SOCORRISTA EN SU AUXILIO

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Tras terminar mi preparación como socorrista pude encontrar trabajo al poco tiempo como socorrista en una de las muchas piscinas de las comunidades de vecinos. Estuve por varias de ellas hasta que me quedé una temporada en el botiquín de una zona residencial de lujo.

Allí estaba, trabajando a la sombrita, disfrutando de las vistas de bellas mujeres (todas en tanga) y atendiendo pequeños casos de insolación o picaduras de insectos. Lo cierto es que la belleza de aquellas mujeres era singular, ya que prácticamente todas acudían con asiduidad al gimnasio y se mantenían en forma.

La que me llamó la atención fue una chica un tanto voluptuosa, de anchas caderas y un trasero impresionantemente perfecto, que además portaba unos jugosos senos, firmes y bien siliconados que la hacían tener aproximadamente una talla 95 de perfección en sus pezones.

Como casi todas, llevaba un bikini que dejaba sencillamente entreverse entre sus nalgas a las que dejaba completamente al aire y mostrando su esplendor. Por delante el tanga se hacía tan minúsculo que parecía desaparecer entre su pubis. Sus pechos se notaban enormemente en un ridículo sujetador que apenas tapaba sus pezones, que por el frío del agua y el viento en ocasiones se mantenían erectos.

Dicha criatura se contoneaba por entre la piscina con una feminidad pasmosa que hacía el deleite de todos. Cierto día se me acercó para pedirme alguna cremita que le quitará unas molestias que tenía.

La acompañé hasta el botiquín y allí la dije que se sentará en la camilla un instante (solo llevaba el bikini y un pareo que la tapaba las caderas). Cuando me volví hacía ella y le pregunté donde le dolía ella se quitó el pareo y señaló la parte interna del muslo, casi en su entrepierna. Así que con cuidado y algo nervioso empecé a extenderle la crema.

El masaje duró unos minutos porque al poco observé como se iba abultando sospechosamente su pubis y ella no dejaba de resoplar. Conforme seguía el bulto se fue marcando más y me dijo en voz alta " Creo que me estoy poniendo mala", y a continuación se apartó el bikini y me enseñó un rabo grueso, y para mi, gigante.

Me sorprendió enormemente que aquella criatura que parecía una fémina impresionante pudiera tener una verga tan grande ahí escondida. Me dijo entre sonrisas "¿No tienes nada para curarme esto?", yo no sabía que hacer. "Me siento mucha tensión aquí, ¿puedes aliviarme?", "¿Qué puedo hacer?" le pregunté.

Ella me indicó que le diera un besito en la punta, cosa que así hice y eso le gustó. Luego me pidió que tal vez chupando un poquito se fuera quitando esa tensión.

Así que decidí introducírmela delicadamente en la boca, tuve que abrirla bastante por el grosor de aquel pollón y comencé a chupársela despacio.

Tras unos instantes, noté que aquella polla se estaba poniendo endiabladamente gorda y enorme en longitud, hasta llegar el punto en que no daba abasto en metérmela en la boca, cosa que ella se empeñaba en introducirla hasta la garganta casi a base de sostenerme por el pelo al grito de "Chupa, chupa!"

Poco a poco se le puso completamente tiesa y dura, de un grosor descomunal, era un miembro desproporcionado que estaba delicioso y empapado en saliva que recorría toda su longitud hasta derramarse hacia sus huevos (también enormes) la hacía un vicio de chupada.

Así me tuvo 10 minutos, dando tragantones a aquel cipotón, llegado el momento de correrse por los jadeos continuos y más intensos que daba, decidí aparte un poco y masajear ese mastodonte de verga, a lo que empezó a lanzar unos chorros de leche con tanta fuerza que llenaron todos los azulejos de la pared de enfrente.

Pensé, si me lo llegó a tragar me ahogo en tanto semen. No dejaba de salir chorros y más chorros, una lluvia de espesa leche saltaba hacia el techo y pared, ya entre el 3º y 4º chorro me decidí a interponerme entre la polla y la pared para r

ecibir dicha corrida en la cara y boca.

Así pude degustar tan calentito líquido que me empezó a rebosar en mi boca, traté de tragar lo que tenía para conseguir más y así fue durante los 5 o 6 chorros más que tiró, mi lengua ayudaba a tragarme su leche espesa y saladita.

Le terminé de lamer todo el capullo recogiendo toda la leche y tragándola, hasta limpiar por completo aquel cipote. Ella se quedó tan satisfecha que tras incorporarse me dijo que en un par de horas volvería con una amiga y que no me fuera muy lejos.

Autor: Toni

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Escrito por Marqueze

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