Un golpe de suerte

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Esta chica le ha pillado las fotos íntimas de su jefe y me las ha dado.  Había unas 50 fotos de muy buena calidad de estas tomadas con cámara digital. Estaba el señor X practicando el sexo con una mujer, las fotos estaban editadas pues la mujer tenía un recuadro negro que le tapaba la cara.

Soy jefe de producto de una pequeña firma que por razones obvias no diré aquí. Y es más estoy escribiendo esto en horas de trabajo. Soy cuarentón y me sobran unos 15 kilos, felizmente casado y con dos hijos.  Ya veis no soy nada del otro mundo. Pero ayer me pasó algo que os quiero contar.  Tuve una fuerte discusión telefónica con un proveedor que nos estaba haciendo el doble juego y la competencia desleal. Después de casi una hora al teléfono opté por cortar su empresa después de casi veinticinco años de estrecha colaboración y buscar otra que ya hacía tiempo que nos iba detrás de nuestra comercial.

La sorpresa la tuve cuando al rato me llamó la secretaria del señor X y me comentó que si nos podíamos ver y que por favor no comentara nada a nadie. Me extrañó mucho. La secretaria la conocía de más de 15 años cuando siendo casi una jovencita de 18 años empezó a trabajar para ese señor X. Mi trato con ella no pasó nunca de ¿Buenos días está el señor X? Y otras conversaciones comerciales que casi a diario manteníamos y que no expondré aquí para no aburriros.  Nunca la había mirado como una mujer-mujer, es decir como una mujer con la cual yo fantasearía. “Era” o mejor dicho “es”, una mujercita que ya debe rondar los treinta-y-tantos, muy simpática, muy esbelta y con una melenita rubia color miel, ojos verdes penetrantes, de los que cuesta aguantarles la mirada, pechos de la medida justa.

Había ganado algo de volumen de la chica anoréxica que yo recordaba de hace un par de años atrás cuando estuve en fábrica mirando un ala nueva que justo acaban de inaugurar. Nuestras sedes están a una hora de coche, pero prefirió que nos viésemos en unos grandes almacenes justo a la entrada del McDonals a aquello de la siete de la tarde. Yo seguía alucinando. Pero fui. La chica al verme, se dirigió hacia mí, en un primer momento me costó reconocerla. ¡Wau! Estaba francamente bonita. Yo pensaba… ¡estoy casado!, ¡estoy casado!…

Nunca en los años de relación comercial y trato casi diario, habíamos estado tan cerca uno de otro. Se acercó a mí e hizo intención de darme un beso en la mejilla, yo como hace poco que llevo barba y sé que a muchas mujeres eso les pica y no les gusta, hice el gesto de “dar un besito al aire” tipo mua, muaaa, pero al girar, mis labios rozaron los suyos al mismo tiempo que yo creía que daba un besito al aire. ¡Aquí empezó todo!  Tengo 43 años y hace mucho que no recordaba esa sensación de escalofrío, de adrenalina desbocada, de hormonas saltando en mi interior. Y por qué no decirlo de una erección de aquellas que hacen historia y que cuando vas vestido y en un sitio público llegan a ser molestas.  Ella creo que se dio cuenta, y al ver que yo me ruborizaba como un adolescente en su primer beso, me dijo ¡Huy perdón!  Pero creo que también alguna chispilla saltó en ella.

Nos sentamos en un café y me contó lo quemada que estaba con la empresa y con el jefe el señor X en particular,  y me insinuó que entre ellos había habido algo más que una simple relación jefe secretaria, pero que ya se había terminado. Y tenía ganas de devolverle la pelota. Diciendo esto echó mano a su bolso y sacó un cd-r y me lo dio. Al dármelo nuestras manos se tocaron torpemente, esta vez sí que noté que ella estaba sintiendo una sensación parecida a la mía. El cd-r cayó al suelo y ella más rápida que yo, se levantó y flexionó las piernas dejándome ver el espectáculo de sus piernas, intuyéndose su ropa interior. Además pude ver un pequeño tatto de una iguana en la parte alta del interior de su muslo derecho, cosa que me sorprendió, puesto que no es una chica del estilo de llevar tattos o percings.

Ella más que darse prisa dejó que me recrease, entreteniéndose en colocar el CD otra vez dentro de su funda antes de levantarse. Yo no sé por qué puritanismo o porque pertenezco al status de jefe mientras ella al de secretarias, aparté la vista e intentaba disimilar una situación entre incómoda y agradable.

Poco más hablamos, nos despedimos. Ahora sí con un beso en los labios sin lengua, pero con chispas saltando de la alta tensión.  Me dio su número de su móvil, quedamos en vernos otro día. Al despedirnos me comentó… mírate en el cd los informes y “otras cosas que hay”. Y con respecto al señor X, su jefe, ¡dale caña!  Al llegar a casa puse el cd en el portátil. Había una documentación que comprometía al señor X en prácticas comerciales poco éticas y de creación de empresas ficticias. Aquello era “dinamita pura”, aquellos informes me confirmaban mis sospechas y eran suficientes para enviar al señor X a la cárcel.

Eran ya la una de la madrugada, no había cenado, y mi mujer ya estaba acostada. Ya iba a cerrar el portátil cuando vi un fichero comprimido en zip de unos 20 megas. Casi de forma automática lo descomprimí y vi que eran fotos en formato jpg. Algunas de ellas estaban tituladas como “X_y_su_puta_001.jpg”.  Esta chica le ha pillado las fotos íntimas de su jefe y me las ha dado.  Había unas 50 fotos de muy buena calidad de estas tomadas con cámara digital. Estaba el señor X practicando el sexo con una mujer, las fotos estaban editadas pues la mujer tenía un recuadro negro que le tapaba la cara.  Caray con el señor X, en dos o tres fotos una iba con una faldita de cuadros y la mujer con un cinturón/braguita de esos que les sale un pene y le estaba… bueno ya sabéis… le estaba… dándole por detrás.

Mi sorpresa fue cuando en una de las fotos vi el tatto de la iguana en el muslo. Era la secretaria. Hasta ahora no había asociado a la secretaria con las fotos, puesto que en las fotos aparece con el pelo largo y ahora en la entrevista lo tenía cortito y con mechas más rubias. La impresión fue tan brutal, la erección tan fuerte, que fui a la cama con mi mujer. La desperté y lo hicimos como nunca y “aquello” se mantuvo erecto hasta después de las tres eyaculaciones en veinte minutos. Doy mi palabra que así fue.

-¿Pero que te ha cogido hoy? – me dijo, mi mujer – No sé qué trabajo estabas haciendo en tu despacho, pero has venido embistiendo como un toro. – Te molesta, dije. – No que va. Al principio como estaba medio dormida, pensaba que estaba soñando, y fue maravilloso.

Esto que he contado es rigurosamente cierto, y me paso ayer, y las fotos de la iguana las tengo en mi PC y quizás algún día las publique. Hoy a primera hora de la mañana me llamó el señor el señor X  y me dijo…

– Oye, sé que me puedes “joder” (sabía que tenía los informes, su secre se lo había dicho).

Retomamos la relación comercial y esta vez con unas condiciones de descuentos y pagos inmejorables. Fin, pero ya os seguiré contando.

Autor: Orcim

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Escrito por Marqueze

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