SEXUAL RUTA

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Pasaron varios días de aquella última vez, yo caminaba por la ciudad con una excitación enorme, cada mujer que encontraba en la calle creí que podía cogérmela, lo acontecido en el camión me dio una confianza enorme, me sentía un macho irresistible, era el amo del mundo.

Sucede que una mañana sin aguantar más, salí a buscar a Rosa, había amanecido con unas ganas enormes de cogérmela, incluso esa mañana me había masturbado pero lejos de bajar mi excitación, esta se incrementó.

Lo más curioso del caso era que yo no sabía exactamente dónde localizarla, recorrí la carretera despacio, sin encontrarla, luego me devolví y justamente en la parada donde abordé por primera vez aquel transporte la localicé, había un camión parado y una pequeña fila de obreros y estudiantes abordándolo. No quise tocar bocina para no llamar la atención de los demás, pero por otro lado no quería que Rosa se me fuera, hice señales cambiando de luz baja a luz alta con tan buena suerte que ella me vio, pero me hizo seña de que el camión la dejaba, estaba indecisa, era casi su turno de abordar cuando dejó la fila y se acercó al jeep.

Yo la vi aproximarse con su falda ajustada y con su blusa de botones resaltando sus pechos a la altura de los hombros. Hablándome desde el exterior del vehículo abrió la puerta y penetró al interior.

Tienes que llevarme a la U. – me dijo en tono picaresco Claro, no faltaba más. – Le dije mientras besaba su boca rosada. Hoy tengo un examen en la U y no puedo perder mis clases. No hay problema. Agregué poniendo el jeep en marcha.

Por tercera vez pude contemplar los atributos de aquella bella niña, hermosa por demás, una piel blanca, con un fondo rosado, suave y juvenil, cabellos rubios hermosos, recogidos por una abrazadera en su cuello, pero lo más hermoso y excitante en ella eran sus pechos, obras de artes, resaltaban de ella como prendas, ofreciendo una imagen majestuosa y provocando recónditos deseos.

Cuando ella me tocó, fue como si despertara, me había concentrado demasiado en contemplarla y sentir la mano de ella buscando en el cierre de mi pantalón me sobresaltó en principio, pero luego, ya calmado abrí mis piernas para facilitarle la tarea.

No creas que te voy a dejar así para que otra te coma. – Dijo sacando mi pene ya erecto y sin decir nada más lo tragó entero.

Yo replegué el apoyadero de los brazos para acomodarla mejor y ella prácticamente se acostó boca abajo en el asiento tragando mi verga de forma magistral mientras yo conducía a la U. Lo hacía con una sola mano, pues con la otra corrí su falda plisada hasta su cintura para dejar al descubierto la nalga más hermosa que jamás había tocado, dividida con un cordel de fina tela que desaparecía entre sus nalgas en la parte baja, entrándose por el coñito de ella simulando una tanguita, seguí con mis dedos la ruta del cordel y pude sentir como los labios de ella estaban divididos a ambos lado de la tanga y la humedad que tenía aquello, pero mi mayor sorpresa fue cuando mis dedos se chocaron en la parte alta del coño, justo donde esta el clítoris, con los dedos de una de las manos de ella, que en forma circular se tocaba dos o tres veces y luego metía en su coño dos dedos hasta lo más profundo de ella, lo que quiere decir que mientras me comía mi polla se cogía descaradamente por su coñito.

Para no desperdiciarle el día, unté con su semen mi dedo mayor y con mucho cuidado la fui penetrando por el culo, ella comenzó haciendo pausas para tirar unos gritos de zorra que apocaron los ruidos del motor, yo insistí con las cogidas, sabía que si seguía en pocos minutos encontraría petróleo si era que lo había, y así fue, a los pocos minutos Rosa dio un grito desesperada, paró de chupar mi verga y a grito repitió en varias ocasiones.

Me vengo, me vengo coño, hay, hay, hay que rico. – Decía una y otra vez retorciéndose com

o culebra.

Con la misma intensidad retomó mi verga la apretó entre sus labios y con maestría comenzó a masturbarla rápidamente, hasta que me hizo bajar un calambre por mi columna vertebral y explotar en una sensación de placer y gritos involuntarios.

Ella recogió todo mi semen en su boca y lo chupó como si fuera una rica mermelada y ella más que pedirme me exigió.

Me recoges a las 13:00, para seguir lo que empezamos.

Claro, quien se lo perdería, les dije viendo como se alejaba con una mancha de mojado en la falda, justamente debajo de sus nalgas y con un poco de semen coagulado entre las comisuras de sus labios, que luego limpió sin disimulo con la parte externa de su mochila, perdiéndose entre las jóvenes que llegaban.

Autor: Jesús y Rosa Laura

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Escrito por Marqueze

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