Carmen, mi morena

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Empujaba con su cuerpo para que mi garrote le entrara más, estaba loquísima de placer y perdidamente orgasmada, con mi espada muy adentro y desgarrando placenteramente cada parte de su ser, después echamos tres polvos más intercambiando de posiciones, manejaba yo, manejaba ella, y así hasta que dejamos la cama tan mojada como si acabaran de lavar las sábanas.

Realmente había tenido una mala racha como de seis meses sin tener alguna angustia y relajo (sexo) con ninguna mujer, aunque estaba hambriento de sexo, no me animaba a buscar prostitutas aun cuando mis amigos insistieran mucho. Prefería mujeres que fueran molionas decentes o que cogieran con menos frecuencia y se cuidaran, esto por precaución al Sida o las Ets. Yo tenía 23 años en ese entonces.

Era el jueves de Semana Santa, había estado tomando unos tragos allá por la zona de las mercedes, al extremo de Managua. Cuando ya me comenzaba a poner más o menos cara de caballo con mis tragos adentro, iba directo a mi casa, tal vez a hacerme una paja y luego dormir cuando en eso me encontré a Héctor que estaba bebiendo en la casa de unos amigos, me hizo una seña y me llamó junto con otro amigo, Francisco. Héctor estaba con unos amigos y unas mujeres, él me dijo que después de terminar de beber, nos iríamos a darles gasolina a esas mujeres a una casa que tenía allí por la tiendona, la culona o no recuerdo dónde puta, solo que era por ciudad jardín.

Cuando terminamos de beber, todos ya estaban amarrados, cada uno ya tenía su mujer para pasar la noche comiendo, solo yo y Francisco estábamos solos, pero había una morenita bonita de ojos lindísimos aunque no de muy buen cuerpo, pero la personalidad de ella era lo que bastaba para ponerme a relinchar mi caballo. Además ya había notado que ella quería armar la pelea conmigo. Ella estaba acompañada de un tipo que yo conocía y supuestamente ese la iba a matar esa noche.

El novio era simpático y algo atractivo, pero ella quería el mate conmigo. Yo soy un tipo simpático, algo serio, atractivo y que cuando las mujeres me conocen bien les resulto interesante, aunque por muchas preocupaciones por mi carrera: computación, no había querido buscar una novia en ese tiempo.

Héctor, el hijueputa, ya había ido a buscar a una ex-cuñada de él para que moliera conmigo y con Francisco. Supuestamente los dos la íbamos a culear esa noche. Cuando ella llegó al lugar donde armaríamos el destace, me vio y me sonrió lujuriosamente, pues me conocía y parece que desde hace tiempo estaba deseando que le pasara la cuenta. Esto no era ni llevaba el camino de ser una orgía, sino que iba a ser un polvo en común, es decir, cada quien con su mujer en la misma casa. Nada más.

Cuando ya se estaba arreglando el quien con culearía con quien. Carmen la morena, había dejado solo a su acompañante y se fue a bañar, como el baño y el sanitario no tienen separaciones yo la seguí para orinar, en verdad tenía que orinar. Le pedí permiso y ella se salió del baño aunque me estaba viendo orinar mientras yo estaba de espaldas, no había puertas. Cosa que me dio mucho morbo y ganas de culearla. Ella se quedó en toallas. Luego yo salí previendo que ella quería que le alborotara las hormonas. Y tenía que sabérmela llevar, para poder llevármela en el saco.

Cuando terminó de bañarse, se fue a un cuarto en donde luego Héctor me llamó y nos dejó solos, comenzamos a conversar, ella dijo que ya me había visto antes y todas esas cosas… y después de algunas pláticas calientes de repente nos comenzamos a besar. Yo le dije que sentía calor (Managua es bien caliente) y me quité la camisa, luego volvimos a besarnos lujuriosamente. Comencé a tocarle las tetas y a desvestirla hasta que quedó solo en calzón, en realidad me parecía una mujer con una personalidad linda, no solo porque estaba casi desnuda. Se los había dicho antes.

Continuando con la cuestión, comencé a tocarle la vagina, encima del calzón y estaba tan mojada que bien pudo haber hecho una donación de líquido para remediar el problema del agua que había en algunas zonas de Nicaragua. En la hora del alboroto sexual, le pedí que hiciéramos el amor y ella dijo que sí pero que no le dijera a mis amigos, yo accedí porque sabía que podía llevar a cabo esa promesa además siempre he sabido guardar en secreto cuando así me lo piden mis mujeres.

Comencé a besar todo su cuerpo, hasta llegar a su vagina la cual emanaba ese perfume delicioso de hembra con ganas de perro, y ese perro era yo. Quien le iba a sacudir el útero, estaba decidido a desflorarle el vientre y a darle bien duro esa noche.

Comencé a lamerle la vagina y ella estaba gimiendo de placer como esos niños que gritan de alegría cuando les llevas el juguete que tanto estaban deseando. Carmen estaba super-templada pues tenía su rico clítoris bien hinchado. Yo se lo seguía mamando, cuando del chunche salió el chorro de su manantial… se fue. Me mojó parte de la barbilla y el pecho. Yo también me estaba viniendo y rápido le puse mi pene en su boca y ella se tragó todo el semen que pudo, dijo que estaba delicioso, que se sentía como un colibrí bebiendo la miel de una flor.

Ella estaba orgasmada y todavía quería más; y como yo soy bueno partiendo el queso, no la iba a decepcionar, en seguida y luego de jugar mis dedos con todos sus labios, mi bate ya estaba listo para el siguiente jonrón. Despues de jugar con sus piernas, sus biberones, su vagina y amasar su culo. Mi verga ya cantaba: ¡Ready!

Así que la puse como aparecen los pollos Tip-Top o Maggie, con las piernitas para arriba y la comencé a cabalgar, Carmen estaba fuera de sí y gemía y pedía más. Se la metía lo más profundo que podía y con todas las fuerzas que pude, hasta que alcanzó tres orgasmos seguidos. Mi verga mide un poquito más de las seis pulgadas, pero ese día y con la templazón creo que llegó un poco más allá de las 7 pulgadas. Después que ella se vino la última vez y me vine con ella, seguimos conversando y acariciándonos. Hasta que nuevamente estaba yo templado, era un toro moviendo las patas para embestir y ensartar mi cacho, era un toro muco, con un solo cacho.

Sin embargo eso le impresionó a ella, mi disponibilidad sexual pues podia darle cuanto sexo quisiera y comenzamos a coger de nuevo y casi sin descansar, solo que esta vez la puse en cuatro patas y se la metí así como los perritos, ella lo disfrutaba mucho porque eso era nuevo para ella y sentía que se mareaba de la culeada que le estaba dando, después decidí darle por el culo, aunque ella no quería, confiaba en mí y en que le iba a dar tanto placer como en los orgasmos anteriores.

Así fue la lubriqué con la mezcla de mi semen y de sus jugos, le acaricié al anito con mis dedos hasta que éste quedó relajado y listo para recibir mi castigo, y al fin le di por el culo, al comienzo ella estaba incómoda y le dolía, luego lo comenzó a disfrutar, a gritar y a sentir mucho más placer que en los polvos anteriores.

Empujaba con su cuerpo para que mi garrote le entrara más, estaba loquísima de placer y perdidamente orgasmada, extasiada, en fin perdida en mis brazos con mi espada muy adentro y desgarrando placenteramente cada parte de su ser, después echamos tres polvos más intercambiando de posiciones, manejaba yo, manejaba ella, y así hasta que dejamos la cama tan mojada como si acabaran de lavar las sábanas.

Después que terminamos nos acariciamos y nos aseamos, cuando salimos de la casa me preguntaron qué onda y les dije -que nada, que no quiso conmigo, aunque nos notaron cansados, y con una cara de bien culeados. Así que no nos creyeron. Ella me dijo que ya se había masturbado varias veces por mí. Ya sabía mi nombre, donde vivía, qué estudiaba, conocía a algunas exnovias mías, etc.

El compañero de Carmen, pasó como tres meses que no me habló hasta que conoció otra novia. Héctor a como sospechaba yo, se siguió tirando a su cuñada. Era él el matador de esa mujer. Es maldito el hijueputa con el hermano, ¿no? Le anda jugando la comida. Pero en fin ese no es mi problema.

Después de eso ella iba muy seguido a mi casa para que le diera su infalible e indispensable dosis de garrote casi todos los días hasta que terminamos por un mal entendido. En realidad ella sabía que le hacía un buen trabajo. Me llegó a llamar “mi toro” porque conocía mi capacidad sexual y sabía que siempre tenía verga para complacer sus deseos y le daba buenos polvos.

Nota: Carmen si lees esto podes llamarme para recordar los viejos tiempos.

Saludos a los nicas: mis compatriotas… los meros-meros de Centroamérica.

Autor: Imperio11

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Escrito por Marqueze

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