TU Y YO, BAJO LA LLUVIA

No sabía porque razón, y después de tanto tiempo sin verte, habíamos decidido quedar cerca de aquel viejo caserío, cerrado y abandonado. Si, es cierto. Llevábamos mucho tiempo buscando un sitio para poner una casita de campo, pero después de tantos días sin vernos (¿casi dos meses? No lo sé, en todo caso una eternidad) lo primero que yo deseaba era llegar a casa sin paradas, para poder dar salida a la expresión física de la añoranza que nos produce la ausencia. Maldita sea, ahora se pone a llover, pensé mientras corría a buscar refugio bajo un inmenso sauce, ya que los viejos y rotos aleros de la casa apenas si ofrecían protección del agua. Empapado esperé unos minutos, que se me hicieron eternos, como siempre me parecen esos segundos previos a nuestro ansiado reencuentro. Y por fin, por la maltrecha pista, que llevaba tras un viaje de varios minutos al pueblo, vi aparecer tu coche. Mi corazón estaba desbocado… al fin, al fin, eras tú. Bajaste del coche con esa sonrisa que hace que el mundo se pare, dejando que la lluvia resbalara sobre ti, sin importante. No pude más, y corrí, corrí hacia ti bajo la lluvia, esos escasos metros que se me hacían interminables, buscando la meta de tu cuerpo. "Por fin… " fue lo único que acertamos a murmurar, y nos fundimos en uno, mi cara buscó tu cuello para hundirme en él mientras tus dedos remolineaban entre el pelo de mi nuca. Permanecimos así unos instantes, y mientras la lluvia resbalaba sobre nosotros ya empapados, sumando suaves caricias a nuestro abrazo, nuestros labios se unieron. Pude sentir el sabor de tus besos, el calor de tu saliva, que se mezclaba con el frescor de la lluvia. Nos saboreamos bajo el agua en un beso infinito, como todos nuestros besos, para después, con cierta timidez pese a nuestro mucho amor, dejar que nuestras lenguas por fin se encontraran, se enredaban, se recorrieran la una a la otra. Y mientras; la lluvia nos seguía acariciando, disparando nuestra sensualidad. Sin separar nuestros labios, mis manos se deslizaron bajo tu jersey, buscando despacio la piel sensible de tu espalda, recorriéndola suavemente. Tu respiración se hizo tan agitada como la mía y tus dedos desabrocharon mi camisa y rodearon mi torso desnudo bajo ella, juntándose detrás tras juguetear unos minutos con el vello de mi pecho, y tus uñas trazaron muy suavemente surcos en mi espalda. La pasión aumentaba y la lluvia que nos empapaba no podía apagar el calor de nuestros cuerpos ardientes. Las caricias se hicieron mas atrevidas, mis manos se deslizaron mas abajo, bajo la cinturilla de tu pantalón y de tus braguitas para recorrer la tersura de tus nalgas pese a la opresión de la ropa. Nuestros labios se separaron por un segundo y tu boca se poso en mi cuello, besándolo, mordisqueando mi nuez, subiendo al lóbulo de mi oreja… mientras tus manos desabrochaban los últimos botones de mi camisa y la dejabas caer al suelo. Las gotas recorrieron libremente mi espalda, pero apenas sentí su presencia, pues las caricias de tus dedos hacían que estas ni se notaran, nuestras lenguas se volvieron a unir. Lentamente fui levantando el jersey, deteniéndome para acariciar cada centímetro de piel que iba desnudando, empapándose bajo la lluvia, sintiendo tu estremecimiento, tus suaves gemidos, hasta por fin despojarte de el. Nos abrazamos con furia sin separar nuestras bocas, sin desenredar nuestras lenguas, en un intento de fundir nuestros cuerpos como desde siempre lo han estado nuestras almas. Las caricias aumentaban, sentía tus pechos endurecidos contra mi torso. Mi mano se introdujo en una caricia más atrevida bajo la tela del sujetador, para recorrer con delicadeza tus senos y juguetear con ternura con tus pezones erectos, ansioso del encuentro. Sin despegar nuestros labios, un escalofrío recorrió tu espalda acompañado de un gemido que se fundió con el mío. Tus manos acariciaron mi pecho, tiraron suavemente de sus vellos y siguieron una lento camino que llegó hasta mi cinturón, desabrochándolo, soltando uno tras otro los botones del pantalón, para dar alivio a la opresión de mi sexo, ya hace tiempo endurecido, fundido sobre la tela contra tu pubis. Mis dedos soltaron con sorprendente rapidez el cierre de tu sujetador, y me separe de ti por unos instantes para quitártelo y poder contemplar tu bello

cuerpo semidesnudo. Con timidez te intentase tapar los empapados pechos con las manos, esbozando esa dulce sonrisa que adoro, tu cara chorreando por esa lluvia cada vez más intensa que hacia que los cabellos cayeran a plomo sobre tus preciosos hombros. Pero tus ojos, ay tus ojos castaños… mi boca se abalanzó sobre tu cuello para beber el agua que lo recorría, intentando expulsar esa lluvia que acariciaba lo que sólo yo quería acariciar, mis manos se posaron de nuevo sobre tus pechos, sintiendo de nuevo esa dureza de tus pezones que la lluvia y la pasión producían, haciéndolos girar en una caricia lenta con las yemas de mis dedos, apenas rozándolos. Nuestras bocas se encontraron de nuevo, sin que las caricias sobre tus senos se detuvieran. Mientras tanto, tus bellas manos no permanecieron ociosas y lentamente se deslizaron por mi espalda hasta llegar a mi boxer, cerrándose sobre la cinturilla hasta hacerlo deslizarse con el pantalón hasta las rodillas, para a continuación rodear mi cintura con una lentitud exasperante y alcanzar la meta de mi sexo ansioso, humedecido por la lluvia cada vez mas fuerte, y comenzaste una deliciosa caricia, suave y delicada, recorriendo su dureza con tus hermosos dedos para aprisionarlo a continuación con un atrevimiento lleno de ternura. Mi cabeza cayó hacia atrás con un gemido mientras tus finos labios dibujaban una pícara sonrisa. Caí de rodillas, adorándote, rodeando tu cintura con mis brazos, besando tu vientre, jugando torpemente con mi lengua en tu ombligo, al tiempo que mis manos, ateridas no por la lluvia, sino por unos nervios infantiles, luchaban por librarte de las sandalias y posteriormente del pantalón. Atolondradamente pude soltar los botones, y así, de rodillas, te quité los vaqueros, quedando tu preciosa desnudez tan solo cubierta por la sucinta tela de las braguitas. Mis labios se posaron sobre esa tela, besando tu pubis, mientras mis dedos se deslizaban bajo los laterales, para tirar de ellas, arrancándote el última atisbo de ropa. Ya sin ningún obstáculo mis labios volvieron a posarse sobre tu pubis, tirando suavemente del vello mientras tus manos acariciaban mi cabeza. Mi mano se deslizó por tus muslos hacia una caricia más intima, encontrando la fría humedad de la lluvia que empapaba tu cuerpo desnudo mezclada con la infinitamente más cálida de tu sexo. Lo recorrí suavemente en una larga caricia buscando tu clítoris, pero no me dejaste, tiraste de mi pelo para levantar mi cabeza y plantar un apasionado beso en mis labios. "Ahora…." murmuraste suavemente y me tumbaste sobre la espalda, sin que notara en absoluto la hierba mojada que impregnaba el ambiente y nuestros cuerpos con su olor a vida. Te arrodillaste sobre mí y con tu mano guiaste mi sexo al tuyo. Al unirnos emitimos a la vez un suspiro de amor y de placer. Sentía como tu vagina envolvía mi pene con su calor, con su suavidad aterciopelada. Comenzamos a movernos al compás, buscando fundirnos más y más. Tu boca buscó la mía y se unieron en un beso que mezclaba a partes iguales el amor más puro y el deseo más salvaje, algo que solo los amantes podemos entender. Rodamos por el frescor de la hierba empapada sin que nuestros sexos se separaran. Nos detuvimos y yo quedé sobre ti. Tus piernas rodearon mi cintura aprisionándome en tu interior y nuestros movimientos se hicieron cada vez mas y más rápidos, estremeciéndonos, aprisa, mas deprisa….. nuestros dedos se buscaron, nuestras manos se entrelazaron con fuerza desesperada, y al juntarse nuestros labios por enésima vez, aún pareciendo la primera, un estallido nos sacudió al unísono… y el mundo desapareció, la lluvia se esfumó, solo tu y yo existíamos en ese increíble orgasmo simultaneo en el que no solo nuestros cuerpos se recibieron, sino que nuestras almas se fundieron. Dos gritos de amor y de placer recorrieron el desolado paraje de la montaña, venciendo la cortina de lluvia. Y después el silencio solo roto por el sonido del agua que al caer nos empapaba, desnudos y jadeantes, fundidos como la hierba y la tierra que nos acogían… y sólo el murmullo de nuestras voces acompañaba a las gotas… te amo…. te amo.

axtur2002 (arroba) yahoo.com

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Escrito por Marqueze

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