UNA SORPRESA PARA MI ESPOSA Hetero, polvazo. La fantasía de ver a su mujergozando con otro pene mas grande que el suyo se hace realidad.

¡Comparte!

;n deambos). Lo cierto es que le compré aquel enorme miembro viril y lo camufléde la mejor manera posible en las bolsas que llevé a casa con algunascompras del hogar. Por supuesto estuve nervioso todo el día, esperando conansiedad que llegara la noche para poder hacer realidad mi fantasía y lade mi esposa, aunque fuera con un objeto sin vida, pero lo más parecido a unode verdad. Cuando llegué y ella abrió la puerta, la vi como más hermosa,más deseable, más sexy, probablemente debido a la excitación que me embargaba. La abracé fuertemente y le di un beso en la boca prolongado, con pasión,como a ella tanto le gusta y que la ponen a millón. Me preguntóque a qué se debía tanta pasión y le comentéque todo el día había estadopensando en ella y que la deseaba inmensamente y que no veía la hora de poseerlahasta el cansancio. Ella me confesó que también había tenido ganas todoel día y que me estaba esperando ansiosamente. Luego de hacer dormir a los niños,subimos al cuarto y coloqué una película que especialmente había alquiladopara la ocasión, en la cual dos hombres, uno blanco con una gruesa y enormepolla y un moreno con un igual o más grande güevo, seducen a una hermosachica y le acarician y besan por todo su cuerpo, hasta llevarla a un altogrado de calentura, para luego ponerla a mamarles al unísono aquellospoderosos miembros viriles, hasta terminar practicando con ella varias excitantesdobles penetraciones, desde todos los ángulos posibles (con lamujer hacia el frente, dando la espalda, de lado, etc) lo cual causó el efectodeseado en mi esposa, ya que logró elevarla a un grado de excitación altísimo,del cual me doy cuenta porque su cuquita se pone extraordinariamente lubricaday babosa, lo cual obviamente a mí me encanta y me pone tambiéna millón el verla así en ese estado. Luego de besarla y acariciarla por todoel cuerpo, al igual que los hombres de la película con la chica deturno, procedí a besar y a pasar mi lengua por su exquisita cavidad amatoria, tomándometodo mi tiempo para hacer que ella se fuera excitando cada vez más,para ello mordía suavemente sus labios vaginales, los cuales son bellosy delicados, capaces de frotarle a uno el pene de una manera deliciosa yestoy seguro ideales para complacer a cualquier hombre que tuviera comoyo la dicha de penetrar aquella preciosa rajita. Luego de darle lengua asu chochita un buen rato, procedí a penetrarla lentamente y poco apoco, ante lo que ella, presa de la excitación, prácticamenteme exigió que se la enterrara toda en su ansiosa cuquita, que estaba que parecíaun volcán de lo caliente y se sentía como una sedita de lo suave y resbalosaque se encontraba. Así lo hice, y al hacerlo ella exhaló un suspirode satisfacción y se dedicó a colaborar y a sincronizar sus movimientos conlos míos, buscando de esa forma frotar su ardiente sexo con el míopara satisfacer todo aquel deseo que guardaba dentro de sí. Luego de metery sacarle un rato mi pene en su húmeda vagina en una forma lenta y continuadaque la hizo proferir largos gemidos de placer y deseo, se lo saquéde improviso, a lo que ella se enojó y me dijo que no le hiciera eso, que estabamuy rico y que estaba disfrutando mucho, sin embargo, yo sintiendo la facilidadcon la que se deslizaba mi güevo, sabía que era el momentopreciso para intentar la penetración con el «amigo» que había traído,mucho más grande y grueso que mi pene y que estaba seguro mi esposa recibiría altamentecomplacida. Le dije, como para enardecerla, que no se lo iba a meter másy le pregunté que si no le provocaba otro más grande, como el de los tipos dela película, a lo que ella me respondió que el mío le gustaba muchoy que por favor se lo volviera a meter. Yo le obedecí y otra vez se lovolví a enterrar hasta el fondo y continué moviéndome pausadamente,girando mi pene alrededor de su vagina, lo cual sé que a ella la vuelve loca, conlo que ambos estábamos a punto del orgasmo, sin embargo, yo no queríaacabar tan pronto ni quería que ella lo hiciera, por lo que otra vez me detuve,y de nuevo sus reproches mimosos, pidiéndome que no me detuviera, que estabagozando mucho y que estaba que acababa. De nuevo volví a preguntarleque si no deseaba otro güevo más grande, dado el desborde tan abundante de líquidoslubricantes de su cuquita, a lo cual ella seguía reticente y dicié

ndomeque sólo me quería a mí, yo continué insistiéndole, planteándoleun hipotético caso de que yo hubiera llevado otro hombre a la casa con una pollaenorme como las de la película en mención y lo hubiera ocultadoy le dijera que saliera en ese momento que ella estaba tan excitada, que sino aceptaría que se lo metiera, a lo que me confesó llena de excitacióny pasión que sí, que le encantaría pero que sólo «de mentiritas», peroque sí quería una polla como la del tipo de la película, para saber cómose sentiría en su vagina, aunque argumentaba que no sabía si le podríacaber un güevo tan enorme, ya que a la chica de la pantalla le costaba trabajo hastametérselo en la boca, pero que tenía curiosidad por saber cómosería con un tipo de esos, luego me dijo que dejara de jugar y que siguierametiéndoselo, que estaba muy ganosa y excitada. Entonces le dije quele tenía una sorpresa muy especial, que como yo sabía que a ella le dabamiedo experimentar con otro hombre, que le había traído un güevo grandede goma, que parecía de verdad. Llena de curiosidad y de excitación, me dijo quese lo mostrara, que quería verlo, entonces yo le dije que se tenía que esperar,que primero le iba a vendar los ojos, para yo poderme preparar, porque resultaque el juguetico en cuestión, traía unas correas especiales para uno colocárseloen la cintura, como si se tratara de su propio pene. Ella accedióvisiblemente nerviosa y excitada, si es que podía estarlo aúnmás. Yo saqué al «amigo» de su escondite y melo coloqué en su respectiva posición,deseoso de satisfacer mi deseo de penetrar a mi esposa con una polla másgrande que la mía. Me acerqué lentamente a ella y le agarré la mano y se lacoloqué sobre el poderoso instrumento que tenía ahora atado a mi cintura. Ellahizo un gesto de estupor al sentir en su mano la presión de aquella vergatan gruesa y a la vez tan suave. No pudiéndose contener más para verlaen todo su esplendor, se llevó las manos a la venda de sus ojos y apresuradamente sela quitó, abriendo con asombro sus hermosos ojos al ver aquella cosa firmey desafiante, a lo que exclamó con temor y deseo: ¡Qué cosa tangrande!, a la vez que decía que dudaba que le pudiera caber eso en su precioso agujerito. Yo le dije que precisamente era lo que íbamos a comprobar en eseinstante, con lo cual se lo apunté directamente a su encharcada raja, la cual latíaapresuradamente, como imaginando lo que le esperaba en unos instantes. Lecoloqué la punta de aquel pene a la entrada de su sexo y sentí que casitermina en ese instante; lo fui metiendo poco a poco, milímetro a milímetroy de inmediato lo volvía a sacar, con lo cual ella agitaba las caderas y hacíadesesperados intentos por facilitar la entrada y apresurar la penetración,pero sin atreverse a decírmelo. Lo empujé otro poquito, comounos 5 ó 7 centímetros y ella de repente se fruncía, como con miedode no poder soportarlo, sin embargo, estaba en verdad tan encharcada, que lasparedes de su vagina no representaban ningún obstáculo para detener elavasallante paso de nuestro callado nuevo «amigo». Cuando le hube metido aproximadamentela mitad, empecé a hacer un movimiento de entrar y salir lento,pausado, desesperante para ella, tomando en cuenta la fuerte excitaciónque presentaba. Le pregunté si quería aún más, a lo que respondiócon la voz ronca por el deseo que sííí, sí,máaas, otro poquito…, con cuidado…;entonces yo le preguntaba: ¿te duele? a lo que ella decía: no, me gustamucho, se siente muy suave y grande a la vez, es delicioso; Entonces se lo empujémás y más, hasta casi tropezar las bolas del «amigo» con elculito de mi esposa, a lo que ella hizo un movimiento de retroceso y me dijo que no tanto,que le dolía, entonces yo empecé a moverlo, teniendo ya calculadohasta donde podía introducirlo sin causarle ningún tipo de molestia,y ella perdió todas sus inhibiciones y empezó a moverse agitadamente, queriendorestregarse todo aquel trozo de carne en su anhelante vagina, y saltando ygimiendo como una posesa y acelerando cada vez más los movimientosde su cadera, para encontrarse con los movimientos que yo realizaba para penetrarlacada vez más, hasta sentir tocar todo su cuerpo con el mío. Asíestuvimos un rato delici

oso, de compenetración, probando aquella nueva variaciónen nuestra vida sexual y disfrutando ambos al máximo el placer quedesbordaban nuestros sentidos, imaginando yo que era otro quien se cogía en aquellaforma salvaje a mi caliente esposa. No duró mucho ella en agitarse másy más, hasta alcanzar un poderoso orgasmo que creo no había sentido antestan fuerte, ya que se quejó duro y fuerte y apasionadamente, como nunca antes,diciéndome: ¡ahh, qué delicia, qué cosa tan rica, tan grande, tan suave,tan deliciosa; qué placer tan fuerte, mi amor, sinceramente, lo sentícomo nunca, gracias papito, gracias por darme tanto placer, te quiero tanto porqueme complaces en esta forma tan increíble y total, te amomucho, aaah, que rico! Yo, viéndola gozar así, estaba desesperado y deseoso detambién introducirme dentro de aquel volcán tan sabroso, pero esa noche queríaque fuera diferente a todas, así que seguí moviendo al «amigo»dentro de ella, aunque ella me había pedido que ya lo sacara, puesto que se pone muysensible cuando termina y debe descansar un ratico para poder seguir. Yo hizo caso omiso de su pedido y seguí metiéndole aquel mostruoblanco, grueso, que la llenaba por completo y que me hacía pensar que erayo el que así la follaba. No tardó ella en volverse a excitar y empezó a sentirvarios orgasmos seguidos, uno tras de otro, mientras yo le movía detodas las formas posibles aquel gigantesco miembro de goma dentro de su dilatada yencharcada raja. Así estuvimos como una hora, en la que perdí lacuenta de cuántos orgasmos tuvo, hasta que le saqué al «amigo» de su interiory le metí el mío, que estaba a punto de reventar de la excitación que meembargaba y me empecé a mover como un loco, agitado y exaltado por la forma en queme acababa de coger a mi querida esposa y por lo delicioso que se encontrabasu conducto vaginal, extremadamente lubricado gracias a los jugos de su veniday un poco más ancho de lo normal, debido a la insistente presión deaquella gruesa polla que tanto placer le había brindado a mi querida consorteunos instantes atrás. Mientras se lo metía insistentemente le coloquéel pene de goma en la boca, y ella empezó a besarlo y a mamarlo apasionadamente,como para agradecerle todo el placer que le había brandado; entoncesyo le pregunté que que tal le había parecido la sorpresa que le habíatraído, a lo que me contestó que había sido fabuloso y que era el mejor regaloque le podía haber hecho, que le había gustado muchísimo y quemientras se lo metía se imaginaba que era la muchacha de la película,con esos dos sementales vergudos, y que se la estaban cogiendo los dos a la vez;al escuchar a mi hermosa mujercita hacer semejante comentario tan calientey morboso, no pude resistirme más y exploté en un orgasmo impresionante,largo y eterno, que me parecía que se me iba la vida al expulsar esetorrente de semen que se hacía inacabable en el interior de la deliciosa, cáliday húmeda vagina de mi adorada esposa. Así estuvimos un buen rato,después de eso yo volví a meterselo de nuevo y seguí bombeándolahasta acabar otras dos veces más, cosa que no es muy común en mí luego de 12 añosde casado, sin embargo el deseo era mucho y la excitación tambiény ese día bien valía la pena. Les cuento que desde entonces hemos seguido continuamenteinvitando a nuestro común «amigo» a nuestras sesiones privadas de sexo,sin que haya ningún complejo de culpa o posibilidad que ella se vaya con«él», y además no tengo que darle explicaciones a nadie, alternado,unas veces me la follo con mi pene y otras utilizo al «invitado especial». Sin embargo no descarto la posibilidad de que alguna vez lo hagamos con un«amigo» de verdad, ya que ella de todas maneras me ha dicho que le gustaríaprobar uno igual pero de carne, caliente y latiente, para hacer el placeraún más intenso, si es que acaso eso es posible. Por supuesto, sobra decirque desde ese día y hasta la actualidad, ella bautizó aquel poderosogüevo sintético con el simpático nombre de «el amigo», nombre que utilizacuando se encuentra muy excitada y yo me la estoy cogiendo y me pide amorosamenteque quiere que le meta «el amigo», y he de confesar que cada vez que ellame pide eso, siento un frío en el pecho y un salto en mi corazón, y meda una excitación

terrible, pensar en que ella está deseando una pollamás voluminosa que la mía y realmente no sé por qué, pero me excita muchísimoque ella me pida eso.

Si alguien ha experimentado algocomo yo o si tiene algún comentario que hacer con respecto a nuestra situación,o cree tener condiciones para reemplazar al «amigo»,en medio de un clima de amistad, comprensión y madurez emocional, podríamosestudiar la posibilidad de que no sea una fría polla de plástico la quecomplazca los deseos ocultos de mi adorada y admirada esposa. Puedes escribirmea la dirección electrónica: nelsonyblanca (arroba) hotmail.com

[

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.