VACACIONES CON MI PRIMITA

¡Hola! Me llamo Miki y voy a relataros algo que me ocurrió hace ya unos cuantos años.

Yo tenía 19 años y estaba de vacaciones con mis padres en la costa, normalmente siempre íbamos con mis tíos y primos, estábamos allí 15 días y después nos marchábamos todos a la casa que mis abuelos tenían en el pueblo. Desde el primer día en la playa me di cuenta de que mi prima, que tenía 18 años y se llamaba María, se ponía siempre a mi lado y aprovechaba cualquier oportunidad para rozarme o cogerme la mano. Me extrañó un poco pero no le di importancia, pero esto cambió cuando el cuarto día al entrar al agua ella me siguió y empezó a tirarme agua, yo le dije que parase o le haría una aguadilla, a lo que ella me contestó que no era capaz.

Sin pensarlo dos veces me acerqué y la cogí en brazos, ella me pasó el brazo por detrás del cuello y me dijo que le gustaba estar así y con un pequeño movimiento se soltó una pierna dejando mi mano en el interior de su muslo y muy próximo a su bikini. Esto me puso a cien pero no fui capaz de hacer nada mas, la solté y ella me abrazo por detrás pegando sus pequeños pechos en mi espalda. Os contaré que María medía unos 155 cm, tenía un estupendo y redondito trasero y el pecho que se adivinaba bajo su bikini era pequeño pero con unos pezones que resaltaban notablemente.

Bueno continúo con el relato, el tener sus pezoncitos en mi espalda me estaba poniendo muy mal y noté que ella no lo hacía de forma inocente sino que estaba excitándose con el contacto. Me solté y le dije que nadásemos un poco a braza, yo me acerque por detrás y la cogí de la cintura, por lo que nadábamos juntos pero uno detrás de otro, a medida que ella daba brazadas yo fingía resbalar y deslizaba las manos hacia abajo hasta que las tuve a la altura de su bikini, ella no me decía nada por lo que continúe en mi tarea de acariciarla, bajé un poco más las manos e introduje suavemente dos dedos debajo de su bikini. Yo estaba alucinado, mientras nadábamos le sujetaba las caderas con las manos y mis dos dedos estaban acariciando su pubis en el que se notaba que tenía unos pelillos cortos y suaves que sin duda le habían salido no hacía mucho. Mis dedos se movían con lentitud pues no quería que se asustase, tocaba su pelo y descendía hasta el chochito pero al llegar allí ella daba un tirón y me impedía continuar por lo que me quedaba con las ganas de llegar a su cuevecita. Esto mismo lo repetíamos día tras día pero sin conseguir ningún avance, tampoco hablábamos de ello, pero yo al llegar a casa me veía obligado a hacerme pajas cada tarde. Llegó el día de irnos al pueblo y yo me sentía frustrado pues se me escapaba la oportunidad de poder llegar a más.

Al día siguiente llegamos al pueblo y era la hora de cenar, estábamos 17 en la mesa y mi prima se hizo un hueco y se sentó junto a mi, como éramos muchos nos encontrábamos muy juntos y esto hizo que María me rozase constantemente con su pierna, yo no podía más y metí una mano por debajo de la mesa poniéndola sobre la rodilla de ella, su reacción fue poner su mano sobre la mía y dedicarme una sonrisa, ante esta situación comencé a acariciar su pierna despacio por encima de la faldita y ella para sorpresa mía la bajó y la puso sobre su muslo pero bajo la falda, mi excitación iba en aumento, estaba acariciando los muslos suaves de mi inocente primita, mi mano se deslizaba cada vez más arriba y ya estaba en el interior de sus muslos y muy próxima a su braguita, extendía el dedo y lograba rozar el encaje, ella apretaba las piernas por lo que tenía que empujar poco a poco para ganar terreno, ya tenía un dedo dentro de la braguita, como no se las había visto nunca las imaginaba blancas pequeñas y con encajes, mi dedo su pubis y notaba como María estaba nerviosa pues no paraba de moverse en la silla, no se si por el calentón o por dificultar mi exploración, finalmente tuve que sacar la mano por mi

edo a que mis padres o mis tíos se percatasen de lo que sucedía.

Llegó la hora de dormir y la casa tenía dos plantas, en la primera dormían casi todos y en la planta alta había dos dormitorios, María y su hermana se pidieron una y yo rápidamente dije que quería la otra, al subir las escaleras, que eran muy inclinadas, deje pasar a mi prima y me quedé observando desde atrás como ascendía moviendo inocentemente el culito, por lo que la falda que era mini, se movía y dejaba ver ligeramente las bragas que como yo pensaba eran blancas. Al llegar arriba nos despedimos y cada uno se fue a su dormitorio. Minutos más tarde yo no paraba de pensar en ella y en esas braguitas que me tenían loco. Sin pensarlo dos veces me levanté y me dirigí al dormitorio de mis primas, abrí la puerta y les dije:

– Hola! No puedo dormir, ¿me dejáis que os haga compañía?

María dio la luz y me dijo que me acercase y me sentase en la cama junto a ella. Era una cama de 135 y estaban las dos en ella.

Pasado un rato de charla les insinué que hacía frío pues era una casa vieja, por lo que María me dijo:

– Túmbate en la cama y tápate con la sabana.

Yo sin perder tiempo me metí dentro y me pegué todo lo que pude a ella, nuestros cuerpos se rozaban y su mano tomó la mía, si decir nada la llevó a sus piernas y la dejó sobré su muslo derecho, yo comencé a deslizar la mano hacia arriba hasta llegar al borde de su camisón, entonces metí la mano entre sus dos piernas y seguí ascendiendo arrastrando el camisón hacia arriba, sus muslos eran tan suaves, tan dulces que estaba a punto de correrme, ya me encontraba rozando el encaje de las braguitas, subí un poco más y acaricié el chochito por fuera, notaba como las braguitas se ajustaban perfectamente a su cuerpo y al tener tan poco pelo en el pubis se marcaba perfectamente la entrada de ese coñito que seguramente nunca había sido acariciado. Mis movimientos eran lentos pues no quería que su hermana se diese cuenta, mi dedo índice se metió bajo la braga y jugó con su pelillo, pero una vez mas al intentar introducirlo en el coñito María cerró las piernas impidiendo mi acceso, sin esperarlo mi prima comenzó a respirar agitadamente y temblar de una forma exagerada, su hermana le preguntó:

– ¿Qué te pasa? ¿Estás mal?

Pero no hubo respuesta y por el contrario los movimientos se acentuaron especialmente cuando le apreté el dedo contra el clítoris por encima de la braga. Mi prima había tenido un orgasmo monumental y yo estaba casi seguro que había sido el primero de su vida. Me levanté y me despedí hasta el día siguiente.

Al llegar a mi habitación me hice una buena paja y después decidí que no volvería a bailar al ritmo que ella pretendía, si quería jugar lo haría como yo quisiera.

A lo largo de todo el día no la hice caso, al llegar la noche dije que tenía sueño y me iba pronto a dormir, ella me dijo que fuese a su dormitorio y yo le contesté que no. Pasados diez minutos mis primas se fueron a dormir, yo estaba despierto y tremendamente excitado, pero sabía que no podía acudir a su habitación porque volvería a pasar lo mismo, así que decidí dormir. A los quince minutos se abrió la puerta y vi al trasluz que era María, susurró si estaba despierto y al decirle que sí, me preguntó por qué no había ido a su habitación. Encendí la luz y divisé una visión espectacular, Mi prima estaba de pie junto a mi cama, llevaba la melena suelta y vestía unas braguitas diminutas que no podían disimular el abultamiento de su coñito y que por ser casi transparentes marcaban perfectamente esa maravillosa rajita que con tanto gusto había acariciado la noche anterior, la blusita que llevaba era de gasa fina y dejaba ver sus pechos en los que destacaban unos pezones puntiagudos y redonditos. Estaba parada sin saber que hacer así que levanté la sabana y me hice a un lado, ella se metió en la cama y se pegó a mi con fuerza. Era mi oportunidad, mientras con una mano comencé a acariciar sus pezones por encima de la blusa, con la otra fui subiéndola hasta dejar los pechos al aire, ¡Que visión! estaban duros y los pezones apuntaban hacia arriba, era un placer poder tocarlos, así que sin dudarlo me incliné y puse mis labios sobre uno de ellos, lo lamí, succio

né y apreté entre mis dientes, ¡Era delicioso!. Una de mis manos fue deslizándose hasta llegar a la braguita, durante un tiempo jugué por fuera acariciando la entrada del coñito, María estaba excitadísima y me acariciaba el pelo con sus manos, rápidamente introduje el dedo bajo la braga y le toqué el clítoris pero ella instintivamente cerro las piernas y se giró para sacármelo, otra vez volvíamos a las andadas. Me di la vuelta y le di la espalda, ella me preguntó qué me pasaba y por que no seguía, yo le contesté que no estaba dispuesto a seguir así. Por un lado quería conseguir más de ella pero por otro tenia miedo de que se fuera y me dejase allí con el calentón.

Tomé la mano de ella y la puse sobre mi pijama, hice que me acariciase la polla por encima y a continuación la metí debajo de forma que pudiese tocarme sin obstáculos, se le notaba nerviosa así que le ayude a que abriese los dedos, rodease mi polla y comenzase a hacerme una paja, poco a poco fue cogiendo ritmo y sus movimientos iban siendo más seguros, no apartaba su vista de mi tremenda erección. Le pasé la mano por el cuello y bajé su cabeza hasta tener mi polla a escasos centímetros de sus labios, no se decidía e incluso empujaba para separarse por lo que presioné con más fuerza su cabeza hasta que sus labios se abrieron y engulleron el capullo rojo y deseoso de ser comido, sus lamidas eran inseguras pero a cada momento que pasaba notaba como se la tragaba más adentro y movía su lengua de forma que mi capullo estaba en la gloria, al tiempo que ella me hacia la mamada yo introduje mi mano bajo su braguita y comencé a acariciar su coñito que estaba completamente empapado. Al principio metí un dedo que fui deslizando poco a poco por la rajita, ella por primera vez abrió ligeramente las piernas facilitándome el acceso, por lo que sin dudarlo un momento aparté la braga a un lado y metí dos dedos dentro de su rajita, su respiración se aceleraba, su boca se comía con desesperación mi polla y sus caderas se movían de forma que buscaban claramente mis dedos, era ella la que se los estaba clavando hasta el fondo, noté que se había hecho daño y saqué la mano rápidamente, pero ella me dijo:

– ¡No pares por favor!. Métemelos otra vez que me da mucho gustito, pero ten cuidado que soy virgen.

Estas palabras me excitaron más si cabe y a partir de aquí le introduje dos y tres dedos de forma que ella no paraba de gemir, estaba en mis manos y podía jugar con ella a placer, me chupaba la polla gimiendo como una loca se movía adelante y atrás y se retorcía con mis dedos dentro de su coño, que se había dilatado de una forma considerable, estaba como loca.

Yo ya no podía más y me iba a correr así que se lo dije y ella intentó separarse, la agarré con fuerza de la cabeza y le dije que no se sacara la polla de la boca, mi corrida fue espectacular y ella se tragó toda la leche, cuando hube acabado continuó lamiéndome el capullo con mucha suavidad, yo aceleré los movimientos de mis dedos en su coño y ahora fue ella quien se corrió dando algún que otro grito, tuve que taparle la boca para que no despertara a los demás. Nos abrazamos y nos quedamos quietos durante un largo rato, poco después ella se levantó y se fue a su habitación.

El verano dio para más pero este es el mejor recuerdo que tengo y desde entonces debo deciros que a pesar de haberme casado, me he hecho muchas pajas pensando en ella.

Autor: MIKI

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Escrito por Marqueze

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