SORPRESA

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Creo que mi nombre no es necesario, que lo ponga. Ya que si me atrevo a relatar lo que me ha sucedido, es por que entiendo que me puedo mantener anónima. Hace pocos meses después de más de un año, finalmente me divorcié de mi marido, por lo que volví a vivir. No es que me fuera de fiestas todas las noches, ni me la pasara metiendo machos a mi casa. No todo lo contrario, quiero decir mejor dicho que volví a disfrutar de la vida. De manera sana y tranquila, pero al poco tiempo, me comencé a sentir extremadamente sola.

De la nada me ponía a llorar, había días en los que no quería ni levantarme de la cama. Para colmo de males, me sentía muy ansiosa, ansiedad que calmaba comiendo, hasta que me di cuenta que había aumentado varios kilitos. Fue cuando una de mis compañeras de oficina, que llamaré Laura, me convenció de ir con ella a un gimnasio. No se de la noche a la mañana, Laura y yo hicimos una muy buena amistad. Ella me pasaba recogiendo para ir al trabajo, o en ocasiones yo le hacía el favor, por aquello de economizar. Pero les mentiría si digo que todo estaba bien, la verdad es que Laura en ocasiones, se comportaba de manera bien extraña, para mí. Se molestaba si yo entablaba conversación, con cualquier hombre de la oficina o del gimnasio. Su manera de comportarse, poco ha poco fue cambiando.

Un día me invitó para que pasase ese fin de semana en su casa, la cual en pocas ocasiones yo había visitado. Desde que llegamos el viernes en la noche, Laura sin dar muchas explicaciones se ha quitado casi toda su ropa, lo único que me comentó era que se encontraba muerta de calor. No se si ha sido la manera en que me criaron, pero el estar viéndola semidesnuda, no terminaba de agradarme, y no es que Laura tuviese mal cuerpo, eso era lo malo, que yo inmediatamente comparaba su cuerpo con el mío, y la que salía perdiendo era yo. Se lo pueden imaginar, lo único que hice fue quitarme la chaquetilla de mi vestido. No es que hubiera engordado como una marrana, pero me sentía incómoda con esos cuantos kilos de más. Una de las cosas que me sorprendió, fue que después de que ella me sirviera un trago, me invitó a que fuéramos a la parte trasera de su casa, digo que me sorprendí, por que ni tan siquiera buscó una bata, sino tal y como estaba salió al patio trasero, donde tiene una piscina de medianas proporciones. Pero también tiene un gran paredón, que le da la vuelta redonda a la casa. Manteniéndose alejada, de las miradas indiscretas de los vecinos.

Ya en el patio mientras compartíamos, hablando de las cosas de la oficina, ya una vez desnuda, me introduje en la piscina. El agua se encontraba divina, por otro rato Laura me estuvo contando la última película de Kiano Ref. Constantine. Pero en ocasiones yo notaba que se acercaba mucho a mí, de cuando en cuando sus manos me tocaban los brazos, mi rostro, me arreglaba el cabello, atenciones que con cierta regularidad siempre Laura había hecho, desde que comenzamos a salir.

Pero en esos momentos las dos estábamos desnudas, y solas en su casa. Me comencé a preocupar, y a tratar de mantenerme lo más alejada de ella para evitar cualquier contacto físico. De momento en medio de mi miedo a que ella me hiciera algún avance de tipo sexual, me dio por salir de la piscina. Laura de seguro se dio cuenta de mi manera de actuar, pero se hizo la desentendida, y sin más me llevó hasta la que sería mi habitación. En esos momentos la noté, algo molesta con mi persona, antes de cerrar la puerta de mi habitación me dijo de manera bien cínica, sí lo prefieres, puedes poner el seguro a la puerta. De paso mañana me acordé que debo ir a ver a mi mamá, así que temprano salimos te dejo en tu casa y yo sigo de viaje. Esas palabras me dejaron fría, se que mi forma de comportarme con ella la había lastimado, pero no pensé que fuera para tanto. Después de darme una ducha, pensé en acostarme, pero no me sentía bien, digo estaba conciente de que había lastimado a Laura, pero no sabía como disculparme, no era cosa de decirle, el miedo que me dio el pensar, que ella me hiciera una proposición de acostarme con ella. Escuché que ella ha

cía algún ruido en la cocina, y decidí hablarle, me puse mi bata de baño y bajé procurando no hacer ruido, para no asustarla.

Cuando llegué a la puerta de la sala, me encontré a Laura llorando, tal y como estaba en la piscina sin nada de ropa. Se encontraba sentada en uno de los sofás, con un vaso de bebida en una de sus manos, mientras que su rostro descansaba sobre uno de sus brazos, era evidente que sí estaba llorando. Cuando me acerqué a ella, al colocar mi mano derecha sobre su hombro, se sobre saltó, pero de inmediato, procuró ocultar que lloraba. Inútilmente trataba de secar sus lágrimas con las manos. Yo me senté a su lado, bastante confundida sin saber que hacer o que decirle. Sabía que la había lastimado, pero no me imaginaba cuanto. Cuando estuve a su lado, lo único que se me ocurrió, fue preguntarle que le sucedía. Laura volteándose hacia mí, mientras me daba un abrazo, continuó llorando con un sentimiento tal, que yo también me puse a llorar, mientras las dos nos abrazábamos. Fue cuando la escuché decirme, que la perdonara, que ella no había querido hacerme sentir mal, todo lo contrario, que ella deseaba que yo me sintiera bien, en su compañía y que sí me había ofendido que la perdonase, cosa que volvió a repetir varias veces. En ese momento yo también lloraba, y le decía al mismo tiempo que la que debía pedir perdón era yo, por no saber valorar su amistad.

En ese momento no se ni cómo ni el por qué, tomé su rostro entre mis manos, y acercando mis labios a los de Laura, lo mejor que se me ocurrió fue darle un suave beso. Por unos instantes, ella abrió sus ojos reflejando una gran sorpresa, por lo que yo había hecho. Hasta pensé que en cualquier momento me empujaría para separarnos. Yo por mi parte al mismo tiempo que la estaba besando, me sentía morir de vergüenza. Cuando finalmente yo retiré mis labios de sobre los suyos, Laura esbozó una agradable sonrisa. En esos momentos, fue ella la que me volvió a besar. Pero con sucediendo entre Laura y yo, en esos instantes era algo glorioso. Nuestras manos se entrelazaban y con fuerza la una jalaba a la otra, en mi coño sentí ese sabroso fuego prendido, como hacía muchos años que no lo había vuelto a sentir. He disfrutado de un orgasmo de campeonato, como diría el ex mío. No conforme con eso, Laura buscó mi vulva con su boca, y aunque había escuchado hablar de las delicias de una buena mamada de coño, para mi eso era del todo desconocido, mi ex-marido es de los que se vuelve loco por que le chupen su cosa, pero incapaz de chuparme el coño a mí. Por eso cuando Laura comenzó a pasar divinamente su lengua por sobre la piel de mi clítoris, y a chupar mis labios vaginales, nuevamente me sentí en la gloria. Por un largo rato mi mejor amiga y amante, me hacía la mujer más feliz del mundo. Hasta que volví a disfrutar de un par de orgasmos más. Que por un rato me dejaron casi noqueada, entiendan estaba fuera de forma. Laura me abrazó y ambas nos besamos suavemente, hasta que me sentí en condiciones de retribuirle el gran favor que me había hecho.

Ha diferencia mía, en esos momentos, Laura se depilaba completamente su vulva, por lo que se me antoja que es mucho mejor así. Comencé a pasar mi lengua, por sobre la entrada de su vagina. Al tiempo que mi amiga se contorsionaba de placer. Al igual que yo, ella también disfrutó de varios orgasmos. Pero lo mejor de todo eso era, que me sentía feliz de hacerla feliz. A partir de esa noche, ambas somos pareja, la sorpresa para mi fue que estuve a punto de cerrar la puerta, pero poder compartir con Laura, fue extraordinario. Tanto ella como yo, después nos los confesamos, jamás habíamos premeditado nada de lo sucedido.

Autor: Marte Hijo de Júpiter narrador ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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