Un polvo con mi colega

Rebeca empezó a gritar que le partiera el culo, que le metiera mi polla, no me hice rogar, abriendo sus nalgas con mis manos coloqué la punta de mi polla en la entrada de su ano y ayudándome de mis dedos pulgares, la ubiqué para no moverme, poco a poco fui entrando dentro de ella, lento pero sin detenerme llegué hasta que mi testículos tocaron sus nalgas.

Hola, nuevamente Armando, reciban un saludo desde la Ciudad de México, ahora les contaré algo más reciente, aunque tengo pareja y estoy casado por las tres leyes no he dejado de andar de calenturiento fuera de mi cama matrimonial y no es porque mi esposa no me de batalla, pero a veces las circunstancias se presentan para no dejar pasar cualquier oportunidad, digo cuando las ganas de comer se juntan con la hora de la comida ni modo de no darse un atracón.

Esto sucedió en mi trabajo, les hablaré de Rebeca, una mujer casada joven, más que yo, y que por cuestiones de trabajo nos mandaron a hacer una revisión de procedimientos a una sucursal en el norte del país, a Tijuana para ser exactos, la fecha, del 5 al 9 de Febrero de 2007, ella y yo somos contadores, dando un pequeño preámbulo les diré que Rebeca no es ni por mucho la mujer de mis sueños, es de estatura media a baja, tal vez medirá 1.58 o 1.60 de estatura, pesará unos 60 kilos de tez blanca, cabello castaño claro, pero no tiene mucho de atractivo físico, sus nalgas son magras y de tetas será 34 a 36 “A”, pero eso si, es una calentorra de primera, a más de uno en la oficina, como decimos en México “le ha aventado el calzón” y hasta donde se, ninguno le ha dado jalón.

Entre ella y yo no había nada más que relación de trabajo, nunca me pasó por la mente la idea de tirármela, pero como digo, las circunstancias te llevan a no desaprovechar oportunidades. Las primeras dos noches pasaron sin más, después de terminar actividades, íbamos para el hotel donde nos alojábamos, cenábamos y cada quien a su habitación, yo bajaba un rato más tarde al bar del hotel para echarme algunos tragos y ver si ligaba algo, pero no, no hubo suerte, el miércoles 7 cambiaría la historia entre Rebeca y yo, mientras trabajábamos, nos pusimos a charlar de cosas triviales, al principio mezclados con el trabajo, pero poco a poco fue subiendo de tono la conversación, los temas sexuales y las fantasías empezaron a circular en el ambiente, una de esas fantasías de Rebeca, era serle infiel a su marido, y me interrogó si no era una fantasía mía, a lo cual le contesté que no era una fantasía, que era una realidad en mi, ella se quedó con los ojos como platos, me inquirió nuevamente haciéndome la pregunta directa…

-¿De verdad le has sido infiel a tu esposa?

A lo que contesté en forma afirmativa con un movimiento de cabeza. Seguimos en la plática, salimos a comer a eso de las 3 de la tarde y regresamos a la oficina a las 4, poca plática se dio desde el momento que llegamos hasta que salimos de las oficinas de la sucursal, a eso de las 7:30 de la noche, fuimos a donde el hotel y todo parecía indicar que seguiríamos con el ritual de los dos días anteriores, pero esta vez, le dije que cenáramos y fuéramos después a tomar una copa, cosa que aceptó de inmediato.

Entre copa y copa se retomó la plática de la tarde y esta vez ya con los ánimos desinhibidos por el alcohol (no se porque las mujeres se ven más guapas cuando ya llevan unas copas encima, ¿les pasa lo mismo amigas?), francamente con la simple charla se me antojaba darme un buen revolcón con Rebeca y se lo planteé derecho:

-Rebe, quiero coger contigo, ¿pasarías esta noche en mi habitación?

Ella le dudó un poquito, pero creo que las ganas de cumplir su fantasía, aunado a los alcoholes y la conversación tan candente que traíamos, terminó diciendo que si, sellando la aceptación con un beso muy sabroso.

Terminamos las copas que teníamos en la mesa y subimos a mi habitación, apenas entramos nos deshicimos en besos y caricias por todos nuestros cuerpos, arrancando prácticamente nuestra ropas, cuando estuvimos solo en ropa interior, la recosté en la cama, ella se dejó hacer, fui recorriendo con mis labios y mis manos desde la punta de sus pies poco a poco hasta llegar a su zona pélvica, la volteé boca abajo y reinicié mi camino desde sus talones hasta sus nalguitas, lamiendo, mordiendo cada palmo de su piel, con toda calma, acompañando a mi boca con mis manos, ese día traía una tanga negra de tela satinada que se podía apreciar en el medio de sus nalgas, no tenía la suficiente carne como para cubrirla.

Me dediqué a morder, besar, acariciar cada centímetro de sus nalgas, aparté la tela de en medio y con mi lengua fui hurgando hasta llegar a su ano, con mis manos separé sus piernas y pude tener también a mano su vulva, que se presentaba sin un vello, estaba totalmente depilada, mi lengua recorría sus labios superiores, invadiendo la entrada de su vagina por momentos y centrándome en su ano, mis manos recorrían sus nalgas, su espalda y se hundían entre la cama y ella para aprisionar sus tetitas, apretándolas, cada vez que hundía mi lengua en su vagina o su ano, Rebeca no tardó mucho en llegar a un orgasmo que llegó suave, ahogado por las almohadas y la colcha de la cama.Me acomodé al lado de ella y seguí acariciando a todo lo largo que abarcaba mi mano izquierda, mientras mis labios besaban, su nuca, su cuello, el inicio del mentón y su oreja izquierda, Rebe seguía disfrutado de las sensaciones que su orgasmo le estaba prodigando.

Pasaron tal vez cinco minutos antes de que Rebeca se volteara hacia mi, me tomó por el cuello y me besó, sus manos comenzaron a recorrer mi piel por todos lados mientras nuestros labios y lenguas no dejaban tiempo para decir nada, ella comenzó a recorrer con su labios mi cuello y pecho tomando el mando de las acciones, me recosté sobre mi espalda dejándole hacer, sabia muy bien lo que hacia, (soy muy sensible en mi zona abdominal y vientre bajo, me desarman cuando me besan o muerden esas zonas), ella notó lo que provocaba y no dejó de hacerlo por un buen rato, mientras con una de sus manos me hacía una pajilla muy suavecita, se colocó sobre mi haciendo un 69 y comenzó a mamar como si en ello se le fuera la vida.

Yo me daba gusto con su vulva y clítoris, que de vez en vez destilaba gotitas de flujo que caían en mi cara y cuello, yo estaba por correrme, le avisé y lo sacó de su boca pero siguió pajeándome con fuerza y uno tras otro cuatro chisguetes de semen fueron a parar en su cara mientras ella hundía su pelvis en mi cara, chupó lo último que salía de mi pene y después lo mamó completo dos veces más.

Se paró de sobre de mi y limpió el semen de su cara con los dedos para después limpiarse en la colcha de la cama, me dijo que aunque no le desagradaba el sabor del semen le provocaba asco su consistencia, nos pusimos a charlar un rato mientras nos seguíamos besando y acariciando, pronto estaba listo para la siguiente batalla.

Rebeca me dio una pequeña mamada, solo para ponerlo a punto más rápido, me pidió que la penetrara estando ella boca abajo, le dije que se pusiera una almohada bajo el vientre para que levantara un poco el trasero, así lo hizo, tras pajearme unas dos o tres veces y ponerme un poco de saliva y darle unos lametones en la entrada de su vagina, coloqué mi pene en la entrada de su conchita y se la dejé ir poco a poco, ella levantó aun más su trasero para que pudiera ir aún más profundo, comencé a bombearla lento pero pronto lo estaba haciendo a toda velocidad.

Rebeca, gemía y hundía su cabeza en la cama, me acomodé con mis piernas a sus costados haciéndola que cerrara sus piernas y volví a penetrarla, esta vez tenía las manos libres para acariciarla y abrirle las pocas nalgas que tiene para ver su ano y acariciarlo con los dedos pulgares, esto se vio que le provocó sensaciones fuertes pues se aferró de la colcha con fuerza y empezó a gemir más fuerte, seguía penetrándola con fuerza, dejándole la pija dentro apretándome contra ella, la sacaba por completo y de nuevo se la dejaba ir a fondo, sentí que se venía, los movimientos de los músculos de su vientre me lo anunciaron apretando y aflojando, abrazando mi pene suavemente, en uno de esos momentos que se aflojaban sus músculos metí uno de mis dedos pulgares en su ano, no dejé de meter y sacar mi pene, aunque Rebeca estaba que se volvía loca en el medio de su orgasmo, mi dedo pulgar no dejaba su lugar en su ano.

Le saqué el pene y comencé a lamerle el ano y darle dedo, Rebeca no puso ninguna objeción a lo que estaba haciendo, por el contrario paro aún más su trasero para dejarme hacer pronto tenía mis dos dedos pulgares dentro abriendo su ano y entre ellos intentaba meter mi lengua, saqué mis dedos y mi lengua ocupaba su lugar, Rebeca empezó a gritar que le partiera el culo, que le metiera mi polla, no me hice rogar, abriendo sus nalgas con mis manos coloqué la punta de mi polla en la entrada de su ano y ayudándome de mis dedos pulgares, la ubiqué para no moverme, poco a poco fui entrando dentro de ella, lento pero sin detenerme llegué hasta que mi testículos tocaron sus nalgas.

Rebe, estaba chillando, diciendo cuanto improperio se le ocurría, pero más que querer sacarse mi pene de ella se apretaba aún más contra mi, me quedé sin moverme viendo el espectáculo de ese culo totalmente empalado, comencé a moverme jalando a Rebeca por su cadera, Rebeca gritaba más que gemir, seguro nuestros vecinos de habitación no podían dormir, antes no nos fueron a decir nada los de la administración, la sujeté por los hombros y dejaba irme con todo mi peso dentro de su culo para casi sacarla por completo y volver adentro sin ninguna contemplación, por momentos me movía dentro de ella lo más rápido que podía, era totalmente morbosa la visión de ver un poco de piel que salía fuera de su ano abrazando mi pene, y me invitaba a meterla y sacarla aún más rápido, no pude resistir más y me vacié en su intestino dejando me caer sobre ella, me quedé así por varios minutos, estaba cansadísimo.

Cuando hube calmado la respiración y el acalambramiento que sentía en la cintura, le saqué mi ya morcillota polla y me recosté a su lado, Rebeca tenía los ojos cerrados y algunas lágrimas lucían escurridas por la nariz y mejillas, la besé y me quedé dormido unos minutos, no había prisa por ir a ningún lado, esa noche al menos era para nosotros.

Cuando desperté, Rebe estaba acostada a mi lado recargando su cabeza contra mi pecho y hombro, esa noche lo hicimos dos veces más por todos lados, su vagina también tuvo su ración de mi leche, no estaba en periodo fértil y no había bronca.

El jueves también dormimos juntos y tuvimos una muy buena sesión de sexo.

Nuestra relación laboral no cambió en mucho, tal vez existe un poco más de cercanía y confianza, pero nada más, se puede decir que todo quedó en las paredes de ese hotel de Tijuana, pues no ha habido de parte de ella ni mío el hecho de que sugiera una nueva oportunidad de estar juntos y creo que mejor así, simplemente fue el momento y lo vivimos muy intensamente, simplemente se presentó la circunstancia ideal y ambos la aprovechamos.

Autor: Armando

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Escrito por Marqueze

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