SESENTA Y SEIS DIAS DE SEXO. CAPITULO XIII. REENCUENTRO. EL QUE INOCENTEMENTE PECA

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Situémonos en un martes después de lunes feriado o festivo. La huevera normal, llegas a la oficina, prendes el PC y te quedas mirando todos los letreritos pasar a velocidad sin querer moverte de tu silla para nada más. Así estaba mi ánimo. Todo mi ser estaba aperezado, influenciado por mi rajita, dormida por usarla solo para orinar y para tener la regla, desde hacía dos meses. Nada de acción, nada de nada.

Siempre hay babosos a mí alrededor queriendo ensartarme, pero después de lo sucedido con Víctor decidí que iba a priorizar mi concentración en los estudios universitarios y la vida laboral, y por medio de la abstinencia procuré exorcizar los demonios de deseo y algunos jirones de piel imaginaria que Víctor dejó en su paso por mi historia. Recordemos, Víctor fue mi amante, pero yo metí la pata y me enamoré y sufrí. Entre el primer y el último polvo de esa etapa pasaron 66 días y por eso estos relatos tienen ese nombre.

Volvamos, así las cosas, esa semana no era prometedora en aspectos sexo-sentimentales. Sin embargo todo tuvo un cambio radical cuando abrí el primer correo del día: Estoy en tu ciudad, me quedo una semana, escríbeme.

¡¡Vaya!! Luis Emilio (relato número tres de esta serie) llegaba de visita, hacía tres años no nos veíamos, desde que cambié de ciudad.

En flash, como en los previously de las series de TV., se me pasaron los momentos que viví con Luis Emilio, el primer hombre que seduje en mi vida, con intención y con malicia; el deseo palpitando entre las piernas; los colores de reproductor de Windows Media ejecutando un hechizo cuando los mirábamos abrazados. Su boca, mi boca, su lengua, mi lengua, su espalda, mi pecho, sus pies, mi deseo, su risa, mis gemidos… todo volvió a mí en unos segundos. Sólo dos veces habíamos gozado el uno del otro, nos habíamos fundido& y hasta una vez lo habíamos hecho sin preservativo porque pudieron más las ganas que la previsión. ¡¡ A mí que soy fan de los dichosos cauchitos!! Esa misma noche volví a estarme debajo de él y a envolverlo con mi ser de mujer ansiosa. Y ya mismo voy a contarles cómo llegó nuevamente a mi cama y como llegué yo a su abrazo.

Contesté el mail más rápido que ya mismo, con la dirección y el teléfono de la oficina. No había pasado media hora cuando me llamó y poco despu&e la noche, sin muchos rodeos, le dije que se quedara en mi apartamento y se hizo esperar como siempre. Yo de aquí para allá, de la ventana al TV. y hablando con mi rajita "shhh, ya viene, no acoses". Pero al fin llegó, compramos brandy, soda y como dijo que no quería comer nos pusimos a ver televisión y a contarnos lo que había pasado durante ese tiempo por insoportables dos horas.

El juego de miradas iba cambiando, subiendo de categoría, convirtiéndose en sugerencia, en promesa, en un deseo cada vez más explícito, pero permanecíamos cada uno en un lado del sofá. En cierto momento estiró su mano y tocó la mía. La expresión de nuestros ojos pasó a ser de carbón ardiente y yo con la otra mano recorrí lentamente su brazo hasta el hombro, me incliné sobre él y le di un beso corto sobre los labios y me retiré un poco. El sonrió, abrió los labios y atrapó mi boca, abriendo y cerrando los labios, despacio y yo dejándome seguía despacio sus movimientos.

Entonces fueron las lenguas, lentamente, con cariño, apenas rozando, sugiriendo, después penetrando, acariciando los dientes, ambas lenguas reconociéndose, gustándose. Y después nos miramos, yo me quedé recostada sobre su pecho y seguimos charlando. Sin prisa, mientras conversábamos, mis dedos iban abriendo los botones de una camisa blanca, acaricié su barriga un poco por debajo de la ropa y le di algunos besitos en el pecho, pero le daban cosquillas y se reía. Y nos reíamos, mucho. De cualquier cosa. La risa es uno de los mejores afrodisíacos que existen. (Tomen nota). Pareja que rí

e, en la cama se fríe, me lo acabo de inventar, pero suena bien.

Pasaba sus manos por entre mi cabello ensortijado y negro como el fondo del cielo estrellado. Y me acariciaba el rostro, con ternura, con cariño, con alegría de verme. Y eso también es afrodisíaco. A ninguna nos gusta un baboso que sólo nos busca entre las piernas sin mirarnos siquiera un momento a los ojos, mostrando alegría por habernos conocido. (Tomen nota).

Después empezó la etapa hot, sus manos en mi cadera, quitándonos la ropa con estilo, acariciando cada parte de piel descubierta, sus manos en mi espalda. Mis manos en su espalda. A ambos nos encanta esta caricia.

A veces me sentaba y lo miraba, a medio vestir& y él me miraba a mí. Pasé a la cama y me senté. Vení le dije. Y él fue, obediente. Me recostó en la cama con su propio cuerpo, a mí me excitaba tanto sentir su peso sobre mí, su calor, su respiración, su balbuceo de frases que yo no entendía y me besaba y me acariciaba mientras yo me enroscaba lentamente alrededor de su cuerpo.

Ya no había ropa, sólo su lengua por mi estómago, mis manos entre sus orejas y su cadera, (hace poco aprendí que a los hombres también les gusta que les acaricien las nalgas y hasta que se las apreten un poco), estaba gordito, sabroso, yo tenía mucho de dónde agarrar, piernotas, brazotes, entrelazaba sus manos con las mías mientras ya me tenía casi, casi penetrada& y mientras tanto, nos movíamos en ondas, acariciándonos con los cuerpos. Y bueno, la pausita saludable y corta de abrir el sobrecito y ponerse el gorrito en el pipi.

Después, acostada y él sobre mí, sentirlo adentro, Luis Emilio otra vez entrando en mí, despacio, mirándome y yo mirándole los ojos traviesos mientras entraba del todo y salía y entraba y salía y me abrazó y me besaba el cuello mientras yo echaba la cabeza y las manos hacia atrás buscando algo de qué asirme y luego buscaba su cabeza y lo agarraba de los se había convertido en pastor de una Iglesia y su polvazo conmigo, parece ser que fue la despedida antes de su consagración. Yo era inocente de eso, si no, nohubiera hecho el amor con él… también tengo mis límites…

Autor: Liz lutjajaja ( arroba ) yahoo.com

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Escrito por Marqueze

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