Una mañana de invierno

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Esa mañana no era una mañana cualquiera. Cogí los preservativos y los guardé en el bolso del trabajo, porque como he dicho, esa mañana no era como las demás. No fui a trabajar, pues tenía una cita, una cita para desayunar.

Cuando llegué a su casa, llamé al timbre y me abrió Merche en bata. Nunca la había visto en pijama, siempre habíamos quedado en la calle para charlar, bailar, ir al cine, pero siempre en la calle. Era nuestro primer encuentro en su casa.

Me invitó a pasar y a sentarme en su salón, mientras ella iba a prepararme un café. Me senté en su sillón, y me entretuve viendo la televisión, nada interesante a esas horas de la mañana. Cuando volvió me ofreció el café y me dijo si quería algo para comer. Se notaba en el ambiente que era nuestra primera vez juntos, ambos sabíamos para que estábamos allí, pero ninguno se atrevía a empezar. Me tomé el café y mientras tanto ella acabó de planchar unas prendas que tenía en la tabla. Cuando terminó se sentó a mi lado y sin más palabras nos besamos. Fue algo instintivo, mis manos comenzaron a desnudarla mientras nuestros labios y nuestras lenguas jugaban. Estaba ansioso por ver esos pechos con los que tantas noches me había masturbado. Le quité la bata de casa rápidamente y desabroché el sujetador que llevaba. Me encantaban sus pechos, ahora los tenía en mis manos, tocándolos. Bajé mi lengua hasta ellos y comencé a lamerlos, a chupar esos pezones que tan loco me habían vuelto esos días de playa y bikini. Ahora los tenía en mi boca. Estaba excitadísimo, ella empezó a lamerme el cuello y la oreja, y me ponía cada vez mas a mil. Me quitó la camisa y me tumbó en el sofá, se tiró encima de mí. Ella tan solo llevaba unas braguitas blancas y yo los pantalones con mi pene totalmente erecto que asomaba la punta por el pantalón. Comenzó a rozar su entrepierna con la mía mientras me seguía lamiendo el cuello. Le encantaba sentir el bulto entre sus piernas, rozarse la estaba poniendo a mil y a mi también. Bajé una de mis manos por su espalda hasta su culo y lo metí por dentro de la braguita, notando su culo totalmente abierto y un poco más abajo su coñito ardiendo y empapado. Fue la primera vez que le toqué el coño y nunca se me podrá olvidar el tacto de ese coñito empapado.

Con su braguita puesta comencé a masturbarla a lo que ella respondió quitándome los pantalones y liberando mi polla de toda la presión. Seguí masturbándola y ella hacía lo mismo conmigo. Estábamos a mil, cuando de repente noté perfectamente como le venía el orgasmo. Empezó a moverse más y más rápido, su coño estaba ardiendo y comenzó a correrse. Gemía como nunca la había podido imaginar, esa imagen me puso a mil, por lo que acto seguido y ella sin parar de masturbarme, me corrí.

Había sido genial, pero la cara de Merche me decía que no iba a quedarse así el asunto. Se levantó del sofá, se bajó las braguitas mojadas y me agarró de la polla, aun algo erecta y me dijo que me levantara. La imagen de los dos desnudos, por su pasillo, ella agarrándome de la polla y yo detrás se me quedará en la memoria para siempre. Era como si estuviera viviendo mi propia película porno. Me llevó al baño, me limpió un poco con una toallita y de nuevo me agarró hasta ir a su cama.

Me puso en un lado de la cama y me dijo que no me moviera, que sólo observara. Se sentó en el otro lado de la cama, y comenzó muy lentamente a acariciarse todo el cuerpo. Ahí estábamos los dos, en su cama, un sueño hecho realidad. Yo completamente desnudo, después de haberme corrido y ella totalmente desnuda, y masturbándose para mí. Me estaba poniendo cada vez mas caliente verla como abierta de piernas se acariciaba y metía un dedo mientras me miraba con esa cara de deseo. Mi polla empezó a crecer de nuevo, a lo que ella al verla erecta se dirigió hacia mí, abrió un preservativo, me lo puso y se sentó sobre mi polla. Notar mi polla erecta dentro de su coño ardiente fue una sensación que tampoco podré olvidar. Aunque lo que vino después fue aun mejor. Comenzó a cabalgarme de tal manera que creí que me correría en el momento. Pero entonces desaceleró el ritmo y empezó de nuevo suavemente para ir aumentando cada vez más, cada vez más. Mis manos sujetaban sus tetas y ella totalmente entregada a subir y bajar por mi polla se le iba incrementando el tono de los gemidos. Estábamos a mil, después de un poco, la sujete por el culo y la dejé quieta un poco subida, lo justo para comenzar desde abajo a arremeterla a un ritmo que no pudimos aguantar. Gritaba como nunca la pude imaginar en mis sueños eróticos, noté como una oleada de flujos inundaba mi polla y supe que ese era el momento que tanto había soñado, no pude contenerme mucho más me corrí, pero de una forma que jamas había probado, me corrí dentro del coño de una tía. Para mí fue especial y siempre la recordaré, pues esa mañana de invierno dejé de ser virgen.

red4knight

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Un comentario

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  1. Que buena iniciación me imagino ese culo rico penetrado y que delicia tener esas tetas al frente cuando se cabalga

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