Te dije que esto no terminaba aquí IV

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Salvador la penetró suavemente, sintiendo cada uno la sensación placentera de entrar, de abrirse para que entre, el roce, la presión, la temperatura, los jugos que se derramaban generosamente. Y la respiración profunda y entrecortada por el intenso placer. Ella jugó con cada músculo de su vagina y él la bombeó tratando en cada embestida de que sintiera la dureza que tenía para ella.

Cuando se despertaron promediaba la tarde. Ángeles se “vistió” con una tanga color carne y una camisa de él, a medio abrochar. El solo con un bóxer azul marino y una remera. El preparó café y ambos se sentaron cada uno con su Laptop para responder mails y enviar el resumen de los trabajos que habían presentado en los respectivos congresos. Ángeles terminó e imaginó lo que vendría antes de la cena. Y decidió llevarlo a la práctica. Le mandó a Salvador un mail diciéndole” Cuando termines, te como”

El siguió trabajando sin acusar recibo. Ella lo miraba expectante. El siguió sin dar señales de haberlo recibido pero a ella le llegó un mensaje.

Terminé. Comeme.

Entonces se acercó a él y jugueteó pellizcándole las tetillas, besándolo en el cuello y tras las orejas, rozándolo con los pezones que se estaban endureciendo. Metió la mano por la cintura del bóxer y encontró un bulto ya palpitante y creciente. Se arrodilló, lo liberó y comenzó a besarlo, a rozarlo con sus labios y su lengua.

La boca de Ángeles estaba ávida de esa pija que se estremecía al son de la mamada. Salvador empujaba la cabeza de ella cada vez más en contra, deseaba ver como la tragaba, se excitaba viendo como su pija desaparecía en la boca de Ángeles…Ella necesitaba tocarse, estaba mojada y su mano se perdía en su entrepierna…sentía las manos de Salvador como acariciaban su cabeza, y sin oponer resistencia siguió mamando, lamiendo, besando. Después de un rato él la apartó suavemente y le dijo: ahora yo y la sentó sobre la mesa, frente a sí y acariciándola le sacó la bombacha y terminó de desprender la camisa.

La rozó con las palmas de las manos, suavemente y jugó así con los pezones y el vientre. Después fue el turno de la boca por los mismos caminos. Entonces, al final del recorrido ella pasó las piernas por sobre los hombros de él y se ofreció para que le chupara su concha. Salvador la miró primero cuidadosamente. La olió absorbiendo el olor agridulce de una mujer en celo y después bebió sus jugos, la penetró con la lengua, mordió su clítoris y la chupó con fruición. Ángeles gozaba pero aún quería más y le dijo: “hoy me lo rompiste con tu pija. Cúramelo ahora con tu lengua y tus labios”. Entonces él comenzó un interminable beso en el centro del culito. Ángeles se retorcía de placer. El empezó a pajearla con dos dedos mientras seguía besándole el culo tratando de penetrarla con la lengua en punta y ella entonces se derramó en un orgasmo gozoso.

Pero la calentura de ambos era enorme. Ángeles volvió a arrodillarse y siguió con el juego antes interrumpido. Primero beso el glande, y recorrió el tronco con la lengua y finalmente metiéndose en la boca los huevos y chupándolos con esmero y después volviendo a mamarla

Cuando sintió que él estaba cerca, se retiró y le dijo”te voy a besar tal como vos lo hiciste. Quiero devolverte el placer que me diste” y besó el culo de Salvador repitiendo cada una de las cosas que él le había hecho instantes antes Lo sintió retorcerse de placer y entonces acarició y pajeó con su mano la pija y lo llevó a eyacular en un orgasmo inolvidable. Se besaron desnudos, parados y necesitaron una ducha. Mientras se bañaban no paraban de reírse.

La ducha, no bastó para refrescarlos…las hormonas de ambos estaban muy alborotadas y ninguno de los dos daba por terminado el encuentro de manera que las caricias siguieron debajo el agua que corría por su piel, pasaban mil pensamientos   por sus mentes, el más importante era que en pocas horas debían despedirse, y el recuerdo de ese fin de semana quedaría en sus memorias, esperando un nuevo encuentro, que cada tanto…se estaban haciendo indispensables, Ángeles no sabe porque el agua tibia le produce ese efecto en ella, la calienta, siente la necesidad de que la acaricien o acariciarse si esta sola. Y en este momento estaba Salvador para jugar, para complacerla en sus más secretos deseos…Pero ambos se dieron cuenta de que debían parar, esperar hasta la noche, después de la cena que se habían prometido.

Se vistieron elegantemente. Ángeles con un pantalón y un saco de gabardina color crema…saco ajustado al cuerpo, corto con dos botones, dejando un amplio escote para que asome la transparencia se la blusa de gasa, y  como siempre a ella la excitaba  darle alguna sorpresa agradable, no usó el corpiño del conjunto que había reservado. Pensó que más sexi que un corpiño de encaje, le resultaría darse cuenta en algún momento que esas tetas que él deseaba, estaban libres. Se abrochó el saco para dilatar el momento en que él lo advirtiera. Salvador se vistió con un pantalón gris de gabardina, un saco sport color azul, una camisa gris celeste y una corbata al tono. Zapatos negros. Decidió correr un riesgo para darle una sorpresa a Ángeles. No se puso el slip que había elegido.

En el restaurant actuaron como los amigos que eran. Nadie podía sospechar, viéndolos, que eran también amantes. Cuando él, ayudado por el saco suelto de ella se dio cuenta que las tetas estaban libres, con los pezones duros que marcaban la blusa, hubo un juego de palabras calientes. Lo mismo pasó cuando ella, descalza y ocultada por los manteles, quiso jugar con su pie en la entrepierna de él. Sintió la pija libre y bromeó: si sigo no te vas a poder levantar. La comida fue liviana pero muy agradable. Apenas tomaron vino. Querían no perder ninguna de las sensaciones que esperaban.

Ya de regreso en el departamento después del café fueron al dormitorio tomados de la mano y se desnudaron uno al otro sin dejar de acariciarse morosamente. Se tendieron en la cama y primero Salvador untando sus manos en aceites esenciales le hizo masajes en todo el cuerpo y Ángeles a su turno lo retribuyó. Después cada uno acarició, besó, lamió, chupó cada parte del cuerpo del otro.

Cuando ya había pasado la media noche sin que se dieran cuenta Ángeles dijo “te quiero dentro mío” Se puso en cuatro, su posición favorita, y cuando Salvador se acomodó detrás le pidió” ponemela despacito” La penetró suavemente, milímetro a milímetro sintiendo cada uno la sensación placentera de entrar, de abrirse para que entre, el roce, la presión, la temperatura, los jugos que se derramaban generosamente. Y la respiración profunda y entrecortada por el intenso placer. Ella jugó con cada músculo de su vagina y él la bombeó profundamente tratando en cada embestida de que sintiera la dureza que tenía para ella.

Por mucho rato estuvieron cogiéndose así y después, casi sin hablar se cambiaron. El se acostó boca arriba y ella se ensartó y lo cabalgó. Querían verse los ojos, las miradas en el momento del orgasmo, llegaron juntos y el placer fue incomparable. Se durmieron desnudos, abrazados y descansaron profundamente relajados.

A la mañana se ducharon y se dieron el último abrazo, desnudos. Luego desayunaron y en el auto rumbo a Aeroparque conversaron. Eran muy raras las sensaciones que a ambos les producía estos encuentros, con un corto presente y un breve pero seguro futuro. Ambos habían sido fieles hasta ahora.

Ambos eran felices en sus parejas. Ambos decididos a mantener esa felicidad. Y ambos seguros de que estos encuentros eran inevitables. Era la cuota de transgresión que rompía la rutina. Y que después la mejoraba. Antes de bajarse Ángeles repitió su frase:”Esto no termina aquí” Se despidieron con un beso de amigos y Salvador arrancó sin bajarse. No convenía que algún conocido los viera.

En pre embarque sentada mientras esperaba el llamado para su vuelo, ella cerró los ojos tratando de atesorar el recuerdo de cada momento vivido en el último día. La voz de una colega conocida la devolvió a la realidad. ¿Estás con sueño?  ¿No dormiste bien anoche?  Le preguntó sonriendo con fingida complicidad. Sí. Muy bien, relajada y más horas de lo esperado, le respondió sonriendo francamente.

Autores: Ángeles y Salvador

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Escrito por Marqueze

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