UN HOGAR COMPLETO XVIII

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En este capítulo comentamos como, después de un accidente, Mario es testigo de excepción de las andadas de su criada mayor, Rosa, la de cuerpo voraz y edad adulta.

Tal y como había anunciado, había entrado al semi-retiro, o sea trabajaba aún menos que antes. Así podría dedicar más tiempo a mi cuido personal, y a compartir más con toda la gente que se había convertido en mi círculo de amigos dada la llegada de Rosa a mi casa.

Una de las primeras actividades a las que me avoqué, fue la compra de una casa que estaba al otro lado de mi cuadra, con la que compartía linderos de fondo de patio (como quien dice espalda con espalda), era un terreno chiquito, con una casa pequeña, pero bonita; (para aquellos que conocen San José saben que en el oeste puedes encontrar una casa de un millón de dólares a la par de una de diez mil, y a la par de un sembrado de tomate!!).

Esta casa era parte fundamental de mi plan de solución definitiva para el perenne problema de las criadas o domésticas. Una vez adquirida, traje arquitectos y obreros de construcción para la necesaria remodelación, la cual incluía un portón que comunicaba ambas propiedades. En una que va y otra que viene, fui a "inspeccionar" la construcción del segundo piso (como si yo supiera algo de obras civiles!!), el resultado primario de dicha "inspección" fue una caída desde 3 metros, con las consiguientes quebraduras de tobillo (enyesado por tres semanas) y muñeca izquierda (otras tres semanas de escayola). El lado bueno del asunto es que la inmovilidad forzada me permitió tomar unas vacaciones de mi ajetreada vida, y el lado malo es que pasé en silla de ruedas al menos dos semanas. Aunque tengo que admitir que me divertí como enano jugando por todo el segundo piso con mi silla de ruedas.

Obviamente, todo mundo desfiló por mi habitación a saludarme, desde mi gerente Rodrigo, hasta mis amigas y amigos; incluyendo a la familia de Rosa, Gladys, su hermana y su madre, con la que me había echado el último polvo antes de este accidente, y la grata sorpresa de Adelia y su hermano Ramón, con quien ella ya convivía en términos maritales. Igualmente grato fue recibir las llamadas de mi hermana Lidia y su marido, mi sobrinita querida y su hermano, y mi tía favorita, una vieja loca que tengo como 9 mil años de no verla.

La verdad, fue un descanso, aunque mis habituales amantes (Rosa y su hija Mayra, y Gladys mi estimada rata de biblioteca) decidieron que no estaba en condiciones de recibir siquiera una mamada de misericordia; se desvivían cuidando de mi, como nunca nadie lo había hecho. Gracias a estos mimos, para el final de la segunda semana de convalecencia estaba muy saludable y descansado, pero estaba que me cogía solo de las ganas de tener sexo.

En esas estaba yo mirando por mi ventana de mi habitación (en segundo piso) hacia la piscina, en un mediodía extrañamente soleado y caluroso, en el mes de agosto, cuando la lluvia llega puntualmente a la 1.30 de la tarde, cuando observé la curiosa escena de mi criada bañándose en la piscina, ¡en horas de trabajo!!!. Rosa, que recién se había teñido el pelo rubio, estaba con un vestido de baño bikini tipo hilo dental (colaless), de tela sintética que se transparentaba bastante al mojarse, o sea, aparte de alguna arruguita por acá y allá, se veía soberbiamente putona. La vi acercándose a la pileta con andar de diosa veterana (deliciosa mujer de 50 años), como dando espectáculo. En esas observaciones estaba yo, cuando entra en mi habitación Ángela, mi criada, que era la antítesis de Rosa, baja, culona, tetona, buenas piernas, media gruesa, pero sin rollos; pero más santulona que la Madre Teresa; usaba el uniforme de trabajo de su gusto: blusa de botones y falda por la rodilla.

"Mario, ¿qué mira?, vea que acá le traigo el almuerzo", dijo poniendo la vianda sobre una mesita y acercándose a mi, observando el show que daba su compañera de trabajo. "Eso es lo que quis

iera almorzarme yo!!", le dije señalando a la ninfa cincuentona de la piscina. "Mhja… esa perdida, seguro lo hace para alborotar a los empleados de la construcción".

Y no se equivocaba.

Antes de poder responderle a Ángela, se acercaron a la piscina dos obreros que, extrañamente no participaban del almuerzo con sus compañeros en la construcción vecina, sino que prefirieron la sombra del árbol de mango que, majestuosamente, reinaba en el jardín, desde las cercanías de la piscina.

Las frases gordas no se hicieron esperar: "Ayyy doña Rosa, ¿todo eso es suyo?", "Doña Rosa, de haber sabido que usted estaba mejor que su nieta ni la vuelvo a ver a la chiquilla", "Doña Rosa, ¿no necesita que le hagan un trabajito?, en la casa digo… jaja", "Doña Rosa, venga y la seco con la lengua", "Usted está para comérsela, con todo y bikini, aunque después tenga que cagar la tela", y cosas por el estilo. Rosy, hacía que no los escuchaba, pero lo hacía, y prueba de ello es que no dejaba de exhibirse, entraba y salía de la piscina, moviendo su delicioso culo al subir las escalinatas de la pileta, se sacudía el pelo, se separaba con las manos la tela del hilo dental del culo, en general los tenía ya locos a los dos muchachos.

"Que puta que es!!", dijo Ángela, "mire como ya se les puso dura la cochinada a esos degenerados" me dijo, señalando la entrepierna de los obreros, que ya se estaban toqueteando sus vergas. Ese comentario no hablaba muy bien de la castidad de Ángela, puesto que de seguro tenia rato de estarles viendo las pingas. "Ya me voy…" dijo finalmente, con voz un poco temblorosa. "No, quédate y me haces compañía, quiero ver en qué termina este asunto". Ella me miró y haciéndose la indiferente, me dijo "si usted lo pide, pero esto no puede terminar en otra cosa que no sea el pecado y la lujuria" (no se ustedes, pero a mi las palabras "pecado y lujuria" me suenan tan bien). Dicho eso, volvió a mi lado, y se quedó de pié exactamente junto a mi, que estaba en mi silla de ruedas; por mi mente pasó… "si quisiera tocarle todo ese rico culo me queda perfecto", pero nada más fue un pensamiento.

Abajo en la piscina, Rosa hizo la parte culminante de su acto de seducción. Tomó su toalla, se la puso alrededor del torso, y con diestros movimientos de manos se sacó ambas partes del bikini y las tiró al suelo, recostándose en una tumbona y recogiendo una pierna; de tal forma que se mostrara uno de sus muslos, a los muchachos que la sabían totalmente desnuda bajo la tela.

Mirándolos al otro lado de la piscina, los llamó y les dijo… "Muchachos, ¿no quieren venir a hacerme compañía?". Ni locos ni tontos ambos brincaron a su lado, donde pude observarlos claramente; uno de ellos se llamaba Carlos, era delgado, blanco y de estatura media, el otro era Jefry, más bajo y moreno, un poco gordito, ambos debían andar entre los 18 y 20 años.

Al llegar junto a ella, mi criada Rosa les dijo "ustedes son tremendos, ¿serían capaces de hacerle esas barbaridades a una mujer que podría ser su abuela". Jefry, que era más salido y dicharachero, se agarró la verga sobre la tela del pantalón, y le dijo "Doña Rosa, si mi abuela me parara el garrote como usted lo hace, ya hace tiempo me la hubiera cogido, a la vieja puta esa!!!". Rosa soltó una carcajada y estirando la mano le agarró la verga, que se notaba paradísima bajo la ropa del chico, diciéndoles "entonces ¿Qué esperan?, les quedan veinte minutos antes de volver a la obra!!".

Carlos, que ya se había acuclillado frente a ella con la esperanza de ver algo, se vio recompensado cuando Rosy simplemente se desató la toalla y abrió las piernas, haciéndole el gesto inequívoco de que empezara a chuparle el chochito. En menos de medio minuto ya había empezado la acción. Jefry parado junto a ella, le ponía su pene en la boca desesperada de Rosa, mientras Carlos se deleitaba de mamar semejante manjar rosado; muy similar al de una chiquilla adolescente (hoy en día doy fe de que lo tiene igual de rico que su nieta).

"Vieja chocha, coma verga, que eso es lo que está pidiendo desde hace rato", decía Jefry mientras se movía hacia delante y atrás, penetrando con su corto pero grueso pene a la boca de Rosa. Al rato ella soltaba la verga, y lo masturbaba con fuerza, dic

iéndoles a los chicos. "Ricoo que rico, mámeme el coño cabroncito, que después se lo va a coger todo… tráigame esa verga, que quiero chuparle hasta los huevos maricón". Y seguía en el proceso de mamada.

Ángela, de pie a lado mío, susurraba de cuando en cuando "Que puta… que puta!", como censurando a su compañera en la piscina; pero cuando miré hacia arriba, pude ver una cara más de envidia que de censura, así como el inconfundible sudor e hinchazón de labios que delatan a una mujer excitada, amén de que se le marcaban ya los pezones, bajo su brassier horrible y su blusa no menos espantosa. "Aja…!!! Con que la vieja cabrona se calentó" pensé yo para mis adentros, sabiendo que esta era la oportunidad de oro, para calentar de una vez por todas a esta mojigata de buen culo y prominentes tetas, no importa que tuviera 60 años, esta enana estaba para cogérsela.

"siiii cómame el coño, cabrón chupa más, que ya me vengo playo de mierda, me vengoooo" decía Rosa, mientras Carlos aceleraba la mamada, haciéndola perder el ritmo de la otra mamada, la que estaba recibiendo Jefry. "Ahghgdhghghgahgh, siiiiiii masssss ahghghghg" gritó, mientras se arqueaba del orgasmo en la cara de Carlos.

Sin esperar mucho, el muchacho se quitó la ropa, y sin pedir permiso se recostó hacia delante, metiéndole su largo bate en la empapada vagina. "ayyyy siiiii… métamela cabrón métamela…", y mientras era cogida, aceleraba la mamada, no fuera que se le bajara la verga al gordito dicharachero.

"Chupe puta, chupe verga, que eso es lo que quiero… abuela puta!!!" decía uno, mientras el otro solo le decía "tome abuelita, tome picha por puta… tome picha por puta!!"

Dos o tres minutos estuvieron en semejante movimiento, mientras en el segundo piso yo hacía mi movida: descarada, pero suavemente estiré mi mano, agarrando la pierna de Ángela desde atrás, posando la palma de mi mano en la parte interna de la pierna, empecé a subirla y bajarla suavemente, en una caricia con las yemas de los dedos, desde la parte de atrás de la rodilla, hasta más arriba de medio muslo. Al sentir la caricia, Ángela me volvió a ver, nuestras miradas se encontraron, su cara tenía un gesto de disgusto y lujuria, no dijo nada, simplemente volvió a su vista a la escena de la piscina, pero cambió el peso de las piernas, abriéndolas, siempre de pié, pero abriéndolas unos cuantos centímetros, lo cual era la confirmación de que le gustaba lo que veía y lo que sentía, y de que quería más.

Abajo, ya Jefry había tomado el puesto de penetrador y le metía su gruesa verga a mi doméstica hasta los huevos, mientras que Carlos se hacía mamar la pinga.

"Toma vieja puta, ¿estaba falta de verga?… toma por perra!!" decía el gordito, sin detener la penetración salvaje, como si fuera la primera y ultima vez que cogiera en su vida. Carlos se agachaba y le apretaba las tetitas deliciosas a Rosa, diciéndole cosas en voz baja que no podían ser menos que frases sexuales del mismo calibre.

La mujer no se quedaba atrás, y sacando de su boca el tesoro que no quería soltar, les decía "Maricones, asalta viejas, ¿querían coger?, van a ver lo que es una cogida, maricones!!", y procedió a chuparle los huevos a Carlos, que solo acató a volver la cara al cielo y a poner los ojos en blanco "Siiiii abuelita, siiii que rico mama, mi amor".

Después de un momento, ella se separó de ambos, sentó a Carlos con las piernas abiertas en la tumbona, y poniéndose de cuatro patas siguió la mamada, "deme desde atrás negrito, no pare de darme verga, que me estoy regando"; no había terminado de decirlo cuando el grueso instrumento juvenil estaba penetrándole la vagina, como si fuera una máquina de coser.

Carlos, parecía no aguantar más, así lo anunció, sin embargo Rosa tenía otros planes "no papito, usted se riega cuando yo quiero y como yo quiera. Negro, cambie de lugar con Carlos; usted flaco, agarre ese bronceador de ahí y me lo empieza a poner en el culo, cuando ya esté bien embarrado, me mete un dedito y luego el otro, si lo hace suavecito va a ver que rico la pasa".

Los dos jóvenes se miraron el uno al otro, sorprendidos y encantados, "Esta cabrona abuela de veras quiere picha!" dijo Carlos, mientr

as se ponía abundante bronceador en los dedos, procediendo a masajearle el culo; "Noooo, mi hermanito, que este es el mejor polvo que me he echado en mi vida, esta vieja loca sabe sus cosas!!" le respondió su colega obrero.

En el preciso instante en que le tocaban el culo, sonó un trueno poderoso y se dejó venir la lluvia, en forma de un soberbio aguacero, que los terminó de empapar en menos de un minuto. A partir de ese momento tanto Ángela como un servidor perdimos la capacidad de escuchar algo más que los gritos de Rosa, cuando le estaban metiendo dos dedos en el culo. Sin embargo la lluvia le añadió un toque de sensualidad salvaje a la escena que me hizo sentir aún más fuerte mi propia erección.

Rosa acercó al borde de la tumbona al cuerpo de su gordito amante, y procedió a sentarse en dicha vergota, mientras por señas le decía a Carlos que no parara de suavizarle el culo, que aprovechara el movimiento para hundirle más los dedos en los intestinos. El agua bajaba a chorros por los tres lascivos cuerpos, mientras que Rosa movía el pelo de un lado al otro, no para sacudirse el agua, sino porque su excitación la había llevado a un nuevo orgasmo.

Yo no podía soportar más la erección y traté de sacarme la verga de mi pantalón corto con la única mano que podía mover, por lo que solté la pierna de Ángela para tratar de hacerlo; pero era tal la excitación que no lo lograba, ella se percató de que dejé de tocarla y miró hacia abajo, para darse cuenta de lo que yo hacía; sin decir nada, y con el ceño fruncido, se agachó y liberó mi pene de su encierro, pude ver que se había soltado varios botones de la blusa y que su sostén estaba desacomodado, señal inequívoca de que se estaba toqueteando las tetotas. Me dio un par de sobadas de pinga antes de ponerse de pié de nuevo; solo que esta vez, apenas se puso de pié, abrió mucho más las piernas y tomó mi mano, poniéndola en donde había estado anteriormente. Yo aproveche que la escena de abajo era cada vez más excitante, y finalmente subí mi mano hasta su coño, el cual pude sentir por primera vez.

Tenía unos labios grandes que se sentían acolchados por el calzón de abuela que usaba, y un clítoris que debía ser grandote, puesto que se sentía bajo la tela. Al sentir mi mano invadiendo su entrepierna, Ángela soltó un gemido calladito, aprobando el avance de mi mano; y cuando sintió a mi mano tratando de hacerse lugar para llegar a su peluda panocha, simplemente se metió las manos bajo la falda y se sacó el calzón con facilidad y en silencio, sin siquiera quitar la vista de su compañera de trabajo, permitiéndome masturbarla con plena libertad.

Yo volví a verla hacia arriba y cuando nuestras miradas se encontraron le dije secamente, "sácate las tetas, para que te las toques tranquila, quiero verte manoseándote las tetas", ella me miró, con la misma cara de enojo, pero procedió a abrirse la blusa completamente y a quitarse el brassiere, continuando sus pellizcos y manoseos en semejantes ubres, lo que le producía unos gemidos ahogados bastante excitantes. Al ver las tetas al aire, decidí mejorar la masturbación, penetrándola desde mi posición con un par de dedos, mientras con el pulgar le tocaba la entrada del culo, sin penetrarla. En resumen, la vieja Ángela estaba entregada a la lujuria y al pecado; tal y como yo quería.

Abajo la escena estaba a punto de llegar a su acto culminante, donde Rosa no paraba de ensartarse una y otra vez la verga del obrero, gritando sandeces, mientras le hacía señas al otro de que la penetrara en el culo, en esa misma posición.

Carlos se acomodó detrás de ese delicioso culito, y empezó a penetrarla. Conforme iba desapareciendo su larga picha en el ano de la zorra, ella iba disminuyendo sus propios movimientos, al sentirse cada vez más llena de picha por todos su huecos. Sus gritos los ahogaba la lluvia, pero sus gestos lo decían todo, se estaba acercando inexorablemente al éxtasis final. Carlos gritaba cosas inaudibles, mientras aceleraba el ritmo de la enculada, al tiempo que Jefry solo se dejaba montar por la zorra y le apretaba una y otra vez los pechitos hermosos.

La acción tenía que terminar pronto, los tres rostros eran una obra de arte sexual; los gestos y gritos anunciaban orgasmos por doquier. Y así sucedió. Gracias a tantos o

rgasmos que le he dado a Rosa, pude reconocer los gestos de ahogo y los ojos totalmente abiertos de su orgasmo, aparte de que se tiró para atrás, clavándose ambas pingas con todas sus fuerzas. Inmediatamente Jefry, espoleado por el orgasmo de su amante, empezó a brincar y a temblar incontroladamente, dando signos de alivio, cuando le inundó la vagina de leche a mi amiga. Poco después Carlos, seguro más veterano en las lides, sacó su verga del pequeño culo, y poniéndose de frente a Rosa le ofreció la verga; no más ella la tomó en sus manos, cuando el semen empezó a salir a borbotones de su pene, manchándole toda la cara a la abuela lasciva y dejando caer parte de su leche encima de su amigo, que para ese momento tenía una cara beatífica.

Observando que se acercaba el momento, hacía un minuto yo había acelerado mis masturbaciones a la vagina de Ángela, la cual, apenas observó salir el semen de Carlos, empezó a gemir en susurros, y cerró sus piernas, atrapando mi mano dentro de su vagina. "Ahhhhhhh siiiiiiiiiiii", fue solo un susurro, que dejó ir toda la tensión sexual acumulada desde hace quién sabe cuántos años. Al separar sus piernas pude liberar mi mano, acariciándole el culo, sabiendo que en pocos días iba a cogerme a esta beata sesentona.

Ella, sin decir nada, se puso el sostén, se acomodó las tetas y la blusa, y cuando estuvo segura de que se veía igual que cuando entró a la habitación, me miró, y vio mi pene erecto, rebosando de liquido preseminal, dando pequeños brinquitos de la excitación que tenía. Se agachó, me agarró la verga, y metiéndosela en la boca, me dio una mamada súper suave de diez segundos, al cabo de los cuales le eyaculé abundantemente y sin parar por espacio de un minuto; se la tragó toda y siguió lamiéndome la verga hasta que la dejó limpiecita.

Luego la volvió a poner en su sitio, y me dijo "para que vea que soy agradecida, y que puedo hacer lo mismo que esa otra", dijo señalando hacia donde estaba Rosa, "lo que pasa es que yo no soy una puta, como ella; pero hasta las mujeres decentes tienen sus momentos de debilidad", y se volvió a traerme el almuerzo que estaba más que frío. En ese momento miré hacia la piscina y ya no quedaban más rastros del suceso, que las dos partes del bikini de Rosa, tirados con donaire.

La misma Rosa, entró en ese momento, con un paño en el cuerpo y con otro secándose la cabeza. Ángela se levantó diciendo "voy a ir a calentar esta comida, más tarde se la traigo… me avisa cuando quiera almorzar", y al pasar junto a su compañera de trabajo le espetó por lo bajo "puta!!!", saliendo dignamente por la puerta.

Rosa y yo estallamos en carcajadas incontenibles ante el exabrupto de la mojigata. "Mario, perdón, no sabía que ella me iba a ver; yo quería que me vieras vos; que has estado tan falto de sexo, pobrecito, mi intención es que te masturbaras riquísimo viéndome; jeje, aunque bueno, también tenía días con ganas de que esos dos idiotas me dieran verga!!".

"Tranquila, no te preocupes, yo lo arreglo, solo no le hagas caso a ella, va a estar unos días furiosa contigo", le dije. "Ayy Mario, lo que pasa es que esa vieja quiere que le metan una pinga hasta adentro, eso es todo", dijo mientras salía, para toparse en plena puerta a Gladys quien de inmediato preguntó, "¿Quién quiere picha, Rosy?", habiendo escuchado la última parte de la conversación. "Esa zorra mojigata", dijo Rosa saliendo a vestirse y continuar sus labores al frente del mantenimiento de la casa.

Mi amiga Gladys, aprovechando que no tenía clases esa tarde, decidió visitar a su amante lesionado, Se veía desastrosa, venía empapada hasta los huesos, con la blusa de uniforme empapada y pegada a sus deliciosos pechos, se notaban los pezones parados, duros y oscuros a través de la tela mojada.

Gladys me besó, me tomó las manos y se las puso en su mejilla, en un gesto de cariño que me encanta; pero sus agudos sentidos le hicieron percibir el aroma de jugos de vaginales en mi mano derecha, sin preguntar nada se agachó a mi entrepierna y olisqueó el semen. Levantándose de un salto se me encaró y me dijo en tono de regaño: "¿No quedamos en que mientras convalecías no ibas a coger con nadie?!!, cabrón

desconsiderado!!!, ¿para qué putas te cuidamos tanto, si nunca haces caso?!!!

Una aguantándose las ganas de coger, para que te repongas bien y me salís con esta mierda!!"; de veras se había enojado. "Suave, no dispares, ya te cuento", y procedí a darle la historia completa; al final de la cual, me ayudó a acostarme a hacer la siesta, y mientras se desnudaba para acompañarme me dijo, "Si quieres cogértela yo tengo una idea que puede funcionar". Se acostó desnuda bajo las cobijas y dándome un beso me dijo, "¿no te importa que me masturbe, es que me dejó caliente esa historia?". Yo le sonreí "claro amor, esta es tu cama; por cierto, creo que tengo a la persona perfecta para iniciarte en el sexo lésbico, tal y como me lo pediste, va a tomar un par de semanas más, pero ya no busques más, solo ten paciencia y confía en mí", le dije y me volví de lado, para dormir mi merecida siesta, lo último que recuerdo escuchar fueron los gemidos de mi amante, mientras obtenía su, igualmente merecido, orgasmo.

La historia la seguiré en el siguiente capítulo, les parece?Saludos, si quieren me pueden escribir.

Autor: Cotico tico6013 (arroba) yahoo.com

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Escrito por Marqueze

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