UNA PELUQUERIA MUY CALIENTE

Tengo 35 años, casado y hasta hace poco descubrí que soy bisexual. Tiempo atrás en mi país y particularmente en mi ciudad Santiago de Chile empezó una apertura hacia lo sexual, una suerte de destape, lo que produjo una emergente industria de sex-shops y cines XXX. Yo disfruto de salir a pasear cuando tengo tiempo y visitar estas tiendas de artículos sexuales.

Una de esas veces me encontré con un sex-shop pero de orientación gay o bisexual en una galería de un céntrico edificio. En su vitrina ofrecía insólitos pero muy sugerentes modelos de ropa para hombres. Noté que mi vista se desviaba insistentemente sobre esos penes que con aquellas telas se vislumbraban como poderosos elementos de placer. Antes de esto yo sólo había tenido leves insinuaciones bisexuales ya que sólo conocía mujeres.

Empecé a imaginar como sería sentir aquellos miembros en mi culo y en mi boca cosa que en un principio me sorprendió pero que después comencé a asumir con más calma y deseo. En fin, solo acostumbraba a pasar y mirar en aquella galería, tan sólo imaginando y nada más.

Cierto día, tarde, decidí ir a una peluquería a recortarme un poco el pelo. Como de costumbre pase por esa galería, me calenté como de costumbre y en ese momento recordé que un poco mas allá existe una peluquería. Como era tarde casi todas las tiendas estaban cerrando y cuando entré a la peluquería, solo estaba el peluquero y un cliente. Me dijo que lo esperara un poco que solo era cuestión de unos minutos para poder atenderme. El peluquero era bastante formal y masculino de unos 40 años aproximadamente. Efectivamente terminó con aquél cliente y luego de que se fuese cerró la puerta dando vuelta el cartel de cerrado. "Es que si no, siguen llegando clientes y no podré irme nunca" dijo.

Se acercó y me preguntó como quería mi corte. Le dije regular no muy corto. Me puso aquella especie de bata que te cubre desde el cuello hacia abajo y empezó su trabajo. Todo siguió en orden hasta que producto de la cercanía para cortarme de mejor manera empecé a sentir el roce de su miembro.

Al comienzo me inquieté un poco seguido de un sentimiento de molestia, pero luego imaginé su miembro duro, tal y como los veía en las fotos de los modelos del sex-shop y me empezó a gustar. Tal parece que el peluquero notó que no rehuía a sus roces y no disimuló el aumento de mayores roces. Yo empecé a excitarme de una manera como nunca antes había experimentado y en un momento tuve deseos de ir al baño.

Le dije que me disculpara y que en un momento volvía. Cuando estuve a solas no aguanté el deseo de sentirme poseído por aquel pene y me bajé los pantalones para subirme el slip de tal manera de que se me metiera en el culo apretándome el ano deliciosamente. Salí del baño y como mis pantalones eran de tela delgada y algo apegada a mi piel creo el notó que mi ropa interior se perdía en mi culo.

Al sentarme arqueé mi espalda para que se notara aún mas mi culo deseoso. Le dije que me dolía mucho la espalda y por eso me arqueaba tanto. Esto seguro incendió a mi peluquero que al poco rato de charla me preguntó si visitaba a menudo dicha galería. Al responderle que si, me preguntó si había visto el sex-shop y que me parecía la ropa ahí expuesta. Le contesté que los hombres se veían bien así, aunque en realidad sólo me acordaba de sus paquetes. Supongo que esa conversación era para tantear camino. Finalmente terminó y me dijo que si aún me dolía la espalda. Como le contesté que si, me dijo que si quería me podía hacer unos masajes. Bueno le dije pero dónde. "Ahí, tras el biombo".

Tenía un biombo tras el cual había una camilla para sus clientas en donde les hacía masajes, pedicuros, etc. Obviamente ahí trabajaba más gente pero a esa hora sólo quedaba él.

Me dijo pasa y mientras tanto noté que ponía seguro a la puerta y bajaba las luces. "Así no molestará nadie" acotó. Me puse de pié frente a la camilla tras el biombo. Él se colocó tras de mi y efectivamente me empezó a realizar un masaje en mi espalda. Noté que empezó a acercarse y me preguntó si hacía efecto. "Algo" le dije. "Mejor suéltate la camisa" dijo. Me saqué la camisa fuera del pantalón y empezó a tocarme la espalda bajo la camisa.

Como aún estaba tenso (por los nervios, no por el dolor) dijo que me soltara el cinturón. Lo hice y siguió con sus masajes hasta que de pronto sentí su paquete tras mi culo suavemente pero lo suficiente como para darme cuenta que lo tenía duro y grande. Yo ya no podía más y apreté su bulto contra mi culo.

Me giré y le abrí el cierre, era un miembro descomunal, le lamí la gota que le colgaba de su glande, y me metí de una su verga en mi boca, apenas me cabía, tenía un sabor muy delicioso, le acariciaba los huevos, mientras él gemía de placer, me apartó, no deseaba correrse, tomó un frasco de vaselina, pues él sabía de su tamaño y grosor y se embadurnó su pija, metió dos dedos en mi culo y comenzó a girarlos.

Yo estaba en la gloria, sentía espasmos en todo mi cuerpo, me puse en cuatro y abrí con mis manos mis nalgas, dejando a su disposición mi culo virgen, él lentamente me la introdujo, un gran dolor se apoderó de mi, se detuvo unos segundos, y comenzó a penetrarme suavemente, el placer suplantó al dolor, estaba gozando como nunca, y ya sin miramientos me la clavó hasta el fondo.

Sentía el batir de sus grandes huevos en mis nalgas, gemíamos los dos del placer que estábamos gozando, mientras me cogía me masturbaba y me corrí sobre el piso.

Era mi primera vez, pero parece que fui hecho para esto. Le pedí que terminara fuera mío (no usó condón) así que lo hizo en mi cara y yo me tomé toda su leche……exquisita sensación, casi tanto como su pene hinchado y entero en mi culo.

Fue increíble para ser mi primera vez. Ahora normalmente me corto el pelo una vez al mes, pero voy a la peluquería una vez a la semana…

Autor: Tamarugo

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Escrito por Marqueze

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