Mi último verano en Mar del Plata 2016 VI

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Infidelidad Consentida, Parejas Liberales. Rememorando, había llevado con su equipaje a mi reciente amante, desde Santa Clara del Mar, donde estaba con amigos/amigas, hasta MDP, con la idea de alojarlo en el Dto. de mi familia, el cual estaba desocupado y ubicado en el mismo piso, pasillo por medio de donde estábamos viviendo con mi marido.

Habiendo llegado a la ciudad, le pedí a Carlos, que esperara un poco en la calle, a efectos de poder adelantar a mi esposo de mi decisión y esperar una respuesta afirmativa. Ya con mi esposo le comenté lo que había realizado y él me respondió, que no habría inconvenientes, siempre y cuando le permitiera participar, una o dos veces por semana en trío HMH. Contenta por la respuesta, pensar en pasar todas las noches compartiendo el lecho y cogiendo con El Flaco, gozando su enorme verga , la de mi esposo es mucho más pequeña, y en algún día a la semana tener y sentir una doble penetración, que hacía mucho no gozaba, me llevaba mentalmente a un éxtasis divino.

Bajé raudamente por las escaleras, busqué a Carlos y le comenté las novedades, con la esperanza que aceptara las condiciones, le dije que Al era amigo de la familia y mi amante. Que no tenía pruritos en compartirme, pero que no quería quedarse sin su ración de sexo, al menos dos veces por semana. Que el resto de los días dormiría con él y que esta noche le entregaría mi culito, para que me sodomizara, según lo convenido.

Contestó que sí. Subimos al departamento vacío y ya dentro de este me arrojó sobre la cama, me quitó el pareo y la mini bikini y como sediento desesperado . en un desierto ante un oasis, me comenzó a lamer la raja, desde el clítoris hasta mi ano. En esa instancias me arranco varios orgásmos, no olviden mi condición de multiorgásmica. Me aferraba desesperadamente de sus cabellos y le apretaba su cara contra mi sexo, casi como queriendo hacerle entrar en mi mojada cuevita. Me enloquecía con sus lengüetazos. Su lengua hábilmente ingresaba alternativamente en mis dos agujeritos íntimos. Me volvía reloca, en un momento nos desplazamos y conformamos un 69 espectacular, su pija expelía mucho líquido preseminal, su gustito saladito tapizaba toda mi boca y yo tragaba como un manjar. Me encanta el sabor de ese fluido.

Luego de tan sabroso 69, me coloqué en el borde de la cama, alce mis piernas sobre los hombros de Carlos, y el de un solo golpe, gracias a lo mojada/lubricada que tenía la vagina  me penetro hasta el fondo, con un gemido, que más que un gemido, fue un alarido de satisfacción al sentirme penetrada por tamaña verga.

Allí entre el entre y sale de su poronga, que no llegaba a sacar completamente, manteniendo siempre su glande dentro mio y llegando luego a fondo de mi vagina, me sentí en el limbo de las cogidas. Mis orgásmos no tenían solución de continuidad, cada vez quería más poronga dentro mio y así se lo rogaba ¡Quiero más, por favor más adentro!. Acabó, y al sentir su leche calentita muy adentro mio, el orgásmo que me causó, me arrancó un grito, que debió ser escuchado en todo el edificio. Mi marido, desde el otro departamento, luego me comentó que escucho claramente mi grito victorioso.

Acomodamos la ropa de mi amante en los placares, yo procedí también a llevar mi ropita junto a la ropa del Flaco. Me mudé con él. Mi marido, amante para El Flaco no opuso ningún reparo.

Nos bañamos junto con Carlos, que en la tina me metió dedos en mi culo, pero le dije que ahora no, luego a la noche en el lecho se lo iba a entregar.

Ya vestidos los tres, nos fuimos a cenar juntos. Yo iba en el medio, tomado de la mano de Carlos, eramos una parejita con compañía de un amigo (mi marido). Luego de cenar, nos dirigimos por calle San Martín a una confitería a tomar un café y ya casi media noche a nuestros hogares. Ya en el piso de nuestros departamentos, me despedí de mi marido con un beso en la mejilla, por lo bajo me dijo espero disfrutes de la cogida que te van a dar y cada cual a su lugar. Pasé inmediatamente al baño, con la excusa de higienizarme, pero en realidad lo que me importaba era saturarme el esfinter con cremita hemorroidal, que tiene dos importantes ventajas, una como lubricante y otra como anesteciante de la zona anal, lo que me permitiría prácticamente no sufrir dolor ante la sodomización de semejante garcha que tiene EL Flaco, permitiéndome asimismo gozar plenamente de la enculada.  Salí del baño y me dirijí al dormitorio. El Flaco estaba en bóxer y se le advertía en su parte delantera un enorme bulto, que demostraba lo empalmado que estaba. Fue al baño y al regreso volvió totalmente desnudo, adelante el ariete que portaba, parecía mas grande que lo visto anteriormente. Se imaginaran que “se me hizo agua la boca”. Me quitó apresuradamente la tanga y el soutien y me comenzó a besar y lamer todo mi cuerpo voluptuosamente. Mis manos se dirigieron directamente a su tranca y sus testículos, que debido a su grosor prometían una riada de leche. Sus dedos, ahora estaban ocupados penetrando mis dos agujeros, llevándome a un estasis de orgásmos continuados.

Nuestras lenguas participaban activamente, ya enroscándose en nuestras bocas, como para lamer cualquier parte del cuerpo a su alcance.

En un momento me pidió que me pusiera en cuatro patas, la posición del perrito, me dijo que estaba deseoso de probar mi ano. Me puse en posición, sentí que empezó entrándome con dos y luego tres dedos, cuando consideró que mi esfinter estaba bien dilatado, le alcancé el pomo con la cremita, me untó generosamente el orto y su pija, me lo apoyó en la entrada y con mínimo esfuerzo me fue penetrando. Una sensación de dolor y goce me invadió totalmente, poco a poco fui sintiendo como su falo ingresaba en mi recto, al poco momento, la sensación de dolor se fue diluyendo, siendo reemplazada  por una de goce pleno. Gracias a la providencia, El Flaco  era de tiro largo, por lo cual me estuvo serruchando por la puerta trasera, no menos de 20 minutos, lo que logró hacerme gozar como perra en celo. No se cuantos orgasmos tuve. Me llenó el culo de esperma, que cuando me levanté para ir al baño, su leche me corría por los muslos. Aproveche para recoger algo con la mano y me puse a saborearlo. Me encantó. Nos duchamos juntos nuevamente, nos franeleamos, a él se le empezó a poner morcillona, pero decidimos ir a dormir, luego de haber tenido una noche de mucho sexo anal.

A la mañana estábamos nuevamente teniendo sexo anal, cuando sin habernos dado cuenta, ya que estábamos demasiado entretenidos, apareció parado al lado de la cama, mi marido (amante para el Flaco), con una bandeja con tres desayunos. Yo estaba en ese momento en la posición de perrito con la verga ensartada en mi culo. Tamaña sorpresa, mi marido se sentó en una silla y nos dijo, continúen con la faena, que yo los espero y de paso gozo de la vita, dejó la bandeja en el suelo, saco su pequeña verga del pantalón pijama y comenzó a masturbarse, mieentras yo era cogida. Esa situación mórbida, logró acrecentar  mis sensaciones. Era tan exquisita la escena, yo siendo sodomizada por mi amante y mi marido observando toda la escena y masturbándose.El flaco continuó cogiéndome, hasta acabar dentro mío. Nuevamente, al sentir su leche tibiecita, me hizo tener unos de los mejores orgásmos de mi vida. Desayunamos ya todos en bolas, como grandes amigos. Pero la calentura persistía en el trío, así que cuando acabamos el desayuno, nos subimos a la cama los tres, El Flaco y mi marido con la pija en ristre, Carlos se acostó boca arriba y yo me ensarté en su magnífica poronga, me recliné sobre su pecho, dejando a disposición de mi marido mi culito, este prestamente me ensartó, penetrándome, claro que no era la verga de Carlos la que tenía adentro de mi culo, pero también me arrancaba goces inauditos. Hacía mucho que yo no gozaba una doble penetración, en esos momento lamentaba no tener un tercer macho, al que chuparle la verga.

Estuvimos garchando practicanente todo el día, paramos únicamente para comer algo, todos en bolas. Fue un día para mi memorable.

Hoy el Flaco es mi amante oficial.

Mony

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