Un cuento para compartir

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Mordí su lengua, la aprisioné con mis labios y lentamente la succioné, atrapé su labio inferior entre mis dientes oprimiéndolo, tironeándolo, extasiándome con sus gemidos de placer, él rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos comprimiendo mi pecho contra el suyo, su boca seguía unida a la mía haciendo maravillas, fundidas en un beso apasionado, sensual, erótico y deliciosamente salvaje.

Era una noche fría, a pesar de estar en pleno mes de octubre, pero eso es común en las sierras de Córdoba (mi provincia), había llegado hasta allí junto con un grupo de compañeros para realizar un estudio acerca de las condiciones sanitarias de este pequeño pueblo, como nos iba a llevar varios días pedimos permiso para pasar las noches en un convento que queda en las afueras del pueblo, esta era la última noche, al otro día terminaríamos el trabajo y volveríamos a la ciudad.

Esa noche me sentía rara, no podía dormir, estaba inquieta, no aguantaba estar acostada y me levanté. Era una habitación larga con dos hileras de camas dispuestas a un lado y a otro, mi cama estaba al final de la habitación, por lo que tuve que recorrerla a tientas hasta llegar al pasillo, pero allí, aunque las luces estaban apagadas estaba iluminado por el resplandor de la luna que entraba por los ventanales que dividían el pasillo, de los amplios jardines del convento, iba caminando despacio para no despertar a nadie, recordando las historias que habíamos escuchado en el pueblo, acerca de una criatura extraña que habitaba en alguna parte de la montaña, nadie sabía quién era, aparecía y desaparecía de la nada.

De repente sentí que no estaba sola, me di vuelta y lo vi, su imponente figura se dibujaba en uno de los ventanales, estaba mirándome, cuando se dio cuenta que lo había visto giró y salió corriendo hacia los jardines, yo corrí hacia la ventana y pude ver como se perdía entre los árboles y fui tras él, al llegar a los árboles dudé un segundo ya que no sabía a dónde iba, estaba sola y nadie había notado mi ausencia, pero un sentimiento más fuerte me impulsó a seguir a ese ser misterioso y me introduje también entre los árboles.

Hasta ese momento no había notado el frío, y comencé a tiritar ya que sólo llevaba puesto un camisón de raso largo, con breteles, seguí atravesando la arboleda, estremeciéndome por el frío, pero sentía que algo o alguien me guiaba, me indicaba cual era el camino correcto que debía seguir, caminé durante mucho tiempo, hasta que los árboles terminaron y me encontré en un extenso páramo que rodeaba a una antigua y majestuosa mansión, me fui acercando y llegué a la entrada principal que estaba flanqueada por dos escalinatas, subí por una de ellas y al llegar a la puerta noté que estaba entreabierta, la empujé suavemente y entré a la mansión.

Tenía un amplio vestíbulo con una escalera que conducía al salón principal, al fondo había una chimenea en la cual el fuego estaba ardiendo, el piso estaba regado de velas encendidas, de distintos tamaños, también había velas encendidas sobre la chimenea, en candelabros, en todos los muebles, creando un ambiente cálido y sensualmente inquietante.

Busqué un poco de calor en el fuego de la chimenea, mientras recorría con la vista el lugar, era increíblemente hermoso, en su arquitectura y decoración predominaba el estilo renacentista, en el fondo del salón había una escalera con una balaustrada tallada en piedra con gran delicadeza al igual que los detalles de las puertas, los arcos y la galería superior. Junto a la chimenea había un sillón y esparcidos por el piso varios libros, todos eran tratados sobre alquimia y rosacruces. Me llamó la atención la cantidad de cuadros que poblaban las paredes, pude reconocer entre ellos “El cortejo de los magos”de Gozzoli ,”La primavera” y “Nacimiento de Venus” de Botticelli ,el “Parnaso” de Mantegna, pero hubo uno en particular que atrajo toda mi atención, era el retrato de una mujer, me acerqué más porque no podía creer lo que estaba viendo, ¡la mujer del cuadro era yo! o por lo menos el parecido era asombroso, estaba tan absorta mirando el cuadro que me sobresalté cuando oí ruidos de pasos.

Pude sentir que ese ser estaba detrás de mí, un temblor recorrió mi cuerpo, mezcla de temor y excitación, giré despacio y me encontré frente a frente con él y pude verlo bien por primera vez, era un hombre terriblemente corpulento con brazos y manos que destilaban una gran fuerza, llevaba el cabello largo que le caía sobre los hombros, a la luz de las velas pude ver su rostro, su fealdad ejerció una poderosa atracción en mí, me sentí completamente atraída por esa criatura, mezcla de hombre y bestia, no podía quitarle los ojos de encima, el comenzó a hablarme sorprendiéndome su voz exquisitamente masculina y sensual que acariciaba mis oídos aumentando la atracción que ejercía en mí.

Me saludó mencionando mi nombre lo cual me sorprendió y fue así que me contó su historia, me explicó que su aspecto era producto de su desmedida ambición, ya que se había obsesionado con la alquimia y buscando el secreto de la conversión del oro fue víctima de un conjuro y la única forma de romperlo era haciéndole el amor a la mujer de sus sueños y esa mujer debía responderle con la misma pasión.

Me dijo que la mujer de sus sueños era la protagonista del cuadro que tanto había llamado mi atención, que me había soñado desde siempre y que desde mi llegada al pueblo había estado esperándome, sabía todo de mí como si me conociera de toda la vida, yo permanecía en silencio, inmóvil, por mi mente pasaban mil cosas a la vez ¿Cómo sabia tanto de mí? Creí imaginarme como, ¿Cómo me haría el amor? ¿Me haría daño? ¿Podría entregarme a el por completo? ¿Qué pasaría después? Si lo que decía era cierto, al deshacer el embrujo la bestia se iría y yo no quería eso, mi atracción hacia él era tal que sentí en ese momento que podría llegar a amar a esa bestia y no quería que desapareciera.

Tan ensimismada estaba en mis pensamientos que cuando me di cuenta estaba junto a mí y me ofrecía una copa llena de vino, que acepté con gusto ya que el estado nervioso por el que atravesaba me había dejado la boca seca. Se sirvió una copa para él y se sentó frente a la chimenea, me pidió que me sentara a su lado, bebí unos sorbos de vino y eso hizo que me relajara un poco y pudiera contestar todas sus preguntas y a la vez preguntarle a él.

Sus modales eran finos, repondría amablemente a mis preguntas, y hasta nos reíamos juntos de algún que otro comentario, de pronto su mirada cambió, tomó mi copa y la dejó en la mesa junto con la suya, y poniéndose de pie me ofreció la mano para que yo también lo hiciera, cuando estuve de pie junto a él, instintivamente di unos pasos atrás, él se fue acercando lentamente, como si hubiera querido darle tiempo a mi cuerpo para que experimente los cambios propios de la excitación, mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido, la respiración agitada hacía que me faltara el aire, un feroz estremecimiento recorrió mi vientre y piernas, mis pechos subían y bajaban al ritmo acelerado de mi respiración, mis pezones se irguieron bajo la fina tela del camisón.

Siguió acercándose hasta llegar junto a mí, tan cerca que nuestros pechos se rozaban, nuestras miradas se cruzaron y no logré apartar mis ojos de los suyos, cerré mis ojos en un intento inútil de escapar de ese magnetismo que me atraía a él, fue acercando su cara a la mía y pude sentir en su aliento cálido el suave aroma del vino. Sostuvo firmemente mi rostro con sus manos y posó sus labios tibios, húmedos, firmes en los míos, besándome suavemente al principio, volviéndose cada vez más apasionado, entreabriendo sus labios, presionando los míos con más fuerza, yo respondí a su beso y liberando una pasión contenida, me dediqué literalmente a devorarle la boca, con mis labios abiertos al máximo, rodeando los suyos, atrapándolos… introduciendo mi lengua, explorándolo todo, llegando a todos y cada uno de los rincones de su boca, acariciando su lengua con la mía. Era un beso infinito, que surtía efecto lentamente, convirtiendo esa sensación placentera en un inaguantable deseo.

Mientras, sus manos fueron bajando por mi cuerpo, yo rodee su cuello con mis brazos, mientras seguía besándolo con una pasión exquisita, sentía su lengua introducirse en mi boca demorándose en ella, degustándola, saboreándola y haciéndome sentir su propio sabor, mordí suavemente su lengua, luego la aprisioné con mis labios y lentamente la succioné, atrapé su labio inferior entre mis dientes oprimiéndolo… tironeándolo suavemente… extasiándome con sus gemidos de placer, él rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos comprimiendo mi pecho contra el suyo, su boca seguía unida a la mía haciendo maravillas, fundidas en un beso apasionado, sensual, erótico y deliciosamente salvaje. Sus manos subieron hacia mis hombros y mi cuello, acariciando suavemente mi piel generando en mi magníficas sensaciones que explotaban en mi garganta en gemidos de placer, sus dedos tomaron los breteles de mi camisón y los fueron deslizando hacia abajo, despojándome de él, que quedó en el piso junto con mi ropa interior.

Me encontré completamente desnuda frente a él que sin decir una palabra me levantó en sus brazos y me llevó escaleras arriba hasta uno de los dormitorios donde había una cama enorme sobre la cual me acostó, y separándose de mí se dirigió hasta un rincón de la habitación y sin dejar de mirarme, comenzó a quitarse las ropas, ofreciéndome una visión maravillosa de su cuerpo desnudo, macizo, su miembro era de un tamaño acorde a su cuerpo, contundente, rotundo, erecto. Vino hacia la cama y se colocó a mi lado, sin darle tiempo a nada giré sobre mí misma y me subí encima de él, con mis piernas a cada lado de su cuerpo, y empecé a besar su cuello, recorriendo con mi boca ese espacio tan sensible, mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja luego, seguí bajando por su cuello, rozando su piel con mis labios, mis dientes, mi lengua, mordí despacio sus tetillas hasta sentirlas erectas, fui deslizando mi cuerpo sobre el suyo con movimientos descendentes…  acariciando su cuerpo con mi cabellera larga, sedosa…  seguí descendiendo con mi boca por su abdomen…

En ese momento él se incorporó y tomándome de los hombros me empujó hacia atrás acostándome en la cama, se colocó sobre mí. Sus manos recorrieron mi piel, como si quisiera grabar en su memoria todos y cada uno de los rincones de mi cuerpo, rodearon mis senos y con sus dedos, atrapó los pezones entre los pulgares e índice hasta que se pusieron rígidos, después volvió a acariciarlos con ternura, y siguió ejerciendo esa mezcla de placer y dolor en esa zona tan sensiblemente erógena. Su boca fue bajando por mi cuello, sus labios eran suaves, y al sentirlos deslizarse por mi piel ahogué una exclamación… pero mi cuerpo se retorcía, estaba enloqueciéndome de placer, posó su boca en uno de mis pezones, besándolos, mordiéndolos, rozándolos con su lengua ondulante, al terminar con uno siguió con el otro… generando en mí, exquisitas oleadas de placer.

Su boca siguió luego, por el abdomen, por el pubis, hasta llegar a mi sexo, separó mis piernas con sus grandes manos, pasó sus brazos por debajo de mis muslos rodeándolos, sus manos descansaban en mi pubis, comenzó a besarme, a invadir con su lengua lo más profundo de mi ser. Yo respondí a esa deliciosa invasión, separando aún más las piernas… arqueando mi espalda… acariciando sus cabellos… tirando de ellos… su lengua recorría ese centro del placer con movimientos cortos y rápidos… para luego introducirse en profundidad… en ese momento ya no tuve control sobre mi cuerpo… que empezó a estremecerse… a temblar… estallando en mi un placer tan exquisito, salvaje y violento que nunca había sentido… mis gritos de placer quebraban el silencio de la habitación.

Lentamente se fue incorporando y se colocó sobre mí… sentir el peso de ese cuerpo inmenso sobre mí no hizo más que aumentar mi placer y el deseo… yo tenía las rodillas levantadas y flexionadas y él se colocó entre mis piernas así pude sentir su miembro erecto, imponente, palpitante, que pugnaba por encontrar el lugar exacto a él destinado… se fue introduciendo en mi poco a poco… realizando con sus caderas un movimiento de vaivén y después con el vientre… deslizando su pecho sobre el mío… todo combinado en una erótica caricia… yo grité y el cubrió mi boca con la suya… mi respiración se entrecortaba… jadeando… por ese sentimiento exquisito que experimentaba al recibirlo íntegramente… mis brazos lo rodearon… acaricié su espalda con mis manos… hundiendo mis uñas en su piel… lo sentía hundirse en mi cada vez más profundamente… haciendo más rápido el ritmo de sus embestidas… urgidas por el apremio de sus deseo…

Cada embestida era diferente… más placentera que la anterior… y con cada una de ellas arrancaba de mí un grito… sentía como me llenaba… como penetraba en la profundidad de mi ser… sus manos sujetaban fuertemente mis nalgas… comprimiéndolas… apretándolas… amoldando mi cuerpo al suyo, como si quisiera fundirlos en uno. Sus movimientos se hicieron más salvajes y violentos… me vi desbordada por un estremecimiento sublime y exquisito que originó violentas sacudidas en mi cuerpo y desfalleciendo de placer… con una verdadera revolución en mis entrañas… alcancé el clímax, con un grito… él también experimentó ese delicioso orgasmo entre exclamaciones guturales arrancadas por la sensación deliciosa que esa penetración profunda le producía.

Me enseñó a disfrutar de él con mis cinco sentidos… con el tacto (su piel era firme y suave)… con el oído (con su voz varonil y sensual hablándome al oído y con sus gemidos), con el gusto (saboreando su piel, su boca), con la vista (todo en él resultaba atractivo a mis ojos)… con el olfato (su olor masculino mezcla de hombre y bestia en celo). Sentí como la descarga cálida de su semen me llenaba mientras mi cuerpo se arqueaba y temblaba al unísono con el suyo… acabamos juntos en una perfecta conjunción de nuestros cuerpos y nuestras almas.

Sin dejar de acariciarme con infinita ternura… se recostó a mi lado jadeante… yo yacía exhausta… disfrutando de la placidez que experimentaba… giré hacia él… acariciando su rostro… le dije… que no quería perderlo… le pedí por favor que se quedara a mi lado… que no me abandonara… mi cansancio era tal, que los ojos se me cerraban de sueño… con las pocas fuerzas que me quedaban le dije susurrando: _te amo… quédate conmigo y me sumergí en un sueño profundo… lo último que recuerdo de él… antes de dormirme son sus ojos increíblemente tiernos y dulces y su maravillosa voz diciéndome: Te amo Claudia.

Cuando desperté era de día… la luz del amanecer se filtraba por las ranuras de las ventanas… poco a poco fueron viniendo a mi mente imágenes de la noche anterior… cuando tuve la lucidez suficiente quise incorporarme en la cama, pero una suave presión en el pecho me detuvo… un brazo me rodeaba… lo retiré suavemente para no despertarlo y giré hacia él esperando encontrar a mi bestia… pero no fue así… quien estaba a mi lado era el hombre más increíblemente hermoso que había visto en mi vida… todos sus rasgos eran finos… armoniosos… bellos… dormía plácidamente… relajado lo que lo hacía más atractivo si es que se podía…

Sí…era atractivo… hermoso… no lo voy a negar, pero contemplándolo comprendí que no generaba en mí los mismos sentimientos que generaba la bestia… que jamás iba a llegar a amar a este hombre como amaba a la bestia. Sigilosamente sin hacer ruido me levanté de la cama y me dirigí al salón donde recogí mis ropas y me vestí… antes de salir… le escribí una nota explicándole mis sentimientos y rogándole por favor que nunca intente buscarme. Salí de la casa y desanduve el camino que fue más fácil con la luz del día, llegué al convento y descubrí que por suerte no se había levantado nadie aún por lo que me ahorré el dar explicaciones.

Ese día nos dedicamos a ultimar los detalles de nuestro trabajo y regresamos a la ciudad, pero ya no fue lo mismo para mí… ya que desde esa noche mi vida cambió… ahora un nuevo objetivo se incorporó a mi vida y es reencontrar a mi bestia… al amor de mi vida… Hace dos años de esto y si bien se han acercado a mí otros hombres yo solo quiero a mi bestia, no me interesan los hombres lindos o apuestos, sólo busco a mi bestia sé que la voy a encontrar y que voy a volver a escuchar de sus labios las tres palabras más maravillosas que escuché en mi vida:

– Te amo, Claudia.

Autora: Hechicera

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Escrito por Marqueze

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