Con mamá, el secreto mejor guardado

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Le chupé largamente sus endurecidos pezones, los mordisqueé suavemente provocando dulces gritos de placer. La olí, su perfume me embriagaba. La acaricié, su piel era sedosa y tibia, La lamí en su mayor intimidad, su sabor era exquisito. La penetré con mis dedos por ambos orificios, los orgasmos la arrasaron y finalmente la poseí.

Cuando yo nací mi mamá tenía apenas quince años y, a pesar de su corta edad y los consejos, súplicas y advertencias de mis abuelos, se negó a revelar el nombre del chico que la había embarazado, desde pequeña fue tozuda y siempre demostró fuerte personalidad. A pesar de eso no me faltó en mi niñez una figura paternal, mi abuelo y mi tío ocuparon el lugar de mi padre ausente. Mi mamá me llamó Antonio como mi abuelo y mi tío, era el primer varón de la tercera generación familiar y mamá quiso continuar con la costumbre de heredar el nombre, a mi tío le decían Tonio para diferenciarlo de mi abuelo, así que a mí me comenzaron a llamar Tony, tío es tres años mayor que mi mamá.

Vivíamos en la casa familiar por lo que, cuando mamá regresó al colegio, quedé al cuidado de mis abuelos, a pesar de todo mi infancia fue muy feliz y crecí rodeado del  amor de toda mi familia, abuelita, me llevaba al jardín maternal y por la tarde me recogían abuelo o tío. Tonio me llevaba los domingos por la mañana a la plaza y con él y abuelita fui por primera vez a un cine, pero cuando ya tenía cinco años tío se casó repentinamente y seis meses después nació mi primita Clara, él también había pecado de precocidad. Clara era el nombre de mi abuela y el de mi mamá y tío quiso respetar la tradición familiar llamando a su primera hija como su madre y su hermana.

Al principio extrañaba a tío Tonio, pero pronto volvió a ocuparse de mí y me llevaba algunos fines de semana a su casa donde me quedaba a dormir, mi flamante tía me trataba con mucho cariño y a mí me encantaba jugar con mis primitas (Ya había nacido también Tati) en tanto mamá tenía oportunidad de salir y retomar una vida más apropiada a su edad. Mamá había comenzado a trabajar con mi abuelo en su estudio de arquitectura, donde ya trabajaba también tío, pero abuelo la convenció que debía continuar sus estudios universitarios lo que le permitió unos años después recibirse y comenzar a ganar el dinero suficiente para comprar su primer departamento.

A los diez años vivía sólo con mi madre, pero la presencia familiar nunca no me faltó, abuela me visitaba casi a diario y los fines de semana tío Tonio me llevaba a su casa hasta el domingo al mediodía que comíamos todos en la casa paterna. Un tiempo después mamá compró una vieja casa y con mucho trabajo y más amor la transformó en la casa de sus sueños, ahora estábamos instalados en lo que sentíamos como nuestro verdadero hogar.

A los dieciocho años ya era todo un hombre a punto de terminar el colegio cuando sucedió algo que modificó nuestras vidas, mamá me sorprendió una tarde en casa con una compañera de colegio.

Estábamos en el sillón del living, yo completamente desnudo y ella sólo con las medias del uniforme. Mamá entró justo en medio del orgasmo y la primera que la vio fue mi compañera que pegó un grito que me heló la sangre, mamá se llevó la mano a la boca y ruborizada dio media vuelta y se fue a su habitación, la pobre chica se vistió llorando y salió muerta de vergüenza de la casa y yo me quedé sentado en el mismo sillón esperando la filípica de mi vida.

Un rato después mamá volvió, se había cambiado la ropa y se sentó frente a mí y dijo: “Perdóname, visité un cliente cerca y después pensé que no valía la pena volver al estudio y me vine a casa, si hubiese sabido que estabas con esa chica habría vuelto más tarde, la próxima vez avísame. Pobrecita, debe sentirse tan mal…” La miré desconcertado ¿En lugar de retarme me estaba pidiendo disculpas? “¿No estás enojada conmigo?” “No, claro que no, ya sos un hombre y tenés derecho a una vida sexual plena” Contestó. Y agregó: “¿Podés llamarla y pedirle disculpas en mi nombre?” Ese día me sentí más unido que nunca a mi madre y comprendí que además tenía a la mejor amiga que podía encontrar en la vida.

Nada volvió a ser igual entre nosotros, ahora éramos amigos y compinches y nos contábamos todo, mamá me dio los mejores consejos de mi vida y se confió en mí como en nadie. Me contaba sus aventuras, de sus esporádicas parejas y de su deseo de mantenerse sola e independiente, aunque había recibido un par de propuestas de formalizar por algún candidato. Por mi parte gozaba de una libertad absoluta que administraba con responsabilidad en reciprocidad con el respeto que gozaba por parte de mi madre, mis abuelos y mi tío, para decirlo en pocas palabras era un joven privilegiado con una familia que me llenaba de orgullo.

La noche de mi cumpleaños número veinte cenamos en la casa de los abuelos junto a toda la familia y recibí un montón de regalos, pero el que más aprecié fue el beso que a escondidas nos dimos con mi prima Clarita, nuestro primer beso, me amaba sin ningún disimulo y yo a mi vez la adoraba lo que era más que evidente y todos percibían, pero mamá ya me había advertido que era mejor que me la quitase de la cabeza, que era muy chica, además de mi prima y que ya bastantes dolores de cabeza les habían dado Tonio y ella a los abuelos para que yo les sumase nuevos en su vejez, pero Clarita me fascinaba y no pude resistirme a besarla, verle la carita de arrobamiento luego del beso bien valió el riesgo.

Luego de la cena, y cuando volvíamos a casa, mamá tuvo una idea: “¿Te gustaría que fuésemos a tomar algo a un Pub?” Preguntó y yo contesté entusiasmado que me encantaría y nos dirigimos a un Pub irlandés que a esa hora reventaba de gente. Conseguimos una mesa y sentados con dos grandes vasos de Guinnes en la mano comenzamos a hablar entusiastamente, como dos verdaderos amigos, nadie que no nos conociese hubiese supuesto que fuéramos madre e hijo, los quince años que nos separan no parecen más que unos cinco cuando estamos juntos, es que mamá es muy juvenil y se viste como las chicas de mi edad. Fue una velada inolvidable, el mejor cumpleaños de mi vida, claro que no le conté que había besado a Clarita.

El fin de semana siguiente fui yo el que le propuso a mamá salir juntos y fuimos a tomar una copa y luego a bailar y lo pasamos muy bien y lo transformamos en una agradable rutina, claro que establecimos algunas reglas de convivencia: Si alguno, o ambos, ligábamos, seguíamos cada uno por su lado, sino volvíamos juntos a casa. Siempre ligábamos así que nos íbamos cada uno por su lado y al día siguiente nos contábamos como lo habíamos pasado, nuestros desayunos a la mañana siguiente eran maravillosos, contándonos la noche pasada y riendo como dos amigotes juerguistas, pero una noche sucedió algo inesperado.

Estábamos bailando cada uno por su lado, pero a pocos metros uno de otro, yo con una chica que acababa de conocer y mamá con un muchacho que no me caía muy bien, parecía haber tomado una copa de más y no le quitaba los ojos de encima, la intuición no me falló. De pronto, riéndose estentóreamente se abalanzó sobre mamá y la manoseó groseramente, ella lo empujó con las dos manos gritándole: “¡No me toques!” Entonces él la trató de puta y se le acercó con la mano levantada como para darle una cachetada, pero yo fui más rápido y me interpuse antes que la tocase y le descargué un puñetazo con todas mis fuerzas en la boca, cayó al suelo ensangrentado y escupiendo los dientes, entonces dos amigos se me vinieron encima dispuestos a vengarse, afortunadamente nos separaron antes que me diesen una paliza.

El personal de seguridad nos sugirió irnos mientras los demoraban, asegurándonos que les prohibirían la entrada, y nos invitaron a volver el sábado siguiente, ya en el auto mamá descubrió que mi mano derecha no se cerraba sobre el volante porque me dolía y estaba lastimada “Estás sangrando” Dijo “Sólo me pelé los nudillos” La tranquilicé “En casa te curo” Anunció y luego agregó: “No sabía que pegabas tan fuerte” “Yo tampoco” Contesté y nos largamos a reír “Fuiste muy valiente” Dijo apoyando su mano sobre la mía lastimada, la miré y le sonreí “No podía permitir que te pegue” Dije y ella apoyó su cabeza en mi hombro hasta que llegamos a casa, parecía querer decirme que se sentía protegida a mi lado.

En casa dijo: “Acostate que enseguida vuelvo y te curo” Me puse el pijama y me metí en la cama, la esperé sentado y un momento después entró con algodón y agua oxigenada, se había quitado los zapatos y las medias y calzaba chinelas. Se sentó a mi lado y me limpió la herida cuidadosamente “Tenés la marca de los dientes” Dijo “Ojalá no lo volvamos a cruzar” “No te preocupes, creo que no se nos va acercar más” Contesté y rió “Si sabe lo que le conviene va a huir despavorido” Dijo y comenzó a reír, luego me tomó la mano y me dio un pequeño beso en la herida y sin soltarme la mano me dijo mirándome a los ojos: “Gracias” Entonces la tomé de los hombros y acercándola a mí la besé largamente en la boca.

Luego nos miramos reconociéndonos, o conociéndonos por primera vez volví a besarla. Luego suspiró y me dijo: “¿Estás seguro de o que estás haciendo?” “Completamente seguro” Respondí y luego pregunté: “¿Y vos?” “No sé… es raro” Dudó bajando la cabeza unos instantes antes de levantarla y decirme: “Convenceme” La volví a besar y mientras lo hacía la acosté en mi cama, luego le pregunté: “¿Estás convencida ahora?” “Casi… Quizás si vuelves a besar…” No le permití terminar, ya la besaba  apasionadamente mientras acariciaba sus duros pechos, mamá se convenció por completo.

Tenía el top con el que habíamos ido a bailar y con él no usaba corpiño, de todos modos sus tetas eran duras y no lo necesitaban y me maravillaron cuando las descubrí y vi sus erectos pezones rosados rodeados por grandes areolas. Acaricié su vientre y mi mano continuó descendiendo hasta su pubis y luego hasta sus muslos donde incursionó por debajo de su pollera y descubrí que su piel era tibia y sedosa como ninguna otra que hubiese acariciado jamás, gimió cuando llegué a su vagina y toqué los firmes labios ya húmedos.

La desnudé lentamente mientras nos besábamos temblando por la excitación, mamá me acariciaba la mejilla y no dejaba de mirarme a los ojos mientras le quitaba la ropa. Cuando finalmente yació en la cama completamente desnuda la miré largamente asombrándome ante la belleza de su cuerpo juvenil, luego cuando me desnudé mamá me miró sorprendida: “Sos igual a tu padre” Dijo. Era la primera referencia que recibía sobre mi padre en toda mi vida y me sorprendí, pero no era momento para interrogarla sobre la identidad de mi desconocido padre.

La amé lenta y calmamente, sorprendiéndome a mí mismo por mi serenidad y manejo de sus tiempos y los míos propios, la amé como el más experto de los amantes ante su asombro por mi destreza. Recorrí su cuerpo  centímetro a centímetro, mi boca y mis manos arrancaron gemidos y exclamaciones de mamá, la puse boca abajo y lamí sus más recónditos rincones, la volví y chupé largamente sus endurecidos pezones, los mordisqueé suavemente provocando dulces gritos de placer. La olí, su perfume me embriagaba. La acaricié, su piel era sedosa y tibia, La lamí en su mayor intimidad, su sabor era exquisito. La penetré con mis dedos por ambos orificios, los orgasmos la arrasaron y finalmente la poseí.

Cuando sintió mi miembro, endurecido como nunca, penetrarla, su cuerpo se tensó como la cuerda de un violín, su espalda se separó de la cama y, con la cabeza echada hacia atrás y la boca y los ojos muy abiertos, exhaló el gemido más profundo, más atávico y animal que jamás había escuchado en una mujer mientras me clavaba las uñas en las nalgas con todas sus fuerzas. Mantuvo la tensión largos segundos hasta que un inesperado estremecimiento rompió la rigidez de su cuerpo y fuertes sacudidas, como convulsiones, la recorrieron en medio de un feroz orgasmo.

La abracé con todas mis fuerzas y la mantuve profundamente penetrada mientras sentía que su cuerpo temblaba y su piel ardía poseída por el fuego de la pasión, entonces eyaculé. Eyaculé fuertemente inundando su vagina de caliente semen y mamá gritó al sentir que me derramaba brutalmente dentro de ella y me estremecía acoplando mis irreprimibles convulsiones a las suyas, acabamos largamente estrechándonos con todas nuestras fuerzas, jadeando con las bocas muy abiertas y repitiendo inconexas palabras ardientes hasta que el agotamiento nos venció y yacimos, ella crucificada con los brazos abiertos, el rostro volcado a un lado y la lengua asomando entre sus labios y yo entre sus piernas, penetrándola aún profundamente y aplastándola bajo mi peso hasta que finalmente me retiré de ella.

Mamá me miró como se mira a un extraño, yo era un desconocido para ella. Ella conocía a Tony, su hijo, pero este hombre que la acababa de poseer era un extranjero que ingresaba a su vida inesperadamente y la sorprendía en su mayor intimidad, en su sexo “Nunca pensé…” Comenzó a decir, pero se interrumpió dándose cuenta que nada que dijese tendría sentido, luego agregó: “Sos igual a tu padre” Repitiendo lo dicho cuando me vio desnudo. La abracé y se hundió entre mis brazos y permaneció un largo momento en silencio, luego dijo: “El pasado vuelve inesperadamente, vuelve cuando lo creía definitivamente muerto. Quiero ser completamente tuya como lo fui de tu padre, tómame y ámame como quieras” El mensaje era claro y tomándola de los hombros la puse boca abajo y mamá se arrodilló para recibirme.

Acaricié su espalda desde los hombros hasta la cintura demorando el deseo mientras mamá gemía ansiosa, pero iba a disfrutarla primero visualmente e iba a despertar su piel con mis manos antes que mis labios precediesen a mi lengua. Recorrí su espalda con las yemas de los dedos y luego la acaricié con el vello de mi pecho deslizándome sobre ella sin que nuestros cuerpos se tocasen, mamá pareció enloquecer con esta particular forma de excitarla y su respiración se agitó. Su cuerpo comenzó a pertenecerme nuevamente a medida que su voluntad la abandonaba y se entregaba a mis caricias, me gustaba sentir que la poseía más allá de sí misma, entonces separé sus nalgas y arrodillado entre sus piernas abiertas me maravillé ante la visión de su pequeño culo. Era como una flor rosada, un capullo a punto de reventar que esperaba  que su horticultor se ocupase de ella, que la regase con semen tibio.

La lubriqué con abundante saliva antes de apoyar mi glande inflamado en esa pequeña puerta del paraíso, luego empujé y vi la luz. Una luz cegadora, una verdadera revelación se abrió ante mí y comprendí que estaba ante la experiencia más importante de mi vida, el sexo anal con mí adorada madre. Su gemido me volvió a la realidad y vi que mi duro miembro se encontraba a mitad de camino de las más íntimas profundidades de su cuerpo y volví a empujar hasta sentir sus nalgas contra mi vientre y comencé a bombear, primero suavemente y luego fui intensificando el ritmo más y más mientras mamá gemía y yo jadeaba con la boca abierta, sin poder creer todavía que estaba gozando como nunca lo había hecho en toda mi vida.

Eyaculé tanto que no lo podía creer mientras mamá con la cabeza levantada, como tratando de mirar al más allá, exhalaba un largo suspiro mientras su culo se acoplaba a los latidos de mi verga. Finalmente, y ya completamente mareado por tanto goce, caí a su lado y mi verga saltó de su culo como un resorte arrancando a mamá un breve grito de sorpresa por el repentino abandono, luego volviéndose hacia mí, se echó en mis brazos y me besó apasionadamente, vi sus mejillas húmedas por lágrimas de felicidad. La noche nos resultó demasiado corta e hicimos el amor hasta que el sol entró por las persianas del dormitorio, luego nos dormimos hasta que mamá me despertó: “Vamos Tony, los abuelos nos esperan a almorzar” Era cierto, era domingo y el rito era el almuerzo familiar.

Nos dimos un largo baño que a punto estuvo de terminar mal, pero mamá me prometió una siesta al volver a casa, así que solo nos bañamos. Luego de un par de tazas de café y dos aspirinas estábamos más presentables y cuando llegamos a casa de los abuelos teníamos bastante buen aspecto. Como cada vez que nos encontramos Clarita no me sacó los ojos de encima en todo el almuerzo y cada vez que le sonreía veía como se sonrojaba, la pequeña está perdidamente enamorada de mí. Luego del almuerzo se las ingenió para lograr un minuto de soledad para que pudiésemos besarnos.

Creí que se iba a desmayar entre mis brazos, esa niñita no puede más de la calentura y con lo único que sueña es tenerme entre sus piernas, pero aún no había terminado de asimilar mi inesperada y reciente relación con mi madre como para meterme en un problema que podía transformarse en grave así que, luego de un par de besitos y algunas caricias en sus partes íntimas para que tuviese en que pensar, le dije que debíamos tener mucho cuidado y que era mejor disimular y la dejé incendiada, pero esperanzada en un próximo encuentro y volví a donde se encontraba el resto de la familia.

Luego del almuerzo abuelo se retiró a dormir su siesta de los domingos y abuelita sugirió ir a pasear al Shopping lo que fue aceptado con entusiasmo, excepto por tío y por mí a los que nos pareció una tortura meternos en un lugar lleno de gente y en el que no se puede ni caminar los domingos, mamá dijo que se quedaría a hacernos compañía y a Clarita el que yo me quedase le arruinó el paseo. Mamá sirvió más café y tío más vino y bebimos un momento en silencio hasta que mamá dijo: “Tonio, anoche Tony y yo dormimos juntos”

Me quedé helado mirándola, jamás imaginé que mamá confesase a tío nuestra incipiente relación amorosa, pero tío, luego de unos segundos de silencio dijo: “No me sorprende demasiado, ustedes parecen más una pareja que madre e hijo… Espero que sean felices” Luego tomó un sorbo de vino y todos quedamos en silencio hasta que mamá volvió a hablar: “Ya es hora de decírselo Tonio” Tío asintió con movimientos de cabeza y mamá mirándome a los ojos  reveló el viejo secreto: “Tony, Tonio es tu papá”

Fue como un mazazo en la nuca, me sentí mareado por un instante antes de reaccionar y mirar al que descubría que era mi padre, pero Tonio me decía: “Si, Tony, soy tu padre, era hora de que lo supieses… Perdón.” No entendía por qué me pedía perdón, pero ya mamá volvía a tomar la palabra: “Eramos muy chicos e inexpertos y cuando supimos que estaba embarazada nos asustamos y Tonio quiso asumir su responsabilidad, pero yo me opuse… Me aterraba la idea de que nos pudiesen separar y le hice jurar que no diría que era el padre de mi hijo, pensaba que me moriría sí nos separaban y él aceptó mi razonamiento porque tampoco quería perderme.

Finalmente mis padres se dieron por vencidos y, aunque habían sospechado de Tonio, terminaron por descartarlo y abandonaron la búsqueda del responsable asumiendo la situación, habíamos ganado la primer batalla. Por las noches esperábamos que nuestros padres se durmiesen y él venía a mi cama y nos amábamos toda la noche y me acariciaba a través de la panza que crecía día a día, éramos felices, no imaginas lo felices que nos sentíamos sintiéndote crecer y amándonos hasta el amanecer, momento en que Tonio volvía a su cama y yo me dormía abrazada a mi panza…” Mamá sollozó y vi los ojos de Tonio brillando llenos de lágrimas cuando tomó su mano y entrelazaron los dedos fuertemente, en ese momento supe que podía tener su cuerpo, pero que su corazón le pertenecería de por vida a él.

Mamá tomó un sorbo de café y continuó: “Poco a poco la vida comenzó a llenarnos de obligaciones, estudio, trabajo, nuevas relaciones y acordamos que debíamos vivir nuestras vidas libremente, nada ni nadie nos separaría jamás, como no nos separó hasta el día de hoy, nuestro amor era y es inalterable y ha perdurado a través de los años, pero yo he tenido otras parejas y Tonio se ha casado y tenido sus hijas…” En ese momento otro fuerte mazazo en la nuca me conmovió y dije: “Entonces Clarita es mi hermana” “Si, es tu medio hermana” Confirmó mamá.

Sentí un profundo dolor, Clarita era mi hermana, pero… ¿Acaso mamá y papá no eran también hermanos? Tío, mejor dicho papá, se dio cuenta de mi razonamiento e intervino: “Tu mamá y yo nos hemos dado cuenta de lo que sucede entre ustedes y los venimos observando hace tiempo… No podemos prohibirles nada, justamente nosotros somos los menos indicados para interponernos entre ustedes y su amor. Sólo te pido una cosa: Déjala crecer, déjala llegar a la mayoría de edad y que pueda decidir racionalmente, no repitan nuestra historia hijo” Era un duro y amargo trago, pero papá tenía razón y le di mi palabra de aguardar a que mi hermanita creciese.

Bueno, voy a interrumpir mi relato en este punto antes de que parezca triste, pero les advierto que la historia no lo es y no termina acá, continúa y pronto les contaré el resto.

Autor: Tony

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Hola, es un magnifico relato. Gracias por ponerlo, espero puedas poner mas en el futuro amigo. Te esperamos.

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