UN SIMPLE ESPEJO II

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Cómo antes lo había mencionado, nuestros constantes encuentros nos hacían descubrir sensaciones nuevas y placenteras. Decir que yo le enseñaba todo sería por demás deshonesto y machista. También yo aprendía de ella y de las sensaciones que ella me procuraba con tanta dedicación. Eso es lo satisfactorio de hacer el amor (OJO!, no dije sexo)…si uno siempre procura mantener esa curiosidad por las diferentes formas de procurar placer a su pareja, a la persona amada, siempre habrá algo novedoso que descubrir y por ende que recibir…

Mientras la tenía de pie ante mí, no pude sino detenerme por un instante a contemplar lo bella que era. Sus ojos color caramelo clavados en los míos, a la expectativa de mi siguiente movimiento. Se mostraba inquieta… más bien ansiosa de lo que vendría después. Me acerqué muy lentamente a ella, sintiendo claramente su cálido aliento sobre mi pecho desnudo, me pegué a ella, y sin mover mis brazos, rocé su mejilla con la mía, lo que provocó que un dulce suspiro saliera de su garganta. Aspiré con parsimonia el aroma de su cabello sedoso, perdiendo mi nariz entre su perfumada sedosidad. Ella, por su parte, pareciendo adivinar mis deseos, pasó a deslizar sus labios carnosos a lo largo de mis clavículas, sin usar sus manos … al igual que yo. Sus deliciosos gemidos me inspiraban a mover mis labios sobre sus hombros como delicadas pinceladas sobre el lienzo de su piel tan tersa.

Atrapando muy delicadamente el fino tirante de su vestido con mis dientes, lo deslicé paulatinamente hacia afuera entre beso y beso durante el trayecto, hasta hacerlo caer por el hombro. Moví en la otra dirección recorriendo lentamente sus finas clavículas con mi boca, dejándola sentir mi aliento, quemándola como un dragón enamorado y haciéndola temblar mientras ella tenía la cabeza echada hacia atrás con los ojos cerrados. Mi toque era tenue, casi imperceptible, pero en ella parecían sensaciones masivas que descendían sobre su vientre como una avalancha, haciéndola ondular su cuerpo muy levemente.

Cuando llego al otro lado de su delgado cuello, sus manos no pueden evitar posarse en mi pecho y acariciarme con inquietud, resbalando sus bien cuidadas uñas por mi torso, arañándome con una suavidad alucinante, causándome un enloquecedor cosquilleo. Mi boca captura el otro tirante entre los dientes e inicia su inevitable viaje sin regreso. Mi aliento cálido baña su piel nuevamente y ella enloquece, llevando ambas manos a mi espalda y apretándome contra su frágil cuerpo.

En ese momento levanto la mirada y detrás de ella veo reflejada la imagen de una hermosa mujer con enloquecedoras formas y espalda semidesnuda, cierro los ojos nuevamente mientras mi lengua hace caer finalmente el otro tirante por el abismo de piel que no puedo evitar besar con ternura. Ella se estremece visiblemente al sentir el filamento cayendo por su brazo. Mis besos, siguiendo la misma ruta, llegan hasta la flexura de su codo, donde me adentro por la parte interna de su brazo, que inconscientemente ella eleva lentamente para dar cabida a mi exploración.

Mi lengua decide reconocer el terreno tan querido, dejando un trazo húmedo y a la vez candente que llega hasta el perfectamente depilado y perfumado hueco de la axila. Cómo cuida de su cuerpo, de cada pequeño rinconcito, como queriendo que todo sea agradable para mí. Esto es un halago que me lleva a ser más profuso con mis caricias orales, haciendo que me aventure a morder levemente los pliegues de dulce piel, lamer los rinconcillos, oler la feminidad que irradia poderosamente. No puedo negar que por momentos aprieto mis puños conteniéndome de tocarla descontroladamente, pero sus gemidos, tan suaves, revelando el placer de sentirse explorada así, me ayudan a controlarme.

Mis labios, mis mejillas, mis pestañas se prestan a dar leves caricias que la hacen gemir al rozar su pecho cada vez más agitado conforme desciendo. Bajo pausadamente mientras siento con claridad los latidos cada vez más fuertes en mi pecho, anticipando la llegada a áreas más anheladas, más sensibles. Oi

go sus jadeos que revelan su goce al ser tocada como nunca antes.

Llego al medio del terso pecho y …no puedo evitar la sorpresa, al sentir las cálidas redondeces de sus senos acariciando mi rostro…no traía puesto el brassiere. Se de sobra como le molesta no usar interiores y que sus pezones se revelen bajo la ropa. Yo estaba convencido que estaría usando uno de esos brassieres sin tirantes, pero no, esta vez no traía la prenda…era un regalo de ella para mi. Emocionado subo y me acerco a su rostro cálido y busco su boca temblorosa y la beso profundamente en agradecimiento, instante en el que ella aprovecha para liberar sus brazos, dejando el vestido colgar desde su cintura.

Siento sus pezones quemantes chocar mi piel, lo que para momentáneamente mi respiración. Como podría un hombre dejar pasar la oportunidad de gozar de este homenaje, de esta adoración por el cuerpo de una mujer, su mujer? En silencio, me felicito por haber sabido esperar estos minutos en lugar de lanzarme encima de ella como una bestia cargada de testosterona. Que poco viven aquellos que creen que la culminación del sexo simplemente está en llegar al orgasmo luego de copular furiosamente. Cada minuto en este preludio solo multiplica por 100 lo que ha de venir después.

Me aparto de ella por un instante y abro los ojos. Que visión! Tan bella ella, mirándome casi con timidez pero mostrando con muy sutil orgullo sus hermosos pechos erguidos, tiernos e invitantes agitándose al ritmo de su respiración.

Me acerco nuevamente y en una cadena de besos húmedos que descienden desde su cuello hasta el centro de su pecho tan turgente, me hinco ante ella, que levemente me envuelve con su cuerpo. Mis labios recorren desesperadamente despacio los costados de sus senos, delimitándolos. Por momentos clavo levemente los dientes en esos dulces frutos, deleitándome al observar como se yerguen aún más sus oscuros pezones. Mis besos y mordidas hacen círculos cada vez más pequeños alrededor de esos botoncitos, acercándose más y más a ellos.

Oh! Me enloqueces así, – hablando en un tono lánguido y sugerente – ¿Te gusta hacerme sufrir, no es así? Quieres que deje de hacer esto? – pregunto divertidamente.

Nnnoooo…sigue así. No te detengas – suplica ella – Haz de mi lo que quieras…

Levanto la mirada mientras abro levemente mi boca bañando con mi aliento caliente la piel de su seno. Me acerco inminentemente a ese pezón que se me ofrece. Justo en el instante previo a querer saborearlo, gozo al observar como entorna las cejas como un leve signo de congoja en su rostro si no cumplo con lo que mi boca promete. Parecen minutos, no fracciones de segundos. Finalmente rodeo ese delicioso botoncito de carne oscura con mis labios …

Ohhhhhhhhhhhhhhh- ella deja escapar un profundo gemido mientras cierra los ojos.

Mi lengua húmeda hace círculos alrededor del pezón que se endurece más y más. Sus manos toman mi cabeza y me acogen contra su seno.

Tocame, por favor, tócame – suplica ella – no me tortures más…

Mis labios succionan sonoramente, denotando la tremenda humedad de mi boca. Siento que sus manos me guían hacia el otro seno, que añora también un poco de atención. Me maldigo a mi mismo por no poseer dos bocas para amarla mejor.

Mis manos, que hasta el momento estaban inactivas pero no insensibles a su provocación finalmente se mueven tratando de llegar con un leve toque hasta lo mas alto de su espalda desnuda. Llego a tocar sus pequeños omóplatos que saltan al sentirme, como si una corriente de aire frío la hubiera rodeado. Bajo suavemente rozando, provocando y ella no puede evitar moverse como un serpiente. Mi boca no ha abandonado su labor, pero mis manos la atacan simultáneamente por otro frente y ella parece destinada a ser derrotada por el placer. Desciendo una mano y toco sus empeines, suaves delicados, deslizo una mano hacia arriba y nuevamente me lamento de no tener dos manos manos más para tocarla mejor. Ella se contonea sensualmente, dejando escapar gemidos tenues.

Con una mano hago descender el pequeño cierre que evita que el vestido caiga. Me distancio levemente de ella para observar como este desciende vaporosamente alrededor de las piernas torneadas que ella luce sin vanidad alguna.

Arrodillado la circundo y usando mis dientes jalo hacia abajo un lado del la brevísima braga de hilo dental que ella luce, mientras mis labios y mi mejillas rozan su piel. Tomo luego el otro lado y así voy alternando hasta que finalmente llega hasta las rodillas desde donde ella lo hace caer en un coqueto movimien

to de sus lindas piernas.

Desnuda, si, completamente desnuda y a la vez vestida con su mejor traje… Por un instante titubeo al observar semejante hermosura de pie ante mi. Por que tuve tanta suerte? Como pude conquistar a una criatura tan cautivante? ¿Sentirá ella lo mismo por mi?. Su calida sonrisa me da la respuesta. Me toma del rostro invitándome a levantarme y me abraza, me quema con su piel.

No te muevas – la oigo decir – dejame a mi hacerlo ahora…

Sin separarse de mi rozándome con sus pechos, sus muslos, me rodea, me abraza, me provoca hasta finalmente sentir si pelvis presionando contra mis nalgas tensas a su contacto. Sus brazos me rodean y veo sus manos acariciando mi pecho al momento que percibo sus pezones casi arañando mi espalda. Decido cerrar los ojos y abandonarme a su voluntad…

Sus manos descienden hasta mi cinturón y en hábil maniobra, libera la hebilla…

Siento sus finos dedos introduciéndose bajo el pantalón y el elástico del calzoncillo, jugueteando levemente con mis vellos púbicos y rozando la inhiesta raíz de mi sexo. Me estremezco con su jugueteo.

Sube las manos nuevamente y solo se oye el sonido del cierre descendiendo y los besos en mis hombros. Rodea mi cintura con sus manos y moviéndolas hacia abajo hace que mi pantalón caiga a mis pies. Vivan los pantalones sueltos! Se ha arrodillado detrás mío y sus manos se han introducido bajo la tela del calzoncillo por la aberturas de las piernas. La siento observarme y luego acariciar mis nalgas dándome leves pellizcos. Gira las palmas y me acaricia ahora con el dorso de sus dedos y súbitamente… junta sus manos introduciendo la tela entre mis nalgas, exponiendo mis glúteos. Siento su aliento caliente sobre ellos y súbitamente, una leve pero incitante mordida que me hace contraerme. Luego otra, y otra. Juguetea conmigo del mismo modo que lo hice con ella torturándome al ocultarme lo que haría seguidamente.

Siento la piel de la zona deliciosamente a su merced. Nunca nadie me había tocado allí y de esa manera. Un poco de nerviosismo, pero a la vez deseo de descubrir lo que ella quería hacer. Tira de la prenda hacia abajo y me deja ahora completamente expuesto, tal como ella.

Se pone de pie, y me hace girar. Nos besamos con todo el cuerpo, si se puede entender la expresión… Nos abrazamos, perdemos en caricias y suavemente me siento al borde de la cama con ella a horcajadas sobre mis piernas. Podemos sentir claramente el roce de mis ariete sobre su vulva bañada en jugos. Pero no hay prisa, nos besamos, jugamos con el roce de nuestros cuerpos como solíamos hacer al inicio, cuando nuestras ropas estaban de por medio.

Tomándola de la cintura, me pongo de pie, giro y la deposito a ella sobre la cama. Ella sin esperar mas abre sus muslos para darme la bienvenida y yo acaricio sus piernas cautivado por esa visión. Mis manos descienden hasta sus pies, y delicadamente remuevo la correa de uno de los zapatos de taco alto que aun llevaba. Acaricio la planta y admiro la suavidad y el cuidado que le da. Perfecto, suave, con aroma a recién bañada, sin ningún aspecto que pudiera producir alguna reacción distinta a querer acariciarlos, adorarlos. Así, empiezo a rozar el arco de su pie con mis dientes, cosa que la hace estremecerse. Beso, sus deditos, tan bien cuidados, muerdo el talón, perfectamente terso y liso. Sus ojos no pueden evitar cerrarse al sentir el dedo gordo introduciéndose en mi boca.

Hay tanto que se puede hacer cuando una mujer cuida de su cuerpo como ella!

Sin soltar este pie, libero el otro de su prisión de calzado y lo acerco también a mi rostro. Me pierdo llenando las suaves plantas de sus pies con besos y dibujo sus bordes con suaves mordidas. Sus gemidos alcanzan una intensidad que a mi mismo me sorprende. Ella no conocía esa faceta de si misma, esa extraordinaria sensibilidad que la hacia estremecer completamente. De reojo pude percibir un indiscutible flujo que brotaba de su vulva entreabierta y la dejaba brillando de humedad, humedad que sentía llenaba también el interior de mi boca.

Me atreví a morder suavemente su tendones de Aquiles, tensos, temblorosos. Sus gemelos, sus pantorrillas. Los sonidos inteligibles que salían de su garganta me recordaban lo que oía cuando mi lengua se encontraba enterrada en esa linda flor cubierta de rocío que ella esconde entre las piernas. Podía darme cuenta que no faltaba prácticamente nada para que llegara al clímax.

Mi avance la trastorna… haciéndola contorsionarse en el lecho como si sufriera un dolor indescriptible. Pero su rostro no muestra dolor, sino un total aban

dono al placer…

Ohhhhhhh, Ahhhh, ahhhh, mmmmm – mordiendose el labio inferior con fuerza, mientras que sus uñas se clavan violentamente en la cama.

Aahhhhhhhh, – cuando mis labios apresan uno de sus labios menores y tiran de el suavemente en un movimiento de succión.

Ella alcanza la cúspide y no hay marcha atrás. Y como un ave salta al firmamento para desplegar sus alas y deslizarse entre las corrientes de placer que la rodean.

Gozo viéndola así, dejándose llevar por el placer. Esa es mi forma de realizarme como hombre llevándola a esos limites de goce. Haciéndola buscar esa dulce tortura, queriendo asfixiarse de pasión… Tal pareciera que uno quisiera morir en un orgasmo para renacer minutos después en brazos del ser amado. No puedo evitar que la imagen de un ave fénix se grabe en mi mente en ese instante.

Los espasmos en ella ceden lentamente, dejándola letárgica, adormilada. Aunque puedo aun ver el casi imperceptible rítmico movimiento que sus caderas, como si tuvieran iniciativa propia.

La contemplo así por unos segundos, admirándola y dándole unos segundos para que descienda levemente del pico orgásmico en que estaba… y nuevamente me lanzo decididamente al hermoso abismo de su feminidad.

Uhhmmmmm – exclama al momento de arquearse abruptamente.

Ella entierra sus dedos en mi cabello, acariciándome. Yo cierro los ojos dejándome emborrachar por su esencia y el perfume de mujer que ella emana…cierro los ojos….

Mis sienes palpitan con violencia inusitada. Puedo oír mi pulso retumbando en mis oídos, pero a pesar de todo, no es lo suficientemente intenso como para acallar sus gemidos delirantes…

Cólera, ira, dolor…un vacío enorme acaba de horadar mi pecho y es ella quien lo causa.

La veo allí, en el mismo lecho en el que compartimos tanto…

Ella gozando…pero entregada a otro. ¿Como es posible? ¿Como pudo ella? ¿Por que? ¿Que hice mal?

Me he acercado, sin pensarlo a ellos, casi tocando el borde de la cama, viendo de cerca la manera en que él la hace delirar. La cabeza de él enterrada entre sus muslos que parecen querer atenazarlo, fundirlo ahí. Ella frota furiosamente su vulva contra el rostro de él, pero antes de alcanzar a verlo, ella me nota allí, de pie, adolorido… y me mira sorprendida al inicio. Luego dibujando una sonrisa que por instantes es interrumpida por muecas de placer, me tiende una mano…

Tu fantasía se va a hacer realidad, tesoro…- dice con voz calida.

A pesar de la situación, no puedo evitar dejarme atraer por ella y recibir su beso. Confundido la miro interrogante y ella con gesto leve de su rostro me indica que mirara al intruso que aún en ese instante sigue haciéndola estremecerse de placer. Lo veo con el rostro hundido en ella, quien suavemente tira de su cabello para que nos vea y quedo paralizado…

Soy yo, mi rostro, mis ojos, mi cuerpo,…mi mujer. Recién en ese instante entiendo y percibo…

Me veo también casi echado al lado de ella, sintiendo claramente en mi nuca mientras la mano de ella acariciando la de el. Siento en mis labios el beso húmedo que ella le da. Siento el sabor embriagante de sus fluidos vaginales, mientras me veo a mi mismo con el rostro perdiéndose entre los anhelantes muslos de ella. Y comprendo …

El deseo tan intenso de procurarle placer, de darle todo, ha hecho posible que un simple reflejo cause esta alucinación. Por un instante mi cordura de apodera de mi y me recrimina que estoy perdiendo la razón. Pero ella, su cuerpo me hacen desechar rápidamente esos pensamiento y me dejo llevar…

El cuerpo de ella se estremece descontroladamente ante las caricias que dos cuerpos que ama le dan. No hay tregua, no hay descanso, no hay área sin tocar, sin gozar, sin saborear, solo placer, como nunca antes. Ella siente y goza por primera vez lo que es ser poseída en forma avasallante, abrumadora, casi atemorizante pero cierra los ojos, comprende y sonríe y su cuerpo se dedica a gozar. Rodamos en el lecho y ella queda encima de uno de nosotros cabalgando hermosamente como una amazona. El galope se torna intenso haciendo los cuerpos sudar. Ambos centran sus sentidos en el movimiento preciso y acompasados de sus sexos que están bañados de néctar.

Me aproximo y beso la espalda de ella mientras mi otro yo se apodera glotonamente de sus pecho oscilantes. Los trato de engullir y no me es posible, pero el esfuerzo y ansia de querer abarcarlos todos la enloquece. Da un respingo abrupto al sentir mi mordida en la parte baja de la espalda. Mis manos acarician sus glúteos, su espalda sus senos,

sus muslos jugosos, todo a la vez. Siento como su fina mano se trata de apoderar de mi verga que hace rato percibe las sensaciones calidas que mi otra parte esta gozando. Las sensaciones son demasiadas, tremendas, pero aun así queremos más…

El movimiento de vaivén de mi pistón acariciado por su mano me incita a buscar su piel con la mía y mordiendo suavemente su nuca, me sitúo detrás de ella, envolviéndola con mi cuerpo.

Ahhhhhhhhhhhhhh – ruge ella al sentirse deliciosamente atrapada entre dos cuerpos que tanto desea – siiiiiiiiii

Mi verga amoratada ya por la terrible erección se sitúa en ese delicioso surco formado por sus poderosas nalgas. Ella mueve en forma terriblemente lujuriosa ese culo para enterrarse con más intensidad el grueso mástil que cabalga, pero a la vez permite que mi otro ariete se deslice deliciosamente entre sus medias lunas.

Mmmmmmmm- gime ella, mientras gira la cabeza, buscando mis labios. – Soy tuya, mi rey, enteramente tuya…

La beso, perdiéndome en su boca deliciosa. Masturbo mi lengua con la suya y me puedo oír jadear con fuerza, debido a los enérgicos movimientos de mi pelvis llevan la punta de mi cilindro desde su vulva ya ocupada hasta el mismo nacimiento de su espalda…

Dámela….dámela- gime ella – ahora

Que? – incrédulo- espera un poco que te relaje un p…

Nooo! No quiero esperar más – exige ella con voz delirante, pero decidida – quiero que me encules ahora!!!

Me yergo levemente y desciendo lentamente mi mástil a lo largo de su raja empapada. A la vez mis movimientos de bombeo debajo de ella cesan y me concentro en succionar con fuerza sus pezones hinchados.

Mmmmmmm- gime ella , sintiendo sus senos atacados, mientras que mi glande casi llega a la altura de su anillo apretado. – Siiiii

Dámelo rico, amor – al sentir la presión de mi tronco contra su ano tenso pero ansioso.

Presiono con poca fuerza y ella lo hace a su vez hacia atrás…

Plop! – haciendo que el glande atraviese la abertura en un solo pero decidido movimiento.

Asiiiiiii, Mmmmmffff – tensando el cuerpo pero proyectando el culo más hacia atrás para facilitar la penetración.

Empuja…empálame toda – gime ella – hazlo, sin miedo…

Y tomándola por los hombros, abrazando su cintura a mi y enterrando aun mas mi otro mástil en su conchita, tomo impulso e incrusto entre los cachetes de su adorable culo el ariete que tanto suplica.

Ahhhhhhhhh, Mmmmmmm, asiiiiiii – exhala ella fuertemente – dame asiii, ricoooo

Nuestros cuerpos se mueven ahora en forma intensa, al ritmo frenético marcado por ella. Las sensaciones inauditas nos hacen cerrar los ojos y gozar, visualizando el alcance de la cima de la montaña rusa que nos lanzara inmisericordemente hacia el infinito descenso de este orgasmo.

Ohhhhhhhhhh, aaaaaaaaahhhhhhh, mmmmmmmmmmm – al unísono, mientras los músculos se contraen al borde de acalambrarnos – ufffffffffffff, siiiiiiiii!!!!!!

La habitación parece girar vertiginosamente a nuestro alrededor mientras caemos en los estertores del clímax. Nuestros cuerpos caen sobre la cama, sudorosos, relajándose. Lentamente, los sonidos se acallan, las luces se apagan y llega el reposo, el sueño…

Mis ojos se abren lentamente y las luces que pasan a través de las cortinas hieren mi vista. Me siento sudar, echado de lado, detrás de ella, mi mano rodeando su torso, atrapada entre las suyas contra sus senos calidos.

Mmmmm- la oigo gemir a la vez que siento que mueve su trasero contra mi.

Me doy cuenta que mi verga semierecta esta ensartada entre sus adorables nalgas. Siento esa típica hipersensibilidad en mi verga luego de una eyaculación profusa. Puedo sentir el semen derramándose entre ambos desde su esfínter.

Mmmmmmm, hola cielito – me dice ella, perezosamente – ¿te despertaste ya?

Si, amor – contesto yo, dándome cuenta que solo ella y yo estamos ahí…

¿Soñaste rico, verdad? – denotando en ella un tono pícaro.

¿Como sabes?- esbozando un sonrisa

Un pajarito ensartado en mi ano me lo dijo – contesta ella, meneando mi verga con su culito respingón.

¿Por que no me despertaste? – le pregunté

¿Para que? – contesta ella – se te veía tan lindo … y …se sentía tan rico que no quise quitarte la inspiración. Además me encanta que aún en tus sueños me quieras hacer el amor.

¿Quieres que te cuente que soñé?

No, después…prefiero que ahora me lo demuestres – Mirándome ella reflejado a través del espejo

con una mirada picara. – Si así me haces sentir cuando estás dormido, no me lo quiero perder cuando estás totalmente despierto.

Y esbozando una enorme sonrisa por el espejo entierro más profundamente mi verga en ella que ríe mientras se arquea hacia mi..

Autor: Shogun

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Escrito por Marqueze

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