Sinaí, mi primita: mi primera experiencia con una mujer.

sinai prima

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Tendría 19 años, o poco menos, cuando por azares de la vida volví a reencontrarme con familiares de mi padre. El murió cuando tenía 11, y desde ése entonces, nos separamos de ellos. Desde ése entonces perdí contacto con Sinaí, mi primita, así le llamaba de cariño.

A ella la recuerdo aun.

El reencuentro se dio con motivo de sus 18 años, cuando nos llegó la invitación para que estuviéramos en su fiesta: mi primita luciría genial en su noche. Pocos días antes, nos volvimos a reencontrar, estaba ya crecida. De aquella niña blanca de piel, que recordaba con pecas en la cara, encontré ahora a una jovencita sonriente con la que inmediatamente establecí una amistad muy diferente a la de antaño: mi primita había cambiado, ahora era toda una mujer.

No la dejaban salir sus padres, a menos que fuera con alguien de su confianza. Debido al lazo que establecimos, empezamos a salir poco a poco. Primero de compras o al suipermercado para surtir la despensa, luego a pasear y posteriormente al cine.

Poco a poco nos íbamos conociendo más y más, como queriendo recuperar todos los años que perdimos contacto. La confianza se fue desarrollando hasta que finalmente nos íbamos de paseo a lugares lejanos, para perdernos todo el día, platicando, comiendo algo, sentándonos en algún lugar y platicar y platicar como dos tontos.

Yo aprovechaba los días en los que ya no iba a la escuela por estar terminando el semestre. Como ella vivía a menos de 15 minutos de donde iba al bachillerato, la visitaba en su casa hasta que salía camino a la escuela: cerca de la zona de San Felipe, en la ciudad de Oaxaca, México.

La gran noche de Sinaí, mi primita.

Llegó su fiesta de XVIII años. Fue en un salón cerca de la central de abastos, donde por supuesto llegaron las dos familias, que, después de volverse a saludar y contar cómo nos había ido, se entabló una buena amistad luego de mucho tiempo.

Por la noche, todos terminaron yéndose a sus casas después de la fiesta. Los familiares cercanos nos fuimos a casa de ella a seguir la fiesta, había sobrado alcohol y era muy de madrugada. Ella iba todavía arreglada, con su vestidito color rosa, sin mangas. Hacía frío, y recuerdo que antes de subirnos al taxi, le ofrecí mu chamarra de mezclilla para que se tapara. Fue la primera vez que sentí el cuerpo de una chica de verdad cerca de mí.

Por timidez, no había tenido alguna novia, el hecho de saber que ella era una chica, muy guapa para mi parecer, removía emociones en mi interior. No cabíamos, nos fuimos cinco en la parte trasera e iniciamos el viaje que duró más de media hora. Para variar, ella se había sentado casi en mis piernas para que su mamá y mi tío cupieran en el asiento. Por lo ancho y aparatoso de su vestido, el espacio se redujo.

De vez en vez, cada que el taxi pasaba un bache sentía su cuerpo repegarse en mí. Podía sentir esos glúteos y su dureza aún a través de toda la tela de su vestidito rosa. No sé si fue a propósito o por accidente, pero cada vez la sentía más de la cuenta moverse encima de mis piernas, como acomodándose y queriendo sentir mi dureza que se había despertado.

El hecho de sentir un cuerpo femenino, y de sentir cómo se me movía encima me había empezado a excitar. Del otro lado, mi tía batallaba con mi tío, que se había pasado de copas y trataba de despertarlo para que no fuera difícil bajarlo del taxi. Finalmente llegamos a su casa.

Nos bajamos como pudimos, obviamente, siguiendo la galantería, le ayudé a bajar del taxi a ella, con pretexto de cuidar que el vestido no se atorara y se rasgara, -toma primita, hace frío; tápate. Lo siguiente fue entrar y acomodarnos cada quién de todos los que llegamos para tratar de dormir y mis otros tíos y tías, seguir la fiesta. A ella la acompañé a subir las escaleras, vivía en el segundo piso, subir las escaleras fue un reto, por sus zapatillas y por la amplitud del vestido.

La llegada a su casa

Estando en su recámara, justo cuando me iba a salir me llamó para que le ayudara a bajar el cierre del vestido, el que está detrás, en la espalda. No pude evitar pasar mi mano temblorosa y ver una espalda velluda, suave, tersa. La dureza de mi sexo era evidente, subía más y más. Me excitaba esa niña ahora convertida en mujer. Me excitaba la situación por la que estaba pasando, y me excitaba más qué podía pasar.

Lentamente vi cómo caía su pesado vestido. Por accidente olvidó tomar del vientre la prenda, quedando sus senos blancos al desnudo. Yo los vi en el espejo, con aquella areola cafecita y pezones pequeños pero muy pronunciados. Nos quedamos impávidos, viendo nuestras caras sin saber qué hacer. Era la primera vez que veía unos senos en vivo, cerca de mí. Eran redonditos, blanquitos…

Casi podía sentir su suavidad con solo verlos en el espejo, como apuntando al cielo. ¿y debajo? Debajo traía una panty nada sexy, por el contrario, grande y de color blanco que contrastaba con la imagen erótica de arriba.

Despertamos del sopor y nos echamos a reír. Parecía que no le importó que le viera ese bello par de senos. Con algo de sarcasmo me dijo que ya las había visto antes, cuando se ponía blusas escotadas y enseñaba de más.

Abajo, a través de la tela de su panty pude ver una mata obscura de vellos, que aún, en este tiempo, años pasados, me excita el recuerdo de aquella visión. No imaginé qué escondería aquella prenda, y menos sabía que estaba excitada, y que ese bello puente estaba impregnado de su humedad sexual, de las primeras desde que su despertar sexual empezó.

Yo bajé excitado de ahí después de verla cambiarse. Se había puesto de nuevo jeans, playera  y sudadera, como normalmente lo hacía. Después de aquellos sentones, vi aquél cuerpo con deseo. Vi aquellos senos, duritos, redonditos y juveniles, además de aquél par de glúteos sentados en mis piernas. Lo que se nos había despertado nos llevaría a vivir otro despertar más intenso, pero eso, será en otra ocasión.

En cuanto tuve oportunidad fui al baño. Mi erección no iba a dejarme en paz y me desfogué pensando en aquella hermosa visión que tuve, lo que sentí y lo que podría llegar a pasar después de esa noche al otro día cuando despertara. ¿Qué me diría mi primita? Me llenaba de nerviosismo que se enojara conmigo o que me reclamara, pero no fue así. Sucedió todo lo contrario…

La historia continuará.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por JoacoMov

Chico mexicano de 35 años. Soltero y con gans de buscar contacto con chicas afines o que gusten de contacto.

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