Sueño continuado

¡Comparte!

Saqué mi verga de su cueva y la pasé por la abertura entre sus nalgas, deteniéndome en su orificio anal, cuyo contorno dibujaba con la punta, hasta que noté que no esperaría más y lentamente di inicio al ingreso de mi pija en aquella gruta que creí vedada para mí. Para mi sorpresa, no tuve que esforzarme demasiado para lograr que mi verga fuera devorada en su totalidad.

Este relato, fruto de mi imaginación, está dedicado a Dumbo y, muy especialmente a A. L.

Me encontraba con mis amigos en la disco a la que solemos ir como último recurso un sábado a la noche. Estábamos hablando y tomando cerveza a la espera de que pasase frente a nosotros un grupo de chicas (aunque sea dos) a quienes “tirarle los galgos”, cuando de pronto, levanto la vista y la veo entrar entre el mar de cabezas. Iba acompañada de él, a quien siguió inmediatamente a la barra, pasando fugazmente delante de mí. La reconocí enseguida, gracias a una foto que ella me había mandado en una de las tantas veces que habíamos hablado por Internet.

Yo nunca le había mandado una. De ahí a que me sorprendió el hecho de que, una vez que llegó a la barra, luego de que se dio vuelta y comenzó a recorrer con la vista el lugar, clavó sus ojos en mí y me saludó como si me hubiese reconocido. Eso sí, lo hizo lo demasiado sutilmente como para no despertar sospechas en su pareja. Yo respondí, tras mi sorpresa, de la misma manera, aunque no tan sutilmente como para que pasara desapercibido frente a mis amigos que, tras notarlo, comenzaron la ronda de cuestionario clásica (¿quién es? ¿de donde la conoces?, etc.), a la que yo respondí sin dudar.

Las horas pasaron y nuestro contacto no había pasado de aquel inicial, salvo por mis recurrentes miradas alrededor buscándola, que no cesaron ni cuando bailaba con alguna mina. De pronto, en una de mis rondas visuales, mis ojos chocan con los suyos que requerían mi atención. Sutilmente, ella me indicó con la cabeza que la siguiera en dirección al baño, por lo que debí cortar el baile que hasta entonces hacía con no sé quien y seguirla; por supuesto que mantuve una cierta distancia en pos de no ser lo suficientemente evidente ante nadie, especialmente ante el señor M. que la acompañaba. Ella desapareció de pronto de mi vista, por lo que, una vez llegado a la puerta del baño de mujeres, volví a mirar alrededor.

Esta búsqueda fue repentinamente cortada por una mano que tomándome de la remera me jaló hacia un costado, fuera de las luces de la pista y el baño. Era ella que me llevaba casi a rastras hasta el sector más alejado y penumbroso de los privados. Una vez allí, me soltó de un empujón, haciendo que cayera sentado en uno de los sillones de ahí. Acto seguido se sentó al lado mí y dijo: “No esperaba encontrarte acá”, tras lo que respondí: “¿Cómo me reconociste?”, ella solo dijo: “Realmente no lo sé,….creo que lo vi en tus ojos, además… creo que eres el único que podría encajar con la descripción que me diste… “.

No hubo más palabras, tan solo nos besamos, del mismo modo en que lo habíamos “hecho” por Internet. Sus gruesos labios tomaron posesión de los míos al tiempo que su lengua horadaba más y más profundamente, hasta alcanzar mi garganta. Yo, por mi parte, disfrutaba de aquella sensación que, indudablemente, superaba lo escrito, a la vez que me disponía a sobarle aquellos inmensos senos que tanto me habían hecho delirar desde el momento en que vi su foto. Podía sentir como se erguían sus pezones tras el elástico velo de su remera, única pared entre ellos y el mundo exterior; también sentía su lengua ir de atrás a adelante en mi boca, al igual que su mano izquierda que subía y bajaba por la carpa que hacía mi verga con el pantalón.

Arriba y abajo iba su mano, una y otra vez, hasta que en una de sus bajadas se aferró a la cremallera y la bajó, ingresando después por la abertura tanto del pantalón como de mis bóxers, y empuñó el miembro que la aguardaba desde hace rato. Éramos una máquina sincronizada, yo con mis manos masajeando sus grandes senos por encima de la remera, ella cavando en mi boca con su lengua mientras su mano me proporcionaba la más hermosa paja que pude haberme imaginado. Paja que, ya que estamos, no duró mucho, ya que, sus labios soltaron los míos haciendo un ruido como de corcho que se destapa, y fueron arrastrándose por mi pecho hasta la bragueta, en donde se detuvieron para dar comienzo a una serie de besos y mordiscos suaves a mi paquete.

Mi glande desnudo esperaba ser presa de sus labios, y lo fue. Ellos se ciñeron en torno a él, encerrándolo y poniéndolo a merced de aquella lengua que hacía poco había subyugado a la mía y que ahora se disponía a hacer lo propio con él, lamiéndolo desde la punta hasta el cuello, haciéndole cosquillas al bajar lentamente por su grieta desnuda y palpitante. Sentía la humedad de su boca posándose sobre él…. era una sensación demasiado viva,… y demasiado real para ser parte de un sueño. Por que eso era lo que pasaba. Este encuentro formaba parte de un sueño. Un sueño que se sentía tan real que no me quedó otra que despertar, cosa que hice.

Mis ojos se abrieron para notar que la evidencia de tal sueño no era por serlo, sino que era provocado por los labios de ella que, arrodillada sobre mi cama, se hallaba entregada a la tarea. Lo hacía de una manera tan espectacular y con una dedicación tal que me parecía como si el sueño que hasta entonces tenía se hubiera trasladado a otro ambiente. De ahí a que me diera un pequeño tirón en el pelo para ver si sentía algo, que sentí. El hecho de que ella estaba allí no fue materia de cuestionamiento alguno, ya que, no importaba como era que estaba sino que me alegraba de eso,…lo disfrutaba. Toda esta pequeña elucubración personal pasó desapercibida frente a ella que seguía cual soldado apostada entre mis piernas, chupándomela con deleite, ahora sí, por completo. Su cabeza subía y bajaba por el tronco de mi verga que ante mis ojos pareció adquirir un tamaño mayor al real.

De tanto en tanto paraba para abocarse momentáneamente a mis testículos, con los cuales jugaba con la lengua, integrando, de tanto en tanto, los dientes, en la forma de pequeños roces que me causaban un cosquilleo que me recorría todo. Una vez más, sus labios rodeaban mi verga y comenzaba un nuevo recorrido, al cual también, de tanto en tanto, agregaba los dientes que hacían cosquillas a su paso. De repente, sus labios dejan mi miembro y ella se incorpora; es ahí donde me doy cuenta de que nada cubre sus senos que surgen majestuosos ante mis ojos a medida que se levanta. Yo, sin perder un segundo, me incorporo sin medir las distancias y voy a dar de lleno con la cara contra esos enormes almohadones coronados por dos rígidos pezones que, una vez allí, me dispongo a mamar como un desbocado, originándole una interminable sucesión de gemidos.

Mis manos, por su parte, ya han tomado posesión de sus carnosas nalgas, aferrándose a ellas como un alpinista a un risco, mientras que mi verga se ha acomodado entre la mullida mata de su pubis. Noto, por el vaivén cerrado de sus senos que su cabeza va de un lado al otro. Es claro que me deseaba dentro de ella ya. Pero yo quería algo antes de eso, y se lo hice saber. A medida que me iba poniendo de rodillas, tiraba de sus nalgas de modo que ella quede finalmente acostada sobre mi cama, con sus piernas pasadas entre las mías. Ella pareció adivinar mis intenciones ya que no tardo en tomarse de los senos, trayéndolos más hacia el centro para, luego de una rápida lamida a éstos, ofrecérmelos en toda su expresión. No tuve más remedio que dar inicio a lo que quería, colocando mi rígido pene entre esas descomunales lomas de deliciosa carne que, apenas lo sintieron entre ellas, se acercaron una a otra, cubriéndolo por completo.

Inmediatamente después, reinicié el vaivén, yendo de atrás hacia delante como un desaforado, viendo como mi verga aparecía y desaparecía por entre esos montes que tanto me habían excitado, hasta el punto de haberme hecho más de una paja imaginando lo que entonces sucedía y que mis ojos no podían creer posible; más aún teniendo en cuenta que ella, de tanto en tanto, llevando su cara al pecho, daba esporádicos lengüetazos a la punta que emergía desnuda y mojada tanto por la saliva que recogía en el camino como por el liquido preseminal que se hacía presente en ese momento y que según pude apreciar en su mirada agregaba un sabor más que placentero.

El final no estaba para nada lejos, y así se lo hice saber al acelerar el ritmo con el que cogía sus senos al tiempo que me aferraba más que firmemente de ellos, cerrándolos aún más en torno a mi verga que, luego de dar señas de no soportar más, estalló copiosamente en el preciso momento en que emergía por entre sus tetas y ella llevaba su cara al pecho, por lo que terminé bañándola con un chorro tras otro que mi verga disparaba, alguno de los cuales dieron en su boca abierta y expectante y fueron tragados sin duda.

Luego que la erupción terminó, acerqué mi pene a medio desfallecer a su boca para que me lo limpiase, cosa que hizo, y con un esmero que cualquier actriz porno envidiaría; la forma en que lo lamía y lo chupaba hasta dejármelo casi vacío hizo que éste despertara de su corta pero apacible siesta para ponerse una vez más al servicio de quien tan “cortésmente” lo requería, y que en ese momento, después de una breve pero para nada despreciable paja, se había volteado, ofreciéndome su espalda. Esto era el cielo para mí, ella había cumplido mi sueño del modo en que lo quería y por eso ahora yo haría lo propio para ella. Deslicé mi cuerpo por encima del de ella hasta llegar hasta sus piernas que posaban flexionadas sobre el piso.

Ni bien me había arrodillado tras ellas, ofreciéndome una vista más que envidiable de sus ondulantes nalgas y de su cuevita que, para cuando mis ojos se posaron en ésta, se encontraba abierta de par en par por sus manos. La invitación que estas me hacían fue complementada por su voz que, emergiendo de entre las lomas traseras decía:” Hazlo, lo quiero”, para luego invitarme con su índice derecho. Era un pedido que no podía rechazar, y no lo hice. Me sumergí entre sus piernas y lamí esa raja que babeaba de modo incontenible un licor extremadamente dulce e incitante. Su clítoris, entretanto, estuvo aplastado contra el empapado colchón hasta que, tomando la iniciativa, coloqué sus piernas sobre mis hombros y, incorporándome un poco, lo tuve al alcance de mis labios que comenzaron a chuparlo cada vez con más ansia.

Así estábamos hasta que, arrodillándome sobre el colchón, le di unos últimos lengüetazos a su raja para luego bajarla de mis hombros y, levándola un poco hacia delante, penetrarla sin dilación y de un solo golpe. Era algo maravilloso: ella recostada boca abajo sobre mi cama con sus piernas estiradas sobre mis muslos recibiendo las “salvajes” embestidas en su babeante y cálida conchita, su cara enterrada en una almohada como intentando silenciar los gritos y los gemidos que aún así escapaban. De pronto, levantó su cabeza, la giró hacia mí y, mirándome con ojos extáticos, me dijo entre gemidos: “Quiero que acabes en mi culo…llénamelo de leche,…quiero tu leche en mi culo…”.

Como sus deseos eran ordenes para mí, rápidamente saqué mi verga pulsante de su cueva y embebida como estaba en sus flujos la pasé una y otra vez por la abertura entre sus nalgas, deteniéndome de a ratos en su orificio anal, cuyo contorno dibujaba con la punta, prolongando aún más el deseo de ella hasta que noté que no esperaría más y lentamente di inicio al ingreso de mi pija en aquella gruta que creí vedada para mí. Para mi sorpresa, no tuve que esforzarme demasiado para lograr que mi verga fuera devorada en su totalidad.

Momentáneamente envidié al señor M., cuyas proezas no me habían sido más que insinuadas, excepto por la que corresponde al tamaño de su herramienta (de ahí a que yo lo llame Dumbo). Esto último me sirvió, en cierta forma, para justificar la facilidad con la que acababa de realizar el ingreso. De todas formas, él no estaba haciéndolo, por ahora, sino yo, y por eso era mi turno de disfrutar del momento, y lo hice en una forma que ni yo creí posible.

Sentía como mi cuerpo iba y venía, aplastándola aún más a ella contra el colchón y el almohadón que ya para ese entonces había sido convertido en una masa de espuma informe, cuya tela mostraba las huellas de los mordiscos que ella le propinaba en el tope de su excitación. Me era posible imaginar sus tremendos senos y sus firmes pezones oprimidos contra el colchón, embadurnándolo en su ir y venir con el sudor que su cuerpo emitía. Yo por el momento, me aferraba de eso glúteos firmes y sudorosos contra los que mi pelvis chasqueaba cada vez más. En ese momento agradecí haber explotado en la manera en que lo hice antes, ya que ahora podría disfrutar de este desbocado vaivén por un tiempo mayor, deleitándome al sentir como los músculos de su ano ondulaban y masajeaban cada centímetro de mi pija al ir deglutiéndola.

De tanto en tanto paraba en diferentes puntos del “recorrido” y me ponía a gozar por unos segundos del hecho de que mi verga se hallaba dentro de ella, como siempre lo había querido desde que la conozco. Pero como todo disfrute, este debía terminar. Mientras se tardó todo estuvo perfecto, mas cuando tocó dar paso a la erupción, ese segundo o dos que tardó, fue aún mejor. Solté sus nalgas y, luego de tomarla de la cintura, liberé toda la locura y la energía que aun me quedaban, cabalgándola como poseso.

Ella sintió que el final venía porque al tocar mis testículos con la mano que hasta ese momento masturbaba su conchita notó que éstos se retraían a la espera del ataque final. Y estallé, no me quedó otra, dentro de ella, inundando el interior de su ano con la leche caliente que había pedido; acto seguido, caí desfallecido pero satisfecho sobre ella. Así quedé, rendido y disfrutando del contacto de nuestros sudorosos cuerpos hasta que ella se levantó y, tras dejarme caer suavemente sobre un costado de la cama, se dirigió a mi amigo para darle las gracias limpiándolo con el mismo esmero con el que lo había hecho anteriormente.

Finalmente, se levantó y antes de irse, se arrodilló al lado mío para darme un corto aunque excitante beso francés. Antes de cruzar el umbral de mi pieza se volvió y me dijo: “Nos “hablamos””. Lo último que vi de ella antes de cerrar los ojos fue su precioso cuerpo desnudo y brillante de sudor desapareciendo.

Autor: Lolo6561

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.