Un día con una de las más bellas putas de Valencia

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Mi nombre es Santiago y soy de Buenos Aires, Argentina. Llegué a esta hermosa ciudad de Valencia hace unos quince días, aunque no es mucho lo que había salido del hotel, puesto que el trabajo me tenía un tanto ocupado.

Pero,  para mi fortuna, hace tres días salí a comer algo en las horas del mediodía a un elegante restaurante de la ciudad.

En una de las mesas, ubicada a unos cinco  o seis metros de la mía, se encontraba una chica con una belleza difícil de encontrar en otra parte.

Si se las describo,  muchos no me lo van a creer.  Una espléndida cabellera negra le servía de marco a unos enormes y brillantes ojos verdes.  Jamás había visto una cara más bella  y  una mirada tan sensual.

Parecía ser una de las  putas más hermosas que se podrían encontrar en esta ciudad.

Al cabo que me coqueteaba de la manera más encantadora,  se paraba de la mesa reiteradamente, como queriéndome mostrar su  espectacular cuerpo.

El escote le dejaba ver un par de tetas inmensas  y  erguidas.  Su cintura parecía la de una  muñeca  Barbie.  Lucía una faldita moderadamente corta y vaporosa, que le dejaba ver un par de piernas que me aceleraron el corazón, casi hasta el desmayo

Cómo creen que era su trasero?  Ya se podrán imaginar que era redondito y erguido como sus tetas.  

No soporté un segundo más y la abordé con algo de  miedo  (no lo niego)  a que semejante espectáculo de hembra  me rechazase.

Pero,  no fue así.  Me recibió con la simpatía, la dulzura y la coquetería,  propias    de una princesa.  Su marcado acento español, adornado con una voz suave y femenina, casi me enloquece.

Le propuse retirarnos a un lugar un poco más romántico  y accedió de inmediato pues,  al parecer,  yo también le agradé como hombre.

Cuando llegamos a la discoteca-bar,  nos sentamos en una mesa un tanto alejada de la multitud.  Al sentarse, la falda se levantó un tanto, al cabo que cruzó las piernas y, literalmente,  enloquecí.

Como si semejante andanada de sensualidad  hubiese sido poco,  se abrió un tanto más el escote porque estábamos en plena temporada de verano  y el  calor  acosaba.

Sin exageraciones de ninguna clase,  empecé  a temblar  y  a  sudar.  Ella se percató de esto, por supuesto,  y empezó asonreír con una cierta picardía que me daba a entender que algo estaba deseando  tanto como yo.

Salimos  a bailar,  con unas cuantas copas de Cabernet Sauvignon  “entre pecho y espalda”  y  nos empezamos a besar como si estuviésemos locamente enamorados.

No nos queríamos despegar el uno del otro, mientras que de su cuerpo salía el exquisito olor característico de las mujeres cuando están excitadas  hasta  la locura.

Llegó el momento en que me susurró suavemente al oído: “no quisieras ir a un lugar más íntimo, que quiero tenerte  todito para mí y no me aguanto más”?

En menos de veinte minutos estábamos en la habitación de una espectacular casa de putas en Valencia. No hubo tiempo para conversaciones, ni cortejos.  El desespero por tenernos el uno al otro,  nos  invadió.

Ella me desvistió  y  yo la desvestí con algo de afán, por supuesto.  Cuando la tuve en la cama desnuda,  abrí sus largas y bronceadas piernas  y  empecé a degustar  los deliciosos jugos  de  su  conchita húmeda.

Al cabo que gritaba como una gatita en celo, me tomaba la cabeza diciéndome  “no pares por favor,  hazme  más  y  más  que voy a enloquecer”.

Luego,  me chupó mi  “arma de amor”  por unos veinte minutos, de una manera en que nadie me lo había hecho jamás. Estuve a punto de venirme,  pero logré controlarme.

Mi tranca quería explotar y mi corazón casi que se me salía, hasta que llegó la tan esperada penetración. La  “Madame”  de Felina, la reconocida casa de putas de lujo en Valencia, nos hizo un dulce y delicado llamado de atención.

Era lógico,  porque los gritos de placer de ambos  parecían llegar hasta la calle. Cuando me dijo  “me voy a venir”  la penetré con más  fuerza hasta que logró unos seis o siete orgasmos sucesivos.

Al percatarme de que ya estaba satisfecha, me enfoqué a mí  mismo  y, a los  tres minutos, eyaculé una cantidad de leche que jamás habría pensado.

Fue el mejor sexo que he tenido en toda mi vida  he, indudablemente,  volveré a  Valencia para  disfrutar de esta chica  cuantas veces pueda.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

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