Tres sin pensarlo

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Tomé a Kenny y la bajé hasta que quedó con su boca cerca al pubis de Levi, le metí esa tranca hasta los huevos, ella dio un sobresalto, empecé a penetrarla de lado con la música, pero sin que fuera muy evidente. Veía sus tetas moviéndose a mi ritmo, o mejor, al contrario del mío. Su boca entreabierta, y su mano suelta con la que tocaba a su amiga.

A las damas que lean mi relato, me declaro a sus pies. A los demás, mi profundo respeto. Es el primer recuerdo que dejo por escrito, mentiras, el primero fue hace más de 10 años en una página web y fue una historia muy… muy corta. En esa época tenía como 19 años. Todo es cierto menos los nombres… los de ellas.

Soy sexoholic, debo confesarlo, 1,75, 87 Kg., soltero, heterosexual acérrimo y ya está. Digo que eso es lo importante. La historia ocurrió así.

Una tarde me encontré en mi barrio a una niña con la que tuve la fortuna de enredarme un tiempo atrás, estaba en el último grado de secundaria y era una belleza de 18 añitos recién cumplidos. Esta tipa es pequeña, de cabello castaño, ojos un poco achinados, piel blanca, muy blanca y con una boca extremadamente grande para las dimensiones de su propietaria, era carnosa y acostumbraba pasar continuamente su lengua húmeda por sus labios. Esa costumbre lograba desencajarme cuando podía verla. su nombre es Levi. Me dijo entonces:

-Hola, que planes tenemos para hoy, ¿porque no hacemos algo que estoy como aburrida?  Esto lo dijo con un acentico de niña pequeña que me despertó el morbo de inmediato.

Le respondí:

– Pues no sé, ¿que planes tienes? – Quedé de verme esta noche con Kenny, nos encontramos en la noche y tal vez quedemos en algo- OK. Hasta la noche entonces.

Kenny, su amiga, es una graciosa gordita de unos 23 años, es reconocida como una de las “chicas malas” del barrio. Tiene una cara de muy buen ver. También de pelo largo, piel blanca y ojos miel.

Créanme que no eran dos divas de una página de teens, tampoco quiero dármelas del Play Boy mágico, de esos que se levantan a dos topmodels y se las comen en el baño de un bus intermunicipal, pero las dos eran unas ricuritas. Llamé entonces a un amigo que es dueño de un hotel en el centro y le dije:

– Alístame una habitación para esta noche, voy a tratar de hacer un trío con dos amigas.

Aclaro que no lo hice pensando en invitarlo, sino simplemente en que me ayudara. En mi ciudad quizás me conocen y no quería ser visto metiendo dos niñas en un Motel. El tipo me dijo que OK, que el me hacia el favor. Que contaba con la habitación. Me encontré luego con ellas y me dijo Kenny:

– Hoooola tú, que bueno verte.

Y comenzamos a hablar un rato sentados en el porche de su casa. Vivíamos en una ciudad cálida, en la mitad de un país tropical, en América del Sur. Les dije: – Bueno, ¿entonces que?, ¿nos tomamos algo por ahí?

– Listo, ¿y que propones? – Pues rico tomarnos algo solitos, pero yo estoy de visita en casa de mis padres y ni modo… bla, bla, blaaaaa y todo lo que cabe para enredarlas… rico como irnos para un hotel, ver unos videos en la TV y tomarnos un trago. Yo sospechaba que ellas se fumaban sus porros de vez en cuando y yo a veces lo hago.

La idea caló y al rato estábamos aprovisionándonos de una botella de ron, coca-cola y cigarrillos. Yo llevaba encaletado un poco de cannabis y pensaba que si ellas pedían, podríamos meterle algo más a la noche. Después de varios tragos me confesaron que de vez en cuando fumaban “un porrito”, yo les dije que tenía y así, dedicados a la lúdica avanzábamos en lo nuestro.

Llegó el juego de la botella: …”Que te beses con Kenny”… “que te beses con Levi”…, que ellas no querían besarse, hasta que al fin lo hicieron, fue un beso lento pero húmedo y me despertó una alarma, bueno dos, porque la que llevo unida a mi cuerpo hace rato estaba haciendo señales. Los besos se incrementaron, ahora era más tiempo, ahora uniendo las lenguas, las de ellas, las de todos.

Cansado, me acomodé y mi pie descansó “casualmente” en la entrepierna de Kenny, al rato moví una vez los dedos, como rascándola, y no dijo nada. Seguí cada vez más y el silencio cayó sobre nosotros, ella se acostó y me dejó jugar con mi pie, mientras eso pasaba, Levi nos miraba expectante.

Tomé el pie derecho de Kenny, húmedo por el calor y lo empecé a masajear, lo fui acercando a mi boca y lo besé, lo olí, también muy lento, esperando respuesta, ella inclinó sus dedos y cerró los ojos, me dediqué a ellos con lascivia. Los chupaba uno a uno, varios, su talón, su empeine y mientras tanto mi pie prácticamente estaba teniendo relaciones con su vulva, aun enfundada en un Jean, en un momento incorporándose dijo:

– ¡Uf! tengo calor, ¿me puedo bañar? – Claro, ve. Dije yo. Levi también se paró y dijo. – Yo también me quiero bañar.

Se pusieron de pie y me dejaron medio loco en esa cama, la puerta del baño se cerró y se encendió una luz azul suave, de la lámpara del espejo. 2 minutos, 4, 8… la ducha no se abría y no aguanté más. Me paré y abrí la puerta del baño sin hacer mucho ruido. Yo en ese momento estaba vestido solamente con mis jeans. Vi a Levi de espaldas contra la esquina de la ducha, la cortina estaba abierta, sus rodillas un poco flexionadas, mientras Kenny en cuclillas la masturbaba. Levi gemía.

Solo el sonido de sus dedos introduciéndose rápidamente entre sus labios vaginales, ví su cara expectante buscando sensaciones. La otra hincada de rodillas en la esquina de la ducha la masturbaba. Sucedió en segundos. La traba y los tragos, ¿que me estaba pasando?… me quité el slip y entre al baño. Sin dudarlo entré a la ducha y me paré junto a ellas, toqué sus pieles húmedas de sudor, las olía, enterraba mis dedos entre su pelo calientísimo.

Acerqué mi pene a la boca de Kenny y lo dejó correr por un lado de su cara, con los ojos cerrados, éramos una jauría en celo. No se sabía quién tenía dentro de sí la mayor carga de porno. Lo metí por su cuello hasta que sacando la lengua dejó un rastro húmedo en mi carne hirviente, palpitante y trémula. Empezó a chuparlo salvajemente. Quería como arrancármelo.

Kenny me haló a su lado y me senté en el suelo donde empecé a besarla, guié mi mano hacia su vagina y ella me dejó hacer, la tocaba, penetraba su húmeda conchita, donde sentía como sus jugos suavizaban la entrada, excitados hacía rato por más de 10 minutos de juegos con Levi. Sus olores se levantaron, su vagina me apretaba los dedos, y ella acercó su boca a la vagina de Levi y la besó en el centro mismo de su sexo. El clítoris, hinchado ya, se volvió un juguete en los labios de Kenny. Enterraba su cara entre las piernas de su amiga y yo enfermo en el piso, la masturbaba.

Dejé de masturbar a Kenny y poniéndome de pie las toqué a las dos, las tocaba por todas partes, las tocaba, más y más, y empecé a besar a Levi, su lengua se dejaba enredar con la mía. Abrí la ducha y el agua, fría al principio, se puso tibia. Esas pieles estaban, ahora si, completamente empapadas y los tres abrazados nos fundimos en un beso. Sentía en un lado las teticas de Levi, más baja que su amiga y en el otro la opulencia de Kenny, sus tetas de desmadre, pesadas, deliciosas, mordibles. Les dije en un susurro.

– Vámonos a la cama, quedamos más cómodos.

Salimos de la ducha hechos un nudo. Ninguno quería soltar el cuerpo del otro, nuestras manos eran como un laberinto, nos mirábamos llenos de sexo, solo queríamos entregarnos a su poder absoluto, perder la razón y los escrúpulos, dejar rastros de semen en sus pieles, dejar la mía oliendo a sus coños, a sus jugos, sentir su saliva en mi espalda, en mis nalgas, en mi piel. Como pudimos nos movimos a la cama, dando tumbos. Cayeron ellas dos primero, boca arriba, se subieron reptando un poco a la cabecera y yo me tumbé boca abajo. Comenzó entonces una masturbación doble.

Ellas se besaban y se tocaban las tetas mientras yo penetraba con mis dedos ambas vaginas. Una era prieta y firme, muy firme, la otra más suave, más vulvosa, más acuosa. Movía los dedos de acuerdo a sus besos, si sus caricias subían de tono, las tocaba más rápido, en especial su clítoris, el de ambas. Trataba de encontrar con mis dedos ese nervio que salta cuando uno lo cambia de lugar y que hace pegar un respingo, pero lo hacía lentamente, mojaba mis dedos con la boca, los escupía, aunque no tenía mucha saliva para hacerlo.

Tomé a Kenny de la cintura y la bajé un poco hasta que quedó con su boca cerca al pubis de Levi y sin tomar impulso le metí esa tranca hasta los huevos, ella dio un sobresalto y se dejó hacer. Empecé a penetrarla de lado con la música, pero sin que fuera muy evidente. Veía sus tetas moviéndose a mi ritmo, o mejor, al contrario del mío. Su boca entreabierta, y su mano suelta con la que tocaba a su amiga. Le di la vuelta y quedó en cuatro patas. Me la comía mientras dio inicio a un “cunni” a su amiga que las volvía locas. Muchas veces lo metí y lo saqué, no fue necesario cambiar de posición. Doblé el ritmo, lo aceleré mas, Kenny se empezó a venir.

– Ssshhss…sssiiii…ahhhgg…- ¡Mjmm!- …Aahhhh.- Puta…puta….yaaa…shhhh…

¡Y se vino!, se vino durante mucho rato. Yo estaba a punto de reventar. Varias veces sentí que me venía, pero quería hacer durar más el momento. Me acerqué a Levi, la tumbé boca arriba y me la empecé a comer sin miramientos. Quería terminar sobre ella, sobre las dos. Kenny se abalanzó sobre el estómago de Levi y se acostó a ver como me comía a su amiga. De vez en cuando me lo sacaba y por encima del condón Kenny me lo apretaba, desde la base, donde el caucho se corre. Pero me lo apretaba, no suavemente como hacen algunas, sino con fuerza.

Me masajeaba los huevos como si en ello se le fuera la vida, a ratos acercaba su boca al punto donde yo penetraba y revolcaba sus labios allí. Más y más rápido me culiaba a Levi y ya no podía parar, mis sacudidas disminuyeron de tiempo.

– Uuhhhh.. yaa….listoo…..

Levi se quitó acercando sus labios rápidamente a mi verga parada. Kenny me quitó el caucho y empezó a masturbarme sobre la boca de Levi, que abierta, mostraba sus dientes blancos, su lengua hinchada de tanto sexo y una mirada como entre deseosa y risueña. Una mirada de pecado. Introduje la punta de mi miembro en la boca de Levi y me empecé a correr a chorros, sentía que la vida se escapa por entre las piernas, junto con mi fuerza y media vida.

– ¡Agggggg!

Como que le escupía con mi verga pero entre su boca y sobre su cara, y un poco también sobre Kenny. Levi se acercó a mi verga untada de semen y me la mamaba suavemente, como escurriendo un helado de arequipe, mientras Kenny limpiaba los rastros de leche que estaban en la cara y los hombros de Levi. Digamos que fueron 2 horas largas de juegos, no fue toda la noche.

Quedamos al final exhaustos, medio ebrios del sexo más que del alcohol y sumidos en un sueño profundo, arrullados por el viento fresco del ventilador, junto al que entraba por las ventanas entreabiertas desde las que se observaba un cielo limpio.

Era el principio del descanso, me quedó viendo sin ver un especial de Pearl Jam, tal vez era Indifference .

Autor: P.M.

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Escrito por Marqueze

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