Su primera experiencia BDSM.

Hacia días que chateaban. Las conversaciones siempre trataban de sexo. Al principio se limitaban a contarse sus gustos y fantasías pero con el paso de los días la confianza adquirida dio paso a una relación algo más intensa. Tal fue su afición que ambos compraron webcams para aumentar su disfrute. Luis no cabía en si cuando ella acepto ir a su casa. Todo había empezado como una mas de sus, ya habituales citas en la red. La conversación había ido calentándose y en un momento de excitación, cuando Maite, en su rol de sumisa, se hallaba de rodillas ante la webcam, Luis le ordeno vestirse y acudir de inmediato a su casa. Cual fue su asombro cuando esta cumplió su orden al instante. Hasta ese momento solo habían tenido contacto a través de la red y Luis nunca había albergado muchas esperanzas acerca de un contacto real. Sin embargo ahí lo tenía. Maite estaba en camino. Llegaría muy excitada. No había tiempo que perder. Se dio una ducha rápida, se perfumó y preparó todo lo que pensó que podía hacerle falta.

Apenas estuvo listo sonó el timbre de la casa. Era ella. Vestía un pantalón vaquero, ceñido que se ajustaba perfectamente marcando la curva de sus caderas y la prominencia de sus nalgas. Se había puesto una blusa blanca que transparentaba el sujetador, también blanco, de fina lencería.

Sus cabellos negros caían sobre sus hombros en pequeños rizos. El escote de la blusa mostraba el nacimiento de sus pechos. No eran excesivamente grandes pero tampoco pequeños y desde luego, como Luis había podido comprobar ya por la webcam, eran redondos, erguidos y desafiantes.

Por fin había llegado el momento de disfrutar de ella. En estos días habían llegado a conocerse muy bien. Conocía sus gustos, sus aficiones y sus límites. Sabia que había venido a entregarse a el y que no era una decisión tomada a la ligera. Maite no era una mujer que se dejase llevar por cualquier impulso. Seguro que había meditado su decisión. Eso le daba a Luis mas seguridad para desarrollar su rol de Amo y Señor de Maite, puesto que era la primera vez en su vida que actuaba así.

No lo pensó más. Tan pronto hubo entrado en la casa cerro la puerta tras ella. Dio las dos vueltas a la llave y la guardo en su bolsillo. Había silencio, ni siquiera contesto al tímido saludo de ella. Tan solo la observaba de arriba a abajo.

¡¡Dios!! Es más guapa al natural – pensó Luis.

En ese momento sus miradas se cruzaron y una sonora bofetada cayó sobre la mejilla de Maite. Ella no pudo ocultar su sorpresa.

– Te he dicho mil veces que no me mires a los ojos – aclaro Luis con voz calmada pero firme – Las zorras como tu deben mirar al suelo cuando están ante su Amo. Debes ser más humilde y respetuosa.

– Perdón Señor – balbuceo Maite mientras agachaba la vista.

Luis siguió disfrutando de la situación. La tenía a su disposición para cumplir cualquiera de sus fantasías. Podía sentir su nerviosismo por no saber lo que el haría con ella, pero a la vez había podido ver en sus ojos la confianza que ella depositaba en el.

Se puso delante de ella y comenzó a desabrochar su blusa. La abrió ante si para observar el sujetador y sus pechos. Aun no era momento de verlos en su máximo esplendor, tan solo tiro hacia bajo del sujetador para mostrarlos y dejarlos ofrecidos a la vista. Sus pezones eran pequeños y estaban duros y apuntando hacia arriba.

Ella seguía mirando al suelo, había aprendido la lección. Aprendía rápido. Mantenía las manos a la espalda como ya sabia que le gustaba a su Señor.

Luis desabrocho ahora su pantalón y colocándose detrás de ella lo bajo hasta los tobillos. El fino tanguita no ocultaba un ápice de sus esplendidas nalgas. Luis sentía su pene completamente erecto en sus pantalones. La conversación en internet ya lo había excitado bastante y esto era más de lo que podía aguantar. El cuerpo de Maite era esplendido. Rozo su fina piel, acaricio sus pezones, noto su perfume en el ambiente que empezaba a mezclarse con los aromas de mujer que delataban la excitación de Maite. Se puso de nuevo a su espalda y de un tirón bajo el tanga dejándolo a la altura de las rodi

llas. Pasó la mano por el coño y pudo notar el estremecimiento de ella. Como se separaban apenas las piernas. Se tensaban los músculos de su espalda. Se erguían sus pechos y de nuevo se relajaba dejándose acariciar. Su coño estaba empapado. Su respiración se aceleraba. Pero aun no era el momento. Luis se puso ante ella y agarrándola de los hombros le ordeno que se arrodillase.

Entonces desabrocho su bragueta y libero a su pene de la opresión de los pantalones. Sin ninguna dilación se acerco a ella y le introdujo el pene en la boca.

– ¡Chúpamela zorra! Demuéstrame que eres digna de mi atención. Quiero que me hagas una buena mamada para ver lo puta que eres.

– Si mi Señor, como desee.

Rodeo el glande con sus labios y su lengua comenzó a lamerlo. La polla de Luis, sin ser desmesurada, no era pequeña precisamente. En este momento estaba tan excitado que se encontraba en su máximo esplendor. Dura. Arqueada hacia arriba. Tensa. Húmeda por la mezcla de sus jugos y la saliva de Maite. Esta chupaba con fruición. Deseaba cumplir la orden de su Amo y deslizaba sus labios y su lengua arriba y abajo lamiendo la polla en toda su longitud. Entonces agarró los huevos de Luis con la mano izquierda mientras cogía la polla con la derecha para chuparla mejor. Luis la cogió del pelo separando la cabeza de el y sacándole la polla de la boca. Una bofetada cayó en cada una de sus mejillas.

– No te he dado permiso para usar las manos. Sabes que debes tenerlas a la espalda. Solo tienes permiso para usar la boca.

– Si Señor, perdóneme, soy muy torpe, no volverá a suceder. Lo siento.

– Vamos sigue chupando. Yo te enseñare como debes actuar. Sabes que soy compresivo, hoy es el primer día, es normal que te equivoques. Pero yo te enseñare a ser buena con tu Amo. Aprenderás a servirme correctamente.

Llegados a este punto Luis no podía mas. Propinarle las bofetadas había sido la guinda a una mamada magnífica. Sujetó la cabeza de Maite con ambas manos y comenzó a follarse su boca. Su polla entraba y salía. Cada vez más rápido. Cada vez más honda. Temió que se atragantase pero Maite era una buena mamadora y aguanto estoicamente todas y cada una de las embestidas de su Señor. Sintió como se arqueaba su espalda, sus músculos se tensaban. En un último envite Luis le introdujo completamente la polla en la boca. Maite notó como el capullo le llegaba hasta la garganta y tuvo el tiempo justo de retirarse, apenas unos centímetros para recibir la corrida de su Amo.

– ¡¡¡AAAAArrrgggghhh!!! ¡Toma zorra! ¡Vamos! Bebetelo todo. Toma la miel que te doy. Este el presente que tu Amo te hace. No desperdicieces ni una gota. ¡¡AAhhh!! Si, que bien…

Maite sabía lo que tenia que hacer. Siguió chupando la polla de su Señor. Limpiando todo el semen para no desperdiciar ni una sola gota. Tal y como le habían ordenado. Mientras tanto sentía una profunda dicha por la satisfacción que había proporcionado a su Señor a pesar de lo cual no podía olvidar que ella aun no había gozado. Luis no se había preocupado de ella en ningún momento desde que había llegado. Tan solo la había usado para su satisfacción. Ni siquiera le había permitido chupársela como ella hubiese querido. Simplemente le había follado la boca hasta correrse. Se sentía usada y humillada. Se veía a si misma arrodillada, con las bragas por las rodillas, las tetas ofrecidas sobre el sujetador. ¡¡Ni siquiera se había molestado en quitárselo!! ¿Era este el chico que había conocido en la red? ¿Se habría equivocado al venir? También era su primera experiencia como sumisa y las dudas la asaltaban. Sin embargo, decidió seguir adelante. Confió un poco más en la persona que había conocido esperando que cumpliese sus expectativas.

Luis se acerco a un cajón y saco un collar de perro con una cadena que había preparado previamente. Se acerco a Maite, que permanecía de rodillas y se lo colocó. Se quedo observándola. Su aspecto era realmente humillante. Los pantalones bajados, las bragas en las rodillas, la blusa abierta mostrando sus pechos entre los cuales colgaba la cadena del collar. El carmín de sus labios se había esparcido alrededor de los mismos por la violencia de la mamada, estaba despeinada por como Luis se había agarrado a su pelo y en su cara se mezclaba la humillación y la vergüenza con las dudas de lo que ocurrirí

a a continuación.

– ¡A cuatro patas! Sígueme perrita. – ordeno Luis.

La llevo al dormitorio. Allí la hizo poner de pie y le ordeno que se desnudase completamente. Ella obedeció y Luis gozo por fin del espectáculo de su cuerpo desnudo. Vio moverse sus pechos como si fuesen flanes. Apreció la curva de sus caderas. El ombligo en esa barriguita de tan suave aspecto. El pelo de su pubis, marcando un triangulo perfecto. En ese momento le pareció tan tierna, tan dulce, que la voluntad de Maite de entregarse a él le pareció el más preciado tesoro que un hombre podía poseer. En ese momento decidió que iba a darle a Maite todo el placer del que fuese capaz. Iba a demostrarle que se había puesto en buenas manos y que él sabia apreciar su regalo y corresponderla.

Saco un pañuelo de un cajón. Era largo, como los que usan para hacer turbantes. Se acerco a Maite colocándose a su espalda y se lo paso sobre los ojos, vendándoselos. Con otro pañuelo la amordazo. La tumbo en la cama. Ató sus manos a los extremos de un palo de escoba. Después ató una cuerda en cada tobillo y pasándolas por los extremos del palo tiro levantando sus piernas hasta que sintió que ya no podía subirlas más. Aseguro las cuerdas de esa manera dejándola inmovilizada. En esa postura su coño y su culo estaban totalmente ofrecidos a Luis. Y el disfrutaba de esa visión.

El proceso de ataduras había excitado aun más si cabe a Maite. No podía ver pero sentía la postura en la que se encontraba y sabía que era muy obscena. Sabia que ahora el podía hacer con ella lo que le viniese en gana y eso la ponía muy cachonda. De repente sintió sus dedos en el coño. Lo acariciaban por fuera. Separaban apenas sus labios frotando la entrada a la vagina. Comenzó a notar los besos de el por sus muslos. Eran besos cortos, dulces y tiernos. Sintió su lengua recorriendo la cara interna de sus muslos. La sintió en sus rodillas, en sus tobillos. Noto como le besaba en los pies y bajaba de nuevo hacia su coño. Despacio. Recreándose en cada centímetro de su piel. Ahora besaba su pubis. Jugaba con el vello y subía hacia el ombligo. Sintió su lengua jugar allí y no pudo contener un gemido de satisfacción. Su respiración se estaba acelerando. Sabía que debía tener los pezones muy duros. Sus pechos se erguían al compás de su respiración. Sentía manar sus jugos abundantemente. Se estaba excitando como nunca.

Entonces Luis, que percibía su excitación y que estaba disfrutando enormemente con ella, le introdujo dos de sus dedos en el coño. Al mismo tiempo comenzó a lamérselo. Ella se estremeció al sentirlo. Maite notaba como la masturbaban los dos dedos que entraban y salían de su húmedo coñito. Pero a la vez notaba los besos que Luis le daba en las ingles. Alternándolos con las atenciones que su lengua le dedicaba a su clítoris. Sentía como lo rodeaba con sus labios. Como lo lamía con avidez. Como lo mordisqueaba. Sentía su lengua chupándoselo cada vez más rápido. No podía más. Maite sintió llegar su orgasmo de forma brutal. La mordaza apenas apagaba sus gemidos de placer. Quería coger a Luis, cerrar las piernas alrededor de el, clavarle las uñas en la espalda o en el culo. Sin embargo no podía moverse. Estaba completamente inmovilizada y esa sensación de impotencia aumento aun mas su excitación haciendo que ese fuese uno de los orgasmos que jamás olvidaría. Luis bajo el ritmo de sus caricias acompasándolas perfectamente a sus sensaciones. Estaba contenta porque además de su satisfacción sabia que había dado un buen espectáculo a su Señor. Seguro el había disfrutado viéndola agitarse en su orgasmo y sin poder desatarse. Seguro que había disfrutado con sus gemidos. Seguro que le agradaba el espectáculo de su coño húmedo.

Maite se había relajado. Sus dudas habían desaparecido. Su Amo se encargaría de que ella también disfrutase. Noto como se tumbaba a su lado. Lo sintió cerca. Se había desnudado. Noto su polla rozándola. Estaba excitado de nuevo. Comenzó a besarla. En el cuello, en el pecho, los hombros, las orejas. La mordaza dificultaba la tarea pero no dejo un solo hueco de piel sin besar.

Entonces se tumbo entre sus piernas. Comenzó a acariciar esas tetas que tanto había deseado. Las beso. Chupo sus pezones

. Los mordisqueo. Estuvo así hasta que noto que ella volvía a gemir y su respiración de nuevo se aceleraba. Entonces, empezó de nuevo a masturbarla. Sus dedos entraban en el coño y salían empapaos en jugos que Luis iba dirigiendo hacia el ano. Las caricias de sus dedos alternaban con las de su lengua. Le chupaba igual el culo que el coño. Veía a Maite excitadísima. Le encantaba que le comiese el culo. Cuando estuvo suficientemente lubricado empezó a introducir uno de sus dedos. Después otro. Sus dedos entraban y salían de su culo mientras con la lengua le lamía el clítoris. A Maite le vino otro orgasmo.

– Estas gozando ¿eh? Zorra. Te gusta que te coman el culo ¿no? Pues ahora me lo voy a follar. A mi también me gusta tu culito.

Dicho y hecho. Luis acerco la polla a la entrada del culo de Maite. Primero la froto por su coño. Estuvo acariciándole el clítoris con el capullo. La froto arriba y abajo por sus labios y finalmente la acerco a su culo y empezó a introducírsela. Primero solo el capullo. Pudo escuchar a través de la mordaza el gemido, esta vez de dolor de Maite.

– Aguanta mi puta. Aguanta que vamos a gozar. Te la voy a meter toda zorra. Hasta el fondo de tus entrañas.

A pesar de sus palabras Luis iba introduciendo su polla con mucho cuidado. Despacio. Poco a poco. Con delicadeza. Casi con dulzura. Dando tiempo a que el cuerpo de Maite se adaptase a su polla. Finalmente todo su falo estuvo alojado en el interior del culo de Maite. Entonces empezó a bombear. Despacio primero, pero tan pronto se fue dilatando el ano de ella subió la velocidad y la fuerza de los envites. La situación lo excitaba sobremanera. Esto es lo siempre había deseado y ahora que lo tenía lo disfrutaba al cien por cien. Clavaba su polla con energía, introduciéndola hasta el fondo. Oía gemir a Maite, esta vez ya de placer y eso aun lo excitaba más. Sus huevos golpeaban en las nalgas de ella. Sus tetas saltaban al ritmo con el que la follaba. La cogía por las caderas levantándola. La visión de su cuerpo atado le gustaba. Ella estaba a su merced. Su cuerpo era de el. Para su disfrute y su placer. Era su puta y el se la follaba. Maite se corrió de nuevo. Entonces Luis, que ya estaba a punto de correrse también saco su polla del culo de ella. Desato las cuerdas que le sujetaban las piernas liberándoselas. Le quito la mordaza y la venda de los ojos. Cariñosamente acaricio su pelo y le introdujo la polla en la boca diciéndole:

– Toma y bebe mi miel. Es mi regalo para ti por las satisfacciones que me has dado.

Ella le chupo la polla hasta que un torrente de semen inundo su boca. Le costo no derramar nada ya que la excitación de Luis era tan grande que la corrida fue muy abundante. El semen se le escapaba por la comisura de los labios pero con la ayuda de Luis recogió y se bebió hasta la última gota. Después de desatarle las manos ambos se fundieron en un profundo abrazo inundándose de besos uno a otro y jurando repetir la experiencia.

Me encantaría recibir algún comentario o sugerencia respecto al relato para ir así mejorando los próximos.

Autor: Javier

Zoyo6 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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