Vendo mi carro

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Mi hoyito estaba más que relajado, lo besó, introdujo su lengua y me hizo gritar de excitación, cambió su lengua por un dedo, dos dedos y hasta tres, estaba dispuesto a todo, de pronto sentí algo más contundente que aprisionaba mi esfínter, era su verga que clamaba por abrirse paso entre mis músculos, lo metió todo con suavidad, sabía que tenía dentro 22 cms, de vibrante carne joven.

Esta es una frase popular en la ciudad donde vivo cuando alguien quiere vender su carro usado, se dan ciertas características como precio y teléfono para contactar al propietario. Cierta tarde circulando por la ciudad, observé un deportivo azul, con esa inscripción aun cuando yo no necesitaba un carro, aceleré la marcha para mirarlo más de cerca, lucía muy bello la verdad, pero lo que más me llamó la atención fue el conductor, un rubio impresionante con unos ojos azules de portada. Inmediatamente tomé su número de teléfono celular y dejé que se alejara un poco, marqué ese número desde mi carro y al contestar, me identifiqué por mi nombre y le dije que su carro lucía en muy buena forma y que estaba interesado en el, me habló de ciertas características del vehículo a lo que le respondí, que deseaba verlo, que se detuviera en el centro comercial que estaba al cruzar la calle, para hablar.

Así sucedió, aparcó su vehículo y esperó por mí aún dentro de su carro y con el en marcha, por medidas de seguridad según me comentó después, llegando yo escasos segundos después, bajé de mi vehículo y me dirigí donde él estaba, me presenté diciéndole mi nombre y apretando su mano, entonces él bajó del carro y pude ver su impresionante belleza, mi primera impresión después de verlo fue lanzarme a sus brazos pero no tenía que ser más formal si quería alcanzar mi objetivo, lo miré con disimulo y pude observar un paquete descomunal dentro de su jean, tenía un cuerpo que a leguas se veía que era un asiduo al gimnasio, era todo una escultura. De inmediato abrió el capó del carro y comenzó a dar detalles del motor, de los trabajos que le había hecho para una mejor potencia, detalles de la pintura, tapicería, etc. y todas esas guevonadas que uno habla cuando quiere vender algo, yo no le prestaba atención a sus explicaciones, la miradas a sus fibrosas nalgas y a su paquete, absorbían mi mente, creo que se dio cuenta, de que le miraba más de la cuenta, pero no dije nada. De inmediato, le dije que le invitaba a pasar la siguiente tarde por mi apartamento para finiquitar y ultimar ciertos detalles, le di mi dirección y teléfono para que confirmara si podía ir o no y nos despedimos con un apretón de manos muy disimulado.

Ese día ordené a la muchacha que me hacía el servicio que se fuera más temprano y llegué del trabajo más rápido de lo habitual, a eso de las cinco, llamó para confirmar sus asistencia, pero que media hora más tarde que lo convenido, tiempo que aproveché para darme una ducha muy especial y colocarme un short negro muy sugestivo, ya que mi buen formado cuerpo se presta para ello, mis horas de gimnasio y hambre me ha costado.

A la hora convenida, sonó el intercomunicador, era él, creía que el corazón se me iba a salir por la boca, después de los saludos de rigor, le invité a sentar y le ofrecí un trago a lo cual accedió con gusto. Estuvimos hablando largo rato sobre nuestras profesiones, familias, etc. Al cabo de varios tragos, tocó el tema del carro, a lo cual respondí, que realmente yo no necesitaba el carro, que era para un amigo, pero que conociendo sus gustos sabía que le iba a gustar, él me respondió que tenía la percepción que algo de eso había ya que la tarde anterior, no mostré ningún interés en los detalles técnicos que me explicaba y en cambio prestaba más atención a otras cosas. ¿Como por ejemplo?

Me dijo, -¿Te puedo hacer una pregunta indiscreta? -Claro le respondí, sabía por dónde venía la jugada. -Creo que la única parte del carro que te interesaba, era la palanca de las velocidades, llevándose la mano muy discretamente sobre su miembro, ¿cierto?, ayer solo prestabas atención sobre mi cara y cuerpo, pude verte disimuladamente más de una vez y sabía de tus intenciones.

Acto seguido, en señal de estar de acuerdo con él, lo único que hice, fue posar mi mano sobre su paquete y esbozar una amplia sonrisa. Me acercó a su cuerpo y frotó con fuerza su paquete con mi mano, como loco me arrodillé frente de él y comencé a abrirle el pantalón en busca de esa fruta que estaba deseosa de ser saboreada, cuando quité todo obstáculo que le impedía desarrollarse cuán grande es, pude admirar no menos de 22 cms. De larga y gruesa verga rubia, con un glande rosado brillante de líquidos preseminales, lo tomé entre mis manos y lo besé con dulzura todas esas gotas quedaron en mis labios, le fui dando pequeños chuponcitos sobre su cabeza y rodeándolo poco a poco de mis carnosos labios, jugué con su ojete y le hice vibrar, de a poquito me fui tragando ese mástil hasta sentir sus vellos contra mis labios, comencé simultáneamente a acariciarle sus testículos, parecían dos melocotones con sus vellos rubios, comencé a lamerlo con pasión, se regodeaba de excitación.

En ese momento pensé que iba a terminar, me detuvo y me condujo con suavidad hasta su boca, nos dimos unos besos inolvidables, me abrazó con fuerza, era tiernamente fuerte, le dije que se quitara toda su ropa que quería admirar su cuerpo en toda su magnitud, se paró y lo hizo, pensé eso es un macho y así se lo hice haber, me dijo que me desnudara y lo hice, acarició mis nalgas por primera vez, aun parado me dio un beso de película y me fui dejando caer hasta quedar frente a su verga otra vez ahora más potente, mamé con locura, estaba que reventaba y así se lo demostraba, prontamente mi garganta se acostumbró a ese tronco de carne y venas que me hacía vibrar, me culeó por la boca con maestría, sus frecuentes contorsiones, me anunciaron que se vendría en seguida, su primer chorro me cruzó la lengua, fueron varios trallazos, era un néctar delicioso, sabía a una merengada de vainilla, pero sin empalagar, quedó muy cansado y yo también nos recostamos en el sofá y nos tomamos de nuevo un trago. Me dijo, -¿Te puedo hacer una pregunta indiscreta otra vez? -Claro respondí soy todo tuyo.

-¿Con tus nalgas culeas tan rico como por la boca? -Eso depende de ti, de cómo lo metas, yo con el nabo que me gusta soy un demonio, le respondí.-No te preocupes, te haré alcanzar el cielo, me dio por respuesta.

Comenzamos a prodigarnos caricias y muy rápidamente nos excitamos de nuevos, nos besamos de nuevo como desesperados, nos recorríamos con las manos, sus manos se posaron sobre mis duras nalgas a su vez yo acariciaba su guevo, loco por mamármelo de nuevo, conoció mis intenciones y me lo ofreció con gusto, chupé mejor que la vez anterior, por poco se viene de nuevo, pero ambos teníamos otras intenciones, me pidió que me arrodillara en el sofá y acarició mis nalgas, las colmó de besos y pasaba la punta de mi lengua por mi rajita, que poco a poco se abría más, las separó con su lengua y manos, buscó mi hoyito que ya a estas alturas estaba más que relajado, lo besó una y otra vez, introdujo su lengua y me hizo gritar de excitación, cambió su lengua por un dedo, dos dedos y hasta tres, estaba dispuesto a todo, de pronto sentí algo más contundente que aprisionaba mi esfínter, era su verga que clamaba por abrirse paso entre mis músculos, lo metió todo con suavidad, sabía que tenía dentro 22 cms, de vibrante carne joven.

El dolor no se hizo presente, la pasión se desbordó, culeó con locura y desenfreno, mis nalgas no paraban, me dijo al oído, culeas divino, sus vaivenes se hicieron más fuertes, él me masturbaba, apretó el mete y saca, sabía que se corría y sentí su leche caliente inundar mis entrañas, se lanzó sobre mi, mordió mi cuello. Estábamos exhaustos. Nos recostamos sobre el sofá de nuevo y seguimos tomando.

Me dijo, -Quiero conocer tu habitación, lo conduje a ella, se recostó y durmió un rato, mientras tanto yo lo observaba y pensaba, así no importa comprarle el carro.

Al despertar, me atrajo a su cuerpo, montó el mío y me dijo, no importa que no compres mi carro, de hecho ya no lo quiero vender, pero seguiré viniendo mientras tú me lo permitas, sabía que venía a esto, pero no pensé en cuanto lo iba a disfrutar. Es divino estar contigo. Nos comenzamos a besar de nuevo, hasta empalmarnos y comenzamos a culear de nuevo, llevó mis piernas hasta sus hombros y me culeó con fuerza, sin compasión, sabía que le aguantaría, pero esta vez no terminó dentro de mi culo, pidió que se la mamara y no lo pensé, quería esa miel, que ya había probado, ahora con menos abundancia pero con un sabor más rico, mezclado con el suave aroma de mis nalgas.

Nos despedimos, pero esa no fue la última vez, siempre me llamaba por teléfono o intercomunicador de mi apartamento, anunciándose como el vendedor de carros hasta que se movió de ciudad por cuestiones de trabajo

Dedicado, a mi amigo Javier con mucho cariño. Si tienes un comentario o anécdota que contar, hazmelo saber.

Autor: Inito

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Escrito por Marqueze

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2 Comentarios

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  1. q envidia! si alguien quiere tener una experiencia asi conmigo q me pase su mail… penes chicos abstenerse

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