Sexo en la piscina

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Todo comenzó una noche cálida de agosto. Mis amigos y yo planeáramos una fiesta para matar el aburrimiento.

Todo comenzó una noche cálida de agosto. Mis amigos y yo planeáramos una fiesta para matar el aburrimiento, así que por la tarde habíamos comprado bebidas y fuimos a un local para beber.

Allí comenzamos a jugar a juegos para beber. En total éramos 6 chicos y 5 chicas, todos sin compromiso. Empezamos a jugar en torno a las 10 de la noche, y cuanto más avanzaba la noche mas se caldeaba el ambiente y más aumentaba el nivel de alcohol en sangre.

A las 12 y media decidimos ir a continuar la fiesta a la piscina publica, y una vez allí todos preguntamos al dueño si nos podíamos bañar, pero dijo que era imposible ya que no estaba el socorrista, así que decidimos esperar a que cerraran y saltar la valla. Poco a poco la cosa se iba liando, y Juan ya se estaba liando con Ana, Jorge con luisa y yo con Noa.

El tiempo fue pasando y a las 3 de la mañana el dueño nos dijo que tenia que cerrar, así que nosotros salimos a la calle y esperamos hasta que se fue. Fue entonces cuando encontramos un hueco por donde saltar y uno tras otro fuimos saltando.

Una vez allí llego José que había ido a por mas botellas al local y seguimos bebiendo bajo la luz de la luna y en el césped de la piscina, y decidimos bañarnos. Uno a uno nos fuimos quitando la ropa para meternos en el agua, pero las chicas dijeron que ellas se bañaban en ropa interior y decidimos que no era aun el momento, que era mejor seguir bebiendo.

Así lo hicimos y a la media hora (serian las 4) una de las chicas se desnudo y se tiro al agua. Era Noa, una pelirroja, 1,72m, un culito respingón y unas tetas de muerte con la que yo me había liado anteriormente, así que yo decidí seguirla. Entonces todos los chicos nos desnudamos, todos estábamos empalmados, pero como era de noche no se veía. Detrás de nosotros fueron todas las chicas. Nosotros ya no estábamos empalmados, pues el frío del agua había hecho que nuestras pollas se encogieran.

Después de nadar un rato y juguetear en el agua, yo decidí besar a Noa.

Cuando yo me acerque hacia ella me besó como si lo estuviera deseando. Fue un beso apasionado y a ritmo frenético. Pasado un minuto comencé a notar como sus preciosas manos tocaban mis 19 cms duros como piedras, y decidí meterle un dedo en su coñito, sin saber cual seria su reacción. Lejos de enfadarse, cogió mi polla y se la hundió en su afeitado coño.

Mientras nosotros hacíamos el amor a un ritmo tipico del AVE, Jorge y Ana ya habían empezado a besarse y a follar como locos, y Juan estaba con besándose con Luisa, justo al revés de lo que había ocurrido en el local.

Juan y Luisa no tardaron en empezar a joder como perros.

En ese momento yo le pedí a Noa un cambio de postura, y saque mi verga de su almejita, pero seguí metiendole dos deditos por el agujero para que no dejara de gemir. Me puse detrás de ella y la empecé a penetrar despacito, cada vez mas deprisa. Era una sensación maravillosa hacer el amor en el agua.

De pronto observe que Juan y Jorge intercambiaban las parejas tras un polvo de lujo, y en ese instante yo me corrí brutalmente. Salí del agua completamente empalmado y busque un condón en la mochila. Tras encontrarlo regrese al agua y mi sorpresa fue ver a Ana y Luisa comiendose los coños respectivamente, y a mis dos amigos pajeandose frente a ellas. En esto Noa pregunto si podía hacerlo con Juan, y yo le respondí que si. Juan le clavó su enorme capullo, y le hundió 17 cm de carne dura en el coñito, mientras chupaba sus duros pezones y amasaba sus enormes tetas.

En ese momento Juan tomo a Ana por los muslos y la separo de Luisa y le clavo su enorme polla (no lo creeréis, pero eran 27 cm) hasta el fondo. En ese momento se escuchó un grito, mitad de placer, mitad de dolor por la gran herramienta.

De repente, Luisa me miro y se acerco hacia mi. Yo empecé a sobar sus dos enormes tetas y a chupar sus rosados pezones, y ella comenzó a hacerme una mamada, pero al rato salió de debajo del agua y se introdujo todo mi rabo entre su peludo conejito. Entonces yo comencé a sentir un tremendo placer que Noa no me proporcionaba, quizá era por que Luisa tenia una diminuta cadera. En poco tiempo me había corrido como nunca antes, y los demás ya estaban en el césped v

istiéndose, Luisa y yo salimos y nos fuimos todos a casa

Esta historia es completamente real, y desde entonces todos los veranos se repite el mismo día.

Autor: trokolari18

trokolari18 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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