicado ese par de corridas a la tremenda Sandra.

Pasaron varios días hasta que volví a quedar con Sandra y Sonia, ya que tenía que arreglar ciertos asuntos con mi aun novia. El arreglo fue dejarlo, y más aun después de todo lo que me había sucedido con Sandra. No estuvo de acuerdo al principio, pero comprendió que las cosas no iban nada bien, y finalmente estuvo de acuerdo en que era la mejor solución.

Un par de semanas o tres después mis padres decidieron ir al pueblo, y me dejaron la casa para mi solo, lo que aproveche para avisar a Sandra a que viniera. Me dijo que si avisaba a Sonia, y aun no se muy bien por qué acepte. Suerte que Sonia se iba también fuera, a Valencia, y no podía venir, por lo que nos quedábamos solos Sandra y yo.

Fui a buscarla al trabajo, y aun tardaría un poco en salir, cosa que no me importó demasiado, ya que trabaj

a en una tienda de ropa, y todas las dependientas compañeras suyas están tremendas. El ver a todas aquellas chicas con ese uniforme negro provocó una erección obligada en mi verga. Empecé a fantasear con varias de esas dependientas, y cuando me di cuenta, Sandra se despedía de sus compis y salía de la tienda.

Me sugirió alquilar una peli en el videoclub, y me pareció buena idea, así que compramos algo de cena y después fuimos a un videoclub de al lado de mi caso. Alquilamos la peli de Al otro lado de la cama (muy buena, todo sea dicho), y fuimos a mi casa. Sandra llevaba puesto el uniforme del trabajo, y me pidió que si la dejaba darse una ducha mientras yo preparaba la cena. Me pareció muy buena idea, y la dije:

– Si necesitas ayuda para lo que sea me avisas… Se rió y se metió al baño.

Yo me puse a preparar una empanada que habíamos comprado de hojaldre. La rellené con jamos Cork y queso en lonchas, y la metí al horno. Prepara la mesa en el salón, y metí la cinta del videoclub en el video. Cuando ya tenía todo preparado, y estaba casi hecha la empanada, Sandra salió del baño con mi albornoz encima, y una toalla en la cabeza.

– Espero que no te importe – dijo, refiriéndose al albornoz.

– Para nada, además a ti te sienta mejor que a mí. – contesté sonriendo.

– Cenamos y después me cambio, ¿vale?

– Por mi, como si te quieres quedar así toda la noche.

– Ya imagino, ya… Sonó la campana del horno, y fui a sacar la empanada que estaba ya muy dorada, y lista para comer. La puse en una fuente redonda que tenía, y la llevé al salón, donde Sandra había ocupado todo el sofá. Estaba tumbada, y dejaba al descubierto una pierna, hasta la mitad del muslo.

– ¿Me haces un sitio? ¿O me siento encima?

– Espera – y se incorporó, sentándose, y haciéndome un sitio a su lado.

Cenamos mientras veíamos la peli, estuvimos riendo un rato, pues la peli es muy graciosa, y al acabar la comida y el postre (un postre de yogur), me dijo que si podía parar la peli y se cambiaba.

Paré la película y se metió al baño.

A su vuelta traía unos piratas blancos que se le habían pegado en ciertas zonas de sus piernas, supongo que por estar aun mojada. Una camiseta de camuflaje sin mangas con unos cordones rojos en el pecho, que cerraban lo que de otra manera sería un escote exagerado, y el pelo aún mojado se lo había secado un poco, y lo traía suelto.

Estaba realmente preciosa, y así se lo dije:

– Estás mu guapa prima, te queda bien esa ropa.

– Gracias primo, es la percha jaja Y se sentó a mi lado, subiendo las piernas al sofá, y tumbando la cabeza sobre mi hombro. Yo giré un poco el cuerpo, de manera que pudiera apoyarse sobre mi pecho, y así lo hizo. Pase mi brazo tras su espalda, con el fin de que se encontrara más cómoda, y puse la película. No habían pasado más que 5 o 10 minutos cuando se incorporo un poco, y se desabrochó el cordón del pantalón.

– Es que he cenado mucho. – me dijo sonriendo

– Es que estas de un gordo que no se puede aguantar. Pero por mi no te cortes, si quieres un pantalón más cómodo, me lo pides, y te dejo alguno que tenga de deporte que te estará más suelto.

– No hace falta primo, no te molestes, muchas gracias.

Y dicho esto, continuamos viendo la peli hasta que terminó, y cuando acabó, me levanté para recoger la mesa. Me ayudo a recoger la mesa, y mientras llenaba la botella de agua para meterla a la nevera, ella se fue al salón. Cuando volví al salón, estaba tumbada boca abajo en la misma postura que aun tenía yo en la memoria de la famosa noche en su casa.

– No te vayas acomodando, porque si no me equivoco, hoy te tocaba a ti dar el masaje, ¿o no?

– Envidioso – respondió, y se levanto para que yo me tumbara.

Así lo hice, y antes de que pudiera acomodarme, me dijo que me quitara la camiseta. Me la quite, y me tumbe, la dije que sin crema, pues no me apetecía quedarme pringoso después, y comenzó a masajearme los hombros, la espalda, y tras un rato bajó a las piernas.

Comenzó por los gemelos, subió hacia los muslos, y parece que aprendió rápido la lección, pues no paró ahí, y siguió por mi culo, me estaba masajeando el culo.

– Eso no lo tengo cargado – la dije riendo – Pero si te hace ilusión continua.

– El otro día te tocó a ti, y

hoy es mi turno, así que calla.

Comenzó a meterme las manos por debajo del pantalón, que era corto, de fútbol, y por tanto, muy sencillo de subir. Metió las manos por los muslos y subió hasta masajear sobre los calzones.

Yo ya estaba bastante caliente, pero me puse del todo, cuando sin parar de masajear, se acercó a mi oído, y tras darme varios besos en el cuello, me susurró:

– Esto es un plus, por haberte portado tan bien el otro día.

No contesté, simplemente me di la vuelta, y la dejé sentada sobre mi paquete, con las manos en mi pecho.

– ¿Qué pasa, que también quieres que te de masaje por delante? – me dijo riendo.

– No es precisamente lo que quiero, pero para empezar no está mal.

Y diciendo esto la agarre por debajo de las axilas, mientras se agachaba y comenzaba a besarme.

Seis años enamorado de ella, y allí estaba, encima mía, dispuesta quien sabe a qué. No iba a dejarla marchar viva de allí, esta era mi noche… Baje una mano, y apreté con fuerza su culo, perfecto, grandioso, yo ya estaba a mil, cuando me dice:

– O te relajas, o me vas a hacer un agujero con la herramienta jajaja. Te has emocionado con el beso primo.

– Como quieres que no me emocione contigo prima, si estás tremenda.

– Gracias, tu tampoco estas mal – y bajo la mano hasta mi verga, dejándose caer un poco hacia un lado, pero sin dejar de besarme.

Metió la mano por debajo del pantalón, y comenzó a frotar por encima del calzoncillo.

– Empiezo a tener calor jaja –dijo soplando.

– Lógico, yo estoy sin camiseta, pero tú no me extraña que tengas calor.

– Tienes razón – y se incorporó sentándose sobre mi erección, y quitándose la camiseta de camuflaje. Debajo llevaba un sujetador también de camuflaje, que realzaba esas magníficas tetas.

No pude aguantar más, y mientras sacaba su camiseta, con los brazos hacia arriba, y tiraba para sacar la cabeza, me incorporé y comencé a besarle por encima del sujetador. La agarre con cuidado y la di la vuelta, tumbándola sobre el sofá y colocándome encima, mientras ella retiraba su camiseta al sofá de al lado.

Comencé a besarla entonces la boca, mientras intentaba desabrocharle el sujetador, pero me apartó las manos.

– Hoy me toca a mí, ¿recuerdas? Así que estate quieto, y disfruta. – y volvió a escaparse, colocándose encima otra vez, pero esta vez, saco mi pantalón, y me dejo con los calzones nada más.

Comenzó besando mis muslos, y con una mano agarraba y movía mi polla, mientras con la otra masajeaba mis huevos. Tras un rato así, bajo mis calzoncillos, y los lanzó hacia atrás, cayendo en medio del salón. Mi polla saltó como un resorte, y sin dejar de agarrarla con su mano y masajearme los huevos con la otra, acerco la boca, y comenzó a darme besitos en la punta, mientras me miraba con esos preciosos ojos de golfa que ponía. Me hacia sufrir, yo estaba ya a punto de violarla ahí mismo.

Empeoró mi calentón, cuando sin dejar de dar besos a mi glande, se llevó las manos a la espalda, y desabrochó el sujetador, liberando los mejores pechos que yo había visto. No eran de un tamaño exagerado, pero estaban muy bien, y muy firmes. Sus pezones marrones y con una aureola no demasiado grande, estaban como dos escarpias, levantados hacia mi cara.

Quise llevar mis manos hasta ellos, pero no me dejo, y acto seguido, acerco esas magníficas tetas a mi polla, y colocándola en medio, comenzó lo que era seguramente, por su torpeza al maniobrar, la primera cubana que hacía.

La verdad, es que no tenía nada que envidiar, a otras chicas con las que yo ya había llevado a cabo esta practica, pues a pesar de ser torpe al principio, se fue animando, y mi calentón fue subiendo muy rápido. Cuando se cansó de esa postura, y tras darle un chupetón a mi polla, se puso en pie, y sin decir palabra, se bajó los pantalones, quedándose con un tanga de camuflaje a juego con el sujetador, que dejaba ver que estaba muy caliente, pues la parte de su conejito estaba muy mojado.

Se puso de rodillas en el sofá, dejándome a mí entre medias de sus dos piernas, y puso mi verga bajo su conejo.

Otra vez intente llevar mis manos a sus pechos, y otra vez me volvió a bajar los brazos al sofá antes de que pudiese llegar.

Sin tumbarse sobre mí, se quedo sentada sobre mi polla, con las manos en mi pecho, y comenzó a mover su coñito adel

ante y atrás, frotándolo con mi polla.

Debía estar igual de cachonda o más si cabe de lo que lo estaba yo, pues se le entrecortaba la voz, y tenía los pómulos colorados, al igual que las orejas.

– ¿Te gusta este masaje? – me dijo con voz entrecortada.

– Te estás poniendo muy cachonda, lo sé. Apostaría lo que fuera a que si te follase ahora mismo, te haría la mujer más feliz del mundo. Pero como eres una putilla, y me has estado haciendo sufrir toda la noche, sin contar los seis años que llevo detrás tuya, no lo voy a hacer. No te voy a follar. Al menos no por ahora, quiero que llores, que te arrodilles, que reconozcas que eres una puta, y tal vez así cumpla contigo y te deje satisfecha.

– Te crees muy duro, ¿no? Puedo aguantar más que tu.

– No lo creo. – La verdad es que no podría aguantar esa situación mucho tiempo, me moría por penetrarla.

– Yo creo que si, los hombres os calentáis muy rápido y necesitáis desfogaros rápido.

– Probemos – y agarrándola por debajo de los brazos la tumbé con violencia sobre el sofá, y me puse encima. La sujeté los dos brazos por encima de su cabeza, cogiéndola sus dos muñecas con mi mano izquierda, mientras con la derecha, bajaba a duras penas su tanga, ya calado, y comenzaba a acariciarla su coñito.

Lo tenía perfectamente depilado, no se si se había preparado para esa noche, pero todo era perfecto para mí. Le separe un poco sus piernas, y ella colaboró a pesar del pique, dejándome hacer.

Comencé a acariciarla, y le cambió la cara, levantó la cadera en cuanto pase mi dedo corazón por su agujerito.

– ¿Aún mantienes lo que has dicho? ¿Es cierto que no quieres follar conmigo?

– Eres muy malo, me estas poniendo como nunca antes me había puesto.

No la deje que continuara hablando, pues introduje mis dedos corazón y anular en su coñito, y comencé un mete-saca lento, pero que la hizo cerrar los ojos, abrir la boca, y mover sus caderas al compás que mis dedos entraban y salían.

Fui aumentando el ritmo, hasta que pude escuchar sus leves gemidos, estaba gozando como una puta, pues intento soltarse los brazos, supongo que para agarrarme, pero me esforcé y conseguí mantenerle las manos inmovilizadas, entonces estalló, y paso de leves gemidos de placer a auténticos gritos. Yo estaba alternando, acariciaba, introducía, sacaba, y frotaba el interior de su agujerito. Cuando frotaba las paredes de so coño por dentro, arqueaba la cintura de forma exagerada, y fue así, como me calenté de un modo excesivo, y no pude continuar con el jueguecito.

Coloque mi polla latente en su coño, y lo frote con mi mano arriba y abajo. Su clítoris estaba muy hinchado, y tenía hasta las ingles caladas de flujos.

Seguía gimiendo, y cada vez estaba más colorada. El roce de mi polla contra su coñito no duro mucho, pues tuve que parar para no correrme ahí mismo.

Me agaché, hasta llevar mi cara a su coño, y empecé a chuparle todos los rincones de su coñito, estaba empapado, y no pare de jugar con mi lengua en su clítoris, y de chupar arriba y abajo. Finalmente y viendo que estaba a punto de correrse, coloque mis labios en su agujero, como si pretendiese hacerla un chupetón, y empecé a succionar, esto parece que la volvió loca, pues agarró mi cabeza y la presionó fuertemente contra su sexo.

Entonces yo me incorpore, y tratando de hablar pausadamente, le dije:

– ¿Sigues sin querer follar? Abrió los ojos, y me miro con cara de pena o placer, no se muy bien como describirlo, y cual fue mi sorpresa cuando me pegó un bofetón increíble.

Me quedé acojonado de la hostia que me había dado.

– Eres un hijo de puta, pero mucho. Eres un gran hijo de puta. Esta me la pagas. – y me agarro del cuello y me dio un beso muy largo.

Cuando acabamos de besarnos, suspiró.

– Perdona por el guantazo, te quiero, pero eres un cabrón. Ahora te vas a cagar.

Y respirando aún sofocada, se colocó encima mía, colocando mi polla en su coño y comenzó a moverse arriba y abajo. Llevé mis manos hacia sus pechos, pero como no, no me dejó. Esta vez además, no se conformó con bajarme los brazos, si no que me pegó otro guantazo.

– Ahora mando yo. Si no te digo nada, tu quieto. No te podré inmovilizar, pero te voy a hinchar a hostias. Así que quietecito.

Siguió cabalgando, y pronto volvió a

soplar y gemir. A mi me jodía mucho no poder agarrar esos magníficos pechos que botaban arriba y abajo, siempre firmes. Pero era su juego, tendría que aguantar. Comenzó a pegar gritos ahogados que hicieron que fuera a correrme enseguida, y cuando la agarre con fuerza de la cadera para darle las últimas envestidas, me quitó los brazos de golpe.

– Pero que fáciles sois de engañar. Unos gemidos y ya os corréis de gusto. Esto es un empate, 1-1.

Debí quedarme con cara de gilipollas, pero para mí se había acabado el juego, estaba claro que me había ganado, pero daba igual, así que le dije con una sonrisa en la boca:

– Ahora la que te vas a cagar vas a ser tú, no quiero ni medio lloro, ni media queja. Ahora voy a follarte por puta, y si te duele te jodes, por calientapollas. – diciendo esto, la agarré por la cadera, pero en lugar de tumbarla, casi la saco del sofá, la deje colgando del brazo del sofá, con las rodillas contra el brazo, y el resto del cuerpo apoyado sobre este. Le separe las piernas, y le abrí las nalgas.

– Ni de coña. – me dijo con tono solemne.

– Te jodes.

Y sin mediar palabra llevé la polla hasta su culo, mientras me decía que no me atreviese, y justo cuando me dijo:

-¡¡Hijo de putaaaaaaaaa!!! – esa “aaaaaaaaa” final, pasó a ser de dolor, y de gusto al mismo tiempo.

Se la había clavado hasta el fondo, de un golpe.

– Perdona, pero… ahora mando yo – le susurre al odio.

La retire la melena hacia un lado del cuello, y besándola en el cuello, y agarrándola con una mano de la cintura, y la otra de un hombro, comencé a moverme. Las primeras veces se quejo de dolor, pero tampoco excesivamente, y poco a poco fue acomodando el cuerpo al movimiento, hasta empezar a soplar de nuevo. Esta vez si me dejó agarrarla de las tetas mientras ella se apoyaba con las manos en el brazo del sofá, para hacer más fuerza contra mi polla.

Sus tetas estaban duras, y comencé a pellizcarle los pezones, y a masajeárselas mientras mi polla entraba y salía de su culo cada vez con más facilidad.

Pasé una mano por su tripita, tersa y firme, y seguí bajando hasta su coño. Con una mano pellizcaba sus pezones, y con la otra frotaba su clítoris. Me deje caer sobre su espalda, para poder seguir follándola el culo y masturbándola con más comodidad.

Pronto empezó a gritar, y yo estallé también muy pronto, corriéndome dentro de ella, mientras notaba con mi mano derecha, como ella hacía lo propio sobre esta.

La di un dulce beso en la mejilla y saque mi aparato de su culo, que chorreaba esperma.

Ella se dejo caer, tumbándose sobre el brazo del sofá, y yo fui al baño, a asearme. A mi vuelta, ella estaba totalmente estirada en el sofá, puesta boca arriba, con los ojos cerrados, oportunidad única en mi vida que aproveché para correr a mi cuarto e inmortalizar esa imagen con mi cámara digital.

Luego le enseñé la foto.

– Esta foto me servirá para cuando no pueda estar contigo.

Me sonrió, y no dijo nada, pues parece que aún se recuperaba, y trataba de oxigenarse respirando por la boca.

Tras esto, me tumbé con ella, pasamos unos bonitos momentos abrazados, y charlamos toda lo noche. Pero esos momentos tiernos y dulces no vienen al caso, así que yo creo que por hoy basta de contar.

El próximo relato no será tan grande, pues me podré ahorrar toda la historia, y podré ir al grano.

Actualmente, Sandra y yo tenemos la misma amistad que siempre, pero con una relación paralela con la que disfrutamos los dos. Ninguno de mis amigos sospecha nada de esto, a pesar de vernos quedar muchas veces a los dos solos. La única que debe saber algo es Sonia, pero nunca se ha atrevido a decirme nada sobre el tema.

Espero que os haya gustado, y no os haya aburrido demasiado mi historia.

Y espero también poder seguir contando muchos más encuentros con mi querida Sandra, pues eso significará que todo va bien.

Hasta pronto!!!

Autor: Master

rxmt7 ( arroba ) yahoo.es

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Escrito por Marqueze

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