Sueño erótico, pero real

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Le separé las piernas y observé su coño, a mí me encantan los coños depilados, pero ella no lo tenía, tenía el pelito muy corto y bien recortado formando un pequeño triángulo encantador, sus labios vaginales se apreciaban claramente hinchados, abiertos y empapados en su propio flujo, me moría de ganas de comérmelo.

Estábamos los dos solos en su despacho, en nuestra planta no quedaba nadie, pero el resto del edificio estaba repleto de gente trabajando. El edificio estaba situado en el centro de Barcelona, las paredes eran inmensas cristaleras por las cuales podías observar toda la ciudad, pero desde fuera no se apreciaba el interior.

Habíamos estado todo el día provocándonos y excitándonos mutuamente, como todos los días desde hacía un par de meses… Yo entré en su despacho con una tremenda erección que no intentaba esconder, señalándome el bulto le dije:

– ¡Me duele la polla de lo dura que me la pones!

Ella se acercó y colocándome la mano sobre la polla me dijo al oído: -Quizás ha llegado el momento de hacer algo, tengo las bragas empapadas…

Deslicé mi mano por debajo de su falda y la coloqué entre sus piernas, estaba realmente caliente, sus braguitas estaban chorreando… La besé y ella me correspondió abriendo su boca para que nuestras lenguas empezaran a jugar por primera vez, hacía mucho tiempo que nos deseábamos.

Mis manos se deslizaron hasta su culo, ese culo que tanto había deseado acariciar, lo apreté hacia mí, notando como mi polla se apretaba contra su cuerpo, como sus pezones se ponían duros sobre mi pecho… me separé y la giré de espaldas. La abracé por detrás, restregando mi polla contra su precioso culito, mis manos se apoderaron de sus pechos, sus pezones intentaban atravesar su fina blusa y mis dedos los pellizcaron levemente, ella apretó más su culo contra mi polla y empezó a dibujar círculos, yo le besaba el cuello, le pasaba la lengua mientras le susurraba al oído lo cachondo que estaba.

Mis manos desabotonaron su blusa y acariciaban sus pechos. Ella separó su culito e introdujo sus dos manos entre nuestros cuerpos apoderándose de mi polla totalmente erecta, la rodeó con sus dos manos por encima del pantalón y empezó a acariciarla subiendo y bajando sus manos a lo largo de ella, mis manos empezaron a bajar lentamente acariciando su cuerpo, durante unos instantes juguetearon con su ombligo y se colaron por su falda llegando a tocar sus finas braguitas, la falda no dejaba mucho espacio para maniobrar así que saqué mis manos lentamente y empecé a soltarle la trabilla y bajarle la cremallera de su costado, la falda calló al suelo y quedó al descubierto ese maravilloso culo, adornado con una pequeña braguita tanga de color blanca que se introducía entre los cachetes.

Ella me había bajado la cremallera del pantalón, había introducido una mano, y se había encontrado con mi polla que sobresalía por la parte superior de mis calzoncillos, yo me desabroché el botón y me bajé los pantalones junto con mis calzoncillos. Ella se giró y miró mi polla, sus ojos brillaron y se le dibujo una pícara sonrisa en sus labios, me había afeitado totalmente mis genitales, desde unos dos centímetros por debajo del ombligo hasta los huevos. Mis discretos diecisiete centímetros de polla sobresalían de mi cuerpo como una lanza.

Yo me la miré, la ausencia de pelo hacía que mi polla pareciera más grande, la tenía totalmente erecta, apunto de reventar. El glande hinchado, dejaba salir una gotita de líquido que ella esparció con su dedo por todo mi capullo al mismo tiempo que hacía el ademán de agacharse para introducírselo en su boca. Yo la sujeté y la giré de nuevo, le bajé sus braguitas tanga hasta los tobillos y aproveché para pasarle la legua por su culito y besarlo.

Acomodé mi polla entre sus piernas haciendo que mi capullo rozara sus labios vaginales y sobresaliera por delante de su cuerpo, noté toda su humedad directamente sobre mi polla, coloqué mis manos en sus caderas y empecé a deslizar mi polla entre sus piernas como si la penetrara, se le escapó un pequeño gemido que yo tapé con una de mis manos, ella aprovechó para meterse mis dedos en su boca y chupármelos golosamente mientras acompañaba mis movimientos de cadera, bajé mi mano húmeda de su saliva hacia su coño y froté su clítoris mientras le comía el lóbulo de la oreja, su respiración se aceleró notablemente y un pequeño temblor se apoderó de su cuerpo haciendo que se tambaleara, puso su mano sobre la mía y la acompañó apretando sobre su clítoris.
Tardó unos segundos en recuperar el equilibrio. Se giró y, arrodillándose delante de mí, con una mano me rodeó la polla y se la introdujo en su boca, su lengua recorría mi glande mientras la otra mano jugaba con mis huevos.

Flexioné un poco las piernas y le coloqué una de mis manos sobre la mesa y la otra en su cabeza mientras hacía pequeños movimientos de pelvis… la mano que tenía agarrada mi polla empezó a subir y bajar, mi glande chocaba contra las paredes de su boca y su lengua no paraba quieta, la mano que jugaba con mis huevos se deslizó hacia mi culo, un dedo empezó a acariciar mi ano, no podía aguantar más, agarré su cabeza con las dos manos y de mi boca salió un simple “¡me corrrro!”.

La mano que jugaba en mi ano pasó a mis huevos y los empezó a acariciar, la otra mano empezó a subir y bajar más de prisa a lo largo de mi polla manteniendo el glande dentro de su boca y me corrí… un chorro grande de semen seguido de dos pequeños inundaron su boca. Parecía uno más de mis sueños eróticos, una más de las tantas fantasías sexuales que había tenido con ella, pero no, era real, muy real… Nos incorporamos y la tumbé en su mesa, dejé su culito en el borde y las piernas colgando, le quité las bragas y la falda de sus tobillos, yo terminé de desnudarme mostrando una media erección, ella se acariciaba el clítoris con una mano y con la otra se pellizcaba un pezón su cara era de puro vicio.

Le separé las piernas y observé su coño, a mí me encantan los coños depilados, pero ella no lo tenía, tenía el pelito muy corto y bien recortado formando un pequeño triángulo encantador, sus labios vaginales se apreciaban claramente hinchados, abiertos y empapados en su propio flujo, me moría de ganas de comérmelo…
Autor: Jopainas

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Escrito por Marqueze

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