Vacaciones en pareja (III: Sometiendome)

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O de los nuevos juegos

Ser su esclavo, ¿qué significaba eso?, ¿dónde me estaba metiendo? Aquello me excitaba, tanto que, sin darme cuenta, ya tenía mi herramienta lista otra vez. Aunque me excitaba, no me sentía totalmente seguro.

– Ya estás listo otra vez…. Esto me gusta más por momentos -dijo ella, mirándome con asombro mi polla erecta.

Ella me sonrió y, con un movimiento de sus dos brazos me ofreció sus senos. Por fin podía ver aquellas dos tetas que me traían loco desde el día que la conocí. Se las apretó una contra la otra, me miró y me ordenó:

– Venga, chúpamelas…

No lo tuvo que repetir dos veces. Empecé a chupar primero el pezón derecho y luego fui cambiando de uno al otro varias veces. Ella empezó a dejar escapar pequeños gemidos de placer. Escucharla gemir bajo mis acciones me hacía sentirme más excitado aún.

Le dí un pequeño mordisco en el pezón izquierdo, ella se estremeció de placer y dejó escapar un ruido que me dejó claro que estaba disfrutando con aquello. Ella estaba excitada, estaba disfrutando bajo mis caricias. Eso me parecía un sueño. Mi polla estaba ya en todo su esplendor. Sus pechos se encontraban totalmente recubiertos de mi saliva y podía deslizar mi lengua con toda facilidad.

Ella me agarró la cabeza con las dos manos, me dijo que parara y se arrodilló delante de mí.

Antes de que pudiera pensar nada más, ella empezó a recorrer mi verga con su lengua, de arriba a abajo. Lo hacía con avidez, le encantaba chuparme la polla. Con otro rápido movimiento se la metió entera en la boca. Al sentirme dentro de su boca, con el movimiento de su cabeza, arriba y abajo, arriba y abajo, eso podía más que yo, no me iba a poder aguantar más.

Dejó de chuparme la polla y se la sacó de la boca. Me había dejado al borde mismo del orgasmo. No pude aguantar y me la agarré con la mano derecha y cuando iba a empezar a masajeármela, ella me detuvo.

– ¡Para, para, esclavo! ¿Qué haces? No quiero que te corras… Ven, túmbate en la cama -mientras decía eso se puso en pie y me señaló la cama con el dedo –

Me la quedé mirando, extrañado.

– ¿Eres sordo, esclavo? Túmbate con los pies en la almohada, bien pegado a la pared.

– Helena…

– ¡Que lo hagas! Me estás comenzado a hacer enfadar. Haz lo que te digo -me miraba desafiante-. Venga. Muy bien… Ahora sube los pies al cabecero de la cama y te levantas con los codos hasta que quedes verticalmente.

No me veía con fuerzas para discutir con ella. Además, todo lo que habíamos hecho por ahora me había encantado. Así que obedecí como pude, apoyé los pies en el cabecero que atravesaba la cama horizontalmente y utilicé los codos para quedar verticalmente.

No quedé totalmente vertical, pero si lo suficiente como para contentar a Ella. La única parte de mí que seguía en contacto con la cama eran los hombros, algo de espalda y la cabeza. En esa posición veía perfectamente mi polla: estaba encima de mi cabeza, unos centímetros más arriba.

– Muy bien…, ahora empieza lo bueno. Tras decir eso me agarró la polla y empezó a meneármela. Yo me encontraba a punto de correrme desde hacía rato. Cuando me di cuenta de lo que ella pretendía ya era demasiado tarde.

– ¡No, Helena! Para, por favor…, que me voy a correr…, noooo…,paraaaa… -supliqué inútilmente.

– ¿No querías correrte en sin mi permiso? Pues ahora sabrás lo que se siente por desobedecerme.

No me pude aguantar más. Mi polla estalló en una gran corrida con destino a mi propia cara. Los chorros de leche fueron a parar sobre mis labios.

-Chupa y no dejes ni una sola gota.

Obedecí sus ordenes y tome todo me semen.

Me quedé sin fuerzas y me doblé como una acordeón sobre mi espalda, luego me dejé caer a un lado y me coloqué de rodillas sobre la cama.

Se abrió de piernas, dejándome ver su preciosa rajita. Estaba brillante, con lo cual me quedó muy claro que ella estaba también muy excitada con todo aquello.

– Venga, ¿a qué esperas? Ven aquí y chúpame el co&nt

ilde;o, que tú ya te has corrido y yo aun no…

No tardé ni un segundo en obedecer,. Me coloqué a cuatro patas sobre la cama y empecé a besarle su coño. Estaba húmedo. A cada uno de mis besos, Ella soltaba un suspiro de placer. Estaba disfrutando.

Le introduje la lengua lo más hondo que pude y empecé a moverla con rapidez por el interior de su coño. Ella soltaba cada vez más fluidos, los cuales yo tragaba con avidez.

– Agggghhhhhh…, siiii…, siii…, muy bien…, sigue… Ante su notoria excitación, me decidí a meter también uno de mis dedos en su raja. Le metía el dedo mientras se lo chupaba. Ella estaba a punto de correrse. Su excitación iba en aumento, al igual que sus chillidos de placer. Cuando faltaba poco para que se corriera, saqué mi dedo de su coño y lo introduje, sin previo aviso y de un sólo golpe, en su culo. Ella dio un respingo al notar mi dedo dentro de ella. Eso no pareció gustarle mucho, pero estaba rendida delante de la inminente corrida que si iba a pegar.

– Joderrrr…, mmmmmm…, me voy a correr, cabrón…, mmmmm…, no puedo más…, AGGGGHHHHHH…

Se pegó una corrida bastante salvaje. Yo engullí todo lo que pude. Cuando ella se relajó en la cama, le saqué el dedo del culo y me puse de rodillas para ver su expresión. Estaba sudando mucho. Tenía la cara con una mueca de placer y me sonreía. Esto sí había sido genial, lo había disfrutado como una loca.

Pero debido a lo ajetreado de la noche ella estaba excitadísima, y continuaba en plena facultades.

-Ahora deseo tu poya.

Dicho y hecho. En cuestión de segundos ya se encontraba a cuatro patas encima de la cama. Puso el culo en alto, mostrándome su clítoris al completo. Ella estaba de nuevo excitada, como me mostraba su coño chorreando de flujos.

Me puse de rodillas detrás suyo. Esto iba a ser genial. Estaba a punto de follarme a mi ama en una postura que me excitaba muchísimo. Comencé a penetrarla lentamente hasta que tuvo mi poya por completo dentro de ella, entonces empecé a golpear con fuerza al tiempo que le daba unos azotes en el culo. Ella comenzó a menearlo con fuerza y a gritarme.

-Dame más, follame más fuerte esclavo

Estaba rendida delante de aquel torrente de nuevo placer que recorría su cuerpo empezando desde su coño y pasando por su culo azotado. Aproveché que tenía los brazos libres para agarrarme a su pelo rizado. Entre estocada y estocada le tiraba del pelo hacia atrás. Ella estaba a cuatro patas, con la cabeza inclinada hacia atrás. Cada vez gemía con más fuerza. Estaba muy excitada. Desde hacía rato una de sus manos jugaba con su coño. Estaba dejando ir jugos como una loca.

– AAAAAGGGGGGHHHHHH…, no puedo másss…, me voy a correr… -masculló ella.

Aceleré mi ritmo de golpes de cadera. Entraba y salía como un loco. No encontraba la menor oposición en su coño. Ella arqueó la espalda y dejó escapar un gemido de placer. Se había corrido como una loca mientras yo se la metía hasta dentro.

– Ssssiiiiiii…, qué biennnn…, mmmmmm…, joderrr…, qué bien… Sus fluidos resbalaban por sus piernas hasta acabar en la cama. Ella acababa de pegarse una de las mejores corridas de su vida gracias a mí. Ella se había corrido, y yo estaba a punto de hacer lo mismo.

– Te prohíbo que tengas tu orgasmo esclavo, obedece.- logró decir en un jadeo. obedecí, y con muchísimo esfuerzo deje mi pene libre.

-Todavía te tengo reservado algo.

Entonces se recostó para descansar

Fin Capitulo III

Autor: papillon1h

papillon1h ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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