TERESA Y SUS AMIGOS DE VIAJE

Teresa estaba de viaje con su marido en Estocolmo. Eran todavía tiempos del franquismo y el sexo seguía siendo tabú en España. Tenía veinticinco años y llevaba uno de casada. Era el mes de abril y en Suecia hacía fresco. Durante el vuelo de ida ella y su marido sintonizaron bien con dos amigos treintañeros que iban solos, Juan y Antonio. A uno, a Juan, ya lo conocían, pero el otro resultó ser un tipo muy simpático.

En el segundo día de los siete que iban a pasar en Estocolmo fueron al cine por segunda vez a ver películas porno. A ella le excitó mucho la experiencia. Tanto que en la primera noche, después de ir al cine, hizo con su marido todo lo que él el pidió. Desde chupársela en el sillón, hasta dejar que se corriera en su boca tras darla por el culo. Volviendo al hotel el segundo día, notó como la miraban los dos amigos Juan y Antonio, especialmente el segundo. No era raro que la miraran los hombres, pues tenía una figura de hembra bien hecha. Guapa, con pechos firmes y largas piernas.

Al llegar a la habitación del hotel, antes de ir a cenar, le dijo a su marido: "¿has visto a Juan y Antonio? Deben estar muy calientes con lo que están viendo aquí. Podía hacerles un favor y desahogarlos". Su marido se excitó con la idea, pero le respondió que no dijera bobadas. Que de ninguna manera dejaría que se acostara con ellos. "Es broma, tonto. Soy toda para ti", le aclaró con una sonrisa coqueta. Y sin dejar que él dijera nada más, le dio un beso en la boca con lengua y le pidió que le metiera mano bajo la falda. Su marido lo hizo, llegó a sus bragas y le introdujo dedos dentro de ellas. Vio lo húmedo que ella tenía el coño y se la recorrió. Calientes como perros en celo, se desnudaron los dos y él la penetró primero por el coño, luego por el culo y se corrió en su ano.

Ella no llegó a correrse, pero le dijo que daba igual. Se lavaron después en la jofaina de la habitación, se vistieron y se fueron a cenar. Al volver al hotel coincidieron con Juan y Antonio que venían de cenar también. "Esta noche nos vamos a dormir pronto", les dijo Antonio. Su marido se estaba orinando y fue al servicio. Ella aprovechó el momento para decirles a los dos: "esperadme esta noche. En cuanto se duerma mi marido iré a vuestra habitación. Debéis andar muy salidos. Os desahogaré. ¿De acuerdo?". Se quedaron asombrados los dos. "Pero, ¿y si se despierta tu marido y no te ve?", le preguntó Juan. "Como no hay water en la habitación, le diré que he ido al del pasillo. No hay problema. Tiene el sueño profundo y debe estar cansado, pues ya se ha corrido conmigo dos veces hoy", les explicó.

Pocos minutos después, en la habitación, ella se desnudó y se acostó. Su marido también lo hizo. En la cama la abrazó y le chupó los pezones. "¿Quieres correrte otra vez, bandido?", le dijo ella. "Sí, para dormir bien", le contestó él. Ella se puso de espaldas y él le agarró las tetas desde atrás estrujándoselas. Luego se la fue metiendo por el culo. Ella se movió para que se corriera pronto. Y él no tardó en hacerlo. Cuando acabó, apagaron la luz, y él se durmió enseguida. Ella se esperó unos minutos y al ver que él estaba muy dormido, se levantó sigilosamente. Se puso el sujetador, se puso un vestido, optó por no ponerse bragas y salió sin hacer ruido de la habitación.

Primero fue al water. Defecó y orinó, pero no se pudo limpiar el coño ni el ano pues no quedaba papel. Salió del water dando maldiciones y fue a la habitación de Juan y Antonio. Tocó suavemente a la puerta y le abrieron enseguida. Estaban los dos esperándola, con una botella de champagne. "¡Qué vergüenza de hotel! Dejadme algo para limpiarme, que en el water no quedaba papel", les pidió. Juan sacó un paquete de kleenex. Ella los cogió. "No miréis mientras me limpio, que me da mucho corte", les dijo.

Ellos se volvieron

de espaldas, haciéndola caso. En la jofaina de la habitación se pasó varios pañuelos por el culo y el agujero anal que lavó bien aplicándose pañuelos mojados de agua y jabón. Ellos no pudieron resistir y acabaron mirándola con cara de salidos. Cuando iba a lavarse el coño, tras dejar limpio el ano, mojado de sudor, flujo y pipi, Antonio le pidió que no lo hiciera. "Nos gusta el sabor a hembra", le dijo. "Pero está muy patinoso, con pipi además", le explicó ella. "Es igual, ven aquí con nosotros", le dijeron. Ella se acercó a los dos, que estaban de pie. "Esto es un secreto entre nosotros, nadie debe saber lo de esta noche. Lo hago porque me sabe mal que no tengáis una mujer para desahogaros", les indicó. "No te preocupes, nadie lo sabrá", le afirmó Antonio mientras la cogía, la abrazaba y la estrechaba con fuerza. Ella se sintió bien entre sus brazos y cuando él empezó a besarla en la boca abrió los labios y le metió la lengua.

Jugando los dos con las lenguas, ella notó como crecía la polla de Antonio. "¿Quieres correrte ya y así luego durarás más?", le preguntó. "No, espera", le dijo él. Juan, por su parte, se había quitado los pantalones y los calzoncillos, dejando su polla al aire. Abrió la botella de champagne y le dio a beber a ella, que dejó un momento a Antonio y se echó un largo trago. "No está frío pero es muy bueno", les dijo. Ellos hicieron lo mismo, bebieron largos tragos y luego dejaron la botella. Se pusieron después uno a cada lado de ella. Le subieron el vestido hasta arriba y también el sujetador. Ella quedó con todo a la vista. Ellos le sobaron los pechos, le acariciaron los pezones y le metieron dedos en el coño.

Antonio también se había quedado desnudo de cintura para abajo y ella les cogió la polla a los dos con sus manos. Se las meneó. Ellos la desnudaron del todo y ella se agachó tumbada, siguiendo con las pollas en sus manos. "Estás buenísima", le dijo Antonio. Juan, entonces, se tumbó en el suelo y le dijo que se pusiera encima de él. "No te corras dentro, no he tomado pastillas", le advirtió cuando sintió como Juan empezaba a penetrarla. Pronto tuvo toda su polla dentro. Cogió entonces la de Antonio y comenzó a mamársela desde el glande a los huevos. Antonio no pudo más y se corrió en su boca. "Perdona, pero tenía el semen a punto de salir desde ayer", le dijo. "No pasa nada, bandido. Me lo he tragado. Está bueno", le contestó con coquetería.

Era cierto, se lo había tragado casi todo. Se pasó una mano por los labios, se los limpió y entonces Juan sacó la polla de su coño. "Me voy a correr", le dijo. Ella se puso la polla entre las tetas, le comenzó a hacer una cubana y Juan le derramó todo el semen en ellas. Se echaron los tres en la cama y descansaron unos minutos. "¿Lo estáis pasando bien, bandidos?", les preguntó. "Maravillosamente, estás buenísima y es un placer poseerte", le contestó Antonio. Luego ella les fue acariciando las pollas y después las fue chupando para que se recuperaran. Cuando la de Antonio la puso bien dura, preguntó: "¿Queréis metérmela ahora los dos a la vez o uno detrás de otro?". "Que te folle Antonio primero. Yo miraré y me iré entonando", dijo Juan. Ella se abrió de piernas y le ofreció el coño a Antonio. Este se la metió de un golpe toda entera. La folló con violencia.

Ella se excitó. Juan se acercó y le frotó el clítoris. Lo hizo bien, pues al mismo tiempo le estiró los pezones, y ella se corrió como una loca. Después Antonio sacó su polla del coño, se puso debajo de ella, le ensalivó unos momentos el ano y la penetró por allí. "Fóllala ahora por el coño, Juan", le dijo a su amigo. El lo hizo y ella se encontró enseguida doblemente penetrada. Le dieron con fuerza por los dos agujeros, mientras le estrujaban los pechos y le estiraban los pezones. Luego Juan la sacó del coño y poco a poco se la fue introduciendo también por el culo. "¡Qué daño me hacéis, pero seguir, seguir!", dijo Teresa, que sentía como si le fueran a partir en dos.

Las dos pollas estuvieron pronto dentro de su

ano. Ella enloqueció de gusto. "Bandidos, que dolor pero que gusto sentiros a los dos dentro de mi culo. Correros ahí y si queréis os meáis también", les dijo. Estaba lanzada como una auténtica golfa. No tardaron en hacerle caso. Primero Juan y luego Antonio se corrieron en su ano. No las sacaron y esperaron hasta que los dos a la vez se orinaron dentro. El culo de ella rebosó semen y pipi. Cuando los dos las sacaron el agujero anal parecía un surtidor echando líquidos seminales y orinas masculinas. "Dejadme, que voy a dejaros limpias las pollas", les dijo. Se las lamió a conciencia y las dejó bien limpias de semen y pipi. Luego se abrió de piernas. "Voy a hacer pipi delante de vosotros, ¿queréis?", dijo. "Sí, hazlo que debe ser un espectáculo verte mear. Se meó delante de ellos. Ellos le lamieron después el coño hasta que ella volvió a correrse. Cuando acabó les dijo que se iba. Se pasó unos kleenex por la raja y el culo y los limpió lo que pudo. Luego se puso el sujetador y el vestido, les dio un beso, les recordó que no contaran nada y salió de la habitación. Les prometió volver otra noche.

Al llegar a su habitación su marido dormía. Se desnudó, se acostó y se durmió a su lado. Por la mañana se despertó al notar como su marido le la estaba metiendo dedos por el culo. "Lo tienes mojado, guarra", le dijo. "Serán humedades del calor de la habitación", le contestó ella. El entonces le agarró los pechos y se los sobó con fuerza. Luego le metió mano al coño y le frotó el clítoris. Después empezó a metérsela en el ano. A Teresa le dolía de la doble penetración sufrida pero se calló. Dejó que su marido le diera por culo con brutalidad, hasta que le llenó el ano de semen en una copiosa corrida. Por su parte él, para dejarla contenta, le estiró los pezones mientras ella se tocaba el clítoris hasta que le llegó un placentero orgasmo.

Dos noches después repitió la experiencia. Esta vez, cuando su marido estuvo bien dormido, se vistió en el aseo. Quería llegar más aseada que la anterior vez. Orinó pero no se limpió el coño. Se puso una blusa blanca, una falda roja a cuadros, y unas braguitas. Se guardó el camisón en una bolsa de papel. Al llegar a la habitación de Antonio y Juan éstos la recibieron con piropos: "¡qué guapa estás! ¡Para comerte entera!". Ella se sentó en un sofá y Antonio se le acercó. Le abrió la blusa y vio que no llevaba sujetador. Le empezó a sobar las tetas con ganas. Le chupó los pezones y ella se levantó la falda abriendo las piernas. Juan se sacó la polla mirándole las tetas y las bragas. Se acercó también y separándole las bragas le empezó a lamer el coño. "Sabrá a pipi, acabo de orinar", le dijo ella. "Me gusta así, sabe mejor que lavado", le contestó. Teresa empezó a notar que le venía un orgasmo con las chupadas que le daba Antonio en los pezones, con el gusto que le daba como le estrujaba las tetas y con las lamidas en el coño de Juan. Viendo que estaba a punto de correrse, ellos pararon. Antonio le dijo que se pusiera a cuatro patas en el sofá. Le separó las bragas y se la metió por el coño, empezando a follarla con violencia. Juan le puso después su polla en la boca y ella se la chupó desde los huevos al glande como una experta mamona. Luego notó como Antonio cambiaba de agujero y se la metía por el culo mientras le frotaba el clítoris. No pudo más y se corrió. Luego pidió que la dejaran desnudarse. Lo hizo y Antonio volvió a clavársela en el ano. Juan entonces se puso debajo y se la metió por el coño. Ella gimió de dolor y de gusto por la doble penetración.

Ellos la follaron salvajemente. Antonio se corrió en su ano. No la sacó y se meó allí después. Luego la sacó y el agujero anal de Teresa pareció un surtidor de semen y orina de Antonio. Juan sí que la sacó para correrse. Se la metió en la boca y allí descargó su corrida. Ella tuvo que tragarse casi todo el semen. Luego se orinó en su boca sin avisarla y ella se tragó casi toda la meada. "¡Qué guarra eres! Te tragas todo, tía", le dijo Juan. Ella no le contestó. Se sent&iacu

te;a caliente como una perra en celo y empezó a lamerles las pollas a los dos, limpiándolas con la lengua las gotas de semen y de pipi que había en ellas. Cuando estuvieron bien limpias, les pidió que le chuparan los pezones y le metieran mano al coño. Quería correrse otra vez.

Le chuparon los pezones los dos. A la vez Juan le metió tres dedos hasta el fondo del coño y Antonio dos en el ano y ella se corrió enseguida. Luego se puso el camisón, dejó el vestido en la habitación y les dio un beso de despedida. Salió y se fue a su habitación. Su marido la oyó y ella dijo que venía de hacer pipi. "Mámamela", le pidió. Teresa se la chupó con largas succiones y se la endureció. Luego se puso de espaldas a él para que le diera por el culo. "Anda, métemela y córrete", le dijo. Su marido se la metió bien, ella meneó el culo y consiguió que se corriera pronto en su ano. Después se durmieron los dos.

Al día siguiente volvieron a España. Al bajar en el aeropuerto de Madrid se despidieron de Antonio y Juan.

Luego, yendo a casa en el coche, le dijo a Teresa su marido: "lo que hubieran disfrutado esos dos en el viaje acostándose con una mujer como tú.

Que suerte tengo de tenerte". Entonces ella miró por la ventanilla y sonrió.

Autor: HIGINIO H.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *