Tres (II)

Abre los ojos, mira lo que te estás perdiendo.
Eva y yo estamos de pie, nos estamos besando… o algo así. Me hace sacar la lengua y la lame, me lame los labios, me besa la punta de la nariz, me muerde la barbilla y vuelve a por mi lengua, enrosca la suya con ella, muerde mis labios con sus labios y me besa profundamente, como si quisiera devorarme, me deja sin respiración. Sus manos en mi cabeza, revolviendo mi pelo, atrayéndome hacia ella durante ese largo beso y luego bajando a mis pechos. Juega a rozar nuestros pezones, los suyos son grandes y rosados, los míos más pequeños y oscuros. Vuelve a besarme con más pasión si cabe y sus manos bajan a mi culo, me aprieta contra ella, nuestros montes de venus se unen y su calor y el mío, su humedad y la mía, se confunden. Abre mis piernas y encaja su muslo entre ellas, su sexo queda sobre mi muslo, nos masturbamos así, casi bailando y apareces de la nada, besando y acariciando.
Eva me tumba en la cama, me venda los ojos, me ata a las cuatro patas, boca abajo. Coloca un cojín para levantar mi culo. Me siento indefensa y expuesta. Me encanta.
Hay dedos en mi coño, dedos en mi culo, lubricándome. Me siento muy cachonda… Noto lo que parece un dilatador anal realizando su función a la perfección, lentamente pero hasta el fondo. Ahora un vibrador acaricia mis labios mayores y se introduce poco a poco, llenándome.
Estando así, Eva se tumba sobre mí. Sus piernas sobre mis piernas, sus tetas sobre mi espalda y sus dientes en mi hombro cuando la penetras. Cada vez que empujas dentro de ella haces que el vibrador y el dilatador, que se salen un poco debido a la lubricación, se introduzcan más en mí y el cojín bajo mis caderas frota mi clítoris. Cada vez que te paras me matas, sé que te encanta estar un ratito dentro, sin moverte, pero necesito que la embistas para correrme. Eva respira cada vez más rápido, gime en mi oído, y eso me vuelve loca, su placer aumenta el mío y nos corremos casi a la vez.
La apartas de mí, sacas el dilatador y me la metes de golpe en el culo. ¡Oh, Dios! Aún siento las contracciones del primer orgasmo y ya viene el segundo. Te encanta mi culo, como se estrecha alrededor de tu polla y te aprisiona, y además notas la vibración del consolador. Con eso no contabas, eso hará que te corras demasiado pronto, necesitas parar…
Me desatáis entre los dos y vamos a asearnos un poco.
En la ducha Eva se encarga de enjabonarte por delante, yo por detrás. La esponja es suave y hago círculos de espuma en tu espalda, en tus brazos, en tus nalgas… Ella enreda sus dedos en el vello de tu pecho y te besa, luego se entretiene demasiado con tus testículos, tu polla sigue enorme pero has pedido que no te toquemos aún, no sé cuánto aguantaremos. Por mi parte estoy deseando tenerte dentro otra vez.
Volvemos a la cama limpios, algo más relajados y con ganas de seguir jugando.
Nos pides que nos sentemos a los pies de la cama, juntas nuestras mejillas y agarrando tu verga por la base comienzas a “abofetearnos”, a golpearnos los labios. Eva saca su lengua enseguida y te lame cuando tiene oportunidad. Yo no, yo me hago la dura. Vas a tener que metérmela en la boca “a la fuerza”. Eso te ha gustado, intentas meterla un par de veces pero no puedo resistir y te dejo entrar, con los labios más apretados que puedo, eso sí. Y así te diviertes, ahora en la boca de Eva, ahora en la mía, sintiendo las diferentes temperaturas, las diferentes texturas, las diferentes formas de chupar, succionar, morder. Te pierde este juego, mejor volver a cambiar.
Nos pides que nos pongamos a cuatro patas al filo de la cama, las dos muy juntas y empiezas a follarnos alternativamente. Cuando me toca a mí y siento toda tu polla dentro intento retenerla contrayendo todo lo que puedo mi vagina, no quiero que te vayas. No me gusta este juego, creo que gana Eva, estás mucho tiempo con ella y me da la impresión que cuando estás dentro de mí estás deseando volver a sentirla.
Pero es justo, ella es tu regalo. Mi regalo para ti. Un regalo que yo también he disfrutado bastante.
Indico a Eva que se tumbe sobre su espalda, la ayudo a poner sus piernas sobre tus hombros, así podrás penetrarla hasta el fondo. Y me quedo ahí mirándote, viendo como disfrutas, como muerdes tus labios y jadeas, como te mantienes dentro, imagino que haciéndola latir. También la oigo a ella pedirte más y más fuerte, diciéndote cuánto le gusta que la folles. Y veo como al fin cierras los ojos y te abandonas… tus músculos se tensan, tu vello se eriza, tu respiración se para, sientes que casi se para también tu corazón y en un segundo está ahí, latiendo en tu pecho, en tus sienes, en tu vientre, lanzando oleadas de placer y calor que llegan hasta las puntas de los dedos, hasta tu glande hinchado y repleto, y comienzas a descargarte, y a aullar… y todo se vuelve blanco tras tus párpados y ya no sabes ni dónde estás ni te importa. Y ahí estoy yo, para recogerte, para tumbarte y arroparte, y velar tu sueño…

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