La picadura

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No pude evitar gritar. Me decía que solo era la cabeza de su verga que me había metido, que debía relajarme. Tomó impulso y me apretó más duro la cadera y profundizó su vergota en mi culito. Se quedó quieto. Mi dolor era fuerte. Por unos instantes sentí que su verga no paró de entrar en mi ano. La sentía enorme, era como si estuviera invadiendo todo mi cuerpo.

De vez en cuando leo los relatos que ustedes publican. Me gustan de todo género. Creo que cada uno de nosotros tiene una historia o algo que contar, solo basta la voluntad y el tiempo para contarla. Me anime ha hacerlo y quiero que la conozcan, ojala la disfruten. Los hechos son reales y sucedieron en agosto de 2006.

Teniendo 22 años estaba terminando mi carrera de pregrado en Administración de Empresas y laboraba en una Multinacional en Bogotá. Soy alto, delgado y de una figura normal. Tenía relaciones con las chicas, las cuales las consideraba satisfactorias y me llenaban plenamente. Acabando julio de 2004 terminé con mi novia un noviazgo que duró más de dos años. Esto me dejó muy triste y deprimido.

Por esos mismos días, mis compañeros de oficina organizaron una excursión para la Guajira Colombiana. Por mi estado de ánimo, yo no tenía intención de ir, pero todos los de la oficina insistieron bastante y además me dijeron que era una buena forma de salir de mi estado y olvidar (lo que seguramente era cierto), ante lo cual acepté. Iríamos como 4 hombres y 3 mujeres, con los cuales tenia un trato amable y cordial.

Ya estando en la Guajira nos acomodamos los 7 en dos habitaciones de hotel, las chicas en una y los hombres en otra. Recorrimos sitios naturales y varias playas de la zona. Estábamos disfrutando, mucho y la verdad me estaba olvidando de mi decepción amorosa, Al tercer día de excursión un hecho me cambió la situación; estando en el Cabo de la Vela (un hermoso lugar de la zona), sufrí un accidente dentro del agua: fui picado por una aguamala por varias partes del cuerpo. Fue bastante doloroso pues es como un corrientazo eléctrico. Salí gritando de la playa y fui auxiliado de inmediato por mis amigos quienes me llevaron a un puesto de salud cercano. Allí me entraron y me pasaron a un consultorio, donde me dijeron en seguida sería atendido. Estando dentro del consultorio, a los pocos minutos llegó alguien que se identificó como enfermero y me preguntó que había pasado; le comenté sobre las picaduras y mostrando donde las tenía o creía tenerlas.

El enfermero me dijo que me calmara, que este tipo de accidentes era frecuente en la zona y que en la mayoría de los casos no tiene repercusiones mayores. Causa una lesión parecida a una quemadura, la cual desaparece en pocos días. Me acostó en una camilla y observó varias de las heridas manifestando que eran muy leves, pero que sin embargo producirían enrojecimiento y probablemente algo de inflamación. Me dijo que podría aplicarme alcohol o amoniaco en las zonas que ya se estaban enrojeciendo, pero que por experiencia propia me recomendaba que me echara orina lo cual era lo más práctico para neutralizar el efecto de la picadura. Me sonó bastante extraño, pero siendo un experto decidí hacerle caso. Le manifesté que como lo hacía y me dijo que él mismo podría hacerlo, si no me molestaba pues tenía que quitarme el vestido de baño y quedar desnudo. Lo pensé un momento y como estábamos solos dentro del consultorio no vi inconveniente alguno, y dije que si. Hasta ese momento no me había fijado en el enfermero.

Estaba solo en bermudas, era moreno, estatura media, musculoso y de ojos verdes. Era un tipo bien parecido Yo, desnudo estaba sentado en la camilla donde me acosté luego bocabajo y el enfermero observo más detenidamente las picaduras. Empezó tocando con sus manos las heridas de la pierna, la espalda, luego estaba tocando mis nalgas y metió su mano en la entrepierna. La forma en que me revisaba parecía un procedimiento normal; sin embargo a pesar del leve ardor que me producían las picaduras, sentí unas vibraciones extrañas y sentí que mi verga despertaba. En ese momento me pidió que me volteara boca arriba para continuar con la revisión. Cosa que hice lo más despacio posible tratando de evitar que no se diera cuenta que tenia una erección, lo cual fue inevitable, sentí mucha pena y mi cara se puso roja como un tomate, mientras que mi verga estaba como un mástil; me tranquilizó diciéndome que estamos entre varones y que a él no le molestaba verme así.

Lenta y con mucha delicadeza palpó mis piernas, después la ingle y finalmente sentí como me tocaba los testículos y mi polla. Hasta ahora solo algunos médicos, en chequeo habían palpado y tocado mis genitales, claro que sin estar empalmado, como ahora. Con sus dos manos cogió mi pene que ya estaba como una barra de acero. Mi verga es larga, con una ligera curva, circuncidada y de tamaño normal. Me dijo que tenía una herramienta poderosa con la que seguramente muchas chicas estarían encantadas. Este comentario hizo bajar el color en mi cara, pero no mi calentura. Pues siguió tocando por la entrepierna y colocando sus dedos cerca de mi culito. La situación para mi, adquirió un aire muy morboso. No sabía como actuar y me quedé quieto. El enfermero me dijo entonces que él podría hacer pis en un recipiente y echarme en las heridas o que si no me molestaba orinaría directamente en las heridas.

Sin pensarlo mucho no se porque le dije que directamente, y que empezara entonces a hacerlo. Se bajó su bermuda y con su verga al descubierto empezó al soltar su chorro sobre mi cuerpo. Meneaba su verga de tal forma que el chorro caía por varias partes. Observaba su verga que era larga y gorda, oscura, y se le marcaban algunas venas, terminando en un par de bolas grandes, yo veía que era inmensa aun en estado flácido. Una sensación indescriptible empecé a sentir, era un placer que no había experimentado antes.

El marco era realmente extraño, acostado, desnudo en una camilla y un hombre haciendo pis sobre mí-. Nunca había estado en una situación semejante ni se me hubiera pasado siquiera por la mente. A solicitud suya me volteé quedando bocabajo sintiendo ahora su caliente chorro sobre mi espalda. Sin saber porque levanté un poco la cola mostrándole mi culito y esperando que dirigiera allí su agua, lo que efectivamente hizo. Estaba excitado; quería explotar. Él acabó su tarea y pasó a hacer un masaje sobre las heridas. Me volteé nuevamente quedando esta vez de medio lado. Con mucho tacto pasaba sus manos por donde tenía las picaduras. Me dijo que listo había terminado que seguramente me sanaría pronto; pero que no podía dejarme ir así y que haría algo para mi calentura.

Me di cuenta que él estaba completamente desnudo y con su verga empalmada. Entonces hizo algo que no me esperaba, puso sus labios sobre mi verga y empezó a chuparla. Lancé un profundo suspiro, seguía de sensación en sensación, pasaba su lengua por todo el tronco de arriba abajo y de abajo arriba. Lo metía dentro de su boca, echaba saliva y luego pasaba la lengua hasta los huevos, se los metía en boca. Nunca una mujer me había hecho una mamada así. Yo estaba en el cielo. Empecé a gemir y expresar mi placer. No resistí mucho tiempo tanta dicha y me vine en su boca botando mucha leche la cual también para mi sorpresa se la tomó toda sin dejar de caer ni una gota. Vaya que si tenía aguante.

Yo estaba tan excitado que mi verga continuó empalmada a lo que el enfermero con algo sarcasmo manifestó que tendría que seguir bajando mi calentura. A estos momentos ya nada me sorprendía y realmente deseaba que continuara haciendo lo que quisiera. Un impulso repentino me hizo coger su verga con mis manos y empecé a masturbarlo.

Su verga tenía circuncisión y su cabezota era un perfecto hongo. Debía medir más de 20 cms. Estaba afeitado en el área genital. Era la verga más grande que había visto tan de cerca. Me dijo ¡veo que ha gustado! A lo que respondí que si y mucho; su olor a macho me despertó una más pasión. Me incliné un poco y puse mis labios sobre su vergota, caramba era realmente grande; Me encantó, tan suave…tierna, (ahora entendía porque las chicas se vuelven locas cuando la maman); empecé a chuparla. Tenía la punta húmeda, le salían unas gotas de líquido, me las tomé, su sabor me gustó, no sabía que hacer exactamente, pero si quería devolverle algo del placer que me habría brindado así que dejé todo su tronco y huevos, húmedos con mi saliva.

Traté de metérmela toda en mi boca pero no pude. Era muy grande y tuve sacarla porque sentí como ganas de vomitar. Seguí besando su tronco y los huevos, aunque algo torpe, parece que lo excitaba lo que estaba haciendo porque empezó gemir y decir que siguiera. Me cogía del cuello con suavidad y me empujaba hacia él y hacia fuera, así una y otra vez… me limité a disfrutar, Que cosa más rica… aquello tan duro y grande… Así estuve por varios minutos, saboreando aquel tronco de carne como lo más bueno que hubiera comido nunca.

Hasta que el mismo me dijo que parara que aun no quería venirse y que me daría la lección completa. Se levantó y empezó a besarme mi tetillas, las mordía y chupaba suavemente, con mucho estilo, manteniendo el placer que venia experimentado desde hacia rato. Me tenía dominado. Podía hacer conmigo lo que quisiera. Siguió con su besos hacia el ombligo, la ingle (pasó su lengua suavemente por la herida que ahí tenía) y nuevamente mi verga, mis huevos hasta llegar a mi ano. Su lengua empezó a jugar con el borde de mi agujero haciendo rollitos y penetrando mi todavía virgen culito. Solté un gritito y gemí de placer ¡que delicia! Le gritaba que siguiera que no parara, que me estaba haciendo muy rico.

Yo estaba transformado, gemía, arqueaba mi cuerpo levantando mi cola. Estaba como perra en celo. Con sus manos me masturbaba lentamente. A la vez que acariciaba mi huevos, mis nalgas. En momentos sentí que sus dedos estaban también en la punta de mi ojete, hecho saliva y me penetró con uno de ellos, haciéndolo circular dentro mí. Sentí dolor y lance un grito fuerte. No lo podía creer, había sido ¡desvirgado¡ y estaba que reventaba de placer; luego metió otro y otro más. Sacaba sus dedos echaba saliva y los volvía a meter. Cosa que comenzó a gustarme pues se iba dilatando mí inaugurado hueco y entraban más suave. Inconscientemente empecé a moverme al ritmo de sus dedos.

Así seguimos por un rato más. Sabía lo que vendría; me dijo que si quería sentir su tranca dentro de mi y le respondí, con un tímido si. Acto seguido escuché como escupía sobre mi culito En ese momento sentí como su dura verga empezó a tomar posición cerca de mi ojete. Una vez estuvo acomodado sobre mi cuerpo, este macho tomó su pene con su mano y lo dirigió hacia mi ano. Sentí su cabeza de verga en mi ano tratando de abrirse paso, yo le dije que fuera con cuidado, que nunca lo había hecho, que no podía meterme todo ese fierro de una vez; solo imaginarme todo su trozo de carne penetrándome, me causaba susto.

Me dijo que tranquilo, era consciente que yo era virgen y no me lastimaría. Sus manos apretaron mi cadera y sucedió. Dolor fue lo que sentí, más intenso que el que sentí con sus dedos. Quise levantarme y salir corriendo. Un pude evitar gritar. Me decía que solo era la cabeza de su verga que me había metido, que debía relajarme. Tomó como un impulso y nuevamente me apretó más duro la cadera y profundizó su vergota en mi culito. Se quedó quieto.

Mi dolor era fuerte. Cerré los ojos, apretando los dientes y creo que un par de lágrimas salieron de mis ojos. Por unos instantes sentí que su verga no paró de entrar en mi ano. La sentía enorme, era como si estuviera invadiendo todo mi cuerpo. Yo trataba de acostumbrarme a ese taladro rompiéndome. Me decía ya casi, falta poco, te las estás comiendo toda y vas a gozar como nunca. Con el siguiente impulso, terminó de poner toda su verga en mi ano, se detuvo nuevamente para darme un respiro. Descansó unos segundos y entonces empezó a mover sus caderas. Sentía un movimiento detrás de mí; primero fueron suaves y mi cuerpo se fue acostumbrando a sentirlos. Ya mi culo se había dilatado y albergaba todo su trozote de carne.

Siguió moviéndose y yo empecé a sentir gusto, si gusto, el dolor había pasado, yo también me movía un poco empecé a disfrutar el ir y venir de su verga en mi culo, sus huevos chocaban con los míos justamente por el vaivén de los movimientos en cada embestida y sus pelos me hacían cosquillitas. Empezó a embestirme más rápido a la par que me daba nalgadas. Lo tienes bien apretadito, me decía. Que culito tan rico, que emoción desvirgarte, decía y me seguía dando palmadas en las nalgas.

Ahora era yo el que se movía, Ya no había susto ni dolor, solo disfrutaba que me cogiera, era suyo y le gritaba que me diera, que siguiera, que estaba gozando. Más duro, más duro, métemela toda, decía yo; ambos gozábamos de la situación. Los dos gemíamos y suspirábamos, sudábamos, sentía mi culo ardiendo… me estaba abriendo en dos, su verga me llenaba, sentía como el culo estaba abierto… esa sensación de dolor y placer era súper excitante… Mi verga parecía explotar: Sin tocarme siquiera me vine nuevamente, y bote leche como jamás había sucedido. Que orgasmo.

Por varios minutos, él siguió cogiéndome. Escuchaba el plaf, plaf, plaf de sus nalgas contra las mías, su cogida parecía que me fuera a atravesar los intestinos. En un momento sentí que me apretaba más fuerte y respiraba más agitado. Me vengoooooooo, dijo entonces, sentí la fuerza de su chorro caliente dentro de mi culo, eso era el paraíso, varios metrallazos inundaron mi culo. Disminuyó sus embestidas y me saco la verga lentamente, sentía como algo salía de mi culo, era su leche. Nuevamente me sorprendió he hizo algo que no esperaba. Me metió su verga en la boca Yo aun ávido de placer la recibí. La chupé, saboreé mi propia leche. Tenía un sabor extraño, tenia una mezcla que yo creo que era con algo de mierdita; aun así, no sentí asco y me la tomé todita. Le dejé su verga limpiecita.

Increíble lo que la pasión hace en nosotros, como nos transforma. Se levantó y me dijo, que polvazo. Que yo tenía muy buenas nalgas. Que estaba muy contento por haberme desvirgado, Yo le conteste que me había gustado. Me levante también de la camilla. Me corría semen por la pierna. Me pase las dedos por mi culito, quedaron untados de semen con algo de rojo, era sangre. Me limpié. El enfermero me dijo que por las heridas me recomendaba no meterme los próximos dos días en el agua y que si tendría algún inconveniente volviera. Me dio su mano diciendo que se llamaba Samuel, pero que todo el mundo lo llamaba Samy, y que estaba para servirme; yo replique diciendo que me llamaba Enrique, le di las gracias y me despedí saliendo del consultorio, caminando despacio. Me ardía la colita. La excursión terminó para mí antes de tiempo.

En los siguientes días reflexioné mucho sobre este suceso. Me hice la prueba del VIH y para mi tranquilidad, salió negativa. Hoy me siento más heterosexual que nunca. Sigo teniendo relaciones con mujeres y las disfruto mucho, soy más creativo y abierto a todo lo que se pueda hacer desde que mi pareja lo acepte. No he vuelto a tener sexo con hombres pero no me cierro a que suceda. Creo que la vida es para disfrutarla en todas su expresiones. Recibo comentario sobre esta historia en mi correo electrónico… Saludos y gracias por leerla.

Autor: Enrique.st170

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Muy buen Relato,, Vivo cerca a Bogota, Tengo 20 años y nunca he hecho algo con hombres pero me gustaria !! saludos!!
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