Tres polvazos en la ciudad de Valladolid con Teresa

Hetero. Polvazo. Teresa era de una belleza exuberante y profusa y no me cabía dudas de que estaba enamorado de ella, pero mas aún de aquel hermoso y enorme culo.

Tantos años conociendo a Teresa la panuchera. Ella se tardaba una eternidad en preparar la hamburguesa mientras yo como extasiado, borracho por su elixir, le observaba la enorme panocha a través de sus blue jeans tan apretados. Siempre parecía que ella estaba consciente de esto y hasta lo hacía a propósito. Nunca me dijo, -siéntese en aquella mesa, ya le llevamos la hamburguesa.

Durante años me llamó poderosamente la atención porque todos los días estaba tan elegantemente vestida. Siempre me dio la impresión de que acababa de salir de un salón de belleza. Sus vestidos eran exageradamente elegantes como si todos los días asistiera a una fiesta de gala, con enormes pero bellos y extravagantes aretes, bien maquillada, su cabello recogido extrañamente pero muy refinada, repito, lista para quemase sus pobres manos en un negro fogón para cocinarle a los clientes. Era en realidad un simulacro: teresa todo el tiempo estaba traicionando a su marido, haciendo citas por teléfono celular con sus amantes para futuros encuentros sexuales.

Teresa era de una belleza exuberante y profusa y no me cabía dudas de que estaba enamorado de ella, pero mas aún de aquel hermoso y enorme culo; ella era mestiza, de raza india descendiente de los antiguos mayas.

Todo comenzó cuando decidí comprar algo, aunque solo me invitaba la curiosidad (yo no como hamburguesas) para ver quién era aquella bella y misteriosa mujer de enormes piernas y culo. Sin titubear y sin conocernos siquiera, le pedí el número de sostén y pantaletas. Ella inmediatamente fue a buscar un lápiz y papel. Regresó con estos datos al instante. Se notaba que ni siquiera sabía escribir. “Quiero un conjunto con pantaletas y sostén que venden en el centro.

La empleada del centro comercial no atendía bien y terminé comprándole unas pantaletas de 60,oo pesos a la Teresa, de las mas caras porque unas buenas pantaletas no pasan de 20,oo pesitos. Un día me dijo que las tenía puestas. Me dio como un mareo cuando me lo dijo, no podía controlarme.

Nunca supe si tenía cabello largo o corto. Cuando teresa se daba la vuelta para ir a buscar algo, yo disfrutaba morboseandole el enorme culo (bueno, bucear, dicen en mi país).  Ya esto era suficiente para mi, para ese día, luego esperar hasta el día siguiente e ir a comprar algún perro caliente. Me conformaba, yo simplemente tenía hambre de ella, pero el miedo a que su esposo, demasiado callado, se abalanzara sobre mi (reza el dicho: de los callados líbrame Dios, de los escandalosos me libro yo, ja, ja!!) me mantenía con precauciones extremadamente cuidadosas, para después no tener que lamentar nada.

La sonrisa de esta dama india era demasiado bella y coqueta pero nunca pude hablar nada con ella en privado. El miedo no anda en burro, es un dicho popular en esta región. Pasaron aproximadamente seis años hasta que casualmente alguien me dijo que ella era santera. Allí estaba la respuesta a todas mis preguntas, el por qué vestía de negro tan elegante diariamente. Le dije a cierto amigo tomándonos unas cervezas que por qué no la enamoraba, ya que era una mujer tan fácil, y cobraba una cuota tan exigua y me contestó que le tenía miedo, pero no me dijo por qué

Todos comentábamos que seguramente a su marido le habría dado a tomar una pócima, brebaje o cocimiento extraño para que quedara embrujado y así el quedaba bobo, como ciego, sin darse cuenta de nada. Este marido la había conocido en un bar de prostitutas y ella se retiró de este oficio.

En toda la ciudad de Valladolid había mucho alboroto por estas celebraciones o festividades carnestolendas que tenían lugar cada año. Al mismo tiempo que en esta ciudad, en otras ciudades y pueblos de la península de Yucatán  también se celebraba, aunque a su propio modo y según sus costumbres.  Pero en Valladolid, esto es muy especial, diferente, porque todas las chicas salen a las calles para bailar. Las muchachas con edades entre 20 y 30 años llegan a muchos sitios para  bailar y participar en los concursos de baile. Son dos noches seguidas.

En cierta ocasión tuve que quedarme, registrarme en un hotel en la ciudad de Valladolid. Se me había olvidado que estaban aquí en la temporada de fiestas y no sabía lo que me esperaba: una gran sorpresa, maravillosa. Tenía que tomar el primer vuelo de la mañana y por lo tanto me fui a dormir muy temprano, pero tenía dificultad para quedarme dormido. De repente, como a las 7:00 p.m. oí los sonidos muy fuertes de unos tambores y mucho ruido; salté de la cama preguntándome qué era lo que ocurría. Salí y vi que se estaban preparando para los bailes en la calle del frente. Formaban u organizaban los grupos de baile, orquestas, etc., y los cantantes ya se alistaban, los que tocaban tambores ya comenzaban a calentar para llamar la atención y así convocar a la gente para que asistiera a estos carnavales.

Comenzó la música y también los bailes. Era tremendo espectáculo. Pensé, voy a mirar un rato porque este tipo de cosas se ven raramente.   Muchachas muy jóvenes y bonitas, con caras de alegría, muy animada, sonriente y feliz, bailaban con porras al ritmo de la música. Solo tuve que pararme en la puerta del hotel y observar. Les hice señas a algunas de las bellas muchachas y hasta les lancé besos. Dos o tres de ellas se quedaron sorprendidas, les encantó y causó risas mis payasadas por lo que me respondieron con mucha alegría y entusiasmo. Como las chicas llegaban en forma muy lenta al comienzo se tomó mas de una hora para que llegaran las  demás…y formar nuevas comparsas.

De repente, Teresa, quien contestó a mi saludo  llegó corriendo y me preguntó algo que yo no le entendí.  Le pregunté qué deseaba decirme, había demasiado ruido. En realidad me estaba preguntando si yo estaba alojado en ese hotel. Le dije que si. Preguntó que si podía entrar a mi habitación a tomar agua, y utilizar el baño; contesté claro que si, está bien, no hay problema, y caminé hacia mi habitación que quedaba en el primer piso. Esta sería la oportunidad: le ofrecí 3.000,oo pesos por sus servicios y ella aceptó. Normalmente se iba con clientes por tan sola una exigua cantidad de 300,oo pesos. Todo el mundo sabía que estaba muy necesitada. Su marido era albañil pero tomaba demasiado.

Como yo caminaba demasiado rápido, desesperado sin poder controlarme por la emoción,  Teresa prácticamente tenía que correr detrás de mi para poder alcanzarme. Cuando llegué a mi habitación abrí el refrigerador y tome la jarra llena de agua. Ya no estaba parada en la puerta, simplemente la encontré acostada en mi cama,  y le entendí algo:  que estaba cansada.

Me senté cerca de ella. Esta vez, mirándola desde muy cerca, note que era una señora joven muy bonita, de grandes senos, aquella yo siempre observaba embelecido cuando iba a su pequeño negocios a comer algún perro caliente; sus sostenes no podían contener las enormes tetas, me di cuenta. Su estómago no era planito, y tenía mucha barriga, pero bello maquillaje. Usaba una blusa la cual estaba confeccionada especialmente para estos bailes con gran cantidad de materiales brillantes. Estos la  punzaban, pellizcaban o apretaban demasiado, por lo que se desabotonó la blusa y los senos dentro de su brassiere salieron disparados hacia adelante, junto con los enormes pezones. Le pregunté si la podía ayudar a quitarse el sostén y con una sonrisa dijo que si, ok, girándose y luego poniéndose de espaldas. Le levante la blusa desde abajo y encontré que su brassiere estaba enganchado en la blusa, por lo tanto procedí a resolver el problema.

Teresa se acostó de espaldas, en la orilla de la cama, luego se volteó y yo me quede mirando con atención aquellos senos enormes, que saltaron de repente, muy sorprendido. Ella ya había tenido cuatro hijos. Yo tenía la polla bien parada y la habitación estaba muy fresca debido al aire acondicionado. Recorrí aquellos senos con las manos y le chupé los pezones con un movimiento circular. Teresa  cerraba un poco los ojos para disfrutar mis caricias. Tenía los pezones bien parados y duros. Sin duda estos me estaban invitando a que siguiera con las caricias. Luego se acostó diagonalmente sobre la cama. Así yo estaría mas cómodo.

Me coloqué de frente a ella y solo tuve que inclinarme hacia adelante un poquito para sostener sus tetas con mis manos y seguir mamándole y chupándole los pezones. Se puso a gemir haciendo mucho ruido y extendió su mano en busca de mi polla. Agarró el lazo de la piyama, deshizo el nudo, me bajó los interiores para luego agarrarme palo bien parado en su mano. Yo quedé sorprendido. Solo le levanté su falda ornamental, para ver unas pantaletas rojas que se le metían por debajo de las nalgas También me puse a contemplar  sus bellos muslos.

La comencé a besar lentamente, le chupaba y acariciaba todo su cuerpo, desde arriba hasta abajo. Cuando se puso a gemir por el placer, me metí entre sus piernas y puse la cara allí mismo. Ella pegaba saltos cuando mis dedos se introducían dentro de la cuca por un lado de la roja pantaleta, explorando aquellos pétalos rozados y le separaba los enormes labios mayores de su flor. Yo notaba cuando le abría la cuca lo que se conoce como vagina rugae, como grandes pliegues o arrugas que son las que se estiran cuando es conveniente.

Muy suavemente le di golpecitos con la lengua en los labios menores, muy negros y largos, de arriba abajo, de abajo hacia  arriba de la raja.

-¡Ay, dios!!-  gritó. -¡ay, ay, que rico!!!  ¿En dónde aprendiste a mamar cuca?- dijo en un mal español.

Todo el cuerpo le comenzó a vibrar y ella echó los brazos hacia atrás quedando rendida, entregada. Cuando acabó fue como si la tierra temblara. Se sacudía hacia arriba y hacia abajo tan violentamente que no pude seguir mamándole la cuca. La dejé tranquila pero de todos modos continuaba retorciéndose como si estuviera poseída.

Me puse a observarla, las tetas se le meneaban de lado a lado y en su cara se notaba una expresión de dolor. En un segundo se me paró mas la verga. Extendí los brazos la agarré por la cintura y le di la vuelta para colocarla en posición perrito. Aquel maravilloso culo quedó alineado con mi palo. Le metí las manos alrededor para agarrarla por  las tetas y con un potente empuje se lo metí por la lubricada raja. Gritó:

-¡Ajá, que alcance!-   No hablaba bien el español. Viendo como mis bolas rebotaban contra aquel culo. Se sentía tan delicioso y caliente que se lo hubiera dejado adentro de la cuca toda la noche pero ya tenía la urgencia de acabar. Le agarré por el hueso de la cadera y empecé a bombearle la cuca. Cada vez que se lo metía ella hacía un sonoro ruido, jadeando, inhalando aire. Yo le contestaba con pequeños gemidos y gruñidos. Le salía de la cuca un ruido, como aire.  Ya yo estaba acelerando el paso y dándole mas duro y sentí algo que me quemaba cuando me comenzó a salir la lava del amor.

-¡Coño, nojoda!-  cuando le eché la descarga de semen. Le seguí dando hasta que le quedó la última gota de semen adentro.

Teresa ya se había vestido para regresar a sus labores en la comparsa. Le levanté la falda y noté unas pantaletas mojadas en la parte de la cuca. Sin pedir permiso, le jalé las pantaletas hacia debajo de nuevo y vi una cuca bien rasurada, de color negro. Teresa era morena.  Le levanté las rodillas y se las mantuve bien separadas preparándome para lo mejor: me la iba a follar de nuevo. La muchacha dijo en su idioma:

-¡Áak’ab sáamal,  Ba’ax a k’áat a beet ken ts’o’okokech,  Ba’ax ku bin a beetik,  Ba’ax ku yúuchul,  Ba’axten!!”

Eso tal vez quería decir dale rápido, a lo mejor ya me están buscando.  Le coloque el huevo a la entrada de la cuca.  La hembra comenzó gemir en voz alta:

-¡Beey, jach uts tin wich!

Yo le daba unas metidas largas, restregándole el clítoris con una mano. Temblaba, se retorcía de placer y gemía, gritó cuando se lo zampé hasta el fondo. Me tomó mas de diez minutos acabar. Para ese momento ya Teresa había acabado dos veces. Se sacudía cada vez que tenía los impulsos orgásmicos. Por fin le derrame todo mi semen adentro y dijo: “¡mi marido!  Luego en maya:  -In wíichan!

Cuando se lo saqué la mujer se  levantó de la cama apresuradamente y se dirigió de nuevo hacia el baño de la habitación, para asearse, arreglarse el vestido y se adelantó a darme las gracias cuando le entregué el dinero,  con un beso en mi mejilla. Luego salió corriendo hacia la entrada del hotel. Yo me quedé mirando cómo se movía en las sombras y rápidamente se perdió dentro de la multitud. Ni siquiera tuve tiempo de preguntarle  cuando nos volveríamos a ver.

Dos horas después, Teresa regresó por mas dinero y volverme a pedir el baño prestado.  Muy amorosamente me abrazó en la puerta de la habitación mientras yo la besaba, maltratándole desesperadamente sus labios, oídos y senos con mi boca. Ella sentía la dureza de mi miembro y se montó sobre mi (vaquera) en el momento perfecto, sobre aquella cama tamaño matrimonial. El bello momento para que  ella sintiera por primera vez la perfecta polla! Tan gruesa y dura que llenó toda su vagina sin dejar ni el mas pequeño espacio. Se le estiraba la vagina, acomodándose al tamaño de todos los penes de sus clientes.  Creo que me  decía: -¡Por allí no!!  ¡Le u bejila’! porque en varias ocasiones se salió la cabeza del palo.

Respiraba buscando aire cuando inmediatamente comencé a aumentar las metidas, sacándolo casi totalmente para luego enterrárselo de nuevo hasta el fondo. Nubes de orgasmo invadieron a Teresa. El hambre que ella sentía por mi sexo explotó  y me  cabalgaba en forma violenta. Por fin, tuvo otras contracciones en todo el cuerpo y se sacudía por el placer durante lo que parecía una eternidad. Cayó sobre mi y yo la sostuve suavemente, le acariciaba el cabello y la besaba suavemente. Hasta que  por fin quedó recuperada, y había descansado por aquel maravilloso orgasmo, aunque todavía sentía un éxtasis, como si estuviera en el paraíso, gimiendo. Luego se quedó dormida sobre la cama. Cuando se despertó cerró los ojos, como preguntándose en dónde estaba.

Sus enormes tetas continuaban al descubierto, balanceándose hacia los lados, igual que cuando llegó por primera vez. Sus pezones ya estaban erectos de nuevo como esperando a que yo se los masajeara. Solo tuve que inclinarme hacia adelante, y me metí los pezones dentro de la boca para chupárselos otra vez. Le levanté la falda, que nunca se había quitado: hasta quitarle la pantaleta mojada la cual siempre había tenido puesta, para ganar tiempo, por supuesto.  Guió mi polla hacia la entrada de su hueco: Vas por el camino equivocado:

-¡Ma’ tu no’oj beelil ka bini’!

Agarró mi pene y se lo metió dentro de la cuca otra vez, de un solo jalón para empezar a moverse y a follarse ella misma. Era una experta en hacer acabar a los clientes, como toda prostituta,  y lo hacía muy bien ya que estaba al tanto de cómo manejar la cuca apropiadamente y hacer que las pollas le restregaran el clítoris mientras ella se meneaba. Yo le apretaba los pezones y tetas. Ella se retorcía, tenía la cara como desfigurada, deforme por los gestos que hacia gritando como loca hasta que finalmente llegó a otro espasmo. Batía, sacudía y golpeaba su cuca contra mi, de verdad, una muchacha muy caliente. En un español mal hablado me dijo: -¡Date prisa rápido! Acaba tú!!

Luego en maya:  – Séeba’an, lep’ a wóoli’

Saltó de la cama, corrió hacia el baño a vestirse, se aseó y regresó,  me dio un beso de despedida,  -Tengo hambre, dame 500,oo pesos mas.    – Wi’ijen.

A mi no me dio lástima darle mas dinero, porque se lo merecía, para luego unirse a la multitud. Ya eran la 1:00 de la mañana y ya no podía seguir trasnochándome porque tenía que tomar el primer vuelo de la mañana. Me preguntaba cómo había tenido tanta suerte con Teresa. Apagué las luces y me fui a dormir, pensando regresar el año que viene a Valladolid y registrarme en el mismo hotel. Al parecer dijo nos vemos pronto, fue lo que le medio entendí cuando se despidió:

-Je’el k ilikba séeba’ane’.

FIN

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