Tres no son multitud

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Pasamos a follarles el culo, Juan parecía todo un gigoló con su madre, se la follaba muy bien y ella lo agradecía ya que gemía de placer, yo hacía lo mismo con su hermana, me costó un poco de trabajo penetrarle el culo, pero parecía que ya estaba acostumbrada a esos quehaceres. Pero yo tenía que satisfacer por completo mi imaginación, tenía que follarme a Carmen, la cuarentona.

Esto que os voy a contar es una de las mejores experiencias que me han pasado en la vida. Aún hoy día, después de haber pasado unos años sigo recordándolo y me pongo a mil, no sé si podré acabar de escribir esta historia sin tener que masturbarme antes.

Tengo 26 años, cuando ocurrió lo que os voy a relatar tenía 23. Llevaba saliendo con mi novia actual unos dos años y nuestra relación iba muy bien. En cuestiones de sexo no podía quejarme, ya que los dos éramos muy imaginativos en estos temas, y lo seguimos siendo, pero esto que me ocurrió me descolocó un poco mis esquemas de lo que era el sexo.

Era un sábado por la mañana y yo tenía que ir a recoger unos paquetes a casa de una tía de mi novia, Carmen, ya que ella no podía por cuestiones laborales. No tenía mucha confianza con la tía de mi novia, pero accedí gustosamente a ir por los paquetes ya que Carmen era una cuarentona de muy buen ver y, por qué no decirlo, las mujeres con experiencia siempre me han atraído y esta no iba a ser menos. Llegué a la casa de Carmen a eso de las 12 de la mañana, llamé al portero automático y me contestó ella diciéndome que subiera, que me estaba esperando. Subí al tercer piso y la puerta de la casa estaba abierta, entré y la vi en la cocina de la casa.

– Discúlpame por las fachas que llevo, pero estoy de limpieza en la casa y esto es con lo que me encuentro más cómoda. – No hay problema – Contesté yo.

Y por supuesto que no lo había. Carmen llevaba puesta una camiseta de algún equipo de fútbol americano, de esas que las mujeres se ponen y les quedan muy largas, y le quedaba como sólo a ella le podía quedar. Casi no pude disimular mi erección al verla; que mujer, había sido una muy buena idea venir por los paquetes, merecía la pena perder la mañana contemplándola. Se acerco a mí y me dio dos besos los cuales yo aproveché para oler su aroma a mujer. Estaba sudorosa del ajetreo de la limpieza y tenía una mezcla entre perfume femenino y sudor que me puso a mil.

– ¿Quieres tomarte algo? Hace mucho calor y te veo un poco sudoroso.

Evidentemente le dije que si, tenía que prolongar mi estancia en esa casa lo máximo posible, ya que el espectáculo de verla limpiar la cocina con esa ropa no podía perdérmelo.

– Ya que estás aquí voy a aprovechar para descansar un rato y voy a tomarme algo contigo ya que llevo más de dos horas sin parar.

La cosa iba mejorando y yo estaba en la gloria. Nos fuimos para el salón y nos sentamos en el sofá charlando.

– ¿No están tu marido ni tus hijos? – pregunté casi sin darme cuenta. La pregunta salió de mis labios casi automáticamente, y de la misma manera el pensamiento de follarme a la tía de mi novia apareció en mi mente.- Pero, qué coño estoy pensando. Qué te pasa. ¿Estás loco o qué? – Me pregunté a mí mismo.- No, no están – Contestó ella – pero Ana y Juan llegarán de un momento a otro.

Una idea de frustración pasó por mi mente. Yo, ingenuo de mí, pensaba liarme con esa mujer de cuarenta y tantos años. Esbocé una leve sonrisa mientras ella me decía que sus hijos, Ana y Juan, llegarían pronto ya que habían ido al supermercado a comprar unas cosas. Ana tenía unos 19 años y era una chica normal, ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, pero muy guapa lo que la hacía más atractiva de lo que era realmente, y Juan era algo más pequeño, tendría unos 18 años y todavía no estaba muy desarrollado físicamente, pero se le veía que sería un chaval conquistador de mujeres, ya que era rubio con los ojos claros y muy guapo. El marido de Carmen trabajaba fuera de la ciudad por lo que ella pasaba casi todo el día sola con sus hijos.

Después de un rato charlando con Carmen de cosas sin importancia con mi mirada puesta casi continuamente en sus piernas llamaron al portero automático. Eran Juan y Ana que se les habían olvidado las llaves de la casa. Carmen se levantó para abrir y yo pude aprovechar para echarle una visual a su gran culo. Me estaba poniendo a mil y ahora los dos niños iban a joderme el espectáculo – Otra vez será – pensé resignado, aunque cuando Ana y Juan entraron en la casa me llevaría la primera sorpresa del día. Carmen besó a sus dos hijos en los labios y les hizo una caricia en el pelo, pero el beso no fue un beso normal, ya que pude observar que rozaron levemente sus lenguas al besarse, yo me quedé descolocado y a la vez me llamó mucho la atención aquello.

– Ir a dejar todo esto en la cocina que yo estoy en el salón – Y les dio un golpecito a cada uno en el culo demasiado cariñosamente.

Joder, que familia más rara- pensé yo muy sorprendido. Cuando Carmen llegó de nuevo al salón me vio allí sentado con cara de sorprendido y me preguntó:

– ¿Te pasa algo? te noto raro.- No, no, nada – Contesté con la voz entrecortada.- ¿No te gusta el refresco? si quieres puedo ofrecerte otra cosa.- No es eso Carmen de verdad, es que…- Es que ¿qué?- No, que me he quedado un poco sorprendido de cómo has recibido a tus hijos, sólo eso, pero nada más.

Ella sonrío a mi contestación y yo sonreí también.

– Es que somos una familia un tanto peculiar ¿sabes?, no tenemos los tabúes que tienen otras familias con sus hijos. Aquí hablamos todos, de todo muy liberal y naturalmente. Y lo mismo que hablamos de lo que nos parece, hacemos lo que nos parece, siempre que no vayamos en contra de los pensamientos de alguno de los cuatro miembros de la familia. Todo el mundo tiene su opinión y los demás la respetamos.

Yo me quedé un poco confuso con lo que me había dicho y ella soltó una carcajada. En ese momento sus dos hijos entraron en el salón me saludaron jovialmente y se sentaron en el sofá que estaba situado enfrente de donde yo estaba.

– Perdona Carmen, pero la verdad es que no te he entendido muy bien o he entendido algo que no puede ser… – Haber, mira te pongo un ejemplo, si a mí y a mis hijos se nos apetece besarnos en la boca o darnos una torta en el culo y a ninguno de los cuatro, incluido mi marido, nos parece mal, pues lo hacemos y ya está y no hay más vuelta de hoja, es así de sencillo. Y si me apetece comerle la boca a mi hijo o a mi hija pues lo mismo, es bueno que aprendan de estos temas, y quien mejor que sus padres para enseñarles, ¿no?

Yo no sabía que contestar, y su última frase me dejó “cao”. Se comía la boca con sus hijos, con los dos, y supongo que ahí no quedaría la cosa. Yo permanecí callado durante unos segundos y tanto Carmen como sus dos hijos soltaron varias carcajadas a mi costa.

– Mira aquí somos muy claros con todo, ya te habrás dado cuenta, así que voy a sincerarme contigo: ¿Crees que no he notado la manera que tienes de mírame las piernas o el culo? – yo me quede frío y con la cara como un tomate – Tranquilo muchacho, es normal no te reprimas, aquí puedes confesar lo que quieras, no voy a decir nada ni a pensar mal de ti. Yo también me fijaba en tu paquete y en tu erección mientras me mirabas las piernas antes, y no pasa nada, es todo normal ¿Verdad chicos?

En ese momento, yo seguía sin habla, Carmen se sentó entre sus dos hijos y los volvió a besar en la boca, primero a Ana, después a Juan y posteriormente volvió con Ana, pero esta vez sus lenguas se entrelazaron como una pareja de enamorados, yo casi no podía creer lo que estaba viendo cuando descubrí que mi erección era tremenda, aquella situación y aquella familia me estaban poniendo a cien.

– Veo que te has quedado un poco sorprendido puesto que no hablas y no voy a obligarte a que lo hagas ni a que des tu opinión de lo que ves, pero voy a hacerte una simple pregunta que nos hará salir a todos de dudas. ¿Te gustaría besarme como lo he hecho con mi hija? solo contesta sí o no.

Joder, lo que había estado soñando toda la mañana ahora me lo estaban sirviendo en bandeja y yo sólo acerté a asentir con la cabeza, que lelo. Carmen se acercó y me comió la boca como nunca nadie lo había hecho, allí en su casa, delante de sus hijos, con la tía de mi novia, con esa cuarentona de tan buen ver. Me dejé llevar por la situación, ya estaba todo perdido pensé, así que voy a aprovecharme de la situación y voy a ir a por todas.

Mientras Carmen me besaba, pude observar que sus dos hijos no se quedaban atrás y se estaban dando un lote de campeonato en el otro sofá y Juan tocaba las tetas de su hermana de manera muy descarada. Joder, joder, joder, no podía creérmelo, pero no me quedé corto e hice lo mismo. Mis manos fueron a parar a las tetorras de Carmen, y vaya tetas que tenía la tía. Las tenía grandes, pero no exageradas y duras para su edad. Ella se dejó hacer y yo me recreé en ellas. Volví a mirar a los dos “niños” y Ana ya estaba sin camiseta y si sujetador, con sus dos tetas al aire, y su hermano le chupaba los pezones a lo que ella le acariciaba la cabeza con gusto tirando su cabeza hacia atrás.

Los chicos no se habían cortado ni un pelo, la madre tampoco y yo no iba a ser menos así que decidí ir a por todas aunque la situación no fuera la normal. Yo estaba en medio de una orgía con la tía de mi novia y con sus dos hijos. Era una situación muy excitante la verdad y yo la iba a vivir a tope.

– Tú no te preocupes por nada, y libera tu tensión, ya ves que aquí somos todos muy liberales y no tendrás ningún problema, ya verás que lo pasaremos los cuatro muy bien – me susurró Carmen al oído.

– Desnudémonos los cuatro chicos, vamos a demostrarle al primito lo que sabemos hacer y lo bien que lo podemos pasar.

Dicho y hecho en un plis plas tanto Carmen como sus dos hijos estaban en bolas delante de mí y yo allí en el sofá mirándolos con cara de bobo, ellos no paraban de mirarme y reírse hasta que Carmen les hizo una señal a sus hijos a la que ellos obedecieron. Sus dos hijos desnudos se acercaron a mí y comenzaron a quitarme la ropa de manera muy erótica. Ana era una chica bastante normalita como ya he dicho antes, pero vista desnuda ya era otra cosa, a sus 19 años ya tenía una buena mata de pelos entre sus piernas muy bien recortada ya que delimitaba su triangulito perfectamente y sus tetas no eran muy grandes, pero tenían unos pezones que en el estado de excitación que estaba parecía que se les querían salir. Juan estaba mucho menos desarrollado. Su pene tenía una longitud considerable para su edad, se notaba que todavía ese chico prometía mucho. Pues a lo que iba, ambos hermanitos me estaban quitando la ropa mientras se reían pícaramente y yo no oponía ninguna resistencia. Cuando ya yo estaba totalmente desnudo y con mi polla mirando hacia el techo de manera amenazadora Ana le preguntó a Juan.

-¿Qué te parece hermanito? ¿Para ti o para mí? Anda te la dejo a ti primero, que eres todo un profesional en la materia. – ¿Cómo? este crío no va a chuparme a mí la polla – pensé yo, pero sólo quedó en eso, en un pensamiento, ya que Juan se metió la mitad de mis 20 cm en su boca habilidosamente, como toda una, o un, profesional. Carmen se levantó y se sentó a mi izquierda, a mi derecha estaba Ana y Juan estaba de rodillas dándome una mamada de campeonato. Carmen me dijo al oído que me relajara y que me dejara llevar y que vería que todo saldría a pedir de boca.

Efectivamente así lo hice, me dejé llevar, total, ya no podía perder nada, estaba metido en medio de una orgía de la que no podía y no quería salir. Ana y su madre se dedicaron a mis pezones, me los chupaban lentamente mientras el chico me comía la polla. Me tumbaron en el sofá y las dos mujeres, las dos putas diría yo, quitaron al chico y se dedicaron ellas dos juntas a lamerme el nabo, creía que iba a explotar eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos, pero Juan volvió a sorprenderme. Sentí un par de golpecitos suaves en mi cara y abrí los ojos, Juan estaba con su polla delante de mí golpeándome suavemente. – Ahora te toca a ti – Mi cara seguro que fue un poema, pero Carmen paró de chupármela y dijo:

– Anda no le hagas el feo a Juan, creo que es justo que se la chupes. – Dicho y hecho, esa mujer parecía que me hechizaba, dijese lo que dijese yo le haría caso, estaba claro, y me metí la polla del chico en la boca. Era mi primera vez con un tío, pero seguía siendo la primera y me sorprendí porque no me daba tanto asco como en un principio creo que todos los tíos pensamos que nos daría.

Bueno, repasemos la situación: yo tumbado en el sofá con Ana y Carmen chupándome la polla y Juan sentado a horcajadas casi sobre mi cara y con su polla en mi boca. Situación que nunca pensé que se daría. El chico bombeaba con su polla en mi boca como si me estuviera penetrando hasta que dé un salto se quitó rápidamente y se dio la vuelta, iba a correrse, pero quitó a su madre y a su hermana de la labor que estaban haciendo y se corrió sobre mi pene, que cantidad de leche y muy caliente; evidentemente no se me ocurrió decir nada y me dejé llevar. Juan acabó su corrida y pasó a comerme la polla junto con su madre y su hermana. El estaba de rodillas con cada una de sus rodillas al lado de mi abdomen y estaba flexionado mostrándome su culo sin un solo pelo y comiéndome la polla con restos de su semen junto con las otras dos, no lo pude aguantar y me corrí vigorosamente. Los tres pujaban por coger las ansiadas gotas de mi esperma. Sus bocas estaban llenas de mi leche y de la de Juan, pero se lamían apetitosamente y se chupaban las bocas entre ellos. Nos reímos los cuatro y Carmen dijo:

– Ahora nos toca corrernos a nosotras, ¿verdad cariño? Pero mira a estos dos, están acabados, habrá que hacer algo para volverlos a empalmar. Vamos a hacer lo mismo que le hacemos a papá.

Nos cogieron a los dos y nos pusieron con el culo en pompa. –vamos a chuparles el ojete que seguro que les gusta – Ana se dedicó a mi culo y Carmen al de su hijo, vaya, vaya, era una sensación inexplicable, me estaban chupando el culo y yo lo estaba flipando, evidentemente mi polla y la de Juan volvieron a empalmarse, madre e hija se percataron y dijeron que ya estaba bien, que ahora les tocaba disfrutar a ellas. Se pusieron en pompa tal y como nosotros estábamos antes, yo no sabía qué hacer, pero Juan si, y me dediqué a imitar lo que él hacía. Juan le chupaba el culo a su madre y yo hacía lo mismo con su hermana Ana. Ni un solo pelito en su ojete, mi lengua entraba y salía en ese agujerito con mucho placer y a ella le gustaba.

Cuando ya estaba bien ensalivado pasamos a follarles el culo, Juan parecía todo un gigoló con su madre, se la follaba muy bien y ella lo agradecía ya que gemía de placer, yo hacía lo mismo con su hermana, me costó un poco de trabajo penetrarle el culo, pero parecía que ya estaba acostumbrada a esos quehaceres. Pero yo tenía que satisfacer por completo mi imaginación, tenía que follarme a Carmen, la cuarentona, y le dije a Juan que si nos cambiábamos los puestos, él aceptó y yo acerté.

Vaya culo que tenía Carmen. Le follaba el culo, luego le sacaba la polla y le chupaba el ojete, luego volvía a metérsela, y así un buen rato, que placer era follarse a esa mujer, no pude aguantar más y me corrí dentro de su culo, puufff, creo que ella también llegó al orgasmo a la vez ya que le estaba dando un buen tratamiento a su clítoris y emitió un gemido que haría correrse al mismo Rocco. Saqué mi polla de su culo y ella me la limpió con una buena mamada, no tardé en volver a empalmarme. A todo esto Juan se corría en la boca de su hermana la cual con sus piernas abiertas se metía dos dedos en su vagina de manera brutal corriéndose como una zorra.

– Ahora vamos a tener sexo tú y yo, que se que lo estás deseando– Me dijo Carmen.

Efectivamente, me estaba leyendo el pensamiento, estaba loco por tener un polvo completo con esa mujer, sin terceras personas, sin sus hijos, sin nadie y así fue, ella me tumbó en uno de los sofás y se sentó a caballo sobre mí, me follaba lentamente, y me tocaba el pecho mientras me decía: – Disfrútame cariño, se que lo estabas deseando, disfrútame. – Y yo la disfrutaba le tocaba sus pechos, sus labios y su pubis. Mis manos de vez en cuando se encargaban de sobar su gran culo y mis dedos se deslizaban fácilmente dentro de su agujerito lleno de mi semen. Era el mejor polvo de mi vida. Mientras en el otro sofá sus dos hijos se sobaban entre ellos mirando la escena.

Cambiamos de postura y esta vez ella quedó debajo, en la postura del misionero y le dije que me iba a correr dentro de ella, a lo cual ella me contestó que adelante, que no había problema. Metí mi cabeza en su cuello y se lo chupé. Ella me dijo que le chupara un dedo y así hice, le chupé un dedo y a continuación ella lo introdujo en mi ojete y exploté, me provocó el orgasmo instantáneamente y fue el más largo y placentero de mi vida.

Quedé extasiado, casi no podía moverme. Ella se levantó y los goterones de mi semen le caían tanto del culo como del coño a lo largo de sus muslos, le sonreí y me sonrió. Juan se estaba acabando una paja sobre su propio pecho y Ana sobaba su clítoris llegando también a un intenso orgasmo. Después de todo ese cúmulo de placeres, olores y sensaciones recogimos un poco la “escena del crimen” y nos aseamos. Tenía que irme ya que habían pasado casi tres horas. Nos vestimos y nos despedimos. Les di un beso en la boca a los tres como era costumbre en la casa y me fui.

Carmen me dijo que no me preocupara que esto sería un secreto, que ella no diría nada si yo hacía lo mismo y así disfrutaríamos todos. Bajando la escalera de la casa iba sonriendo pensando en lo que había pasado mientras me olisqueaba las manos que todavía olían a sexo. Cuando llegué a la calle me percaté que había olvidado los paquetes por los que había venido, pensé en subir a recogerlos, pero decidí volver otro día por ellos, pero eso ya es otra historia.

Si te ha gustado mi historia no dudes en votarme. Hasta la próxima, voy a masturbarme.

Autor: Site Gustó

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Escrito por Marqueze

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