Un nuevo amigo

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Gerardo se arrodilló y empezó a comerme el culo, luego subió con sus mordidas por mi espalda, me abrazó por la cintura, podía escuchar su respiración sobre mi nuca. Acomodó su verga en la entrada de mi ano y empujó hasta que la cabeza de su pija entró completamente, sus manos separaban mis glúteos para facilitar la entrada de su grueso falo, empujó más y logró meter la mitad.

La mitad del año se había acabado y julio se presentaba tan pesado como los meses anteriores, mi aburrimiento aumentaba mientras trataba inútilmente de atender a la clase del viejo profesor de historia, una caricatura del sexagenario que estaba por terminar mi compañero de al lado era lo que me distraía, cuando el profesor se dio cuenta de lo que hacíamos nos regañó y mientras mis compañeros permanecían expectantes a mi reacción, estuve a punto de contestarle pero tocaron la puerta, el viejo profesor se dirigió hacia la puerta y cuando la abrió, la auxiliar de educación estaba acompañada por un muchacho de cabello negro, delgado y piel muy blanca.

Los profesores conversaron entre ellos unos segundos, luego el profesor presentó al nuevo alumno, se llamaba Zacarías, venía de un colegio del cual nunca había oído hablar el profesor le pidió que diga algo pero el muchacho se quedó callado. Parecía estar algo nervioso, solamente miraba el piso, el profesor le dijo que saludara a todos, el muchacho seguía mirando al piso. –Ho…hola-. No dijo más se veía incómodo al estar en frente de todos, el profesor le indicó su lugar, pasó a mi costado cruzamos miradas por unos segundos, se sentó un lugar detrás de mí.

La hora del descanso llegó como un alivio para mí, salí de salón para estirar las piernas y recrear la vista con los alumnos que practican gimnasia, luego del descanso regresé al aula, puede notar que Zacarías no se había movido de su sitio, estaba escribiendo sobre el cuaderno que estaba sobre la carpeta, levantó la vista me pilló observándolo, me puse rojo de la vergüenza, me senté en mi lugar rápidamente. Los días pasaron rápidamente, y Zacarías seguía sin hablar a nadie, me di cuenta que traía una pena consigo y esa era la razón de su misantropía, tenía que pensar en algo para poder conversar con él. Arturo me buscó una vez más, mientras yo estaba en la sala de redacción terminando la última columna de periódico escolar que debía ser publicado el día miércoles.

– Hola, ¿que haces? -Estoy escribiendo, ¿qué, no es obvio?-. Contesté secamente.- Si, claro-. La razón por la que trataba así a Arturo era la forma en cómo me había hablado el día siguiente de que lo hicimos, como ya les conté en uno de mis relatos anteriores.-Sigues enojado por lo que pasó-.-No, por supuesto que no, para que enojarme con alguien que no vale la pena, solo que estoy por terminar y no me gusta que me molesten mientras trabajo-.-Bien entonces te espero-. Tenía ganas de decirle que se fuera pero él lo entendería como que si me afectó lo que me dijo. –Está bien siéntate sobre esa silla y no hagas ruido-.-Ok, como ordenes-.

Mientras redactaba mi informe, no podía evitar mirar de reojo hacia donde estaba Arturo, debo reconocer que es un muchacho muy atractivo, especialmente cuando está recién afeitado, el cabello hacia atrás como se usaba antaño y la camisa blanca que era una talla menos que la de él se le ajusta muy bien al hermoso cuerpo que tiene es una fuerte distracción para cualquiera, Arturo no dejaba de moverse sobre la silla. -¿Puedes dejar de moverte, por favor?, me desconcentras-. –Sorry, es que estos asientos son muy incómodos-.-A mi me parece que están muy bien-.-Si, pero no todos estamos tan bien acolchados como tú-. Entendí su chiste y me causó gracia pero no me reí para que piense que lo que me decía no me importaba.

Arturo echaba un vistazo a las fotos y recortes de periódicos que se encontraban colgadas en una de las paredes de la oficina. Luego que de un increíble esfuerzo de mi parte logré terminar mi trabajo, deje una nota para que imprimieran el periódico, salí de la oficina con Arturo me dijo que lo siguiera y lo hice.-A donde vamos-. Le pregunté intrigado por su actitud tan cortés.- A uno de los salones antiguos, los que usan como almacén, para poder conversar en privado-. Pronto llegamos a los mencionados salones, Arturo golpeó un poco la oxidada cerradura de la puerta y extendió su mano como un ademán para que yo pasara. Cerró la puerta luego de que él pasara y encendió la luz.

-¿Y de que quieres hablar conmigo?

Le pregunté mirándolo a los ojos.-Como te dije el otro día, estuve pensando en lo que pasó entre nosotros y llegué a una conclusión-. -¿Y cuál es esa?, si se puede saber-.-Que no he dejado de pensar en ti, en tu cuerpo…-.-¿Como debo entender eso? -Quiero que lo hagamos de nuevo mañana, no, hoy si es posible-.-¿Qué?, tú dejaste muy en claro las cosas no querías saber nada de mí, por lo tanto es mejor que lo dejemos así-. No podía creer lo que estaba haciendo, estaba rechazando al chico más guapo de la escuela, pero no podía le juré a Gerardo que me entregaría solo a él.

Arturo se molestó por lo que le contesté, me sujetó muy fuerte de la muñeca y me haló hacía su cuerpo, mi cara y la suya quedaron muy juntas, puede sentir su aliento a alcohol, al parecer había estado bebiendo pero no me había dado cuenta.- ¿Qué dijiste?-. Murmuró apretando los dientes. -Suéltame que me lastimas-.-Si no quieres a las buenas vas a querer a las malas-. Llevó mi otra mano hacía su bragueta, pude notar su verga ya dura, Arturo frotaba mi mano por todo el largo de su miembro.

La puerta del lugar comenzó a sonar, Arturo y yo miramos hacia la puerta, él rápidamente me soltó y fue a esconderse tras unas cajas, yo tardé en reaccionar y me quedé en medio de la habitación, la puerta se abrió y el profesor de matemáticas y la de lenguaje entraron besándose al lugar, al verme ahí se separaron rápidamente y trataron de explicarme lo que pasaba, pero yo les interrumpí y les dije que yo ya me iba.

Pude salir de ahí y librarme de Arturo al menos por el momento, me dirigí a los baños para lavarme la cara la sentía hirviendo por lo que ocurrió, cuando estaba entrando observé a tres muchachos en círculo y a uno en el piso, reconocí a este último al instante, era Zacarías, estaba llorando, los otros eran los abusones del colegio y yo los conocía muy bien, Manuel era el líder, Gustavo y Marcelo eran su estúpidos seguidores, Manuel tenía un cuaderno entre sus manos del cual estaba leyendo, los demás reían a carcajadas, Zacarías lloraba desconsoladamente en el piso. -… Es el muchacho más guapo que he visto en mi vida, y creo que también le gusto… jajajajaja-. Me armé de valor y empujé a Manuel a un lado y me incliné para recoger a la víctima.

-Vaya, vaya se juntaron las dos maricas, esto parece una convención-. Dijo Manuel burlándose de nosotros, el otro par de monigotes volvieron a reír.-Es mejor que te calles si no quieres que cuente tu secreto-. Le contesté a Manuel retadoramente, su cara cambió completamente, Gustavo le preguntó cual era el secreto, Manuel se molestó y le lanzó un codazo en las costillas.-Cállate, no le hagan caso… larguémonos de aquí que apesta a marica-. Dieron media vuelta, Manuel lanzó el diario de Zacarías hacia nosotros y desaparecieron tras la puerta.

-¿Te encuentras bien? Le pregunté a Zacarías, él comenzó a calmarse poco a poco.- Muchas gracias por defenderme-.-No te preocupes, entre nosotros tenemos que defendernos-.-¿Los conoces? – Si tuve que lidiar con ellos un par de veces, ya te acostumbraras-. Le ayudé a levantarse y salimos del baño, en el salón seguimos conversando de nuestras vidas y nos hicimos amigos.

La hora de la salida llegó, salí disparado para mi casa, almorcé rápido y me dirigí a la casa de Gerardo, cuando llegué noté que su auto estaba afuera, él estaba adentro. Abrí la puerta con una llave que Gerardo me había dado, lo busque en la sala y no lo encontré, quizás estaba bañándose, no estaba en el baño, camine hacia su habitación, estaba ahí tumbado en la cama acariciándose suavemente la verga, estaba desnudo, en el televisor una película porno estaba proyectándose.

-Te estaba esperando-.-Que bueno que no comenzaste sin mi-.-¿Como podría si tú eres el que me excita, vamos échate aquí a mi lado-. Me quité los zapatos y me acomodé de lado a un costado de él, mientras que con una de mis manos emprendí el viaje por la tupida mata de vellos que cubría el duro pecho de mi amor, él con la suya me acariciaba la cabeza mientras que con la otra se frotaba plácidamente toda su verga, que aunque no estaba en su máxima expresión ya se veía muy grande.

Los personajes de la película estaban en lo suyo: un negro musculoso con enorme polla obscura que introducía en el rosado agujero depilado de una rubia un poco obesa. Mis dedos pronto alcanzaron su tetilla izquierda y jugaron con ella hasta ponerla dura, mi boca también fue invitada a jugar, pasé mi lengua haciendo círculos, le mordí suavemente y logré arrancar un gemido de la boca de mi amado, su verga ya había alcanzado su colosal tamaño y reclamaba mi atención, acerque mi cara hasta el glande y me lo metí a la boca y lo succioné fuerte, otro gemido emitido por Gerardo me hizo detenerme.

-Despacio que me lo vas a arrancar-.-Lo siento seré más cuidadoso-.

Nuevamente mis glándulas gustativas disfrutaron del delicioso sabor a macho que tienen sus huevas peludas, trate de meterme dos a la boca pero era imposible de lo grande que son. –dale quítate la ropa despacio-.Me levanté de la cama, me puse de espaldas a él y comencé a moverme como si bailara y lentamente me quité la ropa mientras Gerardo se daba una paja con mi espectáculo, cuando me desnudé completamente me coloqué en la posición anterior. Gerardo abordó mis nalgas separándolas y apretándolas, su boca también se aunó tratando de penetrar mi hoyito.

Como si fuera un helado mi lengua recorrió la extensión de su miembro, sus dedos ingresaron en mí provocando dolor mezclado con placer que se incrementaba a cada segundo.-Quiero metértela, date vuelta-. Obedecí al instante, me levanté de la cama y me apoyé mis manos sobre ella levantando el culo. Gerardo se arrodilló detrás de mí y empezó a comerme el culo, luego subió con sus mordidas por mi espalda, me abrazó por la cintura, podía escuchar su respiración sobre mi nuca. Acomodó su verga en la entrada de mi ano y empujó hasta que la cabeza de su pija entró completamente, sus manos nuevamente separaban mis glúteos para facilitar la entrada de su grueso falo, empujó más y logró meter la mitad.

En la pantalla, ya en otra escena, dos tíos follaban a una pelirroja por la boca y por el culo y sus gemidos se confundían con los nuestros, Gerardo había comenzado con su mete y saca que me hacía delirar y me preguntaba que se sentiría tener a dos Gerardos que me follaran por el culo y la boca, una embestida me trajo a la realidad, los peludos brazos de mi amante se apoyaron sobre la cama, sus caderas se movían adquiriendo un ritmo circular que yo disfrutaba al máximo.

Sacó su verga de mi y se tumbó sobre la cama quería que me sentara sobre él y así lo hice, mi culo se fue comiendo su verga de a poco hasta hacerla desaparecer entre los pliegues de mi ano, después de poco rato ya estaba cabalgando sobre él, sus manos me sujetaban de la cintura haciendo que me moviera más rápido. La pelirroja en la pantalla ya no gemía sino gritaba, sus dos acompañantes la estaban penetrando por el culo al mismo tiempo, uno de ellos sacó su pija llena de lubricante y comenzó a eyacular sobre la espalda de ella, el otro hizo lo mismo segundos después. Ella se levantó a limpiar las dos vergas, terminó la película.

Gerardo movía sus caderas más rápido su orgasmo fue inevitable, cinco chorros de caliente leche de mi macho se estrellaron contra mis intestinos, sus manos se apoderaron de mi verga y comenzó a masturbarme rápidamente, su verga palpitando en mis intestinos, su semen saliéndose de mi culo y escurriendo por su verga, el movimiento de su mano, era demasiado, casi sentí desmayarme al llegar al clímax, mi semen sobrevoló y cayó en el pecho peludo de Gerardo, sus caderas todavía se movían lentamente, nos miramos a los ojos exhaustos por el esfuerzo. Esperé a que su nabo disminuyera de tamaño para que saliera sin dolor, y eso fue un buen rato.

-¿Estás cansado? Me preguntó con una ladina sonrisa.-Un poco pero valió la pena ¿no?-.-Claro que si mi chiquito-. Se levantó, yo seguía sobre él, me abrazó y me besó.

Fuimos a las duchas donde una vez más le chupé la verga hasta que se vació en mi boca y me tragué su semen caliente. Luego de secarnos y de vestirnos me fui a casa para dormir y prepararme para otro día de estudio y para Arturo que seguramente no me iba a dejar en paz tenía que pensar en cómo evadirlo y más aun después de su ataque. También tenía una conversación pendiente con Zac de quien habría estado hablando en su diario, solo espero que no sea de uno de mis gimnastas favoritos, eso si sería un problema…

Autor: Crazyoutcontrol

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Escrito por Marqueze

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