Toreo de salón

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Sentía su lengua dentro de mí, recorriendo mi clítoris y su nariz dándome golpecitos, fue subiendo poco a poco y noté que me metía la lengua en el culo. Agghh no me lo podía creer me estaba comiendo el culo y aquello me encantaba.

Tenía una entrevista de trabajo, me la había concertado una amiga y aunque sabía que la persona que me iba a entrevistar no me era absolutamente desconocida tampoco era un amigo. Era un tipo de esos de toda la vida, al que siempre has visto, con el que nunca has mantenido una conversación pero del que sabes hasta tu nombre. Las cosas de los sitios pequeños.

Cuando llegué él se sorprendió al verme, incluso ahora pensándolo después de todo lo acontecido creo que se turbó ante mi presencia. Yo no soy una belleza pero mido 1.70 cm. y peso 59 kilos, la boca grande, una labia digna de Sade y mis [email protected] dicen que tengo magnetismo, que tengo morbo para ambos sexos. Mantuvimos una conversación vana que ni siquiera versó sobre el tema que me llevaba allí y decidió contratarme.

Desde el principio nos sentimos cómodos los dos, hablábamos mucho, currábamos juntos pero una corriente de algo más se instauró entre nosotros. Bromeábamos, nos contábamos cosas personales y la intimidad fue haciéndose dueña de nuestra monotonía, incluso alguna vez le pillé mirándome el culo a hurtadillas.

Las conversaciones fueron haciéndose más intensas en tono y fondo. Hablábamos de tías, de sexo de lo que nos gustaba en la cama, bromeábamos y los dos sabíamos que estábamos traspasando límites que nos llevarían a un callejón sin salida… El calor fue haciéndose dueño de nuestras conversaciones y nos cambiaba la cara al hablar de según que temas, el deseo se reflejaba en nuestras miradas. Hasta que un día terminé diciéndole que si alguna vez se le ocurría la genial idea de meterme mano que me lo dijera antes…para que no me cogiera de sorpresa.

¿Estás diciéndome que puedo? – Dijo casi en un grito ahogado-.Te estoy diciendo lo que hay…

No medió palabra alguna desde ese momento hasta que cubrió los tres metros que separaban su mesa del despacho hasta el lugar en el que yo estaba, apoyada contra un armario empotrado. Me comió la boca y yo me dejé hacer…nuestras lenguas se unieron y se bajo la cremallera dejando salir una polla descomunal que ocultaba entre las piernas. Metió la mano entre mis piernas y empezó a buscar mi rajita encima de la ropa, su polla seguía erecta. Primero me dio miedo tocarla y no lo hice. No sabía si quería ir más allá a pesar de estar tan caliente.

Me dejó súbitamente, escondió su miembro dentro de su pantalón y se retiró de mí.

Esto no va a volver a pasar, ¿me oyes? Ha sido un desacierto, ninguno de los dos nos lo merecemos… Prométemelo. Y así lo hice, prometí que nunca volvería a pasar, se nos había ido la cabeza y habíamos traspasado los límites.

Me senté A su mesa para escribir una carta que empezó a redactarme como si nada hubiera pasado, pero las teclas del ordenador se amontonaban entre mis dedos y mis ojos no veían con nitidez, tenía toda la sangre en la cabeza…

Entonces se me acercó por detrás, notaba su mirada. Me cogió de los brazos y me levantó de la silla.

A tomar por culo, tengo que follarte, ahora tengo que follarte – atinó a decir-.

Entonces la promesa que acabábamos de hacernos se esfumó, empezamos a comernos la boca y a tocarnos, su polla volvió a emerger poderosa de su pantalón y ésta vez no tuvimos miramientos. Me tumbó sobre la mesa con mi pecho hacia el tablero, me bajó los pantalones y empezó a comerme el coño.

Sentía su lengua dentro de mí, recorriendo mi clítoris y su nariz dándome golpecitos, fue subiendo poco a poco y noté que me metía la lengua en el culo… agghh no me lo podía creer me estaba comiendo el culo y aquello me encantaba.

Tengo que follarte, ahora tengo que follarte…- repetía una y otra vez-.

Y entonces pasó, sentí su polla inmensa, grandiosa, abriéndose paso en mi culo, con cada embestida parecía que iba a partirme en dos, primero el dolor insoportable y luego un placer indescriptible, aquella verga rompiéndome el culo, embistiendo como si fuésemos animales. Follamos mucho rato en la misma posición hasta que sentí que temblaba.

Me voy a correr…aggghhhhhhhhhhh

Y sentí su leche caliente derramándose dentro de mi culo…

Aquello fue memorable, una de las experiencias más morbosas que he tenido en la vida.

Luego repetimos muchas veces, aunque menos de las que hubiera yo querido…nos masturbábamos mucho por separado en aquella época, y cuando follábamos nos lo contábamos para darle más calentón al asunto. Fue una época maravillosa. Aún resuenan sus palabras en mis oídos.

-“Hija de puta”, I have got you Ander my skin”, no puedo librarme de ti porque cuando hablas me haces toreo de salón y siento que deseo metértela hasta lo más profundo, ¿y sabes lo que más miedo me da? Que tu coño está hecho para mi polla.

Autora: Ana Karenina

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Escrito por Marqueze

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