Una mañana especial

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Mientras le contestaba agachó su cabeza y comenzó a lamerme el pene. “Creo que lo que quiere es matarme a polvos, hermosa muerte de todos modos” Pensaba mientras ella se esforzaba para que se volviera a endurecer…Y…Sí…lo está haciendo, entonces me centré en intentar disfrutarlo, aunque no creía que pudiera volver a estar en optimas condiciones.

La suave caricia de un rayo de sol que furtivamente entraba a través de las cortinas de la ventana me despertó, estaba desnudo y tumbada junto a mí, Carmen. Tenía su linda cabeza apoyada en mi hombro y sus piernas apretaban mi pierna izquierda; así nos quedamos anoche después de terminar con una maravillosa sesión de sexo, así nos sorprendió el sueño después del sexo y las risas que siguieron al sexo.

“Nos complementamos bien, lo paso estupendamente con esta mujer, me parece maravillosa” pensaba mientras acariciaba y besaba sus negros rizos y acariciaba su lechosa, suave y aterciopelada piel. La abracé con fuerza, pero con la suavidad necesaria para que no se despertara, no quería despertarla con un movimiento brusco, entonces pensé que sí, que la despertaría pero de otra forma, creo más agradable y sensual.

Decidí separarme de ella, intentando primero liberar mi brazo que debajo de su cabeza, lentamente fui pasando mi brazo por encima de su cabeza, ya estaba liberado, ahora quedaba la pierna entre sus muslos, comencé a liberarla milímetro a milímetro, muy despacio. Fueron unos instantes que me parecieron horas, pero al final ya estaba desenganchado de ella. Mi pierna todavía conservaba la humedad que afloró de su cuerpo la noche anterior. Ahora quedaba colocarla boca arriba, también sin que se despertara, fue más sencillo que desengancharme de ella, y no se despertó. Entonces allí estaba desnuda y dormida…me emocionó.

Comencé a besarle los pechos muy suavemente, mis labios acariciaban sus pechos, mientras mi mano bajaba por su vientre llegando a su vello púbico. Acaricié los pelitos de su pubis, suavemente muy despacio, mis manos llegaron a sus piernas, las separé levemente, y coloqué una de mis manos en su sexo. Acaricié con mis dedos su sexo dulcemente, pero sin que entraran dentro, continué así durante unos instantes más, ella seguía dormida. Comprobé con sorpresa que de su sexo afluía un líquido viscoso y dulce; ya lo había comprobado la noche anterior. Humedecí un poco mis dedos, coloqué la palma de la mano en su pubis y comencé a acariciarle el clítoris. La mano que tenía libre la coloqué a la altura de sus pechos, entre ellos acariciándolos también, entonces de repente…

-¿Qué haces, corazón?- me preguntó con ese nivel de semiinconsciencia nada más levantarse. -Esto, sí perdona no te estaré molestando- balbuceé yo. -No ¿Qué me haces? -Cosas ricas, espero- dije yo recuperando el valor. -…mmmm, me gusta, sigue- respondió poniendo cara de satisfacción.

Mientras le acariciaba besé su pubis, sus pechos, su vientre. Ella respondía a mis caricias con gemiditos y suspiros de aprobación…Introduje dos dedos dentro de su sexo, mientras continuaba acariciándole el clítoris, sus gemidos se tornaron en grititos…

-Sigue…sigue…Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…mmm, sí…..

Durante unos minutos esos fueron los sonidos de la habitación. La miré a la cara y se le veía excitación, los ojos semicerrados, la boca entreabierta, una mano acariciando uno de sus pechos, la otra se aferraba fuertemente a las sábanas de la cama. De repente se incorpora, me abraza del cuello y se clava fuertemente mis dedos que buceaban en su interior.

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…- Acababa de tener un orgasmo. -Cielo que rico…esto…sí me ha gustado- dijo con una sonrisa de satisfacción en la cara, mientras volvía a tumbarse en la cama.
-Todavía no hemos terminado corazón, quiero seguir haciéndote cositas- Le dije mientras hundía mi cara entre sus piernas.

Comencé a excitar su clítoris con mi lengua humedecida previamente por los fluidos que se desbordaban de su sexo, con dos dedos separaba los labios para que mi lengua tuviera un acceso más fácil a ese punto tan especial de la anatomía femenina, con la otra mano acariciaba la puerta de entrada a su interior, muy suavemente, sin prisas; me lo tomaba con la calma precisa para hacer de ese momento largo y duradero. Pronto comenzaron los gemidos y chillidos, que iban haciéndose más y más fuertes. “Creo que vamos a despertar a los vecinos que estén dormidos.” Pensé cuando su excitación parecía máxima. Ella colocó una mano sobre mi cabeza, cómo queriendo que no me separara de allí, no tenía ninguna intención de separarme.

Mi lengua continuaba enredándose en el clítoris, mientras dos dedos de mi mano derecha se hundían en su sexo. Acariciaban aquella cavidad encontrando un lugar rugoso, mi otra mano acariciaba su entrada trasera. No era una postura cómoda pero creo que a ella le daba igual, entonces…

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…Ahhhhhhhhhh…

Aquello eran chillidos de placer. De su sexo brotaban cataratas de fluidos, que yo absorbía con placer. Este placer y el saber que tenía a una mujer hermosa entregada a mí me excitaba sobre manera…

-¡Ahhhhhhhhhhhhhh!…¡fóllame! ¡rómpeme…fóllame!- Suplicaba ella. Sin embargo no tenía ganas todavía, quería hacer más cosas en su cuerpo y en su mente. -No, espera, todavía no- Contesté yo sentándome a horcajadas en la cama en frente de ella. Mis manos continuaban acariciando su sexo.

Cogí su culo y lo elevé hasta mi cara, ella casi por instinto colocó sus muslos sobre mis hombros, comencé a acariciar su ano con mi lengua, muy suavemente mientras una de mis manos que conseguí rescatar de sus nalgas empezó a trabajar en su sexo, metiendo los dedos índice y corazón, mientras el dedo gordo se dedicaba a acariciar su excitado, duro e inhiesto clítoris, arrancando de su boca mil gemidos, gritos y expresiones de placer. Mi lengua entraba en su ano…

-¡mmmm! ¿Sabes lo que me estás haciendo? ¡Ahhhh, cielo…ahhhhhhhhhhhh!

Continuamos en la misma posición hasta que ya no pude más mi brazo que la sujetaba me pedía descanso ¡YA!, pero antes ella volvió a correrse, más fuertemente aún que antes…

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! -¡Fóllame Ya! ¡Sí…Hazlo Ahora!

Volvió a casi exigirme mientras agarraba mi excitado pene y comenzaba a bombearlo. Bajé su culo de mi cara y nada más posarse en la cama ella se introdujo mi pene en su sexo. Yo continuaba sentado a horcajadas.

-¡Ayy…Rómpeme ahora cielo!- me pedía. -Sí cielo- Mi pene empezó a entrar y salir de su sexo a toda velocidad, a un ritmo casi frenético.

Entonces comenzamos los dos a gemir, con la excitación que yo tenía sabía que mi orgasmo vendría rápido, el de ella también seguramente.

-¡¿Cielo qué me haces?! ¡ah..ah…ah. – Gemía ella. -¡Sí…mi vida…sí…! ¡ah…ah…ah…!- Gemía yo.

Nuestros gemidos se disparaban en la habitación, entonces ella se incorporó y presionó sus caderas hacia abajo cómo queriéndose clavar mi pene en lo más profundo se su sexo. Entonces nuestros fluidos recorrían nuestros sexos en un orgasmo simultaneo de placer compartido, cataratas de sentimientos recorrían nuestros cuerpos, nos besamos acaloradamente. Nos separamos los dos. Ella se recostó de costado, yo me apreté contra ella.

-¡Ay! Estoy muy excitada…quiero seguir- dijo ella mientras agarraba mi pene con una de sus pequeñas manos. -¿Sí? ¿Quieres que sigamos?…Sí…quiero yo también- Contesté mientras acariciaba su culo. -Ahora quiero que me folles el culo…sí…quiero sentir tu pene dentro de mi de nuevo…
-Eso quieres de verdad… -Sí…Quiero que lo hagas- Mi pene volvía a estar de nuevo excitado dentro de su mano, mis dedos comenzaron a acariciar la entrada de su ano.- Y después me dejarás tu cuerpo- Me pidió, mientras sacaba un tubo blanco con unas letras que no conseguí descifrar, lo abrió untó sus dedos con una pasta blanca viscosa y lo extendió alrededor de su ano, yo le ayudaba con mis dedos.

-Salte, después mi cuerpo será tuyo- Respondí. -Pero me dejarás hacerte cualquier cosa- Me pidió de una forma traviesa o malvada. No sé a qué me exponía, pero quería acceder a sus peticiones. -Sí, claro que me dejaré, también me gustaría sentirme dominado…¡ah!- Le contesté mientras mi pene comenzaba a penetrarla por el ano. -¡Ay! Ve despacio…cielo…despacito…- Me pidió con una expresión entre dolorida y placentera. -Sí cielo ¡ahhhh!- Mientras introducía mi pene muy despacito. “Es difícil esto del sexo anal” pensé yo. -Pero no te corras dentro…vale cielo…¡ah!- Ella también parecía excitada. -…Sí…mi vida…no ¡ah!…no lo haré.

Continuamos en esta postura un poco más, mi grado de excitación era inmenso…sus chillidos parecían más de dolor que de placer. Yo la penetraba con algún temor, temor infundado, también ella parecía disfrutar…

-¡Ay! Cielo cómo me gusta esto…sí sigue así Juna…¡ahhhhhhhhh!- Gemía ella.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh!…¡¡¡Cielo…! – Gemí yo, sacando mi pene de su ano, estaba a punto de correrme, entonces ella se incorporó agarró mi pene y mis testículos y comenzó a acariciarlos.

Mi pene estalló al instante, esparciendo por su cara y por mi vientre el semen que llevaba dentro. Ella lamió la punta y se lo introdujo en la boca. Bárbara la sensación que estaba logrando tener. Lamió el semen de mi vientre y acercó su boca a la mía, y me ofreció mi propio semen con su lengua, yo lo acepté. Es verdad lo que me habían contado, que tenía un sabor muy dulce. Juntamos nuestros labios en un beso húmedo de saliva y semen.

-Ahora vuelvo cielo- dijo ella mientras se incorporaba de la cama- ¡Ah! Y recuerda que ahora tu cuerpo está en mis manos, así que no huyas…jajajaja. -No voy a marcharme…té espero…pero que tienes pensado- Dije yo con preocupación. -Ahora lo verás, es una sorpresa- Me contestó ella con una sonrisa nada tranquilizadora.

Salió de la habitación y yo me quedé en la cama con una sensación de feliz cansancio. Mi pene estaba ahora totalmente desinflado y no creo que pudiera volver a ponerse duro de nuevo. Me relajé, casi me duermo. Entonces volvió, había aprovechado para limpiarse el semen. Llevaba en su mano un extraño artilugio con correas elásticas. Sí, eran dos penes de plástico uno delgado y largo y el otro más pequeño pero más gordo. Ahora entendí qué intenciones tenía, pero pensé que si ella lo había aguantado y parecía haber disfrutado, por qué no lo iba a disfrutar yo también.

– ¿Vas a follarme con eso, no?- Pregunta estúpida. Parecía claro que esa era su intención. – Sí…quiero hacerlo cielo, pero sólo si tú quieres- Contestó mientras se colocaba el artilugio, introduciéndose el pene más pequeño en su vajina. Parecía claro que si no accedía se molestaría. – Nunca lo he hecho, pero si tú lo aguantaste…pero ten cuidado- Le contesté mientras abría mis piernas y ella se colocaba delante de mí. – Sí quédate así- Me pidió- Si no lo puedes soportar lo dejamos.

Entonces comenzó a acariciarme el culo y la parte cercana al ano, con sus dedos. Bajó su cabeza hasta la altura de mi sexo y me lamió los testículos, ya totalmente blandos y casi derrotados.

– Ponte de costado- Me pidió, yo accedí inmediatamente, entonces ella se sentó a horcajadas sobre mi pierna izquierda, mientras levantaba la otra por encima de su cabeza.

Entonces sentí un dolor muy agudo en mi ano, ella había comenzado a introducirme el aparato, me agarré de las sábanas con fuerza, dejé escapar un gemido más de dolor que de placer y apreté los dientes.

-¿Te duele?- Preguntó. – No cielo, sigue…no…me dolió.- Le mentí.

Me dolía, sí, pero era mayor el placer de sentirme dominado por ella que el dolor que sufría, aunque sólo esperaba que ella no pensara que tenía inclinaciones homosexuales, pero ella es una mujer y no un hombre.

-¡Ahhh! No…No pensarás que…que soy gay ni nada de ¡Ahhh!…ni nada de eso- le pregunté sintiendo un ligero ya dolor, pero nada comparable con el placer extraño de sentirme dominado.

– No mi..¡Ahhh! No…No pienso en eso…- Ella parecía bastante excitada, entonces cogí la pierna que ella sostenía y coloqué la rodilla sobre mi pecho. Ella continuaba penetrándome, más y más, el dolor seguía iba en aumento.

– ¡Ahhhhhhhhhhhhhh! Gemía de dolor. – ¡Ahhh!- Gemía ella de placer, creo que más de placer por tenerme totalmente dominado que la excitación que pudiera provocarle el artilugio.

Gemidos de placer y dolor. Ella terminó corriéndose poco después y sacó el cacharro de tortura de mi dolorido y supongo que enrojecido ano.

-¿Te ha gustado cielo?…¡A mi sí!- Preguntó con cara de excitación mezclada con una expresión que yo entendí perversa. – Sí…me ha gustado, pero no pensarás que tengo nada de gay- le respondí preocupado. – No cielo, sólo es un juego, ¿te dolió?- Volvió a preguntar. – Un poco sí, pero es un dolor dulce, no algo insoportable.

Mientras le contestaba agachó su cabeza y comenzó a lamerme el pene. “Creo que lo que quiere es matarme a polvos, hermosa muerte de todos modos” Pensaba mientras ella se esforzaba para que se volviera a endurecer…Y…Sí…lo está haciendo, entonces me centré en intentar disfrutarlo, aunque no creía que pudiera volver a estar en optimas condiciones. Pero me estaba excitando, esa sensación de humedad que envolvía mi pene, y su lengua bailando con el glande…

-Ahhhh- gemía de placer yo. Mi pene volvió a estar en condiciones casi óptimas.

Entonces se incorporó y se introdujo mi pene en su interior, pero no se había quitado todavía el juguetito…Claro…Yo sentía la dureza del pene de plástico en su interior, estaba con dos penes en su interior…uno real y algo flácido y el otro de plástico pero mínimo.

-¡Ah…Ah…Ah…Ah…!- Subía y bajaba de forma frenética, el pene que antes había estado en mi culo me golpeaba en el vientre, ella parecía transformada en un caníbal salvaje, pero parecía disfrutarlo. Cabalgaba a toda velocidad hacia un nuevo orgasmo, bestial, gigante y único. Yo disfrutaba y me excitaba con la visión de una amazona salvaje sobre mi grupa.

– ¡Ahhh!- Su orgasmo se escuchó en todo el edificio, alguien desde fuera podría pensar que estábamos matando a alguien. – ¡Ayy! Cielo…me he corrido…que…fuerte ha sido- Jadeaba mientras se separaba de mi sexo momentáneamente. – Sí, lo has disfrutado verdad- dije yo mientras cogía mi pene con su mano y comenzaba a masturbarlo. -Sí mi vida, sí- Comenzó a besarme, y aumentaba el ritmo de su mano. – Sí, cielo, a mí también…-Ahhh…

Mi frase quedó cortada por el semen que volvía a estallar de mi pene vertiéndose por mi vientre.

– ¡Mmm! Qué rico eres- Dijo ella mientras esparcía mi pene por mi cuerpo, tomándolo con sus dedos. Me lo ofreció en la boca, yo lamí sus dedos mientras ella hacía lo mismo. – ¿Sabes lo que me has hecho?- Pregunté. – Sí, claro que lo sé, te he dado…no, nos hemos dado una sesión maravillosa de sexo. Y si dormimos un poco y luego volvemos- Contestó. – Sí, claro, dormimos, pero antes puedes quitarte el cacharrito ese- protesté levemente- es que se me clava en el costado. – Es que estoy muy a gusto con el dentro- Dijo con tono de niña mimosa que no quiere dejar su juguete- Lo llevaría siempre.

– Vale, pero entonces dormimos separados- Dije yo en tono malicioso. – No…eso no, ya me lo quito- Contestó mientras se despojaba del artilugio- Pero me dejarás tu polla para sustituirlo. – ¿Cómo para sustituirlo?- Pregunté. – Sí, me gustaría llevarla siempre dentro de mí- Contestó. – ¿Y cómo lo vamos a hacer? ¿No podremos salir a la calle?…

– No, no sólo tu polla, jajajajaja, me la quedo para mi y el resto para ti…jajajajaajajaja- Contestó…
– No me convence mucho…jajajaja – No seas tonto- Se acurrucó contra mi pecho y colocó sus piernas entre mi muslo.

Nos volvería a vencer el sueño, hasta dentro de unas horas que volveríamos de nuevo a entregar el uno al otro, de forma apasionada y febril, locamente de nuevo los dos.

Pero eso queda para otra fantasía.

Autor: CARONTE

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Escrito por Marqueze

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