Sus grandes pechos

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Sentí de nuevo mi pene salirse de órbita mientras aquella mujer se quitaba la ropa ante mi mientras era acariciada por Carolina por detrás. La observaba cuidadosamente mientras se subió a la cama y me volvió a montar restregándose contra mi pene antes de introducírselo en la vagina. Mientras Elena me follaba literalmente.

Abrí mi correo electrónico como cada día. Normalmente la gente solo deja spam infectados con virus, pero en esta ocasión tenía un mensaje particular en la bandeja de entrada. Lo abrí con curiosidad y en el una mujer que decía llamarse Carolina me felicitaba por uno de mis relatos y me preguntaba si me interesaría conocerla para intercambiar experiencias.

Aquello me resultaba extraño porque nunca había contactado con nadie de la red, pero decidí contestar aunque sólo fuera por la curiosidad que planteaba. Le escribí un e-mail contestándole que me había intrigado su mensaje y que en efecto no me importaría conocerla. Para mi sorpresa volvió a contestarme y tras un cruce de e-mails, acabamos hablando por el Messenger. Se llamaba Carolina según decía y estaba casada. Al parecer buscaba la forma de separarse pero nunca la encontraba, aunque tenía claro que no tenía porque soportar las continuas infidelidades de su marido. Le acomplejaba en cierta forma que a sus 51 primaveras su cuerpo hubiera entrado demasiado en carnes aunque ella decía que aún disfrutaba de su cuerpo. Después de las conversaciones de rigor, acabamos entrando en materia. Me dijo que el motivo de haber contactado conmigo era porque buscaba alguien más joven para recuperar la pasión en el sexo, y en cada conversación manifestaba más y más ardor, a lo que yo respondía con tremendas erecciones que me resultaba tremendamente incómodo no liberar a su lado.

De este modo, aprovechó uno de los continuos viajes de su marido para invitarme a quedar. Finalmente quedamos en un hotel de Málaga. Cada uno alquiló su habitación y nos encontraríamos en el hall del hotel. Jamás se me hubiera ocurrido hacer algo así pero mis conversaciones con ella no podían quedar en nada, así que me presente un viernes tarde en aquel edificio y tras dejar mis cosas en la habitación acudí a la cita. En realidad estaba más gordita de lo que pensaba pero lo compensaba con un gran estilo. Llevaba unos pantalones de vestir blancos y una blusa azul con el escote suficiente para mostrar el inicio de unos grandes pechos. Todo en ella era grande pero no me importó, al fin y al cabo nunca había experimentado con alguien como ella. Nos besamos educadamente con sonrisa de complicidad y noté la fragancia de un aroma suave que rondaba todo su cuerpo, y nos dispusimos a cenar.

La cena fue rápida entre carantoñas y siseos sensuales. Concluida la misma me preguntó si subíamos ya a la habitación y a cual. Yo estaba ansioso así que no le llevé la contraria. Al final pasé yo a su habitación, y mientras dándome la espalda se quitaba los pendientes, me dijo que llevaba noches esperando ese momento por lo que temí defraudarla. Era mucho mayor que yo y estaba ansiosa. Se me acercó lentamente, me tomó la mano y me llevó hacia el gran baño de la habitación. Me sentó en el water y después se sentó encima mío, lentamente, besándome e introduciendo su lengua de forma tenue. Para aquel momento yo sentía ya su barriguita caliente sobre la mía y la erección comenzó a notarse.

Sus grandes pechos se apretaban contra mi mientras me mordía suavemente el lóbulo de la oreja derecha, y levanté mis manos que se restregaban por su enorme pompis para intentar desprenderla de su blusa. Jamás había visto unos pechos tan grandes, los apretaba suavemente mientras los pezones eran recorridos una y otra vez consumiendo nuestra respiración. La besaba y volvía a ellos como si de un imán se tratarán, y comenzó a gemir. Al parecer había estado deseándolo de verdad porque apretaba mi cabeza contra ellos apasionadamente.

De repente se levantó sonriendo y me dijo que la siguiera, lo que hice mientras se quitaba el pantalón. Se inclinó en la cama sobre sus rodillas dándome la espalda y se bajó unas bragas de gran calidad que dejaron a mi vista una vagina palpitante y un culo realmente enorme. Supe lo que hacer, me acerqué por detrás y comencé a lamerle todo su aparato mientras ella se inclinaba aún más dejando el trasero respingón.

Los gemidos se incrementaban y el flujo pre seminal empapaba mis pantalones ya, así que decidí pasar a la acción más directamente y tras liberarme la introduje en su vagina por detrás, subiéndonos en la cama para hacerlo más fácil. Le pasé un brazo por la espalda de modo que mis dedos acariciaban uno de sus pezones mientras comenzamos a movernos con distintos ritmos.

Era impresionante lo que llegué a sentir, aquella mujer era una diosa de 51 añitos y sólo quería que no quedase defraudada. No obstante no pude evitar irme sobre ella al tiempo que ella gemía con la mayor intensidad. Quedamos sobre la cama, yo sobre su espalda y jadeando hasta que me dejé caer a un lado.

Me preguntó bromeando que si estaba cansado y se instaló sobre mi. Sentí su peso en mis ingles y de nuevo toqué sus pechos y mordí con delicadeza sus grandes pezones. Nos besamos de nuevo y comenzó a lamerme por todos lados hasta llegar a mi pene flácido y descansado. Le costó bien poco reanimarlo, lamía con gran experiencia, succionando y descansando la lengua sobre los testículos hasta que la vio en buen estado y se volvió a instalar encima para metersela en el ano. Estaba bien mojada así que tras ensalivar el orificio entró sin dificultad tras lanzar dos o tres exclamaciones mientras lo hacía. Era fenomenal que tras aquella masa corporal su orificio siguiera siendo tan estrecho, lo que nos daba gran placer a los dos. Yo jadeaba sin parar a cada acometida, acariciando sus senos lo mejor que podía cuando de pronto llamaron a la puerta.

Sonrió mientras me miraba, y me dijo que tenía una sorpresa. Me quedé blanco cuando la vi levantarse e ir a la puerta con decisión, porque me imaginaba lo peor, pero no, al parecer le iba el rollo bisexual y lo que entró por la puerta fue una mujer joven y elegante de unos 40 años, vestida de blanco con un top rojo que también dejaba entrever unos pechos morenos mucho más moderados. Al ver desnuda a Carolina la besó metiéndole la lengua hasta dentro y echándola contra la pared mientras llevaba su mano a su vagina desnuda, y Carolina la correspondió.

– Ahí tienes a Francisco, el chico del que te hablé- , le dijo, – Hola, me llamo Elena, no te levantes enseguida estamos juntos – y comenzó a desvestirse lentamente.

Sentí de nuevo mi pene salirse de órbita mientras aquella mujer se quitaba la ropa ante mi mientras era acariciada por Carolina por detrás. La observaba cuidadosamente mientras se subió a la cama y me volvió a montar restregándose contra mi pene antes de introducírselo en la vagina. Mientras Elena me follaba literalmente.

Carolina se instaló sobre mi pecho y me acercó el clítoris a la boca mientras Elena le acariciaba los pechos desde atrás, y sentí que aquella vagina inundaba mi lengua con su aroma. Era un buen peso encima mío pero la sensación de no poder moverme y de comprender que me estaban utilizando como un objeto, me gustó. No podía liberarme de las ingles de Elena y ello me llevó al orgasmo más intenso que he experimentado, mientras Carolina gritaba que se iba al son de mi lengua.

Elena estaba también casada y estaba prieta en su justa medida. La sentí íntegramente cuando se instaló entera sobre mí, acariciándonos los muslos en tanto Carolina fue el baño a por vaselina para ella. Mientras nos besamos, Carolina volvió y comenzó a darle vaselina a Elena en el ano, me aparté de la escena porque aún estaba agotado.

Aquellas dos mujeres se retorcían entre caricias con gran sensualidad, acariciándose los pechos, los muslos, las ingles, con gran efusividad, y finalmente Carolina metió sus dedos en el culo de Elena.

– Vamos campeón te toca, me dijo, y de nuevo volví al ataque. Como mis 35 años lo permiten alcancé una buena erección, aquel culito lo merecía, pero he de reconocer que ya dolía incluso a mi tanto esfuerzo y tan seguido, aún así solo quería complacerla y me instalé sobre ella entrando con fuerza tal y como me pedía.

Carolina tenía predilección porque le comieran el clítoris y al parecer Elena era buena, así que volvieron los jadeos a tres y así estuvimos cinco minutos hasta que nos fuimos casi simultáneamente, primero Elena y yo, algo más tarde Carolina. Elena se dio la vuelta y me limpió el miembro con los jugos de Carolina aún en su boca, y los tres nos echamos sobre la cama agotados. Así pasamos el fin de semana, hasta que nos despedimos…

Autor: Francisco

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Escrito por Marqueze

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