Yo a Londres, tú a Canarias (MARCOS Y DIANA)

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Hola de nuevo, un saludo a [email protected], en especial a Marcos Pérez por sus palabras, espero que guste también este relato. Os voy a contar algo de lo que nos ha sucedido a Diana y a mi después de nuestro último viaje a Canarias, la verdad es que todo ha estado bastante tranquilo hasta hace algunos meses.

En primer lugar deciros que las cosas no se han arreglado con Ricardo y Sandra, como os dije en mi relato anterior, los estúpidos celos.

Hacía muchos meses que no veía a mi inglesita, había ido un par de veces a Londres desde que nos conocimos en Canarias, pero en una ocasión mi horario era demasiado apretado y en la otra ella tuvo que resolver problemas familiares con su ex y, sinceramente, no me apetecía ser el paño de lágrimas de nadie.

Durante estos meses nos habíamos comunicado por Sky, yo le había solicitado en varias ocasiones que se desnudase y que se masturbase para mí, pero ella se negaba. Tampoco me seguía el rollo con los mensajes subidos de tono que intentaba intercambiar. No estaba nada contento con cómo se estaba desarrollando todo, no quería una relación seria con ella, creía haberle dejado claro que amaba a Diana y que eso no cambiaría. Yo quería alguien con quien follar sin ataduras cuando nos viésemos, desinhibida y no lo estaba consiguiendo, pero le pondría remedio lo antes posible o lo dejaríamos.

Tenía que ir tres días a Londres, pero el horario sería tan apretado que no tendría ocasión de verla al igual que las veces anteriores. Diana me sugirió,

  • Porqué no reservas la semana entera, le das una alegría y perfeccionas tu inglés. Además yo hace mucho que no veo a mi yogurín canario y podría reservar unos días para follar con él.

“Unos días”, si la vez anterior estuvo poco más de un día completo con él y le dejó su coñito inservible durante casi una semana, ¡cómo se lo dejaría ahora! Me hubiese gustado mucho estar allí para verlo todo, pero también me apetecía enviciar a mi inglesita, a la que por cierto llamaré Samanta, por Samanta Fox (como os he dicho sus tetas son XXL). Di me aportó algunas ideas para emputecerla, hice alguna llamada y lo dejé preparado.

Los dos salíamos el mismo día para nuestros destinos, Di llegaría a Canarias antes de que yo embarcase para Londres. Estaba en la terminal leyendo un periódico cuando recibí una llamada, era Diana, imaginé que sería para decirme que había llegado bien y todas esas cosas, descolgué y antes de que pudiese hablar pude oír:

  • Venga, si lo estás deseando – era la voz de Mario, me puse rápidamente los auriculares del móvil. Por el ruido iban en un coche con el manos libres. Seguro que Diana quería que lo escuchase.
  • No seas malo, no tardaremos en llegar y entonces podremos…
  • ¡Venga zorrita! Seguro que no has vuelto a probar una igual que ésta desde que estuviste conmigo – la verdad es que tenía razón.
  • Tengo que conducir, vamos a tener un accidente.
  • ¡Vamos sácamela! – se oyeron unos ruidos sordos durante unos segundos.
  • Ves qué fácil, ¡mira cómo me tienes! – yo también estaba empalmado en el aeropuerto.
  • Joder Mario déjame conducir, que ya nos falta poco para llegar.
  • No dejes de tocármela, me duelen los huevos de las ganas que tengo de descargarme.

Unos segundos sin oír nada y luego unos gemidos,

  • ¡La tienes ardiendo! Mira ya casi estamos en la casa, ahora podemos seguir más tranquilos…
  • No pares, ¡sigue putita! – este chico ya no era tan inocente como cuando lo conocimos.
  • Esa es la casa, ya hemos llegado. Vamos dentro ¡por favor!
  • ¡Chúpamela aquí!
  • ¡Joder Mario! Vamos dentro y podrás hacer de mi lo que quieras.
  • ¿No me has oído? ¡Quiero follarme tu boca!
  • A ver si te vas a correr y luego no puedes conmigo. ¡Ja, ja!
  • No te preocupes, que te vas a hartar estos días. ¡Vamos!

Por la respiración de Diana le estaba haciendo una mamada al chico. Pasaron varios minutos en los que se oían los chupetones de Di y los gemidos de Mario,

  • Vamos dentro zorrita, que antes no querías chuparla, pero ahora no la sueltas. ¡Quiero reventarte el coño!

Se oyeron las puertas del coche y Diana cortó la comunicación. Yo tenía un calentón tremendo, mi pantalón de vestir parecía una tienda de campaña y necesitaba masturbarme con urgencia, así que me metí en los baños y me imaginé a Diana intentando encontrar aire bajo el peso de Mario y soportando las embestidas de su polla…

Cuando llegué a Londres fui a una casita muy discreta que alquilo cuando mi mujercita y yo necesitamos discreción, normalmente voy a un hotel, pero no quería que Samanta supiese demasiado de mis clientes, ni de los lugares por los que me muevo, por si se encaprichaba conmigo. Como esperaba, los tres primeros días fueron realmente una locura de trabajo y reuniones, además como la casa queda un poco retirada, uno de mis mejores clientes, al enterarse, insistió en que durmiese en su casa, por cierto que a su mujercita creo que no le era del todo indiferente, así que quién sabe…

Al cuarto día, después de la reunión de la mañana tomé el metro y me fui hasta la parada más próxima a la casa, Samanta me estaba esperando en su coche. Para mi disgusto no llevaba nada provocativo, una blusa blanca, una chaqueta y una falda por debajo de las rodillas. Entré en el coche, me saludó con una gran sonrisa, yo sin contestarle, le di un beso tremendo mientras con mi mano izquierda literalmente amasé su pecho derecho, ella gimió al contacto y sus pezones se erizaron.

  • ¡Dios mío! Sí que tenías ganas chico – me dijo jadeando.

Desabroché varios botones de la camisa para que me dejasen ver mejor su escote,

  • Mucho mejor así – se le veía casi medio sujetador y buena parte de sus apretados pechos sobresalía por encima de las copas.

Un hombre que pasaba por allí nos miraba con los ojos como platos. Los dos nos reímos de su cara de sorpresa y Samanta arrancó.

Hablábamos de tonterías, pero yo quería calentarla lo más posible, sólo tenía unos días para convertir a esa divorciada en una zorrita. Subí su falda justo por encima de las rodillas, nos miramos y vi su nerviosismo, volví a subirle la falda hasta donde me permitió su asiento, dejando medio muslo al aire,

  • Espera hombre, ya falta poco para llegar – sonreí maliciosamente acordándome de Diana.
  • Estoy deseando meterme en tus bragas. Por cierto, ¿de qué color las llevas?
  • Blancas, pero no sigas distrayéndome, ¡por favor!

Llevé mi mano a sus muslos y comencé a acariciar la parte interior. Ella gemía mientras mordía su labio y miraba asustada alrededor. A los pocos minutos llegamos a la casa, si llego a saber lo divertido que iba a ser el viaje la hubiese citado en el centro. Bajamos deprisa su maleta y entramos, nada más entrar la aprisioné contra la pared y la empecé a besar. Desabroché toda su camisa y contemplé ese par de montañas que apenas podía contener su sujetador semitransparente, le bajé las dos copas y mordí sus pezones, ella se quejó, pero apretó mi cabeza contra ella.

  • ¡Te he echado de menos!
  • A mí o a mi amigo…- le dije mientras pegaba mi polla contra su falda.
  • A los dos, no he vuelto a follar desde que estuve contigo.
  • Muy mal, eso no es nada sano señorita. Vamos a ver si te acuerdas de cómo tratar a mi amigo

Ella sonrió pasándose la lengua por los labios, se arrodilló, bajó mis pantalones y empezó a pajearme con el bóxer puesto mientras me miraba a los ojos. Una buena mancha en el bóxer acreditaba que mi polla estaba preparada. Me la sacó y lamió la punta un buen rato, sobre todo el frenillo, metió mi polla entera en su boca,

  • Bien, bien, veo que recuerdas perfectamente cómo hacer feliz a mi amigo.

Ella sonrió y siguió mamando mientras corría su mano por mi polla.

  • Seguro que se estará haciendo una paja pensando en ti – le dije.
  • ¿Quién?
  • El de la estación, le tendría que haber dicho que viniese para ayudarme.
  • ¡Joder, eres un depravado!

Se empezó a reír, pero pude ver cómo llevaba su mano por debajo de su falda, imaginé lo que estaría haciendo… después de unos instantes, tiré de ella para levantarla, le desabroché la falda y le di un azote en el culo. Necesitaba follarla ya. La llevé a la habitación, sólo llevaba su tanga blanco, pude observar que había perdido algo de peso, su culo estaba algo más firme, aunque seguía siendo un buen culazo, menos mal que sus tetas no parecían haber perdido ni un gramo. Se acostó en la cama. Ladeé su tanga y comencé a lamer su sexo deprisa, ya tendríamos tiempo de besitos y caricias en otro momento, ahora necesitaba descargarme. La verdad es que podría habérsela metido directamente, porque estaba tan caliente como yo,

  • ¡Qué bonito, sin ningún pelo! – le dije contemplando su depilado sexo.
  • Ya sabes que me acuerdo de lo que le gusta a tu amigo. ¡Ja, ja!

Le di un cachete en la vulva, ella se retorció, agarraba con fuerza la colcha mientras su cuerpo se crispaba como si la recorriese una corriente. Volví a repetirlo varias veces, cada vez un poco más fuerte, sus ojos mostraban dolor y placer a la vez. Agarré el tanga y tiré hacia arriba de él, pasaba la tira de un lado a otro de forma que rozaba su clítoris y sus labios.

  • Por favor, métemela. Me estás matando.

Me puse entre sus piernas y le metí sólo el glande, comencé a entrar y salir, ella parecía desconcertada. Después de unos segundos le di una culeada hasta meterla toda, me clavó las uñas en la espalda mientras echaba hacia atrás la cabeza. Me retiré y otra vez a entrar y salir sólo el glande,

  • ¡Te quiero dentro! ¡Por favor!

Y le volví a meter la polla hasta el fondo provocando la misma reacción. Un par de veces noté que se iba a correr, ella me abrazaba con sus piernas para que la penetrase profundo, pero yo no la dejaba. Cuando me pareció que estaba ya desesperada por correrse la culeé con fuerza, rápido y explotó en un maravilloso orgasmo. Gritó con ganas y se quedó tendida sin moverse. Yo notaba los líquidos calientes que salían de su sexo. Me tendí a su lado y nos abrazamos durante un buen rato,

  • ¡Qué desconsiderada soy! Tú no has llegado – me decía mientras pasaba sus uñas por la piel de mi verga.

Comencé a acariciar su culo,

  • Ya sé lo que estás pensando, ¡vicioso!…

Apoyó la cara en el colchón y levantó su culo. Yo empecé a acariciarlo con la punta de los dedos, no hacía falta lubricarlo, los líquidos de su sexo habían escurrido hasta ahí. Lamí su culito mientras acariciaba su sexo, ella comenzó a gemir de nuevo,

  • Espero que lo hayas mantenido abierto para mí.
  • No, pero tú me lo puedes abrir…- me decía mientras echaba su mano hacia atrás para tocármela.
  • ¿Te has masturbado pensando en mi?
  • Alguna vez.
  • ¿Sólo alguna?
  • En realidad muchas. ¡Ah, ah! – gemía sonoramente
  • Quiero que también te masturbes tu culito pensando en mi – ya le tenía dos dedos metidos en su interior
  • ¡Siiiii, siii! ¡No me hagas esperaaaaar!
  • ¡Espero que lo hagas zorrita!

Me incorporé, me puse un condón y penetré en su culo. Empecé a bombear despacio, pero no parecía que le molestase tenerme dentro, así que aceleré algo más el ritmo. A mí no me faltaba mucho, pero quería que ella se corriese de nuevo,

  • ¡Tócate tu coñito!

Llevó su mano a su sexo y comenzó a moverla en círculos sobre su clítoris. Notaba la punta de sus uñas en mis testículos. Sus gemidos y la tirantez de sus piernas me indicaban que estaba a punto,

  • Mete tus dedos, quiero que notes mi polla.

Introdujo dos dedos, yo los notaba en la parte inferior de mi polla, a través de la pared de separación, notaba cómo entraban y salían,

  • Imagínate que en tu coño está metido el tipo de la estación. ¡Dos pollas para ti solita!

Ella no dijo nada, sólo aceleró el movimiento de sus dedos y se volvió a correr. Los gritos quedaron amortiguados por el colchón. Yo me salí, me saqué el condón con la intención de correrse sobre su culo, pero ella se volvió, metió mi polla en su boca y con un par de sacudidas me vacié en su boca. Tragó todo,

  • También echaba esto de menos – decía mientras lamía golosa los pocos restos que quedaban en mi glande.

Más tranquilos nos tendimos en la cama a charlar. Me contó que su ex marido se la había intentado llevar a la cama, pero que no había aceptado, incluso varios compañeros de trabajo lo habían intentado y todavía seguían interesados. También me dijo que se había comprado un par de vibradores,

  • También he cambiado la alcachofa de la ducha y he puesto una con función de chorro, que me sirve para acordarme de ti – cuando la conocí en Canarias le enseñé lo que se puede hacer con el chorro de una bañera cayendo sobre su clítoris.

Pasamos el resto de la tarde hablando y jugueteando ya más tranquilos después de la primera corrida. Por la noche fuimos a cenar fuera y luego rematamos el día con un polvo mucho más “de pareja”. La verdad es que no había estado nada mal para el primer día, su reacción cuando le hablé del tipo de la estación me había gustado.

A la mañana siguiente nos levantamos pronto y me llevó de ruta por unos cuantos lugares nada habituales para los turistas. Nos dirigíamos a un restaurante para comer cuando recibí una llamada de Diana, con el ajetreo de reuniones y las ganas de follar del día anterior no había vuelto a hablar con ella. Nada más oír su voz sabía que algo no iba bien. Al parecer Mario ya no era el inocentón al que había desvirgado, durante los meses que no le había visto se había follado a más de 50 chicas, de todas las edades y colores, había hecho de todo. Hasta tal punto que se había atrevido sugerirle a Diana que desvirgase a un amiguete suyo y poder hacer un trío. No conoce a mi mujer, es muy posible que hubiese aceptado si la idea hubiese salido de ella, pero intentó forzar la situación y consiguió que Diana se cabrease, le dijo que ella era lo suficientemente capaz para encontrar los tíos que quisiera, así que lo dejó y se volvió para casa. Cuando se lo conté a Samanta alucinó. No se acababa de creer el tipo de relación que tenemos, pero cuando le dije que Diana era la que estaba en la playa nudista donde nos conocimos… Su expresión de asombro me hizo soltar una carcajada,

  • ¡Así que ella se ha ido a follar con el chaval de la playa! ¡Vaya zorra tienes en casa!
  • Bueno, nos gusta pasarlo bien y que el otro también lo haga.
  • Pero, ¿no te volverás a España?
  • No, ella sabía que corría el riesgo de que el chaval se encaprichase de ella o todo lo contrario. Pero seguro que lo habrá disfrutado estos días.
  • Lo que no sé es cómo le puede caber todo lo del chico dentro… – los dos nos reímos con ganas.

Después de comer fuimos a una calle de artesanos y de ahí de vuelta a casa, previo paso por una tienda a comprar helado de chocolate. Cuando llegamos a casa, con el helado derretido, se lo dejé caer por sus tetas, no hay mejor forma de degustarlo, ella también lo comió de mi polla. Estuvo bien el día, pero hubiese preferido algo más fuerte, menos “matrimonial”.

Al día siguiente nos estuvimos bañando juntos por la mañana, quitándonos los restos de helado y le di un repaso a la depilación de su coñito, pues ya se notaba que los pelos le habían empezado a crecer. Mucha caricia y mucho beso, pero no hicimos el amor en todo el día, la quería tener bien caliente esa noche. Más tarde fuimos caminando a cenar a un restaurante. Los dos bebimos una buena cantidad de vino. Al regresar del restaurante, ya de noche, oímos un ruido en una de las callejuelas que iban a dar a la calle por la que caminábamos. No muy lejos vimos a una pareja besándose, estaban apoyados contra un coche, él tenía la polla fuera, se veía claramente la silueta con la luz de fondo. Nos quedamos mirando y ellos no parecieron enterarse, ella se arrodilló,

  • ¡Se la va a mamar en plena calle! – susurró Samanta.

El movimiento de la cabeza de la chica no dejaba lugar a dudas. Samanta no dejaba de mirar,

  • Te gusta mirarles, ¿no?

Ella afirmó con la cabeza sin dejar de mirar,

  • ¡Ahora vuelvo!

Ella intentó detenerme, pero no consiguió agarrar mi brazo. La pareja se adecentó lo más que pudo cuando percibieron mi presencia. Hablé con ellos como cinco minutos y después me acompañaron hasta encontrarnos con Samanta. Hicimos las presentaciones y nos dirigimos a la casa. La chica no es que fuese el prototipo de inglesa, morena, alta y muy delgada, él sí parecía inglés, pelo lacio castaño y de piel clara. Samanta estaba tan sorprendida que no acertaba a decir prácticamente nada.

Al llegar a casa sacamos unas cuantas bebidas alcohólicas y charlamos un rato de tonterías. En un momento determinado los dos se levantaron y yo les hice un gesto para indicarles las escaleras, mi inglesita no salía de su estado de shock. Al poco se empezaron a oír gemidos, cogí a Samanta de la mano y la llevé arriba. La luz de una de las habitaciones estaba encendida, entramos. La chica estaba desnuda sobre la cama y el chaval (ninguno de los dos pasaría de los 25 años) lamía su sexo. El cuerpo de la chica era delgado, sus pechos redondos, pequeños, con unas aréolas oscuras y unos pezones que sobresalían mucho. Tenía piernas largas, su sexo tenía el pelo corto en el pubis y los labios mayores totalmente depilados. Sin duda lo mejor era su culo, redondito, un poco pequeño para mi gusto, pero firme y respingón.

  • ¿Qué es todo esto? – acertó a decirme Samanta en voz baja.
  • Bueno, me pareció que te gustaba lo que estabas viendo en la calle. Ellos follarán sin pasar frío y ganarán un dinero haciendo lo que tú les pidas, nada que no tuviesen pensado hacer esta noche.

Ella me miró con cara de incredulidad,

  • Tú sólo diles lo que quieres que hagan y ellos lo harán.
  • ¿Hasta dónde?
  • Tú prueba.

Se volvió a mirarlos, dudó unos segundos,

  • ¡Sácale la polla! – le indicó a la chica.

El chico se puso de pie y ella se sentó al borde de la cama. Le desabrochó el pantalón y lo dejó caer, su calzoncillo dejaba ver una erección muy evidente. Bajó la ropa interior y dejó al aire una verga de buen tamaño y muy gruesa, coronada con un glande rojo. No se la tocaba, Samanta me miró y yo le hice un gesto animándola a seguir pidiéndoles cosas,

  • Tócasela.

La chica le sonrió y comenzó a correr la mano adelante y atrás. Samanta no separaba sus ojos de la escena. Me situé a su espalda y besé su cuello, gimió sin dejar de mirarles,

  • ¿Te gusta su polla? – le pregunté al oído.

Movió su cabeza afirmativamente.

  • Se la puedes tocar si quieres.

Dudó un instante, avanzó hasta la pareja, tomó ligeramente el pene en su mano y la corrió a lo largo un par de veces, la soltó y volvió junto a mí,

  • La tiene muy caliente… y gorda.

Yo sonreí. Le empecé a desabrochar los botones de la camisa y luego el broche del sujetador, ella se lo sacó sin quitarse la blusa. Con una mano le acariciaba sus pechos y con la otra su sexo por encima de la falda,

  • ¿No vas a pedirles nada más?
  • ¡Chúpasela! – les dijo despertando del trance en que parecía estar.

La chica metió el capullo en su boca y comenzó a chupar, la verdad es que no lo hacía nada bien, además no alcanzaba a introducir ni la tercera parte de la polla del chico,

  • ¡Más adentro! – le gritó.

Ella lo intentó, pero le daban arcadas. Samanta fue hacia ellos, agarró la polla del chico por la mitad y empujó la cabeza de la chica para que llegase con la boca hasta su mano, pero le era imposible,

  • ¡Vaya tetas! ¿Puedo? – le dijo el chico mirando su camisa abierta.

Ella sonrió orgullosa y se quitó la camisa. Sus pechos caían blandos y enormes. El chico se los tocaba admirando su tamaño y se los besó, mordiendo los pezones. Samanta se había apoderado de su polla y corría su mano despacio por su verga, disfrutándola,

  • Ahora túmbate en la cama y que ella te cabalgue – acertó a decir con la voz entrecortada.

Volvió a mi lado. Seguía mirándoles fijamente. Se acariciaba su sexo, así que quité el cierre de la falda y la dejé caer, también le quité sus bragas, ella se empezó a masturbar abiertamente. La llevé más cerca de la pareja para que pudiese ver mejor la escena,

  • ¡Mira cómo le entra! ¿No quieres seguir tocándosela?

Fue hacia ellos de nuevo, deseaba tocarla, pero no quedaba mucho trozo fuera, así que acarició los testículos del chico. Yo me arrodillé y comencé a lamer el coñito de Samanta, estaba empapada, sus gemidos se mezclaban con los de la pareja. Me hizo levantar,

  • Vamos a la otra habitación. ¡Necesito que me folles!

Le sugerí follar allí, pero se negó, aunque no muy convincentemente. La llevé a nuestra cama en la habitación de al lado y le comí el coño despacio, por los laterales, evitando su clítoris, no quería que se corriese demasiado pronto. En la otra habitación los gemidos de la chica indicaban que se estaba corriendo. La puse a cuatro y se la metí. Al poco aparecieron en nuestra puerta nuestros amigos. Él tenía la polla erecta, así que imaginé que no se habría corrido todavía, se situó a nuestro costado para ver cómo se movían las tetazas de Samanta, incluso se acercó a tocarlas, dejando su polla muy cerca de la boca de mi inglesita. Ella la miró, yo esperaba que se la chupase, pero no lo hizo.

Se fue hacia su chica y comenzaron a besarse mientras nos miraban, él la hizo apoyar sus manos contra el marco de la puerta y se la metió desde atrás. La escena era muy excitante, los golpes de nuestras pelvis contra sus culos, los gemidos de las mujeres… Samanta explotó en un orgasmo tremendo, se dio la vuelta quitándome el condón y mirando a la chica engulló mi polla totalmente, no tardé nada en correrme en su boca. El chico estaba admirado de que se la introdujese entera y le preguntó si quería seguir con la suya, todos nos reímos.

La pareja se fue a su habitación, se seguían oyendo los gemidos hasta que oímos correrse al chico, después silencio. Los dos estábamos desnudos sobre la cama, yo acariciaba su costado y el lateral de su pecho,

  • Te gustó que nos mirasen, ¿verdad? – le pregunté.
  • La verdad es que sí, me calentó mucho.

Hablamos un poco más, luego nos quedamos abrazados, relajados. Yo me hice el dormido, notaba que Samanta no tenía sueño ni mucho menos. Como media hora después se empezaron a escuchar ruidos de la cama vecina, estaba claro que habían empezado otra vez. Samanta se incorporó y me miró, imagino que para comprobar si estaba dormido. Se levantó y entró en nuestro baño, oí la ducha, después de un rato salió, por el ruido estaba buscando algo en el armario. Salió de la habitación, yo esperé sin moverme. Después de unos minutos pude escuchar claramente que la saludaban, estaba con ellos… Poco después creí oír sus gemidos, me levanté sin hacer ruido y fui hasta la habitación. Abrí un poco más la rendija de la puerta y allí estaba mi inglesita, se había puesto un corpiño que no tiene copas completas para los pechos, los sujeta desde abajo y los eleva dejándolos al aire, haciendo que parezcan aún más grandes de lo que son, llevaba unas medias de rejilla hasta el muslo con ligas, el conjunto le daba un aspecto de prostituta de las películas del oeste. Estaba de rodillas mamándosela al chico, ahora era la chica la que empujaba su cabeza, no entendía lo que le decía, pero estaba claro que le ordenaba que chupase más adentro, ahora era ella la que mandaba. Llegaba hasta algo más de la mitad, pero estaba claro que su talla era superior a la mía. La hizo levantarse y la chica comenzó a besarla y a acariciar su sexo, a Samanta no parecía agradarle. Ella le desabrochó el corpiño, le dijo algo y Samanta se puso a cuatro en la cama. El chico se puso detrás, la chica abrió las nalgas de Samanta con sus manos, él apoyó su polla en su sexo y la metió hasta la mitad,

  • ¡Ahhh! ¡Dios mío! ¡Despacio, por favor! ¡Demasiado profundo! – fue lo único que entendí, de toda la palabrería lastimera que dijo.

La chica le dio un azote fuerte en el culo y le dijo algo al oído. Él la follaba despacio ya con toda la polla dentro. La chavala se colocó delante de Samanta con sus piernas abiertas y le bajó la cabeza para que lamiese su coño, Samanta se retiró. A ella no le hizo nada de gracia, la sujetó con las manos en los hombros y le dijo algo al chico. Comenzó a bombearla duro, además la muy zorra empujaba los hombros de Samanta contra el chico, para aumentar la violencia de la follada. No entendía lo que decía mi inglesa, pero seguro que la estaba partiendo. Después de unos minutos la chica le dijo algo y Samanta afirmó con la cabeza, soltó sus hombros y Samanta bajó su cabeza para lamer el sexo de la joven. Después de un buen rato la chica se situó junto a mi inglesita también a cuatro, el chico empezó a ir de un coño al otro, yo recordaba escenas similares con Diana y Sandra. Los crujidos de la cama se mezclaban con los gemidos,

  • ¡Me corro, me corro! ¡No me dejes ahora! – dijo Samanta.

El chico siguió dándole y la chica metió su mano entre las piernas de Samanta para acariciarle su sexo, se corrió entre gritos. Cuando se la sacó se quedó tendida en el colchón, su pelvis todavía se movía como si lo tuviese dentro y el chico se metió dentro de su amiga, que seguía a cuatro. Unos instantes después ella se situó entre las piernas de Samanta y comenzó a lamerle el sexo mientras el chico la embestía. Samanta la aceptó de buen grado y la dejó hacer. Tras unos instantes sus gemidos y el movimiento circular de su pelvis mostraban que ya estaba preparada para más.

La chica se corrió mientras pellizcaba el coño de mi inglesa, profiriendo gritos que no conseguí entender. La joven se fue hacia el baño. Él se tendió en la cama y Samanta aprovechó para quitarle el condón y disfrutar de la polla ella sola. Se la mamó despacio, corriendo su mano desde los testículos hasta el capullo. No le podía quedar mucho para correrse, así que cogió un condón y se lo puso, Samanta se subió sobre él y se clavó emitiendo un gemido muy profundo. Yo aproveché para entrar y sentarme en el sillón, ella me daba la espalda, así que no se enteró de que estaba, ni de que me masturbaba viendo el espectáculo. Lo follaba despacio, moviendo sus caderas en círculos, apoyando sus manos en los muslos del chico, encantada de que él no quitase las manos de sus pechos.

Le dijo algo, ella le dio un beso y, sin salirse, se giró para darle la espalda, quedando de frente a mí. Sus ojos se abrieron de par en par al verme, sólo un instante, luego terminó de situarse y siguió follando. Me miraba y subía más de lo normal para permitirme ver entrar y salir la verga. La ducha se había parado y la chica salió, al verme allí intentó acercarse a mí, pero le hice un gesto de negación. El chico se corrió por fin, las últimas culeadas hicieron que Samanta quedase muy cerca del orgasmo, pero sin llegar. Se salió del chico, vino hacia mí, me besó y se sentó sobre mi polla, en un par de minutos se corrió. Yo preferí reservarme para el día siguiente. Nos despedimos de nuestros amigos y nos fuimos a la habitación,

  • ¿Qué tal lo has pasado? ¿Estás bien?
  • Muy cansada, pero relajada y satisfecha. Muy bien, la verdad, mucho mejor de lo que pensaba. Aunque el sexo con mujeres no me convence.
  • ¿Habías pensado en follarte a dos tíos?
  • Alguna vez, pero me parecía excesivo, de pervertidos.
  • ¿Y qué te ha parecido?
  • Me ha gustado, aunque…
  • ¿Qué?
  • Me habría gustado que te hubieses acercado, cuando te vi, me dieron unas ganas tremendas de tenerte en mi boca para agradecértelo mientras me follaba.
  • Pues podrías habérmelo dicho ¿Y quizá te hubiese gustado que me hubiese metido en tu culo?
  • Pues, quizá… Aunque no sé si me cabría con el pollón del chico dentro. ¡Ja, ja!
  • La disfrutaste, ¿verdad?

No me contestó, sonrió, me besó y se acurrucó junto a mí, agarrándome la polla.

Al día siguiente nos despedimos de los chicos, no quisieron quedarse a desayunar. Por supuesto ya supondréis que no fue todo casual, los había contratado desde España en una agencia, cuyos servicios ya habíamos solicitado mi mujer y yo en otras ocasiones, no iba a meter en casa a unos desconocidos y a confiar todo al azar.

  • Todavía no me acabo de creer lo que ha pasado, que te acercases a unas personas que no conoces y les propusieses… Y que yo aceptase… Me has llevado mucho más lejos de lo que nunca pensé… – no sé si llegó a sospechar que había preparado todo, pero no me dijo nada.
  • ¿Y esto es lo más lejos que quieres llegar? O quieres seguir experimentando.
  • Creo que sí, aunque me da un poco de miedo en lo que me estoy convirtiendo…
  • O sea que mi putita está aceptando follarse a dos a la vez y quién sabe qué más… ¿quizá una doble penetración? – le dije mientras le daba un azote en el culo.
  • ¡Podría ser! – me dijo moviendo el culo y riendo.
  • Tengo su móvil, así que si quieres le puedo llamar…
  • Creo que ya he tenido bastante por esta semana. Ahora lo que quiero es darte un regalito para agradecerte lo de anoche.

Me hizo sentarme en una silla del salón desnudo, ató mis brazos con unos pañuelos y se fue. Se me pasó por la cabeza que podía aparecer con una cámara de fotos, nunca se sabe. Afortunadamente, apareció con un conjunto negro de lencería, el sujetador tenía aberturas en las copas para dejar ver los pezones. La tanga era lisa y un poco transparente. También llevaba unos guantes negros. Imagino que lo habría comprado en un sexshop. Al pasar junto a mi me dio un besito y tocó ligeramente mi polla, que ya había empezado a reaccionar. Se sentó en el borde de otra silla frente a mí, los labios de su coño dibujaban dos bultitos en el tanga, no sé a vosotros, pero cuando veo eso marcado en una braga o en un pantalón… Se comenzó a acariciar los pechos, a pellizcar sus pezones, los agarraba y los juntaba, incluso llegaba a mamarse ella misma sus pezones. Luego bajó a su chocho y lo acarició moviendo los dedos a lo largo de su raja, subió una pierna al brazo de su silla, dejándome ver cómo la tira del tanga desaparecía en el interior de sus labios. Mi polla estaba tiesa.

Llevó una mano atrás y sacó algo que no identifiqué, acarició su pezón para ponerlo duro y se colocó una pinza metálica, emitió un quejido mezcla de placer y de dolor. Luego volvió a repetir con el otro pezón. Vino hacia mí, me besó y bajó hasta mi polla, la agarró y la pasó por sus pechos, el tacto áspero de los guantes de encaje me hacía daño y me gustaba a partes iguales.

  • ¡Sigue, por favor, sigue!
  • ¡Silencio! ¡Así no hay quien se concentre!

Se quitó el tanga, me lo pasó por la nariz, olía a sexo, me lo metió en la boca, luego cogió otro de los pañuelos y me amordazó. Fue a su bolso y sacó lo que parecía una barra de labios, se sentó de nuevo en la silla, lo giró y el pintalabios empezó a vibrar, lo chupó y se lo empezó a pasar por su vulva. Yo estaba que explotaba. Sus dedos pellizcaban el clítoris, lo giraba y tiraba de él de forma dolorosa, pero no parecía que le disgustase. También tiraba de las pinzas de sus pezones. Después de un rato se quitó un guante, lamió dos dedos y los llevó a su sexo, los metió hasta dentro y emitió un jadeo que casi me hace correr, luego aplicó el vibrador a su clítoris. Metía y sacaba los dedos, los giraba, yo estaba deseando meterme dentro de ella, la espera me estaba matando, los testículos me dolían… Se corrió arqueando la espalda, continuó acariciándose el clítoris con la mano unos segundos y volvió en sí,

  • ¿Te gustó el espectáculo?

Yo afirmé con la cabeza y miré hacia mi polla,

  • ¡Pobrecito! Desde anoche sin descargar.

Yo pensaba que había llegado mi turno de follarla, pero no era lo que ella tenía previsto. Se arrodilló entre mis piernas, agarró con su mano izquierda la base fuertemente y comenzó a pasar el pulgar derecho por el frenillo, no me masturbaba, sólo me hablaba en inglés despacio y acariciaba el frenillo circularmente. La presión en la base hacía que mi glande estuviese a punto de reventar. Me miraba a los ojos y hablaba, aunque yo no sabía ni lo que me decía. Estaba totalmente desesperado por correrme. Acercó la punta de la lengua a la abertura de mi glande y la lamió a lo largo, rozándola a penas, yo subía mi pelvis para meterme en su boca, pero la muy zorrita se separaba y sonreía. Después de un rato que me pareció eterno, exploté. Varios chorros saltaron hasta mi estómago, mis muslos y otra parte fluyó a lo largo de mi polla hasta su mano, que seguía estrangulando la base.

  • ¡Buen chico! ¡Buen chico! – decía mientras extendía parte del semen por mi glande.

Comenzó a lamer golosa todo el semen derramado, mi torturadora sonreía pícaramente.

  • Espero que no estés muy enfadado ¿Quieres que te desate? – yo afirmé con la cabeza.

Me desató, mi polla seguía dura, hacía años que no me ocurría eso. De inmediato la tumbé en la alfombra boca abajo, sin preámbulos se la metí sin ninguna dificultad. La bombeé con fuerza, juntaba sus nalgas con mis manos para aumentar la sensación. Ella reía y gemía mientras me animaba,

  • ¡Así, así! ¡Dame duro!

Tardé más de lo previsto, lo que a ella le vino muy bien, porque se corrió casi a la misma vez que yo por segunda vez. Nos quedamos tumbados un buen rato, riéndonos y recordando el polvo con la otra pareja.

Al día siguiente tomé el avión de vuelta con la promesa de que a mi siguiente viaje, quizá aceptase un trío. Aunque no sé si se esperará hasta que vuelva o… Antes de tomar el avión me mandó una foto al móvil, tenía una cadena de bolas anales introducida a medias “mi nuevo juguete, para mantenerlo abierto” era el texto que la acompañaba.

Cuando llegué a casa me sentía realmente cansado, aunque deseoso de contarle a mi mujercita cómo me había ido y que ella me contase también. Diana estaba preciosa, nos besamos,

  • Me ha llamado Raúl – me dijo.

Pero esa es otra historia…

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

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