Amar Haciendo El Amor (II)

Bueno, aquí traigo la segunda parte de la historia que subí hace dos meses Amar Haciendo El Amor (I). La vez pasada me parece que no comenté que el título del relato salió de una canción que me gusta bastante, y que inspiró de esa manera toda la historia. Como sea, espero que les guste la continuación de esta historia. Y después de esto todavía falta una parte más.

Amar haciendo el amor II

—¿En qué piensas? —me pregunta Víctor, interrumpiendo mi flujo de recuerdos.

—En algo que me pasó hace tiempo —le contesto mientras cruzo las piernas. Acabo de darme cuenta que me había excitado al recordar aquel sueño.

Nos encontramos sentados en una de las mesitas de la heladería. Él también había pedido un cono sencillo, aunque su expresión parecía anhelar algo más grande. Probablemente lo había hecho para no aparentar más que yo. Se lo agradecía, pero realmente hubiera preferido que él se hubiera comprado lo que más le gustara.

Suelto un suspiro. Lo que más le gustara. Si aquella chica realmente le gustaba y ella podía hacerlo feliz, ¿qué más daba que no pudiera yo escucharlo jamás decirme “te amo”? Mis sentimientos habían evolucionado a tal grado que ya no quería escucharlo que me dijera te amo, simplemente quería verlo feliz. Pero todavía no era cien por ciento cierto aquello. Él podía ser feliz con aquella chica, ¿pero yo?

—¿Por qué suspiras? —inquiere él mientras me mira de forma indescriptible.

Decido contestarle con parte de la verdad.

—Pensaba en la chica que te gusta —le digo—. Me cuesta trabajo creer que alguien haya ganado tu corazón finalmente.

—¿Por qué es tan difícil de creer? —me pregunta.

“Porque yo no lo he logrado” pienso sin poderlo evitar. Las palabras están a punto de salir de mis labios, pero decido que no puedo decirle eso.

—No lo sé —contesto mientras alzo mis hombros y me llevo el helado a la boca—. Tal vez porque nunca he visto a otro chico enamorado.

—Pero tú sí has estado enamorado —supone él.

Volteo a verlo, y me doy cuenta que puedo confiar en él. Él no se burlará como temo lo harían los demás. Con él puedo ser sincero, porque él vive una situación parecida.

—Sí, una vez —le respondo mientras miro mi helado—. A decir verdad, aún lo estoy.

—¿Es por eso que sigues siendo virgen? —me pregunta.

—En parte —le contesto—. Por otro lado las chicas…

Dejo que la frase se desvanezca en el aire. He estado a punto de decirle que las chicas no me interesan. Aquel hubiera sido un error garrafal.

—Apuesto que si intentaras abrirte un poco más podrías ganar el corazón de esa chica —me dice él, aparentemente pensando que mi frase iba en otro sentido—. Eres un buen chico. No como nosotros. No acabo de entender como te juntas con todos nosotros.

—Tú tampoco eres como ellos —le digo bruscamente.

Él me mira sorprendido, y yo bajo la cabeza abochornado. He hablado de más. Puedo sentir como los colores se me suben a la cara.

—Bueno, si tú lo dices —dice Víctor con una sonrisa mientras él también mira su helado—. El caso es que no me voy a poner a discutir sobre eso, en realidad quería oír tu opinión sobre mi situación. Sé que si se las pido a los demás me dirán que es una pérdida de tiempo clavarse con una sola chava, pero creo que tú puedes darme otra perspectiva, ya que tú también has estado enamorado. O estás.

—Primero debo preguntarte: ¿qué sentiste cuando Juan dijo que todas las chicas eran iguales? —le pregunto.

—Deseé que fuera una conquista tan fácil como todas las que he hecho en mi vida —me contesta él—. De esa manera no lo dudaría tanto.

—¿Qué quieres con esa chava? —le cuestiono—. ¿Quieres solo sexo como con todas las demás o…?

No concluyo la frase, ya que no sé como hacerlo. Sin embargo, él capta el sentido.

—Quiero estar con ella —me contesta él—. Para siempre. Incluso si eso suena algo rídiculo. No quiero simplemente sexo, pero creo que si fuera igual a todas mis conquistas anteriores podría acercarme a ella sin problemas.

—¿Y por qué no lo intentas? ¿Por qué no te acercas a ella como lo has hecho con las demás? —le pregunto.

Su cara es de incredulidad total. No lo entiendo. ¿Qué dije? No puede ser tan malo lo que he dicho, ¿o sí?

Bajo la mirada. No puedo entender que dije mal. De repente él suelta una carcajada. Levanto la vista, y él parece estarse divirtiendo como nunca.

—No creo que le guste mucho —me confiesa él sin dejar de reírse—. Creo que sería muy tonto llegar y decirle: “¡Hola guapa!”. Creo que sentiría que es una ofensa.

—¿Por qué? —inquiero yo confundido.

—No quieres saberlo —me dice él.

—No entiendo —le confieso—. Si lo que quieres es acercarte a ella, ¿por qué no haces eso? No te la piensas llevar a la cama, simplemente conocerla.

—¿Qué sentirías si llego y te digo “hola guapa”? —me cuestiona directa e inesperadamente.

Aquello me toma con la guardia baja. ¿Qué sentiría yo si él llegara diciéndome eso? Por una parte me molestaría que se refiriera a mí como una mujer, pero otra agradecería el cumplido proveniente de sus labios.

—¿Lo ves? —me dice mientras yo sigo en mi confusión mental—. No a todos les gustan ese tipo de frases.

Intento decirle que probablemente a una mujer sí le guste, pero no encuentro las palabras. Es como si mi cerebro estuviera bastante entretenido intentando decidir si me gustaría o no que él llegara saludándome así.

—Además, ya le hablo —me confiesa él—. Eso lo hace aún más difícil. Temo que si intento conquistarla, salga corriendo. No quiero perder lo poco de relación que ya tengo… —hace una pausa—… con esa persona.

Lo veo atentamente. Sus ojos parecen reflejar una inmensa tristeza. Decido que un toque no estará mal, y estiró mi mano para colocarla sobre su hombro. De repente es como si nuevamente descargas eléctricas recorrieran mi brazo.

—Los demás tienen razón: nadie puede resistírsete.

Por alguna extraña razón se me quiebra la voz al decir la última palabra. ¿Por qué? ¿Acaso me asusta saber que esa chica también va a caer en sus redes y los dos acabaran juntos, felices y enamorados? ¿O es por que yo mismo caigo en esa categoría?

Él levanta su mirada asustado, la cual se cruza con la mía. Él parece preocupado, y eso solo logra que me ponga peor. Siento las lágrimas que pugnan por salir de mis ojos.

—¿Qué sucede? —me pregunta él.

Yo retiro la mano de su hombro para enjugarme las lágrimas. No puedo contestarle, porque ni siquiera yo lo sé, pero decido decirle lo primero que salga de mis labios.

—Solo pensaba en que realmente tú puedes conquistar a cualquiera, mientras que yo no logro atraer la mirada de nadie.

En cuanto las palabras acaban de salir de mi boca me percato de su verdad. Eso es lo que me duele. Me duele el saber que yo no soy capaz de atraer su mirada, que él jamás se va a fijar en mí. Es lo que ansío con toda mi alma, pero eso no hace que sea posible. Si nadie se ha fijado nunca en mí, ¿qué probabilidades de que un chico como él, con tanto pegue con las chicas y heterosexual, se fije en mí?

—No digas eso Israel —me dice mientras ahora es él quien coloca su mano sobre mi hombro—. Estoy seguro que si te lo propones tú podrías lograr que aquella chica se fijara en ti.

Suspiro. No quiero que una chica se fije en mí, quiero que él se fije en mí. Su mano sigue sobre mi hombro, y de repente pienso en lo lindo que sería su pudiera recargar mi cabeza en ella.

—Israel, yo…

Miro fijamente a sus ojos. Víctor parece quererme decir algo. Sin embargo, aprieta sus labios antes que más palabras salgan de su boca.

—¿Qué sucede? —le pregunto.

Él sonríe torciendo un poco la boca. No es su sonrisa de siempre, pero también me gusta.

—¿Puedo confiarte un secreto? —me dice.

—Creo que sí —le respondo.

—Es un poco saliéndonos de tema —me dice—. Sé que no te gusta mucho hablar de sexo, pero la verdad es que siempre he tenido ganas de comentar esto con alguien más.

—¿Y por qué no se lo dices a los demás? —le pregunto. La verdad es que me molesta el cambio de conversación. No quiero oírlo hablar de las chicas a las que se ha tirado. Estábamos bien hablando de enamoramientos.

—Es algo que no entenderían. Solamente me juzgarían —argumenta él—. Y creo que probablemente acabarían rechazándome. Tendrían miedo que quisiera hacerles algo.

—¿Algo como qué? —inquiero yo. No sé me ocurre algo a lo que mis amigos puedan tenerle miedo en el aspecto sexual. En todo caso creo más probable ser yo quien salga huyendo.

Víctor se inclina sobre la mesa, reduciendo la distancia que existe entre nosotros. Yo hago lo mismo, ya que me doy cuenta que él no quiere que nadie se entere de lo que me va a decir bajo ningún motivo. Su rostro cerca del mío hace que mi pulso se acelere.

Aparentemente no soy el único que está nervioso. Él se ha puesto rojo, y parece bastante azorado.

—He tenido sexo con otros chavos —me confiesa finalmente.

No entiendo su declaración.

—¿En trío o qué? —le pregunto confundido.

—No —me responde él mientras se pone aún más rojo—. Me refiero a que he tenido sexo con chavos… gays.

Aquella noticia me toma totalmente desprevenido. Me imaginaba cualquier confesión excepto esa. Mi sueño vuelve a mi memoria con una fuerza inusitada.

—¿En serio? —le preguntó con la boca abierta, al mismo tiempo que mi corazón late con una fuerza inusitada.

—En serio —me contesta él con la vista clavada en la mesa—. O bueno, no sé si realmente pueda decir que he tenido sexo con ellos. La verdad es que solo he dejado que me la mamen y me los he cogido, pero que sea yo el que me ponga a mamar o me deje coger… nunca.

La noticia me tiene en shock. No sé que contestarle. Algo ha crecido en mi entrepierna; ahora sé que hay posibilidades de volver mi sueño realidad. Realmente podría llegar a ser suyo, aunque solo fuera por un momento.

—¿Por qué me cuentas esto? —le pregunto con trabajo, ya que no puedo hilvanar dos palabras seguidas.

Él me mira fijamente mientras se muerde el labio.

—No lo sé —me contesta finalmente—. Creo que es porque quiero que me conozcas.

—¿Quieres que te conozca? —le pregunto confundido—. Pero si ya nos conocemos.

—No quiero ser un simple conocido en tu vida —repone él negando también con la cabeza—. Quiero que me conozcas tal y como soy, por completo. Creo que esa es la única manera de…

—¿De qué? —le pregunto.

Él no me responde enseguida. Parece tragar saliva, y cuando finalmente parece que va a contestarme me mira a los ojos y comienza a reírse.

—¿Qué es tan gracioso? —le pregunto, temiendo que sea algo relacionado conmigo.

—Quiero ganarme un buen amigo, alguien que realmente me entienda sin juzgarme —me confiesa—. Creo que es todo lo que me merezco.

La última frase la dice con la vista clavada en la mesa.

—Te mereces más que eso —le digo mientras coloco mi mano nuevamente sobre su hombro.

Él me mira de una forma que me parece casi suplicante.

—¿Lo dices en serio? —me pregunta.

—Por supuesto —le contesto—. Realmente creo que mereces encontrar el amor con esta chica que te gusta.

Quisiera ser yo, ¿pero qué puedo hacer? Yo soy el que no es merecedor de su amor. Por un momento me cruza por la cabeza la idea de que tal vez la naturaleza se equivocó de sexo cuando mis padres me concibieron, pero desecho ese pensamiento rápidamente. Me gusta demasiado ser hombre, y no lo cambiaría por nada del mundo, aunque eso aumentara mis posibilidades de gustarle a Víctor. Quiero gustarle tal como soy, no como podría ser si fuera mujer.

—¡Ah, te referías a eso! —me dice él mientras aparta la mirada.

—¿A qué más podría referirme? —inquiero—. ¿No es lo más importante para ti ganar el corazón de esa chica?

Víctor me mira fijamente antes de contestarme.

—Supongo que tienes razón —acepta con una sonrisa, aunque parece más dirigirse a él mismo que a mí—. Lo que quiero es ganarme el corazón de esa persona, y lo haré sin importar cuanto trabajo me cueste. Haré que se olvide de la persona que le gusta actualmente y vea que en mí tiene a alguien que siempre estará ahí.

El corazón se me remueve al oír esas palabras. Por un momento me pregunto por qué yo no puedo pensar de esa manera. Pero no, es demasiado arriesgado. Además, quiero que sea feliz con la chica que le gusta.

Ahora los dos nos hemos acabado el helado. Es hora de despedirnos. Sin embargo, no nos despedimos como siempre, chocando las manos, sino que él se acerca para darme un abrazo. No puedo evitar sentirme abochornado, pero no lo dejo alejarse. Realmente me gusta sentirlo tan cerca de mí.

Me voy a casa con la cabeza dándome vueltas. Mañana será otro día.

——❤——

Todo comienza con un delicado beso. Soy plenamente consciente que no se trata más que de un sueño, pero quiero aprovecharme de la fantasía. Quiero hacer lo que jamás me atrevería a hacer en la realidad.
Bajo mis labios por su barbilla. Él levanta la cabeza, y me deja libre el camino hacia su cuello.

—Israel —susurra mi nombre con el deseo marcado.

Coloco una de mis manos sobre su pecho. Me percató que él está desnudo de la cintura para arriba, así que mi mano tiene tacto directo con su piel. Está ardiendo. Pero sé que él no es el único que lo está haciendo. Yo también estoy igual.

Juego con mi mano en su pecho mientras mi boca sube hacia su oreja. Muerdo levemente su lóbulo, y él suelta un ligero quejido. Sé que le gusta. Me lo dicen sus manos puestas en mi espalda, las cuales me atraen con fuerza hacia él. Apenas y me queda espacio para manipular mi mano, pero me las ingenió para deslizarla hasta su abdomen. No está muy marcado, pero me fascina ese tacto. Mi mano izquierda rodea su cintura, y hago círculos en su espalda baja con mi dedo índice.

—Israel —me dice acercando su boca a mi oído. Sé que está sonriendo—. No sabes cuanto he soñado con este día.

—No creo que sea la décima parte de lo que yo lo he hecho —le digo mientras pongo mi nariz contra la suya, de manera que ambos quedamos viéndonos fijamente.

—Eso sería difícil —me contesta él con una gran sonrisa.

Ladea un poco su cabeza, para que nuestras narices no nos estorben, y vuelve a poner mis labios sobre los suyos. El más deliciosos sabor que he probado en mi vida destila de sus labios, mientras una de sus manos sube a mi nuca. Sé que él tampoco quiere que ese momento acabe, pero ambos terminamos sintiendo la imperiosa necesidad de respirar. Es increíble como a pesar de tratarse de un sueño se necesita respirar. ¿Por qué no sueño que soy un vampiro?

Pero creo que en ese caso Víctor no me gustaría tanto.

Ahora es él quien baja hasta mi cuello. Ese es uno de mis puntos débiles. Siento un placer indescriptible e infinitamente satisfactorio. Mi cuerpo se estremece, y sé que él es capaz de percibirlo. Notó como sus manos me abrazan con más fuerza y su boca recorre una porción más de mi cuello mientras sus labios se tuercen formando una sonrisa. El muy pícaro sabe bien que me está volviendo loco.

Yo no me quedó atrás. También abrazo su cintura con más fuerza. Nuestros abdómenes y pechos se tocan, produciendo una sensación insuperable. No solo son nuestras bocas, también el resto de nuestra piel parece querer devorar al otro. Y hay algo un poco más abajo que también se roza. Ambos estamos listos para lo que sea, y lo ansiamos más que cualquier otra cosa en el mundo.

Él continúa jugando con su boca, y la dirige hacia mi pecho. Yo hundo mi cabeza en su cabello, aspirando aquel embriagador aroma que despide. No quiero despegarme de él, no quiero dejarlo por nada en el mundo.

Acarició suavemente su nuca con mi mano izquierda. El movimiento ha separado algo nuestras caderas, ya que ahora él está ligeramente inclinado. Pero está bien. Cualquier sensación a su lado es extremadamente grata.

Sus labios continúan bajando, y prontamente él se encuentra recorriendo mi abdomen mientras con mis manos recorro su cabeza. Al verlo me pregunto si habrá algo más lindo que aquel chico en el mundo, pero inmediatamente mi mente me responde que no. Jamás seré capaz de encontrar algo más lindo que Víctor.

Me acuclillo al igual que él. Nuestras caras quedan frente a frente, y ambos sonreímos. Volvemos a besarnos mientras caemos en el suelo, yo sobre él. Recostado sobre él puedo sentir más claramente lo que esconde su pantalón, pero son tantas y tan placenteras las demás sensaciones que recibo que no presto demasiada atención al asunto, al menos de momento. Es un sentimiento increíblemente confuso, ya que soy capaz de sentirlo por completo, y al mismo tiempo no siento nada. Puedo sentir sus labios contra los míos, sus mejillas con mis manos, una de sus manos sobre mi espalda, la otra tocándome delicadamente el trasero, nuestros penes rozándose sobre la ropa. Soy capaz de sentir todo eso, y al mismo tiempo no puedo sentir nada, ya que cada emoción intenta atraer toda mi atención sin lograrlo.

No dejo que quedé centímetro de su piel sin que mi boca conozca. Él me acaricia suavemente la oreja y la mejilla mientras beso su pecho. Comprendo que para él también soy el chico más lindo que existe. Sonrío con ese pensamiento. Me siento tan feliz.

Bajo un poco más mi boca y mientras mi boca recorre su abdomen mis manos se encargan de desabrochar su pantalón. Se acerca el momento con el que no he dejado de soñar desde la tarde, el momento de pertenecerle completamente.

Froto suavemente su miembro sobre el bóxer, mientras deslizo un poco su pantalón hacia abajo.

—Ven acá —me dice él incorporándose a medias.

Me arrodillo frente a él, y él aprovecha para desabrochar mi pantalón. Me lo baja hasta las rodillas, y coloca suavemente su boca sobre mi miembro atrapado.

—No querrás ser el único que disfrute, ¿cierto? —me dice mientras con sus labios aprisiona mi pene.

No puedo evitar cerrar los ojos y gemir. A pesar de la tela que existe de por medio, puedo sentir claramente su calor. Nunca hubiera creído que era posible conocer tanta excitación.

Momentos después los dos nos recostamos de lado, frente a frente, ya con los pantalones fuera. Su cuerpo en ropa interior me parece aún más hermoso que nunca. Su piel morena es un espectáculo digno de quedar grabado para siempre. Si fuera un pintor o dibujante no dudaría en hacer algo al respecto, pero nunca se me ha dado bien ninguna de las dos.

Acaricio suavemente su cintura mientras él sonríe, viéndome a los ojos.

—Me alegra haberte conocido Israel —me dice mientras acerca su rostro al mío—. Me alegra finalmente haber conocido el amor.

Posa sus labios sobre los míos, mientras sus brazos se aferran con fuerza a mi cuerpo. El beso se vuelve cada vez más apasionado, mientras nuestro abrazo es cada vez más apretado. El espacio es demasiado. Queremos compartir un solo lugar, llegar a ser realmente una sola piel.

Él baja sus manos hacia mi trasero, y una gran excitación recorre mi espina dorsal. Él mete sus manos debajo de mi ropa interior, y mientras mi boca conoce su lengua y sus dedos los alrededores de mi ano, comprendo que el momento se acerca. No deseo otra cosa en el mundo.

—Víctor —le digo cuando el beso termina, mientras acaricio su pene sobre su bóxer nuevamente—, quiero que me penetres.

Él se muerde los labios.

—No —me responde.

Sus palabras me confunden. Su gesto no es de rechazo, como si se estuviera contradiciendo interiormente. No me puedo sentir herido, porque sus ojos me dicen que no hay persona en el mundo que desee más que a mí. Estoy a punto de descubrir que esa es la razón por la cual me dijo que no.

—Tú sabes que eso lo he hecho con otros chicos —me dice mientras toma mi pene, metiendo su mano bajo mi ropa interior—. Pero tú no eres como todos aquellos. Por ti siento algo verdaderamente especial, y no quiero que esta noche acabe sin conocer lo que es tenerte dentro de mí.

Sus palabras me sorprenden. ¡Demonios! Este sueño es demasiado bueno para ser cierto. Resulta que no solamente puedo pertenecerle, sino que además yo voy a penetrarlo.

—Me encantaría —le susurró en su oído mientras ahora soy yo quien mete las manos debajo de su ropa interior para tocar su trasero.

Víctor gime mientras mis dedos juegan con su orificio anal. Estoy más que emocionado. Él libera de la prisión que es mi ropa interior mi pene mientras continúa masturbándolo. Es una sensación maravillosa.

Nos movemos para poder quitarnos lo que nos queda de ropa, y en el movimiento quedamos en posición de 69. Es demasiada tentadora la oferta que tengo frente a mí, así que comienzo a lamer su pene mientras mis manos siguen entretenidas en su trasero.

Él no se queda atrás. Igualmente comienza a hacerme sexo oral. No puedo evitar pensar que mi fantasía es lo mejor que me ha pasado en la vida. No solo estoy teniendo sexo con el chico que más me gusta, si no que además él me está haciendo todo lo que no había hecho con otros chavos. No puedo evitar considerarme afortunado. Y también dichoso. La dicha era algo que nunca había conocido tan a fondo.

Mis labios y mi lengua recorren sus testículos, mientras siento como él aprisiona mi pene en su boca. Me acercó otro poco más a su orificio, y en cuanto mi lengua pasa por su frenillo puedo sentir como se retuerce. Eso parece darle la idea a él, y siento como uno de sus dedos me acaricia con algo de fuerza la misma zona. El placer es indescriptible.

Me acomodo otro poco, listo para darle un beso negro. Siempre había creído que sería algo asqueroso, pero con la excitación de por medio no me lo parece. Además, parece como si Víctor se acabase de bañar, como si se hubiera preparado explícitamente para la ocasión.

Mi lengua recorre su ano con avidez. Puedo sentir como todo su cuerpo se tensa por el placer. Debo prepararlo. Su primera vez, mi primera vez…

—Creo que es hora —me dice incorporándose, después de haber jugado con mis dedos en su ano.

Él tiene un condón entre sus dedos. Realmente me sorprende. Pero él tiene razón. La protección es lo primero, independientemente que estemos soñando. Él se encarga de colocármelo mientras yo me acuesto boca arriba. Su mano recorriendo mi miembro me provoca oleadas de placer.

—Listo —anuncia él después de haberme colocado el preservativo.

Se sube encima de mí, y se va sentando poco a poco sobre mi pene. Puedo sentir las paredes de su recto presionar mi miembro. Nunca había sentido algo tan placentero. Él respira lentamente. Puedo ver que le cuesta algo de trabajo, pero al mismo tiempo parece no querer detenerse. Yo intento moverme lo menos posible, a pesar de que mis instintos me gritan que se lo meta todo de golpe. Pero creo poder imaginarme que aquello solo le traería un dolor innecesario al chico que amo.

Después de un momento que parece eterno al fin puedo sentir la piel de su trasero directamente contra mis caderas. Todo mi miembro está dentro de él. Víctor cierra los ojos un momento, probablemente buscando acostumbrarse a eso.

—¿Te gusta? —le pregunto mientras pongo mis manos sobre su cintura.

—No estoy seguro —me confiesa—. No puedo decir que sea totalmente cómodo, pero creo que tiene su encanto.

—Yo tendré que probarlo después —le digo.

Él me sonríe con su perfecta dentadura. Comienza a moverse lentamente sobre mí, primero en círculos y después levantándose suavemente de mí. El placer que experimento en ese momento es sencillamente indescriptible. No puedo evitar gemir. Intento no moverme, ya que por sus movimientos pausados sé que aún le cuesta algo de trabajo. Sin embargo, mi cuerpo no le hace caso a mi mente. Quiero sentir el placer de penetrarlo profundamente, y quiero que él también sienta lo que es tenerme completamente dentro de él.

—¡Ay! —se queja él cuando comienzo a acelerar demasiado.

Mi ritmo baja, pero igualmente continuo moviéndome. Él tiene los ojos cerrados, aparentemente disfrutando de las sensaciones que recibe en todo su cuerpo. Para mí es un espectáculo increíble verlo sobre mí mientras siento mi pene entrando y saliendo de su estrecho agujero y mis manos agarradas firmemente en su cintura. Veo como su pecho sube y desciende, en medio de su respiración profunda y pausada. Miro su pene moviéndose ligeramente tras cada uno de sus movimientos. Todo eso no hace más que prenderme más de la cuenta.

Recorro mi mano derecha y tomó su pene entre mis dedos. Él abre los ojos, me mira fijamente y me sonríe. Yo también le sonrío mientras sigo moviéndome dentro de él. Claro que él también ayuda, y con esos movimientos circulares de cadera vuelve delirante la situación. No quiero que termine nunca. Pero hay algo que aún nos falta por hacer.

Sacó cuidadosamente mi pene de su ano, mientras él se pone de rodillas yo me doy la vuelta para quedar de perrito. Él saca otro condón (¿Es tan fácil conseguir las cosas en los sueños?) y se lo coloca, para después penetrarme lentamente.

—¡Oh! —suelto un gemido sin poder evitarlo cuando consigue meter su pene completamente dentro de mí.

Siento sus bolas contra mi cuerpo, y después la manera en que su pene va saliendo lentamente de mí. Además, sus manos están en mis caderas, lo cual me parece condenadamente placentero.

—¡Uh! —exclama él con placer—. Israel, no sé que tienes, que esto me resulta mejor que cualquier chico o chica con el que haya estado.

Aquello me prende todavía más, y pego mi trasero hacia él para enterrarme yo solito su falo. Mi respiración comienza a acelerarse al igual que la suya mientras el ritmo de la penetración va aumentando. ¡Demonios! Aquello se sentía totalmente bien. Si aquello no es el punto G no tenía la menor idea de que pudiera ser, porque no se me podría ocurrir cosa más placentera que aquello.

—Te amo —me susurra mientras pega todo su cuerpo contra mi espalda, aprovechando para besarme el cuello.

—Yo también te amo —le contestó mientras intento voltear mi cuello.

Nos besamos en la boca. Es un gran trabajo hacerlo en esa posición mientras me sigue penetrando, pero no quiero que sea de otra manera. Nuestras lenguas se entretienen mientras mi recto le da suaves apretones a su miembro al mismo tiempo que éste se mueve hacia dentro y hacia afuera.

Él comienza a gemir, y sé que su explosión se aproxima cuando vuelve a la posición inicial y se despega de mi espalda.. Saca su pene de mi culo, y apenas se retira el condón empieza a eyacular con fuerza sobre mi espalda.

—¿Y eso a que vino? —le preguntó mientras volteó a verlo un poco decepcionado. Tenía la esperanza que se viniera dentro de mí.

Pero no me contesta nada. Simplemente se inclina y con su lengua empieza a recoger el semen que ha depositado sobre mi cuerpo. Las caricias sobre mi piel, más lo que alcanzan a ver mis ojos me parece tremendamente erótico. En cuanto termina de recoger con su boca lo más que puede de sus propios líquidos se acomoda debajo de mí y empieza a chupar mi pene. No duro mucho, la verdad. En menos de un minuto me vengo abundantemente en su boca debido a la sensación que me produjo su húmeda cavidad. Creo que me la estaba chupando sin haberse tragado su semen.

Él sube más debajo de mí, pasa sus manos por detrás de mi nuca y me jala hacia sí para darme un beso. Inmediatamente le respondo, dejo que mi lengua penetre dentro de la boca de aquel chico que me gusta tanto. El sabor de nuestros fluidos seminales mezclados me parece afrodisíaco, y permito que mi cuerpo caiga sobre el suyo, logrando una compenetración perfecta. En ese momento compartimos todo: piel, placer, sudor, semen, amor…

El beso solo termina cuando ambos hemos comido parte de nuestros fluidos seminales mezclados. Separo levemente mi rostro del suyo, pero no permito que nuestros cuerpos pierdan contacto.

—Fantástico —dice él.

—Maravilloso —concuerdo yo.

Me mira fijamente a los ojos, y yo le sostengo la mirada porque me encanta ver como me ve. Su mirada es tan tierna, tan amable…

—Te amo —dice él.

—Yo te amo aún más —respondo antes de volver a plantarle un beso.

Un sopor se va apoderando de mí poco a poco. Las sensaciones que Víctor me produce son cada vez menos vívidas. Me lamento de que aquello no esté sucediendo en realidad. Porque si fuera más que un sueño, su cuerpo no se desvanecería mientras vuelvo a caer en la inconsciencia.

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Escrito por ErosLover

Por muchos años dejé de escribir, creo que es tiempo de retomarlo y compartir todas esas fantasías que rondan en mi cabeza ;)

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