UNA NOCHE DE CINE

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Hola, mi nombre es Juan, vivo en Buenos Aires y tengo 28 años. Y quiero compartir con ustedes alguna de mis historias. Me casé hace dos años, pero desde que hace ya unos cuantos tuve mi primera relación con alguien del mismo sexo, nunca he podido dejar de reincidir.

La historia que les cuento tuvo lugar en un cine porteño. Mi esposa había viajado un fin de semana de febrero a la costa con unas amigas (al menos eso dijo) por lo que el departamento y el fin de semana eran todos para mí. Pero como soy muy reservado, ya que el sólo hecho de despertar la mínima sospecha me aterra, preferí buscar algo de acción alejado de casa.

Así que me dispuse a ir al cine en cuestión, claro que no era la primera vez. Llegué y como de costumbre había unos cuantos chicos, lindos algunos, otros no tanto, que merodeaban constantemente buscando, insinuando, ver que onda con alguien, como decimos por acá.

La película es, por lo general, algo anecdótico y la pura excusa para estar en lugares así. Sin embargo a mí me gusta siempre mirar un rato la película, calentarme bien, y después salir también a buscar.

En la pantalla rodaba una escena de cinco muchachos con todo tipo de juguetes y porongas de los más diversos tamaños, colores y formas. Después de un buen rato de pura pornografía (género que por otro lado me apasiona) empecé yo también a dar algunas vueltas a ver "qué onda".

Me levanté de la butaca y subí al primer piso. Ahí hay algunos sillones donde estar cómodo y una suerte de balcón desde donde se puede ver la pantalla y el resto de la sala en general. Desde ya, todo está bastante oscuro.

Di unas pocas vueltas pero no pasaba nada. No había demasiada gente, lo cual es el escenario ideal, ya que no hay nada más aburrido que un cine porno sin gente, como también es molesto no poder encontrar un mínimo lugar donde poder tener algo de intimidad con la persona que te guste porque el sitio esté abarrotado (créanme que esto me ha pasado, es algo insufrible).

Lo cierto es que al poco rato de estar apoyado en la baranda del balcón del primer piso pasó por detrás de mí un muchacho apenas más alto que yo, y como quien no quiere la cosa me apoyó su bulto, que ya se sentía duro, al pasar, ya que entre el culo y la pared me aseguré de no dejar demasiado espacio. Se apoyó él también en la baranda, a mi izquierda.

Nos miramos un instante, y luego empezó suavemente a acariciarme el brazo. Acercó su mano un poco más y siguió dándome caricias en el abdomen, hasta que moví mi brazo derecho para acariciarlo por la espalda y de pronto me apretó contra su pecho.

Empezamos a besarnos y a meternos manos por todos lados. Al instante me percaté que tenía una pija bastante grande e introduje la mano dentro del pantalón sin desabrocharlo. Así duré unos… cinco segundos. En seguida me agaché, saqué el generoso miembro y me lo comí de un solo bocado. Era recta, medía unos 19/20 cm., y tenía una cabeza redonda casi perfecta. Estaba riquísima.

Me la metía hasta el tope de mi garganta y luego la iba sacando despacio, mientras con la lengua jugueteaba todo a lo largo de esa tremenda pija. Y lo masturbaba mientras le chupaba los huevos. Se la devoré hasta que la mandíbula dijo basta, y apenas me puse de pie para besarlo el tipo me dio vuelta, tomó lubricante (de los preservativos) y me untó. Yo me encorvé ligeramente y le acomodé la punta a la entrada de mi pequeño orificio.

Entró toda, entera. Con un poco de trabajo, paciencia, y muchísimas ganas, sí, pero enterita. Empezó a meterla despacio hasta que pasó la cabeza. Después de eso ya no hubo problemas, entró hasta el fondo y el nimio ardor inicial se transformó en una cogida de novela. El flaco me bombeaba y yo estaba en las estrellas, tenía una sensación única, sentía cómo me penetraba y jugaba dentro mí

o con esa pija realmente espectacular.

Las piernas me temblaban. Él me abrazaba por detrás y a la vez me tocaba todo el cuerpo. Entraba y salía, y yo me deshacía del gusto. Así estuvimos un buen rato; cuando él estaba por acabar, aminoraba la embestida y duraba un poquito más. Yo no quería que la saque ni termine por nada del mundo.

Pero lo mejor vino luego: mientras un par de flacos nos miraban y se calentaban con la forma en que gozábamos, un tercero se colocó delante de mí y sacó un sable increíble, casi perfecto, me tomó de la nuca y suavemente me inclinó para que me la comiera toda. Y claro, así lo hice.

Realmente me encontraba en un estado de delirio absoluto: mientras me la metían y metían por atrás, adelante y en mi boca tenía otra pija tanto o más rica que la que ya había probado. Sin dudas fue una noche de suerte, ya que no es normal encontrar dos pijas tan buenas en una sola noche y tenerlas ambas para mí. O al menos no es lo que acostumbraba pasarme.

Así estuvimos hasta que el flaco que me cogía acabó y se desplomó exhausto en el piso. Al que le la seguía chupando, al ver que el primero había acabado, me giró sin siquiera preguntar nada, se colocó un preservativo y me la puso hasta el fondo. Yo a estas alturas ya estaba completamente dilatado y no podía con mi ser. El flaco bombeó un rato y al toque me acabó todo.

Y después de todo esto, las gracias: mi turno: el tipo se agachó y me pegó una mamada increíble que le acabé en el pecho… (mentira, me hice una paja. No aguataba más, me toqué dos segundos y me fui en una eyaculación espectacular).

Me despedí de ambos y, por supuesto, no sólo no los volví a ver, sino que no los reconocería si me los cruzara por la calle.

Saludos a todos y espero que les guste.

Autor: el.juan.2007 el.juan.2007 (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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