UNA NOCHE MUY, MUY, LARGA (III)..

Esta vez fue él quien despertó antes, una sensación de frío le había recorrido toda la espalda, ella seguía plácidamente dormida, cuando comenzaban a entrar los primeros rayos de sol por la ventana. Sintió la necesidad de calor y teniendo aquella mujer al lado pensó en la mejor manera. Ella dormía de lado, mirando hacia donde él estaba, mirándola se le pasaban un montón de ideas por la cabeza.

Con mucho cuidado, muy despacio, para no despertarla, la fue colocando boca arriba en la cama, lo siguiente sería atarla, sujetar sus brazos y sus piernas, bien abiertos, a los extremos de la cama.

Ella se medio despertó cuando él estaba estirando sus brazos y los ataba con unos pañuelos, lo miró sin decir nada, sabía que le gustaría el juego. Cuando él vio los ojos de ella abiertos se los cubrió con el mismo pañuelo que había utilizado al principio de la noche, y que aun se mantenía húmedo, después de mojarse en la ducha. Ninguno de los dos decía nada, a ella comenzaba a excitarle la situación, no veía nada, pero notaba como su amante le abría las piernas al límite y se las ataba, impidiendo que pudiera moverse.

Una vez que tuvo a aquella mujer bien atada, era otra vez suya, le excitaba ese poder, la tenía a su entera disposición. Fue hacia la cocina y una vez allí recogió un par de zanahorias, un plátano, una caja de zumo, y unos hielos, si necesitaba algo más ya volvería a buscarlo.

Ella estaba desconcertaba hacia cosa de 5 minutos que solo oía unos ruidos fuera de la habitación, antes ya había comenzado a mojarse por la excitación pero ahora no sabía que sucedería, otra vez era él quien llevaba el mando, con miedo, se mantenía expectante, mientras oyó unos pasos, que indicaban que él se acercaba a la habitación, con más de una sorpresa que ella ignoraba.

Él le susurró algo al oído:

El: Voy a jugar contigo, no tengas miedo, te prometo que disfrutarás y me lo pagarás en la medida que así sea, me lo pagarás demostrando lo que disfrutas. En otro caso, solo disfrutaré yo y tu serás un mero instrumento de placer para mi. Si eres capaz de demostrarme cuanto disfrutas lo pasaremos bien los dos.

Ella: ¡Vaaa, vale! – había conseguido ponerla más nerviosa y un escalofrío le recorrió el cuerpo, en el momento que algo rozó su pecho derecho, estaba frío -.

En cuanto oyó la aceptación de su compañera de juegos movió su primera ficha, comenzó a pasar una de las zanahorias por aquellos pechos deseosos de ser acariciados; tocaba los pechos alternativamente, los rodeaba con un extremo de la zanahoria, sin llegar a los pezones, que sin embargo no se mantenía ajenos a tales caricias y comenzaban a crecer despacito. A ella le gustaba, las caricias y no saber con que las hacía, le excitaba y el frío de aquel objeto desconocido hacía reaccionar a sus pezones. Siguió acariciándola, ahora con una zanahoria en cada mano, las pasaba por sus pechos y poco a poco descendía por su estómago, rodeaba su ombligo y tocaba delicadamente su tripa, mientras ella se excitaba y se mojaba cada vez más. Lo hacía muy despacio.

El: ¿Te gusta?

Ella: Siiiii.

El: Demuestra lo que disfrutas.

El juego se tornaba interesante por momentos, las zanahorias ya se enredaban entre los pelos de su coño, rozaban sus labios y su clítoris, comenzaban a mojarse con los flujos que brotaban de la vagina ella, que no contenía ningún gemido -ahhhhhh!, mmmmmm!, sigueeeee!, asiiiiiii!, ahhhhhh!- y se retorcía de placer, todo lo que las ataduras de sus extremidades se lo permitían. Ahhhhhh!, inesperadamente noto como le penetraba con algo, que no era demasiado grueso, pero que le proporcionaba placer. Él metía y sacaba una de las zanahorias de su vagina, mientras seguía humedeciendo bien la otra, restregándola contra su coño, para luego metérsela en la boca.

El: Pruébalo!, chupa! Te gusta?, este es tu sabor, así sabe tu coño, PUTA!, esto me gusta de ti.

Ella seguía gimiendo, pidiendo más, cuando sin mediar palabra, mientras seguía follando

su coño con una zanahoria metía la punta de la otra en su ano, la punta le siguió el resto. Sin dar tregua comenzó a follarle con las dos zanahorias una por el coño otra por el ano; ella estaba a punto de estallar y con una zanahoria en cada agujero llego su orgasmo, que no dudó en mostrarle a él a base de gemidos y gritos de placer – ahhhhhhh! mmmmmm! ahhhhhhhh!, me encanta cabrón! –

Le complació escuchar como disfrutaba su amante, le excitaban aquellos gemidos. Cuando acabo su orgasmo dejo las zanahorias metidas en sus agujeritos y se puso encima de ella, la besaba desesperadamente, buscando su lengua, le sobaba las tetas con sus manos y conseguía que ella siguiese excitada.

El: Eres una puta muy caliente, CHUPA ZORRA!

Le metió su polla en la boca sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo, seguía atada, comenzó a hacerle la mamada que esperaba y en la que el control era de él, en realidad estaba follandole la boca y a él le excitaba mucho llevar el control de la chupada. Por momentos a ella le faltaba la respiración, notaba golpear la pelvis de él contra su nariz e intentaba coger aire por la boca, lo que resultaba prácticamente imposible, dado que la tenía llena de polla. Mientras ella luchaba por respirar y aguantar las arcadas que de vez en cuando le producía el contacto de la polla contra su garganta, él disfrutaba de su momento de poder.

En pocos minutos él se apretaba contra la cara de ella mientras llenaba su boca de semen, y gritaba – Ahhhhhh! TRAGA PUTA, ES TODO PARA TI, ZORRA! -, claro que tragaba, necesitaba aire, y no podía mas que tragar lo que le ofrecían, para poder respirar.

Apenas le cayeron unas gotas por la comisura de los labios, que no dudo en recoger con su lengua cuando él se incorporó y la observaba con actitud de triunfador, él sentía que era la mejor manera de acabar aquella noche tan larga. Se fue a duchar dejándola atada, pero cuando estaba entrando en la bañera pensó en ir a buscarla, mejor ducharse en compañía. Ella estaba con los ojos medio cerrados, hacia demasiado tiempo que no disfrutaba de una noche tan buena y estaba agotada. La desató, le sacó las zanahorias, que aun permanecían dentro de su ano y de su coño, y que estaban totalmente mojadas, y se la llevo hacía la ducha, donde no cesaron de acariciarse y besarse, mientras el despertador de su teléfono móvil les devolvía a la realidad de un nuevo día.

casandra_divina (arroba) hotmail.com

Autor: Casandra

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Escrito por Marqueze

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