Un dia en el parque

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Una sesión de sexo oral inolvidable

Lo que voy a contar es una experiencia real, sólo los nombres y algunos detalles que puedan dejar claro quienes somos yo y la chica de la que voy a hablar. Se trata de la misma chica de mi anterior relato, a la que he decidido llamar Cristina y todo ocurrió poco después de nuestra experiencia en el cuarto de baño. Aquel día yo celebraba mi santo. No soy creyente, pero cualquier excusa es buena para celebrar algo, así que la invité a comer.

Me vestí con n pantalón ancho, de tela fina y con bolillos a los lados, una camisa gris de manga corta y unos boxers negros ajustados. Fuimos a un restaurante que está situado en un parque muy grande, a unos kilómetros de la ciudad. Es un lugar perfecto para comer y luego pasear o tumbarse en el césped a tomar el sol. Ella iba sencilla, pero estaba muy bonita, con un pantalón también ancho, de talle bajo y una camiseta ajustada que marcaba sus grandes pechos y dejaba ver su vientre.

La comida fue fantástica, pero lo mejor fue la conversación que tuvimos Cristina y yo. Al principio empezamos a hablar en plan romántico y luego la conversación derivó en una serie de bromas sobre lo que nos haríamos el uno al otro si estuviéramos solos, la conversación fue subiendo de tono, hasta que llegué a sentirme realmente excitado y notaba el bulto que presionaba bajo mis boxers. Para entonces ya habíamos acabado de comer y le propuse a Cristina salir a dar un paseo.

Estuvimos paseando un rato por el parque. Ese día hacía buen tiempo, pero no había mucha gente y se estaba bastante tranquilo. De repente Cristina me pidió que paráramos a descansar un rato al sol, así que nos tumbamos juntos en un montículo cubierto de césped a espaldas de la mayoría de la gente y una vez allí empezamos a besarnos. A mí no se me había pasado aún la calentura así que comencé a besarla cada vez con más pasión. Nuestros labios se juntaron, nuestras lenguas chocaron y comenzaron a juguetear. Empecé a mordisquear su labio inferior, lo mordía y lo succionaba a la vez que pasaba una mano sobre su vientre. Ella me respondió acariciando con una mano mi espalda a la vez que giraba la cara para mordisquear mi oreja.

Eso me puso más caliente todavía pero mi sorpresa fue cuando bajó la otra mano para acariciarme mi polla.

-¡Vaya! La tienes muy dura- Dijo. –Eso debe ser por la conversación de antes.-

-Sí, -le respondí yo- Me has puesto muy caliente.

Entonces sin pensármelo dos veces, me apoyé en los brazos para seguir descendiendo con mi boca por su cuerpo. Fue recorriendo sus pechos a la vez que lo s acariciaba con mis manos. Los cogía y los levantaba rodeándolos con los dedos y haciendo movimientos circulares sobre ellos a la vez que los lamía y mordisqueaba sus pezones duros a través de la camiseta. Notaba como ella se empezaba a excitar tanto como yo. Jadeaba suavemente, mientras me apretaba el culo con una mano y se acariciaba el pubis con la otra.

-Mmmm… Me encanta.

-Veo que quieres guerra- le respondí al ver como se tocaba.

Aparté su mano y puse la mía entre sus piernas, presionando con mía palma abierta sobre sus labios. A través d los pantalones noté que su chocho ya estaba muy mojado. Y más que lo iba a estar. Puse mis labios sobre su vientre y los fui cubriendo de pequeños besos, sin dejar ni un centímetro, introduciendo la punta de la lengua en su ombligo y moviéndola como si la penetrara para luego lamer todo su vientre con un solo lametón muy largo y sensual.

Así estuve un buen rato. Mi lengua jugaba Ens. Vientre mientras mis dedos acariciaban su chocho sobre el pantalón, presionando sus labios y su clítoris e introduciendo un dedo en su rajita todo lo que me permitía la tela. Tenía los pantalones mojados de los jugos que emanaba, estaba muy excitada y yo también. Mi verga estaba dura, mis huevos llenos de leche queriendo salir, pero ese rato era para ella, así que apliqué los labios a la altura de su clítoris, calculando lo mejor que pude al no poder verlo y comencé a lamer los jugos que empapaban el pantalón. Cristina empezó a jadear, cada vez más deprisa, su respiración también se aceleraba, la miré y pude ver su cara enrojecida por la excitación. Eso me hizo calentarme aún más, baj&eacut

e; la cabeza de nuevo y seguí aplicando mis labios a su coño. Lamía sus labios como si me fuera la vida en ello, recorriéndolos de arriba abajo con la lengua, presionando con ella en su raja mientras Cristina movía sus caderas acompañando mis movimientos y ayudándome a presionar. De pronto dio un largo gemido, yo sustituí la lengua por mi mano y la miré. Su cara estaba más enrojecida, su espalda se arqueaba… ¡Se estaba corriendo! No podía creérmelo, Cristina estaba teniendo un largo orgasmo allí, en el parque, donde cualquiera nos podía ver, Eso me excitó tanto que yo también acabé corriéndome, siguiendo mi orgasmo al de ella pero sin dejar de acariciar su coño con toda la habilidad que podía.

Después nos quedamos las dos tumbadas, boca arriba, el uno junto al otro y mirándonos. Al rato Cristina me dijo: -gracias por un momento inolvidable. Cuando volvamos tendrás tu recompensa.- ¡Y vaya si la tuve! Pero eso lo contaré en otra ocasión.

Autor: edu_siquier

edu_siquier ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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