UN ENCUENTRO FENOMENAL

Siempre había escuchado -Que nunca la noche es más oscura que cuando va a amanecer-, y me decía por qué la vida me ha martillado tan duro en los últimos meses, por qué no acabo de ver un poco de luz en mi camino, con 24 años no es fácil afrontar tantas malas realidades.

No es mi intención contar una historia en forma pesimista, sino para que puedan evaluar, lo importante que fue para mí, lo que vino después, estas cosas que me pasaron en un corto tiempo.

Acababa de terminar una relación corta, pero de mucha intensidad, tenía mis estudios medios paralizados, por una enfermedad de mi hermano, hermano que además de ser mi mejor amigo, era mi consejero y a quien adoraba por su carácter y su gran compenetración conmigo y de pronto se me va por esa maldita enfermedad, que en esos tiempos no teníamos la suficiente información para protegernos de ella. No es ficción es algo real que les estoy contando.

Durante meses no quería salir a ningún lugar y casi no asistía a mis clases en la Universidad y ese sábado, no porque nadie me embullara, ni nadie me invitara, ni tuviera deseos, leyendo en la prensa, veo que una discoteca cercana a mi casa tenía un evento especial y no se por qué, pero me fui para allá -cosas del destino-.

A la entrada, como para darle originalidad al evento, nos dieron una pequeña linterna, pues a las doce de la noche, durante un buen rato apagarían todas las luces y solamente nos alumbraríamos con las linternas.

Entré directamente para la esquina del bar, desde donde podía ver las parejas bailando y aún cuando me gusta darme mis traguitos en estos lugares, solo me tomé uno al llegar, ya cuando me sentí más relajado y viendo que se acercaba la hora del "apagón", pedí otro trago y salí del bar e hice un pequeño recorrido con la intención de encontrar algún conocido, o de quizás ver alguien que me agradara, cosa que no sucedió.

Seguí hasta el patio y al rato siento el alboroto por el apagón de las luces y regreso por el pasillo que me va a llevar nuevamente al salón principal, cuando por la poca visibilidad, choco con alguien en forma bien fuerte y además, para colmo, le viro encima parte del trago que yo llevaba en mi mano.

Su primera reacción fue bien brusca, pero ante todas las disculpas que le pedí y en la forma que se las pedí, moderó sus palabras y aceptó una invitación mía a un trago y me siguió hasta el bar. Ya allí, donde hay muchas más linternas encendidas, es cuando me doy cuenta con quien había chocado.

Creo que si en algún momento yo hubiera escrito en un papel que cualidades debía tener mi persona ideal, con sacarle una foto lo hubiera reunido todo, joven, varonil, facciones bien agradables, ojos grandes y mirada profunda, una sonrisa bella, aunque un poco burlona, alto y más bien delgado, aunque en ese pantalón estrecho que tenía puesto se le marcaban tremendos muslos.

De inmediato, me doy cuenta que hay química, que nos hemos caído bien recíprocamente y yo que había chocado con él, que lo había mojado con mi trago, pasé a ser la víctima por todas las explicaciones que me daba por haberme tratado en forma tan dura. Y de ahí en adelante pasaron cosas que, comentadas por nosotros mismos, meses después, parecían ilógicas e irracionales.

Antes de continuar, debo describirles, que soy joven, bien parecido, menos alto que él, igualmente tirando a lo delgado y sobre todo con buen ángel. La algarabía que tenían alrededor de nosotros y la música, no nos dejaba hablar mucho, pero en la forma que empezamos a mirarnos, no se necesitaban muchas palabras, nos tomamos ese trago y vino su invitación, cuando me alcanzó mi copa bebió un poco de ella y después me la dio.

Yo también tomé un poco y le agarro una mano y acercándome a su oído, le digo, hoy no había ninguna razón para que yo estuviera aquí, pero algo me impulsó a venir, las poca

s veces que he venido a este lugar nunca he salido al patio, por lo que nunca he pasado por ese pasillo, nunca me gusta caminar con un trago en la mano, porque se corre el riesgo de lo que pasó, pero esto tenía que suceder para conocerte a ti. El reaccionando tomó mi cara con sus dos manos y olvidándose de tantas personas que nos rodeaban, me dio un tremendo beso en la boca, y sin más me cogió la mano y con una seña me pidió lo siguiera.

Creo que a todos nos ha pasado, que ese tiempo que transcurre, donde suponemos, pero no estamos seguros de lo que va a pasar, nos pone los nervios de punta, pero aquí primó su iniciativa, me llevó directamente a su carro, entramos y sin dejarme acomodar empieza a besarme y a apretarme contra él y pasarme la mano por todas partes, a lo cual yo también correspondí. Me dice quiero que me acompañes a mi casa, pero es bastante más al sur, así que lo que podemos hacer, si tú quieres, vamos a un pequeño hotel que esta bien cerca de aquí, nos quitamos esta calentura que nos consume y después recogemos tu carro y nos vamos para mi casa. Yo como un hipnotizado decía que si a todo, desde luego, también lo deseaba.

Ya dentro de la habitación de hotel, lo primero que hicimos fue quitarnos los abrigos que llevábamos puesto, él se plantó delante de mí y después de darme un tremendo beso, me dice lo demás te lo quito yo. Y poco a poco me fue quitando mi ropa y la de él, al compás de besos, mordidas en mis pezones, de bellas palabras. Cuando ya nos quedamos completamente desnudos, yo creía que iba a morir, hasta taquicardia tenía, ver ese macho, con ese tremendo cuerpo, ver esa clase de cosa que se mandaba, yo creía que mi pinga era grande, pero comparada con la de él, no pasa a ser de mediana.

Me cargó y me metió en la cama y empezó a transformarse y ya las palabras de amor se empezaron a cargar de deseos, me dijo, después pasará todo lo que tú quieras, pero ahora quiero que me dejes gozarte a mi manera, y ahí empezó a apretarme, a besarme, a meterme la lengua dentro de los oídos, a morderme por el cuello a chuparme los pezones y siguió bajando y me dio una pequeña mamada, pequeña porque ese no era su objetivo, entonces me viró, casi bruscamente y empezó a pasarme la lengua y a morderme todo el cuello, la espalda, bajó hasta las piernas, los muslos y subiendo me dio una mamada en el culo, que me hacía gritar de placer, y cuando ya me tenía al borde de la locura, volvía a subir y me la pasaba por el hueco, pero sin meterla, así hasta que ya no pude aguantar más y le pedía a gritos que acabara de metérmela y le empinaba mis nalgas como un hambriento.

Se puso condón y embadurnándose bien de grasa, empezó lentamente a meterme ese pedazo de trozo, yo como poseído, le decía, ve despacio, pero no pares, hasta que la sentí toda dentro y empezó un movimiento de saca y mete lento, me viró un poco de lado, para que yo pudiera irme haciendo la paja y me dice, cuando la tengas cerca me avisas, y entonces se sentó en la orilla de la cama y me la volvió a meter, ahora de frente para él, para a la vez que me clavaba pudiéramos besarnos, fue tan grandiosa la calentura, que cuando sentí que él se estaba viniendo, yo me corrí solo, sin tenerme que tocar la mía.

Nos aseamos y dejando solo un poco de luz que nos entraba por la puerta entrejunta del baño, volvimos a la cama, dando paso a la ternura y a esas primeras conversaciones, que uno quiere saber todo del otro y viceversa, esto acompañado de caricias, de pequeños besos, y llego un momento en que las lagrimas empezaron a correr por mis mejillas, lo que lo consterno un poco y me decía, ¿pero que te pasa?, y le respondí con una pregunta -Tú nunca has llorado de felicidad?

Ya avanzada la madrugada, empezamos nuevamente la calentazon, pero el con mas cordura, me dice mejor vamonos para mi casa, porque la tirada es larga y hay también que recoger tu carro y cuando lleguemos continuaremos – porque correr tanto si el futuro es nuestro-.

Casi amaneciendo llegamos a su casa, picamos un boberia y nos fuimos a dar un baño, ahí volvimos a hervir de deseos, el me enjabonaba y yo a el, me la mamaba, se la mamaba, nos besábamos, nos apretábamos fuertemente y medio mojados nos fuimos para la cama y era tanto el deseo, que en un verdadero 69 nos vinimos como dos bestias.

Y así fue nuestra vida por cinco años, los 4 pri

meros fueron todo felicidad, esa época la vivimos con tanta hermosura, que no creo nadie pueda superarla, era amor, era deseo, era vivir el uno para el otro. Pero el ultimo año, apareció el fantasma de mis celos, mis malditos celos, tanto amor sentía por el que me volví posesivo, y tarde comprendí que todo el mundo necesita su espacio, llegaba hasta celarme el amor que sentía por su madre, porque creía que era mas grande que el que sentía por mi, por celos una noche llegue hasta quemale parte de su ropa, que desgraciadamente fue la gota que rebozo la copa.

Ya han pasado varios meses de nuestra separación y me va llegando la conformidad, aunque no olvido, se que la vida se vive por etapas, por eso los tiempos felices hay que disfrutarlos intensamente

Autor: Polo go_party (arroba) bellsouth.net

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Escrito por Marqueze

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