Una cana al aire

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María vio el autobús, les dedicó una corta sonrisa y luego continuó mamándome la verga, hasta que sentí un deseo de venirme dentro de su boca, yo pensaba que lo más probable al sentir ella mi leche en su boca la escupiese pero en esos momentos me produjo el más grato de los placeres al chuparse completamente toda mi verga y tragándose, creo yo, hasta la última gota de mi leche.

Desde temprano en la oficina me había decidido a que esa noche me iría de farra con una puta, por lo que llamé a mi esposa y le salí con un cuento chino de que debía ir a realizar una auditoría de sorpresa a una de las sucursales de mi empresa, ya que a mis manos me había llegado evidencia de que el gerente de esa sucursal estaba haciendo manejos turbios, y que hasta era posible que se relacionase con el lavado de dinero procedente de un negocio de apuestas o peor aún, de un negocio relacionado con el bajo mundo de la droga.

Marta, mi esposa, de inmediato me pidió que me cuidase mucho y que no fuera a tomar riesgos innecesarios, que por que mejor no dejaba eso en manos de la policía, a lo que yo le respondí que ya estaba en las manos indicadas que yo solamente los acompañaría para identificar las cuentas de la empresa y aprovechar la situación para auditar al granuja ese, con todo el apoyo de la ley. Una vez que le indiqué eso me preguntó a que hora regresaría, a lo que yo tristemente le respondí que probablemente al día siguiente, tras lo cual me envió un beso por la línea telefónica y colgamos.

El resto de la tarde me la pasé pensando a donde iría, si al sector de los muelles, a uno de los hoteles de lujo, o me metería en uno de esos bares baratos, o mejor aun la levantaría en plena calle. Esa tarde se la di libre a mi secretaria con el mismo cuento, ya que seguro mató a confianza y no fuera que mi mujer llamase a mi secretaria para darme algún mensaje de última hora y me agarrase en la jugada, cerré mis oficinas temprano y por aquello de una mayor seguridad me dirigí a rentar una auto dejando el mío en el estacionamiento de mis oficinas.

Ya comenzaba a oscurecer cuando comencé a circular por los distintos sectores donde todo el mundo sabe que es altamente frecuentado por ese tipo de damas, todos menos la policía, por suerte. Luego de pasear un buen rato por los muelles desencantado de lo que vi me dirigí a varios de los principales hoteles y por poco meto las patas, ya que había puesto mis ojos en una joven mujer que se encontraba de espaldas a mí, su cabellera roja me llamó la atención de inmediato se veía de espalda realmente bella, no muy alta, de piel blanca y vestida de manera muy sugestiva, cuando decidí acercarme para abordarla, llegó una pareja madura, yo conocía al caballero que era un asiduo cliente de mi empresa importadora, al verme me presentó a su señora y luego tras voltearse me presentó a su nieta de quince años a la cual le celebraban su cumpleaños esa noche, que resultó ser la joven a la que yo pensaba dirigirme.

Ante tal situación luego de desearle un feliz cumpleaños me despedí dando gracias de no haber metido la pata, algo desanimado me dirigí a un bar, que en mis tiempos de soltero acostumbraba visitar, al entrar me di cuenta que la decoración no había cambiado casi en nada, si acaso las caras de las personas eran otras pero era básicamente tal y como yo lo recordaba, me acerqué a la barra y pedí una cerveza la cual me tragué sin dilación, para luego ponerme a estudiar el ambiente, al otro lado de la barra se encontraban dos mujeres o mejor dicho una mujer y un travesti, que al verme observando se movieron cerca de mi buscándome conversación, lo usual, que como me llamaba, que si estaba interesado en algo de acción y todas esas monsergas con que le salen a uno cuando se encuentra en esos menesteres, yo por joder más que por otra cosa les comencé a seguir la corriente, y a los pocos minutos se colocó a mi lado otro parroquiano que al igual que yo se encontraba buscando algo de acción esa noche.

Realmente la tipa que se encontraba a mi lado no me motivaba a que la invitase a pasar una noche junto a mí, y menos cuando al reír, observé que le faltaban par de piezas dentales, eso me desanimó como también debió desanimar al tipo que se encontraba a mi lado, ya estaba a punto de terminar mi segunda cerveza y dispuesto a marcharme de ese negocio, cuando apareció por la puerta toda una hembra, alta, cabello rojizo, blanca, con unos grandes ojos café, como entre veinticinco o treinta años, muy bien maquillada, y cimbrando su cuerpo al andar, al verla se me paró la respiración, vestía con una corta mini falda, medias negras de maya, una blusa semi transparente que permitían ver con claridad sus bellos y bien formados senos, cuando se encontraba a unos pasos de la barra prendió un cigarrillo de manera espectacularmente sugestiva, y al apagar el encendedor este se le salió de las manos dando contra el piso, ella con mucha agilidad dándonos la espalda inclinó su torso hacía adelante con rapidez, dejando sus piernas ligeramente abiertas permitiéndonos ver su bello y bien formado culo, pero una vez que volvió a tener el yesquero entre sus manos se irguió lentamente tomándose todo el tiempo del mundo para ello.

Tanto el tipo a mi lado como yo nos quedamos muy impresionados por su hermosa figura, y sin que la invitásemos se colocó entre los dos, yo esperaba que abriese la boca para verle los dientes, y en eso el travesti se acercó a ella y dándole un beso en el cachete le comentó algo que no pude escuchar con claridad pero que a ella le produjo risa, permitiéndome ver su completa y blanca dentadura, tras lo cual tomé la decisión de entablar una conversación con ella, invitándola a una solitaria mesa, de inmediato le pedí al mesero que nos trajese unos tragos de whisky escocés, lo que llegó casi de inmediato, ya me encontraba hablando con ella cuando a la mesa se nos sentó el otro tipo que originalmente se encontraba a mi lado, lo que me pareció una falta de consideración de su parte, pero en esos ambientes la etiqueta sobra, por lo que le cuestioné el que se sentase a mi mesa sin que yo lo hubiese invitado, el gordo riéndose se disculpó pero fue bien directo preguntándole a la puta cuanto cobraba, ella primero se dirigió a mí y me dijo una cantidad a mi oído, lo que en esos momentos me pareció algo alta, pero su cuerpo bien valía lo que ella pedía, por lo que yo asentí con mi cabeza, tras lo cual se dirigió al gordo y a su oído le debió haber dicho la misma cantidad, a lo que él algo molesto le respondió, ni que el coño tuyo fuera de oro.

María, como fue que me dijo que se llamaba ella luego, tomó la mano del gordo y levantándose su corta mini falda se la introdujo por dentro de sus pantaletas entre sus piernas, y tras frotarla contra su coño dijo, no es de oro es toda de carne y ten por seguro que no te encontraras un salchichón, haciendo franca alusión al travesti que minutos antes la había besado en el cachete, luego de lo cual sacó la mano del gordo de su entrepierna, este se quedó pensándolo por unos segundos, los mismos que ella aprovechó para incorporarse y decirme, bien, trato hecho, tú eres el primero y dirigiéndose al gordo le dijo, si quieres cuando termine y sí te encuentras aquí bregaremos.

Tras pagar los dos nos retiramos, y mientras nos dirigíamos al auto, ella me preguntó con todo descaro que deseaba que ella hiciera, yo al principio me quedé algo cortado, todavía me encontraba impresionado por lo que vi dentro de la barra de ese bar, pero de inmediato reaccioné respondiéndole sencillamente, de todo, a lo que ella con una hermosa sonrisa me dijo que de acuerdo, ya en el auto a mí se me ocurrió comentarle que una cosa que me gustaría que me hiciera mi mujer era que me lo mamase mientras conducía, pero que jamás en la vida a mí se me ocurriría el pedírselo o tan si quiera proponérselo, ella muy sonreída sin decir una palabra bajó su cabeza hasta donde se encontraba mi verga, al tiempo que con sus manos se daba a la tarea de ponerla al descubierto, y colocándola dentro de su boca con una gran maestría comenzó a mamármela, yo para disfrutar más de esa tremenda mamada aminoré la velocidad del auto y tomé el carril de la derecha para permitir que los demás autos nos rebasaran.

María se tomaba todo su tiempo para mamármelo y yo lo disfrutaba completamente, fue cuando por sentí que nos estaban observando, viré mi rostro a la izquierda y me di cuenta que a nuestro lado se encontraba un autobús de turistas japoneses, y gran parte de ellos llevaban sus rostros pegados a los cristales observando cómo María me lo mamaba, alguno que otro nos tomó una fotografía y una jovencita nos tomaba un video con su cámara de mano, en principio pensé frenar el auto, y salirme en el primer desvío, pero quizás el hecho de que fuesen extranjeros y que fuese poco probable el que me llegase a relacionar con ellos en un futuro, me hizo tomar las cosas con calma y seguir disfrutando de la tremenda chupada que me estaba dando María en esos momentos, es más, le toqué a ella su cabeza al tiempo que le dije, sonríe, te encuentras en la cámara indiscreta, justo ella levantó su rostro, vio el autobús, les dedicó una corta sonrisa y luego continuó mamándome la verga con nuevos bríos, hasta que sentí un deseo intenso de venirme dentro de su boca, yo pensaba que lo más probable al sentir ella mi leche en su boca la escupiese pero en esos momentos me produjo el más grato de los placeres al chuparse completamente toda mi verga y tragándose, creo yo, hasta la última gota de mi leche. Ya para esos momentos el autobús con los turistas japoneses tomaba la dirección al aeropuerto.

Tras conducir por una estrecha carretera, llegué a un motel con apariencia de ser muy sencillo, en su exterior tan solo había un pequeño letrero que tan solo anunciaba la palabra motel, al solicitar yo las llaves y pagar la habitación por adelantado, María coquetamente se dedicaba a darse un re toque de lápiz labial de color rojo puta como ella misma lo identificó, entramos a una lujosa habitación de esas que tienen espejos por casi todos lados, una cama redonda, todo el piso alfombrado de pared a pared con una alfombra que daba la impresión que era toda de peluche, además de lo ya descrito en la habitación se encontraba un equipo de música o sea CD y toca cintas, además de un televisor de los grandes que ocupaba casi media pared, la habitación se encontraba decorada con escenas que recreaban las relaciones sexuales entre hombres y mujeres. El baño era tan espacioso como la habitación con una de esas bañeras japonesas que las llaman yacussi o algo así, agua fría y caliente y una buena provisión de toallas.

Una vez dentro de la habitación le pedí a María que se despojase de toda su ropa, lo que ella diligentemente realizó, pero de la manera más sensual que jamás yo hubiese visto antes, su cuerpo se reflejaba en todos los espejos de la habitación, ya quisiera yo que mi esposa se comportase así en la casa, una vez que María se terminó de desnudar, sin que yo se lo solicitase, entró al baño y se dio una ducha, mientras que yo la observaba desde un cómodo sillón ubicado en la habitación, tras darse la refrescante ducha, ella se me fue acercando de forma y manera sensual, en esos momentos me di a la tarea de observarla en toda su bella desnudez, su cabello rojo le caía sobre sus blancos hombros, sus grandes ojos de color café me miraban insinuantes, mientras su cuerpo se acercaba al mío, y comenzó a irme quitando la ropa con lentitud, una vez que mi torso quedó desnudo su boca y su lengua lo recorrieron completamente, y eso solo bastó para que mi miembro se pusiera erecto nuevamente, no era el hecho de que su lengua me la pasase por todo el pecho, era más bien como la hacía, como con sus labios y dientes jugaba con mis pechos.

María continuó con su excelente labor retirándome los pantalones y posteriormente mi ropa interior así como los zapatos y desde luego las medias, una vez que me dejó completamente desnudo sus labios continuaron pasando por sobre mi estómago hasta que se dirigió nuevamente a mi verga, la cual ya daba muestra de estar con vida de nuevo, María definitivamente es una maestra en su profesión en cosa de segundos me excitó de tal forma que mi falo prácticamente lo tenía pegado a mi propio estómago o mejor dicho apuntando hacia el, al verme en esas condiciones se levantó y como quien conoce el lugar se dirigió a un pequeño bar en el que se encontraban algunas cervezas y otras bebidas, tales como coñac, brandy, ron y vodka así como ginebra, ella me preguntó que prefería y yo sin dilación me incliné por el coñac, el cual me sirvió en su correspondiente copa, luego de calentarlo entre sus manos mientras se dirigía a mi nuevamente, me vació un poco sobre mis testículos y luego comenzó a lamerlos sin dilación mientras me entregaba el resto de la bebida, la cual me apuré como si fuese agua la levanté y la conduje a la cama redonda con el fin de comenzar a darme gusto.

Antes de meternos en la cama ella abrió la pequeña nevera y sacó una cerveza alemana, la que se llevó a la cama en la cual se tendió con las piernas ligeramente separadas y comenzó a jugar con sus dedos metiéndolos y sacándolos de su coño, claramente podía ver como se estrujaba y jalaba su clítoris, y lentamente se comenzaba a introducir los dedos dentro de su vulva, de momento levantó la cerveza y me la ofreció y yo alargué el brazo para agarrarla pero María tenía otra idea de cómo yo me tomaría la cerveza, se dio par de tragos y luego colocó la boca de la botella contra su coño se la introdujo ligeramente y la levantó para que el dorado liquido corriera por gravedad hacía dentro de ella, tras lo cual se sacó la botella y me dijo, ven a beber de esta fuente, yo me encontraba muy excitado, eso era algo que jamás se me había ocurrido que pudiera hacer y al ella insinuármelo me provocó, lentamente coloqué mis manos sobre sus rodillas a medida que mi cara se acercaba a su depilado coño, al principio con cierta precaución, pasé mi lengua por encima de sus labios hasta que me tropecé con su rosado clítoris, luego con lentitud mis labios se fueron hundiendo dentro de su vulva y comencé a beber de ella, hasta que mi lengua y mi boca quedaron completamente saciadas.

Luego me incorporé y con mis manos sobre sus rodillas me fui acercando a su húmedo coño con mi verga completamente erecta, baje mis manos hasta sus caderas y mediante un violento golpe de mi cadera la penetré, María dejó escapar un corto grito mezcla de dolor y placer, eso me enervó más aun y continué dándole duro con mi verga por su coño, ella como toda buena puta me montó un gran espectáculo gimiendo y riendo supuestamente de placer, movía sus caderas contra mi verga como si fuese una coctelera, a cada rato me decía que había alcanzado un orgasmo y que me estaba disfrutando todo, que si no fuera por sus compromisos económicos no me cobraría.

Yo se que era mentira lo que ella me decía en esos momentos, pero aun y así lo disfruté mucho, viéndola sujeta por mis manos me provocó darle por el culo, por lo que se lo saqué y le di vuelta tendiéndola boca abajo, al principio ella quedó algo confundida pero de inmediato se colocó en cuatro, pensando que le seguiría dando por su sabroso coño, hasta que sintió que mis dedos hurgaban el hueco de su culo, trató de zafarse pero la diferencia de estatura y peso estaban a mi favor, ella protestó y se negó a colaborar conmigo, por lo que haciendo gala de mi fortaleza física la sometí con rapidez, a medida que se lo incrustaba dentro de sus nalgas más gritaba y lloraba hasta que mis bolas se pegaron a su cuerpo, la volví a tomar por las caderas y la moví a mi antojo mientras que una de mis manos se la metía en su coño con la otra le agarraba sus paradas tetas con fuerza, hasta que la misma María comenzó a moverse como era debido, y como consecuencia de ello me vine dentro de su culo.

Una vez que se lo saqué me dirigí al baño y me lavé, ella continuó tendida en la cama hasta que yo me vestí, María entró al baño y tras darse una buena ducha con agua caliente se procedió a vestir, tras lo cual estiró su mano en inequívoca señal de que le pagase, lo que realicé de inmediato, los dos nos metimos al auto y yo la dejé en lo que me dijo que era su apartamento, yo di par de vueltas, entregué el auto alquilado y pasé por el mío al estacionamiento de mi oficina y me dirigí a mi hogar, al llegar me encontré a Marta mi esposa peinando su peluca color rojo, como parte de nuestro juego ahora yo actuaba como el vividor, chulo o cabrón como acostumbren a decirle ustedes, le pedí el producto de su noche de trabajo, y ella me alargó una indeterminada cantidad de dinero.

Marta se encontraba con una bata casera la que le arranqué y posteriormente la empujé para que cayese sobre nuestra cama, levanté mi mano como quien va a dar un golpe y ella de inmediato levantó una almohada y sacó el resto del dinero que había recibido trabajando como puta esa noche conmigo en el motel, pero a pesar de ello le soné una buena nalgada, y ella extrañada me preguntó la razón, a lo que le respondí, eso fue por lo del gordo del bar, y ella muy zalamera se me acercó a la altura de mi verga y mientras me la sacaba me decía, sabía que eso calentaría más a mi cliente, luego me dio una pícara mirada y sin más se metió mi verga dentro de su boca.

Mi mujer y yo acostumbramos a realizar ese tipo de juegos fantasiosos, cuando no es ella la puta soy yo el chulo, en ocasiones es una nena y yo un viejo dañado, y en otras ella hace el papel de lesbiana y yo de travesti, por lo general nos encontramos fuera en la calle y nos vamos a un hotel para pasarla bien. Hemos pasado nuestros sustos, como la vez que la policía pensó que yo estaba violando a una menor, y rompió la puerta del motel, pero eso no nos ha desanimado nunca, es más lo hace más excitante.

Autor: Narrador.

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Escrito por Marqueze

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