Tamara, Mario y Marcelo.

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Advertencia: No pretendo engañar a nadie, no doy explicaciones físicas que muestran la mentira de muchos relatos, quiero solo ser leído para desahogar mi inquietud. Verdad y fantasía se conjuntan en todas las mentes, de ahí surge la realidad, norma tu propio criterio, esto es de todos. Los nombres fueron cambiados por obvias razones, si alguien se llama igual que alguno de los protagonistas le pido una disculpa.

Posterior a mi asenso como director comercial fui enviado al corporativo en Florida junto con otros ejecutivos de tecnología del medio, éramos gente de diversos países pero preferí relacionarme con mis compatriotas. Posterior al segundo día de cursos llegó retrasado Mario quien era ejecutivo de la misma empresa en otra localidad y al ser yo el único que no compartía habitación lo asignaron conmigo. En realidad era algo que no me molestó puesto que Mario resultó un excelente compañero de cuarto y de parranda, esa misma noche salimos con todos los miembros de la convención a cenar y la pasamos muy bien, después de ahí fuimos a un centro nocturno a ver chicas desnudas. Nada pasó ahí solo la calentura de sueños prohibidos. Los siguientes 3 días estuvimos trabajando hasta el fin de semana donde salimos de nuevo, Mario ligó con dos chicas pero me rehusé a compartir la velada. Al día siguiente me contó toda su aventura y me pidió una disculpa por el atrevimiento e incluso me pidió lo acompañara a comprar unos palos de golf, faltaban todavía 10 días de curso y el resto de la convención y nos hicimos buenos amigos, esa misma noche fuimos a cenar e intimamos mas acerca de diversos temas, la familia, las mujeres, el trabajo. Mario era un tipo de unos 36 años, bien parecido y extremadamente ágil en su forma de ser, muy seguro de sí mismo y por lo que se veía inestable sexualmente puesto que parte de sus historias eran engaños a su esposa, sin embargo me parecía un tipo divertido.

Me contó que había tenido muchas mujeres pero una en particular lo había vuelto loco por su forma de ser, de hecho, la había mencionado varias veces en previas charlas por lo cual le pedí me contara de ella, esta fue a grandes rasgos su historia:

Verás, esta mujer tuvo conmigo una relación mas bien carnal puesto que su idea de la vida era otra a la mía, sin embargo sexualmente éramos una bomba, ella se daba a pasar por una mujer recatada pero créeme que ha sido una de las peores fieras que haya conocido, le gustaba mucho el sexo y probar cosas nuevas y en los casi 6 meses de salir hicimos prácticamente de todo, jajaja, quien la viera, era otra cosa afuera.

¿Sabes? Le gustaban las fantasías y probar por completo a un hombre, pasamos varios fines de semana juntos y en uno de ellos el exceso de las copas la hicieron desinhibirse, estábamos en mi casa de fin de semana y se desnudó por completo en la sala, me pidió que la besara toda y le di un masaje, yo no estaba muy caliente pero ella si así que decidí complacerla, la froté toda empezándola a excitar, aceite en su cuerpo y yo también empecé a ponerme medio caliente, tu sabes, todo iba normal hasta que me dijo que ella misma empezó a separarse las nalgas dejándome ver su sexo y su ano rosado, empecé a masturbarla y mordía esas lindas nalgas blancas redondas, pasaba mi lengua detenidamente por su tierno esfínter y disfrutaba con su olor a hembra, su olor a sexo y líbido…

– En esos momentos la maestría y credibilidad de su narración captaron mi atención eliminando cualquier pregunta que distrajera del relato y él continuó.

No sabes, era una verdadera candencia ese momento, yo frotaba su cuerpo, mordía sus hombros y escupía en su ano, hacía de todo, metía mis dedos en su sexo y los lamía mientras veía como se retorcía de placer , ella me decía – Mario eres un macho – y no puedo negar que me masajeaba el ego, seguimos y mordí sus muslos por la parte de atrás, estaba boca abalo y bajé hasta los talones mientras lamía las plantas de sus pies y metía sus dedos en mi boca, ella explotaba y me dijo: – Mario, quiero hacerte lo mismo – quedé sorprendido pero me quité la ropa y ella empezó a tocarme los testículos con asombrosa maestría me tiró boca arriba y besó mis pies, mis muslos, mi

s ingles pero saltó mi falo erecto, siguió y subió a besar mi estómago hasta llegar a mi boca que comía absorta en su propia lujuria, me susurró al oído que sería una noche espectacular, volvió a bajar y lamió de arriba a bajo mi pene erecto, ponía saliva en mi glande pero no lo introducía en su boca, separó mis piernas y las empezó a levantar, yo moría de placer, levantó mis piernas y empezó ahora si a tragarse mi falo hasta verla dar de arcadas por cada intento, bajó lentamente mis testículos nuevamente hasta la base de los mismos, siempre con mis piernas hacia arriba y repentinamente pasó su lengua por mi ano, metía la puntita y lamía desde el nacimiento de mis nalgas hasta la punta de mis huevos sin parar, me dijo que le encantaba mi cuerpo, mis glúteos y todo mi ser, me volvía loco esa sensación debo confesarlo.

La volteé y empecé a pasar mi pene en su sexo sin introducirlo, se volvía loca e imploraba con palabras soeces que la hiciera mía, la cargué y me senté en la orilla de la cama y ella se acercó empezando a introducir mi pene en su sexo, lentamente sentía yo que el tiempo se detenía, la introduje de un golpe y puse mis manos bajo sus muslos levantando su cuerpo en el aire encajándola una y otra vez en mi pene, era una combinación de cansancio en mis brazos pero el placer era máximo, en el aire se colgaba de mis hombros y me decía que la llenara toda de mi, la bajé y tumbada boca abajo me coloqué sobre ella recostando todo mi cuerpo en el suyo, gritaba, jadeaba, suplicaba y yo estaba por venirme pero saqué mi pene para frotarlo en su ano, decía que eso no pero no hice caso, empecé a empujar su apretado esfínter hasta meter la punta, parecía que su líbido iba bajando pero le dije al oído que si le molestaba pararía pero que eso me gustaba mucho y prometí hacerla sentir muy bien, aceptó y seguimos el trance, empujé lentamente, muy despacio y ella fue cediendo hasta poco a poco tragarse mi pene completo dentro de su recto , era una sensación súper candente, ella tenía repetidos orgasmos y yo entraba en un lapso de lujuria contenida y erección continua cosa que no me pasa muy seguido, seguía boca abajo embistiéndola y cuando sentí que estaba a punto me salí de ella, la giré frente a mi y jalándola de los cabellos la acerqué a mi pene hinchado de tanto juego, abrí su boca y terminé dentro de ella a manantiales que colgaban de la comisura de sus labios… estaba extasiado con ella, vaya mujer.

– Acerté a interrumpirlo por primera vez peguntándole si la seguía viendo, pero siguió su historia Ella ha sido la mujer más candente y sexual que haya conocido y no he sabido mas de ella desde que se casó

– ¿Hace mucho tiempo? Pregunté…

Como 3 años y medio respondió, Tamara se casó con un tipo y no me volvió a llamar. ¿Tamara? Pregunté… , si Tamara Goyenechea se llamaba, es una chica de padres vascos.

Mi corazón dio un vuelco, no sabía que decir pues la historia me había dejado perplejo, ¿cuántas Tamaras Goyenechea pueden existir?, ese era el nombre de mi actual esposa. Disimuladamente me paré al baño lleno de celos, odio, excitación, tantas cosas que no podía explicar, no podía ser que ese tipo se hubiera tirado a mi esposa pero su descripción coincidía, me calmé y regresé con la intención de desengañarme de esa historia.

En mi estupor le pedí que me describiera muy sutilmente como era ella y él me dijo cosas que me dejaron helado – es una chica bajita delgada con buena figura, cabello lacio largo, algo pecosa de los hombros, y muy elegante, cosa que no congeniaba con el tatuaje que le regalé.

Un tatuaje…!!!, lleno de asombro puesto que cada palabra me quemaba confirmándome que estábamos hablando de la misma mujer, Tamara tenía un tatuaje en la espalda, una mariposa. ¿Tatuaje? Que regalo más raro ¿no? Dije tratando de disimular, -sí, ¿tu crees? – después de esa noche, días después le regalé ese tatuaje con el cual me dijo que no olvidaría lo bien que lo había pasado conmigo.

No te quiero contar las veces que hicimos el amor -continuó- hacíamos de todo y la relación se volvía ardiente puesto que ella me seducía usando vestidos muy ligeros, provocativos, medias a medio muslo y lo mejor,

nunca usaba ropa interior -soltó una carcajada – era una verdadera putita pero muy buena persona, ¿cómo ves? aún no la olvido y si no se hubiera casado creo que le seguiría recetando las mismas dosis.

Para ese momento lo que pasaba en mi cabeza era simplemente indescriptible, una mezcla de sensaciones junto con una desilusión y asombro que no podía contener, cambiamos de tema y pagamos la cuenta a los minutos.

Regresamos al hotel puesto que debíamos preparar el material de la siguiente clase pero yo no podía concentrarme.

Los días siguientes me ocupé de estudiar a Mario y tratar de entender como mi flor había hecho todo eso, creía que era mentira y lo había dicho para alardear pero como sabía lo del tatuaje. El tiempo restante observé a Mario y una de las veces que salió del baño alcancé a verlo desnudo cosa que me hizo pensar que ese cuerpo había sido degustado por mi mujer. No entendía nada.

Regresamos a nuestros destinos iniciales al concluir el evento y Mario me dio sus datos, se había mudado al interior del país con su esposa y dos hijos. No le di los datos de mi casa justificándome que me había mudado recientemente y no tenía teléfono y solo contaba con mi tarjeta personal.

A mi regreso sentí rabia al ver a mi mujer pero entendía que había tenido una vida anterior como yo lo había hecho igualmente ¿qué le podía reclamar?, sin embargo no era muy edificante sentirse así, pasaba parte del tiempo pensando en ello y decidí que debía olvidarlo.

Con mi mujer alrededor de 3 meses después salimos a celebrar mi nueva reubicación puesto que nuevamente me habían ascendido al renunciar mi mentor y proponerme para su puesto, cenamos y de ahí a bailar, realmente la relación con ella era inmejorable y yo tenía todo lo que un hombre podía desear, un buen trabajo, éxito, una hermosa mujer, estabilidad todo y eso celebrábamos… como unos novios. Después de un par de botellas de vino blanco estábamos muy alegres y Tamara me dijo en la mesa que me amaba como nadie y que era lo mejor que le había pasado, me pidió que nos fuéramos a casa porque quería hacer el amor conmigo. Partimos a casa.

En casa nos faltaba el tiempo para despojarnos de nuestras ropas y empezar el idilio, las caricias, los besos y medio desnuda la logré llevar a la cama para disfrutarla completa, para verla hermosa y majestuosa como siempre la había visto. No podía dejar de verla y en medio del juego y casi por entrar en ella me dijo – Marcelo, no hay ni ha habido nadie como tu jamás nunca, hazme tuya – Me vino un vuelco especial pues salía de mis dudas por un momento y me sentía nuevamente seguro de ella.

Pero ahí no terminó la cosa, yo todavía le daba vueltas al asunto pero con otra óptica, la ira había cambiado por otro sentimiento, mas bien otra sensación.

Seguía pensando todo el día en la situación y en realidad al pasar el tiempo esa especie de celos se fue traduciendo en morbo puro, la escena de mi mujer disfrutando a otro hombre me hacía sentir deseoso de ella, incluso me puso a fantasear con la idea de verla gozar en mi presencia. Pudo mas mi malicia sexual que la prudencia y empecé a querer experimentar sobre las reacciones de mi mujer, nosotros habíamos fantaseado en la posibilidad de verla con otra mujer pero nada mas, creo que mi idiosincrasia era la que no permitía avance porque por lo visto ella no tenía problemas en disfrutar y hacer disfrutar a alguien.

Un sábado pasada la media tarde estábamos viendo una película y preparé unas entradas y un vino, era una de esas tardes tranquilas y aproveché para contarle sobre mi viaje y las expectativas que tenía en la empresa, ella siempre me ha escuchado y puesto atención a mis cosas por lo que relaté todo vehementemente sobre cada día del viaje, le conté sobre mis compañeros de curso y suavemente fui llevando la charla a donde yo quería. Sobre mi estadía empecé a decirle lo siguiente:

– ¿Sábes?, al principio, los primeros dos días estuve solo en una habitación puesto que no tenía compañero y creí que era afortunado por ello ya que todos los demás ejecutivos compartían como parte de la integración, pero el tercer día llegó Mario, un ejecutivo de otra franquicia y lo asignaron conmigo, muy buena persona y muy divertido, incluso hablamos de conocernos co

n su esposa y contigo.

– Claro, – dijo ella –

– Yo seguí con el relato; la verdad es que el curso incluía todo en el hotel, dinámicas de todo tipo, académicas y deportivas y dentro de los deportes que practicamos nos inscribimos al volley de playa Mario y yo y ganamos el primer lugar, por la noche en la cena hubo otro evento de improvisación y Mario y yo no corrimos con tanta suerte y quedamos en tercero pero igualmente habíamos destacado de entre los demás ejecutivos.

Continué contando mas y más cosas siempre mostrando cierta admiración por mi amigo, asegurándome de que viniera la pregunta, que algo la hiciera sentirse curiosa del nombre de mi amigo pero esto no sucedía. La veía como distraída y un tanto cansada de mi historia por lo que decidí ser más incisivo y terminar con eso. Le conté de uno de los reconocimientos del curso, (algo totalmente falso porque nada de eso había pasado).

– Te quería mostrar uno de los premios que ganamos y nos entregaron a final del evento pero lo devolvimos para que pusieran el nombre de Mario correctamente ya que lo escribieron mal y él se puso furioso

– Uh, que mal momento -dijo ella-

– Y, también a quien se le ocurre tener ese apellido, creo que ni su padre lo sabe escribir – asenté como tratando de causar gracia- y mi tenacidad se vio premiada con su pregunta

– ¿Pues cual es su apellido?

– Krish, pero le pudieron Krich, que tontos ¿no?

Ella palideció, se quedó totalmente atónita, no sabía que hacer y yo esperando precisamente esa reacción hice como que no veía nada… estaba muda y yo sabía perfectamente que tenía una sensación de confusión tanto o mayor que la mía en el momento que confirmé que ese hombre había disfrutado de ella.

Y seguí, – Pero bueno mi amor, cuando nos lo entreguen lo invito a casa para que veas el premio ya con su nombre correcto, jajajaja (reí fingidamente) tanto por un error.

El resto de la velada lo podrán imaginar, Tamara estaba como perdida, ida totalmente y yo, yo simplemente disfrutaba de haberle causado esa sensación y que alguien mas pudiera pasar por momentos de confusión como yo todo ese tiempo, era totalmente obvio que sabía que ese hombre había estado con ella, en ambos casos los nombres los habían delatado por lo particular de los mismos y sin eso tal vez nunca hubiera escrito estas líneas que hoy por hoy han dado otro sentido a mi vida.

Ella nunca, en ningún momento tocó el tema, no preguntó, no hizo comentario alguno al punto de llegar a confundirme nuevamente pero bien yo sabía que todavía tenía algo para divertirme. Casi un mes después empecé a tratar el tema de las fantasías y reconozco que en todo momento imaginaba a mi mujer con ese hombre, en mi mente se dibujaba la silueta de mi mujer basándome en el relato de Mario, probando su pene, sus rincones más profundos y haciéndome volar con una faceta de mi mujer que yo quería disfrutar. Regresé con el tema de incluir un tercero en la relación pero fui un poco más directo, quiero decir que las primeras que habíamos tenido solo le decía que yo quería verla y me excitaba, acababa y regresaba a los besos, ahora era diferente, ahora yo le preguntaba si quería probar otro pene y a otro hombre pero parecía molestarle un poco, creo que llegué a cansarla con eso hasta que un día me dijo en medio de una relación que ella quería hacer lo que yo quisiera pero que lo pensara muy bien, se sentó y me dijo claramente algo similar a una advertencia, a una amenaza inclusive.

– Marcelo, yo te amo y veo que tienes muchas cosas en tu cabeza, quiero que sepas que mi amor hacia ti es único y quiero complacerte en todo pero que por ningún motivo deseo que nuestra relación se desmorone, por ningún motivo. Veo que tu sexualidad está teniendo un cambio porque tiempo atrás no hubieras tocado el tema y si bien yo soy mas abierta en eso quiero que estés seguro tú de lo que me dices y también lo disfrutes con sus consecuencias. Es para ti conocido que he estado con otros hombres antes de ti y he disfrutado igual que tú lo has hecho, sé que te excita saber mis travesuras con otros hombres y reconozco que a veces el contarte de ellos me excita pero no me cambia el amor por ti, quiero que sepas esto para que estés seguro de mi cariño y el deseo que siento por ti.

Lo dijo todo, estaba claro que ella era mucho más madura en cualquier c

osa y ponía las pautas de algo que yo no podía ni siquiera empezar, el juego no era solo de mi lado y para mi satisfacción, estaba advertido y si quería jugar tenía que jugarlo bien… o aprender a jugarlo tal vez.

Hicimos el amor como nunca, pasaron las horas y nos contábamos experiencias anteriores, descubrí que le daba morbo saber que había acabado dentro de otras mujeres y ella me contó que había probado algunos penes, me contó de ciertas experiencias con un amigo, con su jefe… eran tan claras que ambos las disfrutábamos, no podía estar mintiendo, eran ciertas y las compartía conmigo hasta dejarme explotar dentro de ella. Después solo decía, eres un nene terrible, te amo, amo tu pene y tu cuerpo tan firme, tan de hombre.

Lo que idee cambió mi vida en todos aspectos y me hizo vivir una de las más intensas experiencias que jamás haya imaginado. Contacté a Mario y fui directamente al grano, le dije que me interesaba hablar con el y al vernos personalmente le comenté que quería que hiciera un trío con mi esposa y conmigo, él no lo podía creer, me dijo que no podría que era medio difícil hacerlo de esa forma y que además le parecía raro con alguien hasta ese momento desconocida, que no sabía bien. Sin titubear le dije, Mario, tu ya has hecho el amor con ella, mi esposa se llama Tamara Goyenechea y es la tipa que más te ha hecho gozar, tu mismo me lo dijiste y creo que ahora te será más fácil… mi segundo triunfo al ver que él no sabía que decir, trató de disculparse pero no lo dejé seguir, entendía perfectamente que él solo estaba alardeando de algo que definitivamente era cierto pero lo calmé y le hice saber que si bien al principio me había sentido confundido con el tiempo había madurado la idea y quería meterle algo de sabor a mi relación y de paso sorprender a mi mujer quien no se había atrevido a confesar que igualmente ella había reconocido el nombre de Mario… el rió y dijo que si yo quería podíamos probar y solo terminó diciendo que el mundo era realmente chico, y lo es. La charla siguió y durante una semana y media fueron solo arreglos para el momento.

Por otro lado a Tamara seguía comiéndole la cabeza con mis fantasías y ella se había soltado un poco mas, aceptaba que hiciéramos un trío pero lo aceptaba ahí cuando estábamos solos, después de los orgasmos nada se comentaba pero yo si seguía el hilo de mis sueños y dispuse a lograr y terminar lo que había tramado, total, Mario ya sabía de ello.

Una noche de viernes que coincidió con un fin de semana largo nos fuimos a la casa de campo a pasar los días en total descanso y sin saberlo ella le esperaría lo que cualquier mente que hasta ahora haya seguido cada línea puede concluir, el encuentro con Mario. No perderé el tiempo con detalles, la noche llegó y después de ir a cenar románticamente dispuse loco de emoción, emoción que abruptamente pasaba del miedo a la excitación del deseo al morbo, de la sorpresa a la realidad. Regresamos a casa y ella se duchó, preparé incienso, crema y música muy tranquila, el entorno era perfecto y acosté a Tamara boca abajo para darle un masaje, un masaje como aquel que me habían relatado, la llené toda de aceite y más que un masaje la manoseaba toda de arriba abajo, tocaba cada parte de su cuerpo y le decía toda clase de cosas, recorría sus hombros y le preguntaba si le gustaba, solo gemía y asentaba, tocaba su cintura con mis manos resbalosas detenidamente y seguía hasta sus nalgas las cuales amasaba, separaba sus redondos cachetes y tocaba rozando apenas su ano, le propinaba pequeños y suaves pellizcos en esas lindas comisuras que hacen el pliegue de los labios con las ingles mismas, apretaba sus labios vaginales y con su mismo flujo volvía a frotar su ano metiendo traviesamente un poco uno de mis dedos, apretaba sus muslos por la cara interna y me acercaba a su oído para decirle que iba a ser la noche más excitante de su vida, le pedía se relajara totalmente y que pensara que estaba cumpliendo una de mis fantasías, frotaba sus piernas por detrás, masajeaba sus pies y moldeaba sus talones con mis manos, confundía el olor de su sexo con el incienso y esa música permanente que había subido levemente de volumen para que se perdiera su respiración, tocaba su cuello y mordisqueaba toda su espalda, nalgas, cintu

ra, recorría mi lengua húmeda todas sus partes mientras le pedía que se colocara boca arriba, al hacerlo fue el turno de sus senos y su vientre, la comí toda como nunca y su estado era visiblemente afectado por lo que sucedía, estaba mas mojada y su olor de mujer invadía la habitación, seguí en éxtasis hasta que saqué una mascada grande, de satín negro lo suficientemente gruesa para que no pudiera ver y le pedí me dejara colocársela en los ojos… en su estado cualquier cosa que le hubiese pedido habría aceptado. Sentada en la orilla de la cama me paré frente ella y rodeé su cabeza con mi juguete, me aseguré que estuviera cómoda y que no viera y empecé a decirle cosas raras, cosas que no había hecho ni dicho, ella lo gozaba. Le decía que esta noche quería que se preparara para todo, que la haría llegar al clímax de su vida y le daría algo que jamás le habían dado, la curiosidad de mujer la hizo cooperar en el juego y aunque preguntaba le respondía con besos obscenos en los labios. Retiré toda mi ropa y la recosté nuevamente boca abajo pasando partes de mi cuerpo por el suyo, acercando a veces mi pene a su boca y dejándola que imaginara… se arqueaba en rictus de placer; yo era el amo de la situación y dominaba el momento, subí discretamente le volumen de la música hasta no permitirle que escuchara todo sino sonidos armoniosos de agua, suspiros, lo más tranquilo e incluso confusa que hubiese podido.

Los minutos pasaban y las sensaciones subían hasta llegar mi momento, el momento que le pedí lo que tanto anhelaba, se lo pedí sin miramientos:

– Mi vida, hasta ahora espero hayas disfrutado de este momento como yo, quiero que sepas que te amo y te veo más bella que nunca, quiero que disfrutes este momento como nunca, como me lo pediste que lo hiciera y quiero que me chupes la verga como nunca antes… el tono de mis palabras iban en aumento junto con su estado, le veía detrás de esa mascada sonreír plácida y sexualmente – lo que tu quieras –

Quiero que me chupes la verga como nunca, ¿lo vas a hacer? Si, asintió, lo que tu quieras

Yo no daba mas, explotaba de placer y consumé mi glorioso acto acercando a Mario quien esperaba totalmente desnudo a que lo llamara, de ahí el volumen de la música, ella confundía mis jadeos con los de Mario quien desde que coloqué la mascada en sus ojos había visto todo el espectáculo, Mario se acercó y puso su pene erecto, yo parado a un lado suyo le decía a Tamara que sacara la lengua y era Mario quien ponía la punta de su pene en la lengua, le pedí a ella que pusiera sus manos detrás de su espalda y que solo abriera la boca, la abría grande y Mario colocaba su verga erecta en ella, jalé de la cabeza a Tamara y le pedí que “me tocara las nalgas”, eran las de Mario, sus firmes glúteos velludos, con el vello que no tengo yo… estaba ahí parado disfrutando de la mejor mamada que me habían prometido jamás y ella sobaba un tanto cautelosa su culo como tratando de adivinar el porque de ese terciopelo que yo no tenía, veía que chupaba mas fuerte y decidí que era el momento, mi pene no podía mas de la excitación de esa escena que presenciaba, yo regalándola como una puta y el frente mío con cara de placer, agradecimiento y al mismo tiempo de triunfo, todo, absolutamente todo ideado por mi y producto de mi morbosidad, jalé nuevamente la cabeza de Tamara y desaté el nudo de la mascada para que sola cayera resbalando por su cara. Sus ojos seguían cerrado y al sentir que su cara era despojada del atuendo abrió los ojos y nos encontró a los dos ahí de pie con los falos obscenos implorando la calma que una hembra puede darles, ahí nos vio con sus ojos estupefactos y la volví a jalar de la cabeza para cercarla a Mario, me hinqué y al oído le dije: “Gracias por disfrutar conmigo este momento, acepto el desafío y quiero que lo difrutes”…

Los viejos amigos se encontraron, ella no se desprendió de ese conocido pene y yo mientras besaba su cuerpo, lo jaló de la mano y se colocó en posición de 69 dejándome ver como ambos se daban placer y exploraban sus sexos, el pene de él en sus manos manejado con maestría y su boca en los labios de ella jalando sus comisuras, separando con la lengua uno de otro y masajeando circularmente su hinchado clítoris, Mario abría sus piernas y lamía como en su historia el ano de mi mujer, ella lo busc

aba de nuevo, no dejaba de llenar de saliva sus huevos encogidos por la excitación y al incorporarse se fundieron en un beso mientras yo fumando un cigarro me masturbaba.. fue ahí cuando Tamara lo acostó totalmente en la cama y me tomó de la mano haciendo casi explotara de placer cuando me dijo – ¿Me ayudas a sentirlo todo? – La tomé de la mano, la ayudé montarse sobre él y separé sus labios a tiempo que lentamente su pene empezaba a rozar el sexo de mi adorada, casi sentía la piel del pene de mi compinche en mis dedos cuando en un momento empezó a desaparecer dentro de la cueva de lujuria que ella le ofrecía, sus manos entrelazadas con las de Mario, su pene dentro de ella, su boca en mi boca pidiéndome que la ayudara a mecerse en ese pene, era simplemente fantástico.

Me coloqué detrás de ella y puse su cabello de lado, despejé su cuello y lamí todo su costado, le preguntaba si lo disfrutaba y asentaba con la cabeza, bajaba a buscar la boca de Mario, se mordían los labios y regresaba a mi, tomaba mis manos y las ponía sobre las de él para que lo dirigiera al tocarle el culo expuesto a ambos. Veía atónito como ese pene fino y muy largo entraba una y otra vez produciendo espasmos en mi bella, veía que era mas largo que el mío pero no tan grueso, era diferente y su gusto tenía, puesto que ella no podía ocultar su locura, me trasladé detrás de ella, bajé hasta su ano y a centímetros de ese pene empecé a lamer el culo de Tamara, metí un dedo, luego dos, eran casi cuatro dentro de ella llena de lubricante, me erguí, la tomé por detrás de la barbilla, la besé y ella dijo, “hazlo, se que lo quieres”, empecé a meter mi verga gorda y babeante en su culo penetrándola lentamente mientras ella se quejaba un poco, Mario bajaba la intensidad de sus embates y también era ahora mi falo quien desaparecía en las entrañas de esa diva que a ambos nos daba placer, logré entrar todo y nos encontramos Mario yo en el interior de Tamara, frotábamos nuestros penes uno contra el otro solo separados por una fina capa del cuerpo de ella, ambos hasta dentro compitiendo por arrancarle orgasmos, gritos y jadeos. Tamara como nunca se revolvía y gritaba, no jadeaba, gritaba “gracias Marcelo, gracias” y le pidió a Mario que la llenara toda, ahí estallé al escucharla decirle “Vamos Mario, lléname toda como tu sabes hacerlo”, la misma dosis me aplicó a mi cuando me pidió lo mismo “descarga toda tu locura en mi culo, descárgala ya, no puedo mas”… el tiempo se había detenido y sin noción del mismo habíamos gozado los tres de la muestra de dos machos en competencia y el celo de una hembra insaciable, explotamos gozando todos de la calentura de los otros dos, Tamara se recargó sobre el pecho de Mario y yo sobre su espalda mientras alternaba besos en boca de ambos.

Ambas armas volvieron a su estado flácido y Tamara se puso de pie, se veía más sensual que nunca, olía a hombre por todas partes, solo se puso de pie y estiró sus brazos al aire como para regresar a su estado normal, vi como caían ríos de semen por sus piernas, vi con la sombra y la combinación de la luz como tenía muestras de saliva por todo el cuerpo, sonrió y nos dilo las gracias entrando al baño.

Mario me miró y sonrió con una cara especial, me dio una palmada en un brazo, guiñó el ojo y me hizo la seña que los típicos amigos se hacen con la mano cuando piden que los llamen por teléfono, asentí y lo vi salir con su ropa en la mano rápidamente.

Esperaba recostado en la cama, Tamara salió y me jaló para ducharnos juntos y regresar al lecho, al llamarme y meterme dentro del vapor de la ducha sentí sus labios en mi boca y el jabón en su mano frotando mi espalda, se paró de puntitas y me dijo al oído, “no me equivoqué, eres todo un hombre, eres el mejor”

Una recomendación, la fantasía al dejar de ser eso, una fantasía, se convierte en realidad, considero una obligación decirles, el momento posterior cuando no existe la excitación aparece el cargo de conciencia y es en ese momento donde la pareja se funde o desintegra, mi consejo, si solo es fantasía corre a darte placer, si lo piensas hacer detente a analizar como eres y si lo vas a superar.

Autor: William Dove

williamdove ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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